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Yolanda Pantin: «Se reconoce a través de mí a toda la poesía venezolana»

Hablamos con la poeta venezolana horas después de recibir el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca. El jurado ha destacado a la galardonada por haber desarrollado un «largo y profundo viaje» por los distintos recursos del discurso poético. Pantin llama a ese viaje «excavación interior».

Yolanda Pantin: «Se reconoce a través de mí a toda la poesía venezolana»

La poeta venezolana Yolanda Pantin (Caracas, 1954) ha obtenido este jueves el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca en su decimoséptima edición. El jurado ha destacado a la galardonada por haber desarrollado un «largo y profundo viaje» por los distintos recursos del discurso poético. Pantin llama a ese viaje «excavación interior».

Esta escritora no solo debe ser recordada por su poesía, sino por su trabajo en recoger las voces de otras escritoras venezolanas en el libro, editado junto a la novelista Ana Teresa Torres: El hilo de la voz: antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX (Libros en red, 2015); y también como ciudadana política tras publicar, en coautoría también con Torres, El Viaje al poscomunismo (Eclepsidra, 2020), que cuenta el recorrido que ambas autoras hicieron entre 2002 y 2012 por varios países de Europa, Rusia y Asia Central, todos ellos con la característica común de haber vivido bajo el comunismo.

Para Manuel Borrás, cofundador y director Pre-Textos, editorial que publica a Pantin, así como a Louise Glück– ganadora del premio Nobel de Literatura de este año–, el galardón a la venezolana nos debería hacer reflexionar sobre el valor de la cultura, sobre todo en países como Venezuela, donde «se ha impuesto por sobre todas las cosas la razón de la fuerza». «La cultura debería ser el punto de encuentro a partir del que se tendrían que dirimir muchísimo de nuestros desencuentros, incluso en la política».

Cuando otros escritores venezolanos como Rafael Cadenas (Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, 2018), María Fernanda Palacios, Diego Arroyo Gil o María del Pilar Puig hablan de Yolanda Pantin coinciden en que «es una persona, decente, honesta, muy sencilla, más bien tímida». Y cuando una persona tímida gana un premio de renombre como el Federico García Lorca hay un lado de ese premio que resulta incómodo.

¿Qué siente al ser reconocida con un premio como este?

En este momento no tengo claridad. No esperaba para nada un reconocimiento de este alcance. No he esperado nunca en mi vida ningún reconocimiento y esto puede parecer una falsa modestia, pero la verdad es que yo lo único que he perseguido es una búsqueda interior que es un mandato imperativo que me obliga a ahondar y excavar en mí buscando lenguaje.

¿Qué es para usted buscar lenguaje?

Buscar poesía. Sacar de dentro lo que pueda tener una carga de verdad y de belleza, y eso está adentro. Eso es lo que he hecho a lo largo de mi vida y creo que eso es lo que se reconoce con este premio: la búsqueda obstinada en el interior que es como ser una excavadora.

Yo acá en Caracas, donde vivo, juego mucho con mi nieta con un instrumento de minería que heredé de un tío mío muy querido y ella con su pico hace en mi jardín lo que yo hago dentro de mí con la poesía. Busca tesoros. Los tesoros para mi nieta son cosas que ella encuentra en la tierra, yo la veo y pienso: «hacemos lo mismo».

Ese cavar me hace pensar, y viene mucho al caso por el nombre del premio que le han otorgado, en el «Romance de la pena negra» de Lorca cuando dice:

«Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora».

¿Le suena?

Fui una lectora apasionada de Lorca, sobre todo en los años de la juventud, como lo fuimos muchos. Ya lo he olvidado todo, pero quizá esa imagen de la excavadora sea de Lorca que quedó dentro de mí en ese sedimento donde las lecturas se confunden, en esa amalgama donde surge la voz interior. En ese olvido de la lectura.

En muy poco tiempo dos venezolanos de distintas generaciones y de tipos de poesía muy distintas han ganado este premio, hablo de Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) quien también lo recibió en 2015. ¿Qué puede decirnos sobre Cadenas y su poesía ya que ahora, además de ser venezolanos, los une el hilo de este galardón?

Yo he pensando en estos años mucho en Rafael, no solo como poeta, sino como persona. He pensado mucho en lo que significa su persona. Rafael es el que va delante de todos y lleva en cierta forma la carga, no es que sea pesada, pero sí es una compañía. Él no nos ha abandonado nunca. Siempre ha estado presente y su presencia es literal y literaria.

Usted ha ido marcando en su poesía su devenir personal, sus cambios personales. Por ejemplo el nombre de su primer poemario sobre la casa de su infancia, Casa o Lobo, resulta muy revelador. ¿Se considera una poeta rememoradora o esos fueron solo sus inicios?

