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“Yo sé que volveré a caminar”: estudiante de la UCV

Una bala le impactó la médula y está alojada en la región lumbar desde el 25 de septiembre, cuando fue víctima de un atraco en la Universidad Central de Venezuela. A pocos días de la tradicional Semana del Estudiante en la UCV, El Estímulo cuenta la situación de inseguridad que afecta a ese recinto que debería ser de paz y estudio.

“Yo sé que volveré a caminar”: estudiante de la UCV

A partir de hoy Luis José Marcano volverá a usar uniforme escolar. Con 23 años de edad y estudios de Administración y Contaduría, vestirá pantalón azul marino y franela blanca para su ingreso en el Centro de Rehabilitación Integral Alejandro Roe, del Hospital Pérez Carreño; donde espera recuperarse de la herida de bala que recibió el 25 de septiembre, cuando se disponía a sacar fotocopias dentro de la Universidad Central de Venezuela.

“Siento como un sustico. Me dijeron que el primer mes será muy doloroso y tendré que aguantar. Quiero valerme por mí mismo”, explica el estudiante del segundo semestre de Administración y Contaduría de la UCV. Desde ahora estará hospitalizado de lunes a viernes, durante un año, para recibir terapia urológica, medular, ocupacional y psicológica, de modo que pueda adquirir destrezas que le permitan movilizarse luego de perder la fuerza muscular en sus piernas, producto del accidente.

Era viernes. Se había decidido que las actividades docentes en la UCV no se reiniciarían por no contar con las condiciones adecuadas para hacerlo. Sin embargo, algunos profesores, según recuerda Luis José, pasaban asistencia e iban restándoles puntos de la nota máxima a los alumnos que faltaban a las aulas. Ese día solo dos docentes estaban dando clases.

“Salí a las 6:10pm de la clase de Contabilidad. El profesor nos mandó a sacar unas copias. Les dije a mis amigas, Mariangélica Borjas y Rosy Aguilera, que me acompañaran.  Quise bajar por el piso 1 de la escuela pero la puerta estaba cerrada. Tuvimos que dar la vuelta, atravesar el Centro de Estudiantes y el Salón de Profesores. El delincuente sí pudo bajar por la puerta, a pesar de que tenía un candado. Nos emboscó”, detalló el estudiante.

Nunca hubo resistencia al robo. Él ni siquiera llevaba celular. Una de sus amigas sí. Ambas corrieron cuando el delincuente las conminó a entregar el teléfono. Al joven solo le dio tiempo de girar la cabeza a mano derecha para ver cómo sus amigas se alejaban. Cuando regresó la mirada fijó la imagen en un instante: el arma era plateada.

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Lo ve bajo, blanco y joven. Sin que pareciera un estudiante pero tampoco un delincuente. Iba vestido con una camisa blanca, unos blue jeans y una chaqueta deportiva, como de la selección Vinotinto. Piensa que su victimario se puso nervioso, pues de hecho ni siquiera los robó: “Él nos dijo “denme los celulares” y como mis amigas salieron corriendo, disparó y se fue”, relata Marcano, mientras un calendario de la Madre María de San José y varias estampitas con las distintas advocaciones de la Virgen María lo protegen desde la pared de su cuarto.

Su madre, Nancy Mendoza, interrumpe para ofrecer pan, refresco o café, pero él no quiere beber ni siquiera agua. Recuenta con exactitud y precisión. Es meticuloso. Acostado sobre una cama clínica ha tenido demasiado tiempo para pensar y los hechos regresan parsimoniosos para encajar lentamente en un gran rompecabezas que no encuentra explicación.

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Nancy Mendoza, madre de Luis José.

Nació en la Maternidad de Lídice el 8 de julio de 1992. Fue criado en La Pastora y desde hace algunos años sus padres decidieron mudarse fuera de Caracas buscando mejor calidad de vida y seguridad para los cuatro hijos que integran la familia.

Su casa queda en el sector El Trabuco, en el kilómetro 31 de la Carretera Panamericana. Desde allí bajaba todos los días a las 5:00 de la madrugada para asistir a la clase de Metodología. Luego entraba a trabajar en un local de venta de bisuterías, carteras y ropa femenina, en el centro comercial Boleíta Center. En algún resquicio se iba al gimnasio para armonizar su peso con los 1,78 metros de estatura, y regresaba a la universidad al final de la tarde, para asistir a dos clases en el horario nocturno que concluían a las 8:45pm. Los fines de semana la rutina incluía subir con los amigos a Sabas Nieves,  comer hamburguesas, ir al cine o jugar bowling.

