Vinotinto: Maturín debe ser un punto y aparte

Venezuela goleó a Bolivia, y al mismo tiempo dejó conclusiones que invitan a pensar que tanto sufrimiento empieza a dar sus frutos. Pero antes de que el referí Andrés Cunha diera inicio al duelo sucedieron cosas que no deben ser olvidadas.Al fútbol lo está matando el negocio. ¿Tragamos aquello de que unos vientos huracanados levantaron el cesped del Estadio Monumental de Maturín hasta convertirlo en el desastre que se vio por TV? Más allá de las intenciones de llevar a la selección a todos los rincones del país, la Federación Venezolana de Fútbol sabía muy bien que ese estadio no cumple con los requisitos necesarios para jugar un partido de eliminatorias mundialistas. Aún así, sin dar mayores razones, abandonaron (¿temporalmente?) la cómoda Mérida para protagonizar un ridículo continental pocas veces visto. ¿Quién salió beneficiado por esta decisión? En un país medianamente civilizado alguien debería rendir cuentas, pero en esta maravillosa tierra no pasa nada; somos caribeños, todo pasa y así seguimos.

Vinotinto: Maturín debe ser un punto y aparte

– Hay situaciones que incomodan hasta al más despistado de los observadores. Una de ellas se resume en la siguiente pregunta: ¿no conocía Rafael Dudamel las condiciones del estadio? Si la respuesta es negativa no queda sino preguntarse por qué el cuerpo técnico hace giras de coordinación y logística hacia el extranjero y no dentro del país. En caso de haber estado informados del catastrófico estado del campo, Dudamel y la FVF le deben una explicación al país futbolístico, ese al que le reclaman apoyo y gastarse sus cada vez menos valiosos bolívares en favor del combinado nacional. El escenario mostrado en el partido ante los bolivianos es mucho peor de lo que parece: constituye una muestra de desprecio por el único sentimiento que ha unido a los venezolanos en los últimos tiempos. Cruzamos el Rubicon y todos como si nada. Vaya papelón…

– Pasemos al juego. Dudamel sigue ensayando, y en este caso, la presencia de Renzo Zambrano confirma que el seleccionador no ve en Arquímedes Figuera o Arles Flores el socio ideal de Tomás Rincón. Se podría pensar que ante un rival pasivo y reaccionario, la selección nacional tenía la oportunidad perfecta para experimentar y colocar al lado del capitán a un futbolista con mayores capacidades de asociación, es decir, algún jugador con mayor manejo de la pelota. El experimento con Zambrano fue correcto, pero siempre quedará la sensación de que se podía promover otros ensayos.

– Dónde sí cambió la selección fue en su zona más adelantada. Lesiones y hasta el propio rival trajeron como consecuencia una nueva idea: tres volantes con llegada y un delantero especialista en la conquista de espacios. Inicialmente, Rómulo Otero sería el encargado de darle mejor circulación a la pelota, y a la misma vez buscar a los rapiditos Jacobo Kouffati y Jhon Murillo para que estos, en duelos uno contra uno, desordenaran la defensa boliviana. La renuncia a un delantero de área potenciaba esa dinámica, en la que Josef Martínez podía ser finalizador, continuador o simplemente señuelo. Con estos cuatro jugadores se potenciaba al engaño por encima de la fuerza y la lucha; se daba vida al juego.

– En apenas su segunda aparición se cumplió lo pensado. Murillo encontró espacio para picar y centrar y aprovechar el horror que protagonizó el arquero rival. El encargado de definir fue Kouffati, un futbolista que a diferencia de un delantero tipo, llegó. Ese «no estar sino aparecer», como consecuencia del juego de estos futbolistas, trajo sus frutos. 

Jugar es una conducta que necesita mucha dinámica. No importa cuán alto se es o cuántos centímetros se le saquen al rival, lo significativo es interpretar el juego, moverse, engañar, amagar. Así se explica que Martínez cabecee un balón en el área chica. Marcelo Bielsa decía que correr es un acto voluntario, pero a la afirmación del sabio argentino hay que sumarle que para encontrar el éxito entre tanta carrera hay que saber para qué se corre. Josef, en los dos primeros tantos, supo identificar a la perfección cómo y hacia dónde moverse, y es que en la primera anotación su llegada atrajo a dos defensores rivales, lo que colaboró con la aparición del «llegador» Kouffati.

– No hay partidos perfectos, y es que durate algunos pasajes reaparecieron viejos vicios criollos. El central Raldes condujo varias veces el balón hasta 3/4 de cancha sin mayor oposición vinotinto. Esa pasividad para encarar al rival puede que no haya traído graves consecuencias ante Bolivia, pero ante un rival de mayores pergaminos seguramente será para lamentar. 

