Entrevista UB

Ale Otero te invita a liberar a la doña que hay en ti

Desde el 25 de abril la comediante Alejandra Otero está en gira con “Doña”, un show con el que invita a aplaudir sin pena mientras bailas y a abrazar la victoria de saber la diferencia entre el perejil y el cilantro: no te resistas más, todos somos doñas | Por Adriana Núñez Rabascall

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Cuando empiezas a agarrarle el gusto a la lechosa o a la torta de guanábana ya es tarde. Es momento de salir del closet y liberar a la doña que llevas por dentro. Esa que vive en ti desde hace rato y hace su mejor actuación cuando guardas los sobrecitos de azúcar que no le pusiste al café de la panadería o cuando completas un triángulo equilátero mientras doblas las bolsas del supermercado. Esa es la doña que Alejandra Otero quiere celebrar y dejar de reprimir en el show de stand up que llevará a Barquisimeto, Maracaibo, Caracas, Lechería, Margarita y Valencia.

La comediante y periodista es -apenas- una cuarentona. Cumple 42 en mayo y en «Doña» defiende el derecho a ser doña sin importar la edad ni el sexo, porque los hombres también lo son. En este paseo por la doñitud, Otero apela a los hábitos y al glosario de sus alter ego más aplaudidas: Valentina Quintero, Sascha Fitness y María Corina Machado.

-¿De dónde sale eso de retratar a las doñas?

-Me cansé de la “señofobia” que hay. Todo el mundo tiene miedo a verse señora. Todo es: “cómo hago para no verme señora”. No aplaudas cuando estés bailando, porque te vas a ver señora. No te vistas así, porque te vas a ver señora. Todo es un miedo a verse señora, no importa la edad que tengas. Por otro lado, me di cuenta de que todos tenemos una doña dentro. Este show es una invitación para sacar a esa doña, dejarla fluir, dejarla ser feliz y asumirla con orgullo.

-¿A qué atribuyes la señofobia?

Es un fenómeno social. Todo el mundo le está huyendo a envejecer… Desde cómo vestirse hasta ponerse botox desde los 20, el dineral que uno invierte en verse más joven… Estamos obsesionados con eso. Esto es una invitación a asumir tu doñitud. ¡Qué importa que te digan señora, lo importante es ser tú!

-¿Cómo es recibido el personaje de doña en las grabaciones que haces en la calle para los videos de Instagram?

-Me ha impresionado la cantidad de gente joven que se ha sentido identificada con este discurso, desde universitarias, mamás, chamos… Me ha pasado con las encuestas que hago en la calle que hay chamos que son los que más doñas se sienten. Culturalmente la sociedad cambió… Así que si los hombres se ven bien, quieren cultivar plantas, eso ahorita está bien visto… Hay gente que me escribe y dice: “Ale, me jodiste el cerebro. Ahora me siento demasiado doña todo el día”.

-¿Cuándo te diste cuenta que empezabas a hacer cosas de doña?

-Me di cuenta hace poco, porque empecé a disfrutar el hecho de hacer mercado, de elegir mis frutas, mis verduras. Empiezo a disfrutar actividades como desayunar con mis amigas, a disfrutar tiempo para mí. Hacer ejercicio por salud, no para verme buena, sino porque estoy perdiendo masa muscular. Me di cuenta de que estamos siempre rodeados de cosas que tienen que ver con la doñitud… El tema del skincare, de todas las cremas que te tienes que poner ahora, y empiezo a hacer cosas de doña como cuando estoy retrocediendo el carro y bajo el volumen. Yo me sinceré. Esa es la doña que hay en mí. Todo el mundo tiene una doña. Existe el hombre doña, el niño doña. Todos en mi familia son unas doñas.

-Cuando uno era pequeño se avergonzaba porque las madres utilizaban palabras como “pavos” para referirse a jóvenes. ¿Hay palabras por las que tus hijos te identifican como doña?

-Cuando me desespero empiezo a decir frases religiosas y yo soy cero religiosa: ¡Virgen Santa!, ¡Cristo Redentor! A decir verbos que yo no usaba como “encaramar”. “¿Por qué te tienes que encaramar?”. El verbo encaramar es muy doña.

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-¿La maternidad te acerca a la doñez?

-A veces me siento muy doña regañando a mis hijos. Todo a lo que le huimos en la vida, llegó. Empiezas a ver todo dañino. Para tus hijos todo es dañino. Empiezas a leer las etiquetas, a guardar bolsas de regalo; todo eso te vuelve una doña. A la vez, siento que todo es bueno en la doñitud, entonces, ¿por qué le estamos huyendo a eso, si todo tiene que ver con verse bien, sentirse bien, con disfrutar la vida? Eso de reprimir el aplauso cuando uno va a bailar ¿por qué? En este show los voy a obligar a aplaudir para que se liberen, ya basta de represión.

-¿Al doñismo se va en pareja?

-Mi esposo es una doña, 100%. El hecho de que tengamos un jardín cuidado y que crezcan las plantas es por él. El otro día logró que se le diera una orquídea. El doñómetro se disparó en ese momento. Al hombre doña le suceden esas cosas. Fuimos de viaje al llano y él estaba pendiente de cuál mata se llevaba para sembrar en la casa.

-¿Existe el doñismo en el sexo?

-Ahora necesitas bañarte. Antes uno era relajado y ya, ahorita si nos bañamos, ¡vamos!… es como un código.

-¿Cómo es eso de que tu vagina se debería llamar Gertrudis?