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Luis José a la espera de los médicos.

Todas las noches llamaba a su papá para subir a casa en carro. Ese viernes lo llamó para informarle que lo habían herido: “Di unos cuantos pasos. Sentí un dolor y ahí mismo caí sobre las escaleras. Dejé de sentir todo. Hubo mucho silencio. Luego bajó una chica y yo le pedí que orara mientras empecé a llamar a mi papá. Duré como diez minutos allí, llegaron los camilleros, la chica se fue conmigo y llegamos al Hospital Clínico, donde no me querían recibir porque pensaban que era un tiroteado”.

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Lo de siempre. No había cupo, no había camas, los quirófanos estaban llenos y el joven boca abajo, sin perder el conocimiento, esperaba que le aprobaran el ingreso al hospital. Agradece que sus compañeros protestaran y acudieran en grupo a las puertas de la emergencia para exigir atención. “Lo único que quería era resolver lo de la bala. Que no me hiciera daño. Siempre estuve boca abajo sobre una camilla de los Bomberos Universitarios. Como los estudiantes reclamaron y vieron mis credenciales, un médico dijo: “llévenlo para el quirófano”.

26 días en la habitación 130

El pronóstico es reservado. Solo Dios sabe si Luis José Marcano, de 23 años de edad, volverá a caminar. Explica que la operación que le realizaron fue como una especie de pesquisa para revisar los efectos de la bala, pero esta no tocó órgano alguno, salvo la médula, que luego de chocarla decidió alojarse allí: “La trayectoria de la bala fue muy extraña. Entró de lado y se supone que debía perforar los órganos. Esa era la preocupación de los médicos. Pero impactó la médula y ahí se quedó”, detalla el joven.

El proyectil está alojado entre las vértebras dorsales D11 y D12. También sufrió una contusión en el pulmón izquierdo, producto de la caída frontal contra la escalera. Luego de colocarle un tubo de tórax se le extrajeron 600 centímetros cúbicos de sangre. No sabe a ciencia cierta cuándo lo operarán. Le propusieron sacarle la bala y las esquirlas, pero la doctora que lo intervendría le advirtió que su condición era irreversible. Luis José prefirió que ella no lo operase. Cree que si ese era su diagnóstico, así sería el resultado: “Dije que preferiría otro cirujano y ellos después me dijeron que tenía razón. Que quizá en tres meses la herida se desinflama y yo puedo tener mejoría. Es preferible evitar mayores daños neurológicos”.

Durante los 26 días que pasó en la habitación 130, del piso 5 del Hospital Universitario de Caracas, no tuvo tiempo de entristecerse. La noticia de su caso motivó a que las personas acudieran masivamente a llevarle donaciones de medicinas, insumos y pañales. Después, él proveería a los médicos para contribuir con otros pacientes.

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Luis José recibe la visita en el hospital de la compañera que estuvo con él el día en que recibió el disparo.

No sabe de rencores. No quiere odiar. No menciona a los causantes de su estado. No reniega de Dios. No toma pastillas para dormir. No cree en calmantes: “Me adormecen pero no al dolor. Este nunca desaparece”. Ni siquiera se molesta cuando ve en la televisión que algunas autoridades rectorales de la UCV aseguran que se están encargando de su caso y él sabe que es mentira. Solo advierte que si no fuera por su mamá, no hubiera encontrado cupo en el centro de rehabilitación del Hospital Pérez Carreño.

Se pregunta cómo hará para pagar el examen de sombras suprasensoriales que le sugirieron hacerse para precisar con exactitud el alcance de la herida. También piensa en la necesidad de un winche que logre ascender la silla de ruedas hasta su casa; y así logre evitar el dolor que le provoca cuando lo cargan entre cinco personas para subir los 17 escalones que hay en la puerta de su hogar.

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Luis José luego de recibir la noticia: Será internado en el Pérez Carreño para rehabilitación.

A pesar de esto, acopia fuerzas. Calla. Guarda silencio y repite, como una oración: “Mi rehabilitación es lo que más quiero. Continuaré mis estudios, volveré a mi trabajo, retomaré el ritmo que tenía. Yo sé que volveré a caminar”.

Para cualquier apoyo a Luis José Marcano, comunicarse con Nancy Mendoza, a través del celular (0412) 3709381.

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