– El fútbol es un juego de aprovechamiento de errores, por ello se afirma que es arte de engañar, de hacer fintas, de amagar. Aceptado esto, hay que dar como positivas la serie de respuestas de la selección venezolana a los errores de Bolivia. Nos quejámos permanentemente de que la Vinotinto es muy verde porque le cuesta sacar provecho de los regalos del contrario, pero ante los bolivianos, los de Dudamel, apoyados en futbolistas rápidos, supieron hacer daño cuando el contrario lo permitió.

– ¿Por qué tanta referencia a este tipo de jugadores rápidos y dinámicos? La explicación la da Laureano Ruiz, entrenador español y uno de los padres del modelo de juego del FC Barcelona, en su libro Fútbol Profesional y Mi Modelo de Juego:

«Los futbolistas bajos aventajan a los altos en otros aspectos técnicos: al tener el centro de gravedad mucho más cerca del suelo, tienen menos oscilaciones Y pueden efectuar el desplazamiento y reposición del mismo, con una rapidez que nunca podrán alcanzar los de estatura elevada. En resumen, que la arrancada, el frenado, los movimientos cortos para atrás y adelante, los giros y los cambios de dirección -todo lo cual realiza el futbolista constantemente-, serán mucho más veloces si los ejecutan los bajos, que si lo desarrollan los altos. Por ello, los grandes de vibradores son bajos y de paso breve».

Estas cualidades, que bien describen a Murillo, Otero, Kouffati y Martínez, fueron las grandes virtudes del ataque criollo.

– ¿Quiere decir lo anterior que la formación del día de hoy es la que debe mantener la selección Vinotinto? No; el fútbol es un juego en el que hay que tener muy en cuenta la actualidad de los jugadores, situación que se multiplica  cuando se trata de selecciones. A ello hay que sumarle el estudio de las debilidades del rival, porque al fin y al cabo, de lo que se trata es de  hacer más goles que el rival. En una selección, salvo contadas excepciones, no debe existir la propiedad indiscutida de puestos, sino que cada jugador convocado debe sentir que puede ser protagonista, siempre según el plan y las circunstancias.

– La historia de este deporte nos enseña y nos recuerda que alguna vez, jugadores que no eran tenidos en cuenta terminaron siendo decisivos en la consecución de grandes logros de sus equipos. Allí está el ejemplo de Murillo, un futbolista que no había sido protagonista y que hoy fue el mayor dolor de cabeza para el rival, el arma de mayor importancia criolla. Pero el fútbol es día a día y lo vivido ayer no debe condicionar ni confundir lo que está por vivirse. Sí quedó demostrado que Rafael Dudamel cuenta con muchos futbolistas útiles, con presente y futuro, y será él el responsable de manejar sus piezas para que los sueños dejen de ser tales y se conviertan en probabilidades.

– El caso de Otero es paradigmático. Es un futbolista con condiciones maravillosas al que sólo le falta serenarse un poco. Un entrenador me dijo alguna vez que él prefería ubicar a los dribladores por el centro del campo, porque cada vez que se sacaban a un rival tenían el arco de frente, lo que otorgaba dos muy buenas opciones para finalizar la jugada: meter un pase gol o disparar a puerta. Otero es ese futbolista, que además de tener esas dos virtudes, también posee la enorme capacidad de acercarse a sus compañeros a partir del pase y de la conducción. Es un jugador extraordinario que sólo necesita tomarse su tiempo, esto es identificar qué hacer antes de ejecutarlo. Pensar que fue despreciado por algún entrenador venezolano es cuando menos triste, pero esa es harina de otro costal.

– Aún cuando el equipo tuvo ciertas lagunas para contrarrestar los pocos avances de Bolivia, Dani Hernández fue un espectador de lujo, y esto constituye un maravilloso adelanto en el juego criollo. Pero no debemos engañarnos; esas lagunas que señalaba anteriormente pueden traer consecuencias muy graves ante rivales con mayor dominio del juego. Pero ganar, como se ganó hoy, es un paso importantísimo para intentar lo que alguna vez sugirió el técnico holandés Louis van Gaal: ganar para seguir ganando. 

– Esta selección tiene mucho por ganar y no me refiero exclusivamente a los puntos. La victoria de hoy se celebra porque es la primera y porque cada triunfo trae consigo alegría, pero este grupo, los que están y los que faltan, debe seguir enfocado en que la meta es crecer en la competencia y en la competitividad. En el camino habrán derrotas, pero no por ello no debe perderse de vista el objetivo primordial.

En el desastroso campo del monumental de Maturín, Murillo, Otero, Martínez y Kouffati fueron los puntos más sobresalientes. Tres de ellos demostraron que están para mucho más que ser simples sustitutos de los lesionados. Y lo hecho por Martinez debe servir para que esta versión suya sea considerada y repetida cuando la ocasión así lo amerite. Su triplete es un merecido premio al futbolista criollo más constante en este tormentoso premundial. 

– La selección demostró que puede ser protagonista y que tiene variantes para retomar la senda competitiva. El tiempo determinará si todo esto fue el primer paso o la ilusión de un lejano partido en un escenario impresentable.