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¿Y cuándo sembraremos el petróleo?

Por Giotto Jesús Hernández. @giottohernandez.- Hoy 14 de Julio, se cumplen 79 años de aquella consigna que el Dr. Arturo Uslar Pietri publicó en el diario Ahora: “Sembrar el Petróleo”.

¿Y cuándo sembraremos el petróleo?

Allí expresó dos grandes preocupaciones: 1) La explotación petrolera y su efecto en convertir a Venezuela en un país “improductivo y ocioso” si no se adoptaban las políticas adecuadas para transformar la renta petrolera en el motor de una economía “reproductiva y progresiva”. 2) El declive de la producción agrícola.

Después de casi ocho décadas, el pensamiento del Dr. Uslar Pietri, no sólo mantiene vigencia sino que a modo de premonición, logra retratar nuestra lamentable realidad con extraordinaria exactitud: Somos más dependientes del petróleo y la producción de alimentos es casi nula.

Venezuela en pleno siglo XXI no es capaz de producir los alimentos para atender la demanda nacional, la gran mayoría de lo que consumimos es importado. Como si fuera poco, no existe una política económica coherente, sino una sarta de improvisaciones basadas en engaños, en controles exagerados e ideologías fracasadas y pasadas de moda, que desestimulan la inversión y no dejan nada positivo a la patria.

Dependemos del petróleo como nuestra única fuente de ingresos y, por la destrucción del aparato productivo, estamos obligados a usarlo para poder comprar comida y medicinas a otros países.

En tal sentido, la premisa de sembrar el petróleo tiene mucha razón al señalar que «la economía destructiva», – en referencia a la explotación petrolera que supone sacrificar la producción de recursos renovables por la explotación de recursos no renovables- debía acompañarse de un plan nacional que diera una dirección hacia dónde invertir, es decir, un proyecto a largo plazo.

Hemos llegado a tal punto, que en vez de avanzar hacia el desarrollo, viramos en retroceso.

Hoy más que nunca es imperativo sembrar el petróleo para traducir esos ingresos en el impulso que requiere la economía con vista hacia el futuro. Debemos construir la mejor Venezuela posible, dónde prevalezca el interés del bien común sobre la partidocracia, lo pragmático sobre lo dogmático, los valores sobre los antivalores, una Venezuela de “nosotros”, más unida, más progresista.

Con ésta reminiscencia de aquella “divisa” para la política económica venezolana, solo quedan las aspiraciones para que exista buena voluntad política para alcanzar tan preciado anhelo, que entre más temprano se haga, un mejor futuro tendrán las siguientes generaciones de venezolanos, y así no tengan que preguntarse: ¿Y cuándo sembraremos el petróleo?