Opinión

León XIV en París: ninguno es sólo un número

En el contexto multicultural de la Europa de hoy y en escenarios repletos de personas de todas las edades, el papa León XIV exaltó la universalidad de los valores que constituyen el fundamento de la convivencia civil

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León XIV en París: ninguno es sólo un número
León XIV en Notre dame |Fotos cortesía Aciprensa

Monumental como la Ville Lumière, la Ciudad Luz que lo recibió, ha sido la visita de León XIV a París. El Papa americano, nacido en Chicago y obispo de Chiclayo naturalizado peruano con sangre francesa y dominicana, ha movilizado multitudes entusiastas en su recorrido por Francia además de la capital y Saint Denis en su área metropolitana, Lourdes y Metz.

“A los ojos del Señor, ninguno es un número en un documento de identidad o un código, sino una persona única e insustituible” nos recordaría en la misa en una repleta Plaza de la Concordia, la inmensa explanada de Luis XV, luego Plaza de la Revolución donde fueron guillotinadas mil ciento diecinueve personas, empezando por Luis XVI y María Antonieta y al fin de “El Terror” que siempre termina, rebautizada con su nombre actual. Allí está emplazado el Obelisco de Luxor, del que se enamoró Napoleón en la campaña de Egipto pero que sólo llegó a Francia años después, cuando en 1830 lo regaló el gobernante imperial otomano a Luis Felipe Igualdad. Así es la historia.

León XIV en París: ninguno es sólo un número
El papa León XIV en la misa en París. Foto cortesía Aciprensa

De allí a la Plaza la Estrella, la del Arco del Triunfo, atravesando unos Campos Elíseos donde ochocientas mil personas lo aclamaron. La víspera en el Stade de France, cuyas tribunas rugientes estaban llenas, llamó a los jóvenes a “huir del mal, perseguir la virtud y participar en el buen combate”, En el combate del mundo que dirían Lebret y Suavet en aquel librito que nos convocaba a la militancia cuando terminábamos el bachillerato en aquellos sesentas de indiferencia imposible.

En Lourdes pidió a la Virgen Patrona de Francia que esa nación “Pueda construir una sociedad armoniosa, que destierre toda violencia y odio, que permita a todos trabajar, fundar una familia y vivir a plenitud en paz y serenidad”. Vale para todo el mundo, como también su insistencia en la vigencia del Derecho Internacional y el necesario vigor del multilateralismo.

En el contexto multicultural de la Europa de hoy, exaltó la universalidad de los valores que constituyen el fundamento de la convivencia civil, como “necesidad social y política para redescubrir el papel central de la persona humana y dar un significado real a palabras como libertad, democracia, paz y unidad”, base de la que De Gasperi llamaría “la moral unitaria”. Lo dijo en el Centro Robert Schuman de Metz, cuyo epónimo es aquel que con Adenauer y el mencionado De Gasperi es uno de los Padres Fundadores de la Europa unida, Venerable en la Iglesia Católica allí en Szy-Chazelles donde reposan sus restos que Mitterand quiso elevar al Panteón de Francia pero la municipalidad decidió que permanecieran en la ciudad como el estadista ascético había pedido.

Más atrás, más adentro de la hora que quiere León XIV ayudarnos a leer en clave de valores permanentes con su sencilla profundidad, intentaré escudriñar en el significado de esta visita en la que París pareció “contener el aliento para luego soltarlo de golpe en una exhalación de júbilo”, según relato-retrato metafórico de La Nación de Buenos Aires.

León XIV en París: ninguno es sólo un número
León XIV en la misa repleta de jóvenes en París. Foto cortesía Aciprensa

La relación entre el Papado y el Estado francés ha estado poblada de distancias y tensiones, desde antes de la república laica y laicista. Elegido en Perugia el papa francés Clemente V no quiso irse a la entonces insegura Roma y mudó la sede a Aviñón, entonces parte de los Estados Pontificios. Allí permaneció por casi siete décadas y siete pontífices, entre 1309 y 1377 en una relación conflictiva con presiones del poder galo. Inmediatamente, en 1378, ocurriría el Cisma de Occidente con un Papa en Roma y otro en Aviñón hasta 1417. Las guerras no faltaron.

El cristianismo fue religión de Estado desde la conversión de Clodoveo I en 496 hasta la Revolución Francesa. El Concordato de 1801 es obra de Bonaparte. Durante la Tercera República (1870-1940) sucesivas reformas apuntaron a reducir la influencia social de la Iglesia hasta prevalecer el laicismo. Con la sociedad francesa el vínculo se ha ido enfriando.

El poderoso e influyente socialcristianismo del MRP decayó junto con la IV República y sus permanentes crisis. El ascenso de De Gaulle, católico, conservador y nacionalista, redujo su espacio que en un país crecientemente laico se diluyó en el Centro Reformador. En un pueblo católico en un 54%, cuna de grandes pensadores del siglo XX como Maritain, Mounier, Lebret, Calvez y Folliet, esa corriente no tuvo la incidencia que se prolongó en Italia, Bélgica, Holanda y Alemania, donde persiste.

Esos antecedentes ilustran la relevancia de esta visita y el fervoroso entusiasmo generado, sobre todo en la juventud francesa.

Macron lo recibió en una Francia “imbuida de espiritualidad y siempre en busca de lo universal” comprometida “en su propio proyecto de libertad”, reconociéndolo como fuente de esperanza “para aquellos desanimados por el espectáculo de las miserias del mundo”.

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