Vinotinto: ¿Quiénes deben asumir la responsabilidad para salir de la crisis?

Rafael Dudamel lucía profundamente desencajado después del partido ante Brasil. Lo conozco, la adversidad lo abruma enormemente. Trata de meterle el pecho a las balas con un discurso que disminuya la percepción de la gravedad de encontrarse en el sótano de la tabla, sin haber ganado un partido en los cuatro que ha dirigido durante la Eliminatoria.

Vinotinto: ¿Quiénes deben asumir la responsabilidad para salir de la crisis?

Está convencido que puede darle vuelta al aciago momento pero el entorno y los resultados… oh los criminales resultados, advierten que no hay palabras de distensión que puedan valer en un momento tan crítico. Es difícil pedirle a alguien que mantenga la calma mientras se hunde en la arena movediza.

No ha perdido su talante. La carretera de la experiencia y la advertencia de la situación conocida sobre el trato del anterior seleccionador con los dirigidos le indica que lo mejor es evitar la confrontación y defender a sus jugadores a capa y espada. El regaño es puertas adentro, pero camerino hacia afuera, las responsabilidades del mal momento son asumidas por él; de hecho, es difícil que algún convocado se presente a los medios en rueda de prensa a dar la cara al país. Aísla, en exceso, a los suyos de los medios, de la gente, de la presión, del dedo acusador que apunta a todos por el hecho que hoy Venezuela no compita a nivel continental.

Si hay algo que puede admitirse de forma innegable es que Dudamel, como Sanvicente, es reticente a los cambios. El que no se concrete tan siquiera una victoria, que el equipo aún esté en búsqueda de un estilo de juego, que haya tantos errores puntuales, provoca que, en la búsqueda de una solución inmediata, haya sectores que apunten a la selección de otro grupo de jugadores, más jóvenes, que tengan los galones de asumir la responsabilidad de tirar el carro hacia adelante, entendiendo que la clasificación en la eliminatoria se fue por la borda y los ensayos de Catar 2022 deben iniciarse en plena competencia.

En una entrevista, se preguntaba recientemente el jugador argentino Christian Fabbiani, después de la derrota en casa de Argentina con Paraguay: “Los últimos cinco técnicos citaron a los mismos jugadores a la Selección. ¿Están todos equivocados?”. La pregunta es válida en el caso venezolano. A pesar de la juventud del grueso del grupo habitualmente convocado, son pocas las caras nuevas que se han ganado un lugar en la Vinotinto durante los últimos cinco años. En líneas generales, los intérpretes siguen siendo los mismos. ¿Es que no hay más?

Dudamel ha incluido en sus llamados a nuevos elementos, la mayoría jóvenes. Yohan Osorio, Andrés Ponce, Jhon Chancellor, John Murillo, Jacobo Koufatty, entre otros. Sin embargo, no puede decirse que sus presencias en las convocatorias han sido clave en algún aspecto. Al contrario, la intermitencia hace que su protagonismo sigue siendo inocuo. Se sabe poco de ellos y lo que puedan aportar, sin embargo, la insistencia con el grupo de “siempre” invita a pensar que esas variantes son solo eso, variantes, futbolistas para ser utilizados en emergencias extremas. Ejemplo: a pesar del alarmante bajo nivel del funcionamiento defensivo (que no es responsabilidad exclusiva en el juego de los cuatro defensores), los cambios en nombres han sido mínimos. Solo la reaparición de Rolf Feltscher (que tampoco se puede considerar titular indiscutible) ha sido la única novedad con respecto a los acostumbrados nombres de la zaga, léase Vizcarrondo, Rosales, Ángel, Velázquez o Alexander González. ¿Es que no hay nadie más?

Hay quien piensa que la generación que participará en el próximo sudamericano Sub 20 debería tener más presencia en las eliminatorias a Rusia. Que la clasificación al Mundial Sub 20 sea ahora una prioridad para el actual cuerpo técnico tras la debacle hacia 2018, eleva la importancia de darle más minutos y rodaje internacional a una generación que viene pisando fuerte.

Wuilker Fariñez, Yeferson Soteldo y Yangel Herrera son la representación de esa camada que tiene presencia en la selección absoluta, más su papel actual no pasa de ser la de un trío de chicos que acumulan conocimientos al lado de los consagrados. “Solo Yangel Herrera está listo para dar el paso”, aseguró Dudamel ante los medios, y le podemos sumar la experiencia en Copa Libertadores y Sudamericana que ha acumulado Soteldo, como un extra para ser tomado en cuenta. ¿Alguien puede dudar de quien tiene más de cuatro años trabajando con un mismo grupo de jugadores si están listos para dar el salto definitivo? Yo, particularmente, no. En ese punto, prefiero darle crédito al entrenador.

Los que están son los responsables de levantar el juego, de sacar los resultados. El nivel que cada uno exhibe en sus clubes en el extranjero los obliga a demostrar nuevamente sus capacidades en la Selección y es encargo del seleccionador y de su cuerpo técnico encontrar las variantes (tácticas y de nombres) necesarias para encender el motor. Trabajar, probar, ensayar, entrenar, cambiar. Ahí está la clave.

El grupo que batalla en la actualidad fue el mismo que demostró en Estados Unidos que existe material e ideas para ser competitivos. El bache negativo no solamente está en el juego, sino en la actitud, en la necesidad de encontrarse con el entorno, abrirse a los actores que hacen simbiosis con la Vinotinto. Aprender a convivir con la crítica y acercarse al entorno. Hacerse más humanos y dejar el revanchismo contra quienes los han elevado a la cúspide de la admiración.

Se equivoca Dudamel, sí, en tanto hermetismo demostradamente infructuoso e inservible. Aislar al grupo, dar pie a los misterios y la incertidumbre solo genera caos y estimula la polémica. La imagen de la frustración de Salomón Rondón alentado por Dani Alves y Alisson debe ser tomada como una muestra comprobatoria de que este grupo no está hecho de hielo, que sienten la camiseta como nadie y les urge un resultado amigable para despegar. Hay selecciones más potentes, como Paraguay, que atravesaron situaciones similares y con muchas dificultades han podido salir paulatinamente del bache.

A ninguno de estos se les olvidó jugar, tampoco al cuerpo técnico de dirigir.