Vinotinto: el arte de vivir con fe

Visto los números luego de seis jornadas, las posibilidades de clasificación mundialista siguen intactas, más allá que solamente se cuente con cuatro puntos. Pero en el campo, las dudas siguen. ¿Se encontrará la regularidad en la Copa América?

Vinotinto: el arte de vivir con fe

Es difícil analizar la actualidad de la selección nacional de Venezuela. Pasa lo del vaso: se puede ver medio lleno, pero también medio vacío. Y usted puede tener argumentos para defender cualquiera de esas visiones y seguramente tendrá argumentos válidos para defender su postura. Yo quiero ser lo más objetivo posible.

José Peseiro nos dijo a la prensa en febrero de 2020 que él había sido contratado con el objetivo de llevar a Venezuela al Mundial de Catar. De entonces al día de hoy, una serie de condicionantes ha impedido que el técnico portugués haya tenido el tiempo necesario para cuajar su idea en el grupo, cosa que también debe afectar a aquellas selecciones que cumplen con un nuevo proceso en el banquillo para esta eliminatoria mundialista. Además, para la última doble fecha, las ausencias por lesión de los referentes de la Vinotinto, pusieron otro asterisco en la evaluación de desempeño.

Lo cierto es que, visto los números luego de seis jornadas, las posibilidades de clasificación mundialista siguen intactas, más allá que solamente se cuente con cuatro puntos: la realidad indica que la irregularidad de ocho seleccionados (Brasil y Argentina juegan un campeonato aparte), permite que las matemáticas no sentencien a Venezuela.

Venezuela no se ha quedado fuera de carrera del mundial (así Míster Chip con sus estadísticas odiosas digan lo contrario). La irregularidad de la mayoría es denominador común y mientras haya suficientes puntos por disputar las opciones existen. Viene la Copa América y Peseiro tendrá el tiempo que tanto ha añorado para adecuar su idea de juego: siempre ha pregonado que la Vinotinto tiene material para practicar un fútbol ofensivo. Lo cierto es que, hasta el momento, pocas cosas han quedado claras de su propuesta, más allá de que la apuesta por el buen trato del balón ha tenido algunos chispazos en estos seis encuentros.

En seis partidos, no se ha repetido alineación ni esquema. Obviamente los condicionantes influyen, pero ha sido una constante el hecho de que Venezuela juega de acuerdo al rival y a las necesidades del momento. Todo han sido emergencias desde aquel fallido debut ante Colombia, donde Peseiro hizo mea culpa y admitió que se equivocó en el planteamiento. En conclusión: no hay una figura táctica clara que quiera mostrar Venezuela. Visto lo último ante Uruguay, la tentación de jugar con tres defensores centrales va ganando números y así se le daría otro lugar a Nahuel Ferraresi, quizá la mejor noticia del proceso del portugués.

Independientemente de las ausencias que podrá sufrir el equipo en la Copa América por lesión, es claro que Peseiro tiene que mostrar lo que quiere sin condicionantes. Debe elegir los futbolistas adecuados a tenor de las ausencias y sin excusas; mostrar qué es lo que quiere de su equipo. La Copa América servirá de ensayo para otras selecciones, la mayoría lo ha asumido así. Se competirá, pero será más fructífero saber de una buena vez con qué afrontará Peseiro el resto de la eliminatoria donde se requiere de una reacción abrumadora.

El partido contra Uruguay era un partido bisagra para Peseiro y salió respirando. Con oxígeno, pero sigue respirando. Retomar el orden sigue siendo noticia, pero preocupa cuándo será que por fin dejemos eso de estar “ordenados” y pasar a ser un equipo con una idea clara que permita confiar en las posibilidades que existen y creer realmente en las aspiraciones que se puedan tener.

Y aquí quiero llegar: desde aquella reacción “hazañoza” e irreverente de la Venezuela de Richard Páez, nos hemos quedado siempre en puras esperanzas. La Copa América de Argentina en 2011 fue lo más cercano a consolidar una identidad, una idea y el resultado fue que Venezuela a punto estuvo de disputar un título en una final. Desde entonces, van diez años de dudas, de tumbos, de más dudas que certezas, contando con la considerada mejor generación de futbolistas que ha tenido Venezuela.

De momento, lo más cierto, es que las esperanzas aún existen en los números, sin embargo, en el campo, las dudas las superan. Sigue faltando sostenibilidad, regularidad. Y mira que de irregularidad no solo sufre Venezuela: es un común denominador en nueve selecciones suramericanas (Brasil lo tiene todo clarito).

Ojalá la Copa América sea la pista de despegue para Venezuela. De momento, todos seguiremos aferrados a esa convicción en lo que no se ve. Eso que llaman fe.