Casa o Lobo (1981) fue la primera excavación y la primera excavación trata de la infancia. Allí lo que saco son pedazos y piedras que a lo largo del tiempo he podido armar en una frase completa que ahora pueda entenderse con sujeto, verbo y predicado. En mi último libro Lo que hace el tiempo (2017) hay algo que sí permanece. Hay un diálogo con Casa o Lobo porque es el mismo universo de mis padres, mis hermanos, mi casa, todo lo que nos marca y nos hace persona.

¿La vida se pone más difícil con el tiempo?

Bueno, esto de aceptar la edad no es fácil, pero tiene sus compensaciones. Hoy en día, me siento más tranquila. No tengo esas angustias existenciales de antes. No es que me haya rendido, sino que sé que lo que pueda llegar va a llegar por sí mismo. Ya hay algo sedimentado, algo se aplacó en el sentido positivo. La edad me permite ver y entender cosas que antes no veía o entendía.

¿Cómo recuerda el Turmero de su infancia (ciudad –cercana a Caracas– ubicada en el estado Aragua)? ¿Y cómo es el Turmero de esta época tan marcada por el chavismo?

Para mí es la casa de mis padres y siempre fue así. En esos metros de terreno está mi mundo. Cuando voy a Turmero, además de ver a mis padres, recibo señales importantes. Cada frase que pueda decir mi mamá, la evolución de mi papá hacia su vejez, el paso del tiempo… El Turmero de mi infancia no existe, es el de las haciendas, pero está dentro de mí.

Entonces el lobo se quedó afuera…

Solo fuera del terreno de mis padres, porque sino sería un mundo de fantasía. Puede que a veces asome el hocico, puede que incluso entre a casa, pero el poder de la casa, la casa como símbolo, es muy fuerte y nos protege a todos.

Vivió una separación, tiene dos hijos y entiendo que fue ama de casa. ¿Cómo fue ser una ama de casa y poeta? ¿Hay que romper los vínculos con la familia para lograr la intimidad del poeta?

No, para nada. Yo soy la mayor de once hermanos, de manera que siempre fui ama de casa. Era natural para mí. Hacía las cosas que tenía que hacer, estudiaba Letras y escribía poesía. No sentí nunca una fragmentación. Las cosas estaban cada una en su lugar. Era cuestión de responsabilidades, una con la voz interior, una con mis hijos y una con los estudios de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello.

¿Cómo es vivir una pandemia mundial en un país que ya la estaba pasando mal, como V,enezuela?

Se vive con mucha angustia porque aquí no se sabe nada. La opacidad de la información, de la noticia, es una constante. Estamos a ciegas. Esta semana justamente estaba muy angustiada porque en Turmero, donde viven mis padres, hay muchísimos casos de coronavirus. Es más de lo que la gente allá en España ya sabe.

Y acá la gente está cansada de que se hable de la crisis venezolana…

Es que hemos estado demasiado (presente en las noticias), pero con razón hemos estado demasiado presente.

Cuando estrenaron la exposición Manifiesto país en 2014 en la Sala Mendoza de Caracas habló de defender la intimidad, el país interior. ¿Cómo es la Venezuela que hoy hay dentro de usted?

El alimento lo encuentro cuando voy a casa de mis padres y la otra parte es el desconcierto absoluto, que ya no es nuestro, es del mundo. Estamos viviendo el futuro del futuro que se abre con grandes interrogantes.

¿Siente que este premio es un reconocimiento generacional a los poetas venezolanos de los años 70 y 80 con los que fundó el grupo Tráfico como Armando Rojas Guardia –fallecido recientemente–, Rafael Castillo Zapata o Ígor Barreto?

Se reconoce a través de mí a la poesía venezolana, no solo a la de los 70 y 80, sino a todos los que estamos en este caudal, inclusive a los muertos, a los que hacen la tradición de la poesía venezolana. Cada uno llevando la tradición poética, llevamos algo de la voz de un poeta anterior o de un poeta contemporáneo. Es un río de muchas voces. Es un reconocimiento que no es solo mi río sino el de la poesía venezolana.

 

Pantin antes de trasladarse a la capital a estudiar Letras, se formó en Artes en la Escuela de Artes Plásticas (hoy Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios). De esos tiempos plasma los siguientes versos en su poema Escribir:

«No hay ninguna
pretensión
en este intento (…).

(…)Cuando niña
dibujaba
por placer
y no dormía
hasta pintar
lo que pensaba(…)

(…) garabato,
torcedura.»

Seguimos excavando. Como las piquetas de los gallos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Objective.

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