-Fue un momento de doña en mi vida, cuando descubrí esas canas (las de abajo) …y fue un tema. Fue después del segundo embarazo. ¡No lo vi venir! yo no tengo canas en el pelo… y dije: claro, es como que mi totona tiene una edad y el resto de mí tiene una edad distinta. Entonces le puse Gertrudis porque parecía nombre de señora mayor.

-En un reel de Instagram mostraste la cantidad de medicinas que lleva tu mamá en la maleta cuando viaja. ¿Cuál es tu equipaje de doña?

-Cuando voy a empacar maletas soy la persona más doña que existe y eso es culpa de mi mamá, Carmen Ramia, sin duda. Soy la persona que va de viaje en un grupo y tiene todo. Dime qué tienes, un orzuelo, indigestión… Dime qué tienes y te doy el remedio. Yo hago la maleta de todo el mundo en mi casa. Eso es muy de doña.

¿En qué doña no quisieras convertirte?

-En la doña mala vibra y criticona. O en la doña del Instagram que está todo el tiempo criticando todo. Yo me siento trans edad. Me siento como si tuviera 26 años. Tengo la energía y quiero hacer cosas de la gente de 26, pero por el otro lado, está la doñitud. La edad y la doñitud no tienen nada que ver. Tú puedes tener 7 años y ser una doña, como mi hija Paulina.

-¿Por qué Paulina es una doña?

-Le encanta hacer mercado. Ella prefiere celebrar su cumpleaños en un Central Madeirense que en un Ninja Park. Su plan favorito es el Plan Suárez… Ama jugar juegos de mesa, tipo Ludo, Bingo. Tú le preguntas cuántos años tiene y te dice: “Siete, se lee siete”.

-Las señoras de El Cafetal todavía te recuerdan por tu participación en “Aló, Ciudadano” en 2005… ¿El haber estado en ese programa de Globovisión no te convierte automáticamente en la reina de las doñas?

-Era muy doña ese programa. Tú ibas a una clínica o a un velorio conmigo y salían todas las mujeres a abrazarme. Veo esa etapa muy lejana. Cambié full desde que dejé “Aló, Ciudadano”, pero me divierte hablar con ese tipo de señoras y que me den consejos. Yo tengo un montón de señoras de ese target que me escriben todos los días. Con cariño me recuerdan esa etapa.

-Entre tus imitadas más famosas hay varias que se acercan a ser doñas y otras que ya lo son…

-¿Quiénes no? Todas son doñas. Valentina Quintero es doñísima, por más que ella te diga que odia que le digan doña, es la más doña de todas. María Corina es la representación de las doñas venezolanas. ¡Sascha Fitness es doñísima!. Esa mujer está pendiente todo el día de qué tienen las etiquetas de los productos, cuidado con esto y con aquello para las hijas. Shirley Varnagy, lo comprobé en su programa, casi me gana en el doñómetro.

-Ahora que nombras a Sascha, ¿es verdad que no le gusta que la imites?

-Ella lo dijo públicamente en sus historias de Instagram. Nunca me lo dijo a mí, pero sí lo dio a entender en sus redes, y lo lamento. Es la primera persona que imito que no disfruta de la imitación, pero es válido. El humor puede generar eso, el humor puede resultar incómodo y estoy tranquila porque siempre lo hice con la mejor intención y desde la admiración.

-¿Qué crees que no le gustó de la imitación?

-No lo sé, creo que nunca nadie la había imitado y ella vio un lado de ella que no le gustó. Un lado muy caricaturesco, porque eso es lo que hace la imitación, caricaturiza. Es como el episodio de “Los Simpsons” en el que Lisa se pone a llorar porque no le gusta su caricatura y dice que ella no tiene los ojos ni la nariz así. Yo siento que se vio muy caricaturizada y no le gustó. Obviamente, hubo rasgos de ella que exageré y no le gustaron… No se quiso ver así.

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-¿Le has tenido que bajar a la imitación de María Corina Machado por el momento político?

-Yo siento que, desde hace unos meses, estamos en un momento de incertidumbre, de no saber muy bien para dónde vamos, y yo misma con los videos que hacía de María Corina siempre tenía como un mensaje, y en este momento, estoy como el resto del país.

Hay una realidad y es que la represión se volvió mucho más dura y todo es más crudo y sensible. Hay gente de la oposición que le molesta que la imite, porque siente que me estoy burlando, aunque en algún momento muchos sintieron que mi humor daba esperanza, porque sentían que podían escucharla a ella a través de mí, o algo así, pero estamos en un momento muy turbio y muy raro. No me he sentido tan cómoda en las redes, sobre todo. En vivo la imito, y en el show, también la voy a imitar, pero en las redes está todo tan delicado y tan raro que me he tenido que restringir un poco.

¿Cuál es la reacción de la gente que más te hace alejarte del personaje de María Corina en esta coyuntura?

Creo que estamos en un momento como de espera, de tensa calma, y no quiero que me agarren el mensaje donde no es. La política es muy delicada y nunca he publicado nada que no tenga un norte claro. Cuando no tengo ese norte claro, prefiero hablar de otra cosa. Eso sí, cuando la imito en vivo, la gente me lo agradece demasiado, lo necesita. Y yo también lo necesito

-¿Qué es lo más de doña que hace María Corina Machado?

-Vestirse como se viste, la camisa, las perlas, las palabras que usa: “impostergable”, “innegociable”. Eso es muy de doña. Siempre está impecable. Me fastidian mucho porque mi peluca nunca está impecable. Eso no se parece a María Corina. -Por Adriana Núñez Rabascall

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