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Vinotinto: ¿y la memoria futbolística?

El resultado del partido contra Paraguay, el rendimiento grupal y las decisiones del propio estratega José Peseiro, deja un sabor amargo y son más las interrogantes que las respuestas que quedan tras esta doble fecha de eliminatoria

Vinotinto: ¿y la memoria futbolística?

Cuando terminó el duelo en Barranquilla que se saldó con una dura derrota ante Colombia, dije que el análisis sería completo después de lo que pudiéramos ver en Mérida ante Paraguay. Las complicaciones para armar el equipo en el estreno distorsionaba todo, pero en el Metropolitano ya había oportunidad de trabajar todo con un poco más de tiempo.

Algo pudo mejorar Venezuela en su desempeño frente a la Albirroja, pero son muchas más las dudas que las certezas que deja el juego de la selección. José Peseiro, con muy poco tiempo para trabajar, se encontró con la realidad de la eliminatoria suramericana, en la que no se puede ensayar si realmente quieres competir.

El portugués creo que invirtió las ideas que pregonó durante la cuarentena y el grupo tampoco fue capaz de rescatar lo que se había consolidado en el final del premundial pasado, la Copa América de Brasil y los últimos amistosos de 2019. El saldo de dos derrotas quizá no impresione, pero la forma sí preocupa.

Peseiro pregonó siempre que pocos ajustes había que hacer, entendiendo que no había mucho tiempo para trabajar con el grupo y que hasta la aparición del COVID-19 ya el juego del combinado tenía una idea consolidada que estaba dando resultados. Rafael Dudamel, anterior timonel, había dejado un once prácticamente armado con un par de variantes tácticas: un volante central más cuando se enfrentaba a rivales de posesión y llamados a tomar la iniciativa y un volante ofensivo más cuando había que ir a buscar el partido. Creo que el portugués invirtió esas ideas.

En Colombia admitió que se equivocó en el sistema (solo dos volantes centrales), pero en Mérida agregó a Cristian Cásseres Jr al medio cuando tenía que ir por los tres puntos, ser más ofensivo. Peseiro con esa jugada parecía tratar de ganar en prudencia y equilibrio, cosa que se pudo apreciar. Venezuela no pasó tantos apuros como en Barranquilla, sin embargo no hubo una contraprestación ofensiva que diera al menos alguna intención de querer ganar al partido. Parecía que era bueno no perder y eso lo demuestra lo tardío de los cambios (Yeferson Soteldo fue la primera modificación cuando ya faltaban 15 minutos para el final).

Realmente sentí un retroceso. Sentí que veía el juego de la Venezuela de finales de los ochentas y comienzo de los noventas, cuando se saltaba al campo a evitar una goleada y aspirar a que “saliera algo”. Demasiada timidez y prudencia contra el rival muy bien trabajado, con ideas claras de presionar, de asfixiar. El miedo a cometer los mismos fallos de Barranquilla hizo ver a una Venezuela inferior y controlada, cediendo la iniciativa al equipo que la visitaba.

Es prematuro sentenciar al nuevo técnico como único responsable de las dos derrotas. Esas pirañas que infestan las redes pidiendo su cabeza y ofreciendo candidatos ya para suplirlo olvidan todas las circunstancias que han impedido que el estreno haya podido ser distinto. Sin embargo, el margen de maniobra ciertamente se achica y noviembre será clave para saber si realmente volveremos a competir o retrocedimos en lo hecho hasta ahora.

El grupo también es responsable. Es su deber recuperar el espíritu combativo ganado en los últimos años. Algo se pudo apreciar ante Paraguay, pero es necesario que los líderes y cabezas de grupo asuman sus galones para tirar del carro adelante. Nada que reprochar a Yangel Herrera, de los más jóvenes y único capaz de pedir la pelota con convicción en un momento donde hay que tener nervios de acero para asumirlo. Estamos ante el futuro líder. Esa raza que tanto hemos extrañado, parece que comienza a dejarse ver correr en las venas del muchacho del Granada.

Quiero insistir: este grupo jugaba a otra cosa, era competitivo antes del comienzo de esta eliminatoria, no había que reclamarle actitud. Y son los mismos. No se puede haber perdido la memoria futbolística. Hubo mejoras en el partido ante Paraguay, se destacan individualidades como la de Wuilker Fariñez, atrevidamente cuestionado por el accidente de Barranquilla, por ejemplo, pero queda la sensación de que algo se está construyendo cuando nada estaba destruido.

Se reclama a Peseiro volver a usar a Sergio Córdova como nueve y no a Fernando Artisteguieta. Yo creo que en Mérida ni teniendo a Gabriel Batistuta en su mejor momento algo variaría. ¿Cómo aspirar que un atacante resuelva si el equipo no le genera opciones?

Mientras termino de escribir esto, veo el Chile – Colombia (2-2). Con el nivel que mostraron esos dos equipos nada más, nosotros no vamos al baile con lo nuestro.

El camino está más cuesta arriba, sin embargo  nada que no se pueda corregir a tiempo o mejorar. Peseiro ya conoció el escenario.

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