Entrevista UB

Gabo Ruiz y los comediantes jóvenes: "No tienen ni idea de lo avanzados que están"

Gabo Ruiz estuvo recientemente en Venezuela: vino a lo que vino y a reconectarse con lo que es, un tipo de La Guaira acunado por Caracas que ahora como migrante se nutre del humor argentino

gabo ruiz
Fotos: Betania Ibarra @bibarris
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Cualquiera diría que en su última visita Gabo Ruiz vino a relanzar el mango: todo el que se le acercó salió al menos con un mango en la mano. Pero no. O sí, pero no.

En realidad el comediante vino por un asunto serio: pasaporte. También porque tenía compromisos familiares, sociales y hacía un par de años que no pasaba un rato por acá. Y para seguir hablándole a los venezolanos que están aquí y los que andan regados por el mundo, hay que reconectarse con la matriz, con Caracas, aunque sea de La Guaira. De paso, aprovechó -como ya saben- para hacer algunos shows.

-¿Qué fue lo más gracioso o particular que viste o que te pasó en este nuevo viaje a Venezuela?

-He estado pensando en eso… es que son muchas cosas… Escuché a un chamo de 20 años y dije “qué frase tan maravillosa”, un chamo de 20 años que en la universidad hizo un chiste porque le costaba inscribirse en una materia y dijo “imagínate si fuera trans y negro”, ese fue el chiste, o sea como que metiéndole más… Y me dice “chamo y la vieja se ofendió”. Y esta es la frase que es maravillosa: “Yo le dije, señora, usted debería ser más racista que yo”. Esto es épico… Han pasado muchísimas cosas cómicas. Somos muy cómicos, somos demasiado cómicos, pero demasiado…

-Aparte de ron, entonces te llevas material para nuevos chistes…

Claro, claro… He sentido que este viaje fue como toda una revelación viendo el verde. Tenía dos años sin venir y ya tenía la mente como en ese pantone de colores gris y edificios, construcción bella, un poquito de marrones… y he estado viendo burda el verde, he estado pegado con el verde. Y ahí viendo eso tuve la revelación de que aquí estaban las lecciones del resto de la vida. En este viaje. Entonces he tratado de acordarme de las vainas, de guardar notas de voz como con más contexto, que no se me olvide, porque ha sido como una enseñanza del miedo, de que de verdad el camino es afrontarlo y ver qué hay ahí trae aprendizaje.

Y también ese tema que estaba tocando mucho de la nostalgia como un efecto negativo en el desarrollo. La nostalgia es peligrosísima -y la distancia- porque hace que pienses 1.000 cosas y al final cuando llegas, ah ok, tienes la respuesta.

-Ahora que hablas de nostalgia, ¿eres de esas personas que estando afuera extraña el Cocosette, los Torontos, el arroz chino? ¿O eso se va pasando?

-Con la comida es peor, la nostalgia agarra tus pensamientos bonitos y los transforma y los hace maravillosos. Entonces, para mí la comida es un medio por el cual tu conectas con lo que extrañas. Y bueno, me he comido muchas empanadas con queso sin sal, ¿entiendes? Pasas dos años comiendo esta empanada, y “ay mi desayuno, cómo quisiera”… Llegas aquí y te comes una empanada y dices “ah, claro”. Y eso que aquí pides queso y te miran como pobrecito, ¿estará mal del estómago?.

-En ese juego de nostalgia, ¿qué es lo primero que piensas en hacer cuando tienes chance de venir a Venezuela?

-Lo primero es estar aquí, en esta casa justamente. Siempre verifico antes de viajar que se pueda dar esta posibilidad. Y ya aquí, sin duda lo primero es comer. Y ver a mis amigos. Generalmente es verlos y comer, al mismo tiempo. Prioridad es esa: ver a la gente de una. E ir a algún show, ir a verlo o tratar de estar. De hecho, la primera noche me subí en Bello Monte en un bar que se llama Bululú. Me subí en esa vaina…

-¿De espontáneo?

-De la nada… Me metí. Y que, ¿y qué le pasa a este bicho vale? Una chama me gritó “Gabo, Petare te ama” y yo le dije “devuélveme el carro, pues. Te paso la placa pa que me lo entreguen”.

-¿Pero tú viniste a hacer gira o eso surgió?

-No brother, yo vine por prioridades. Y por eso te digo lo del miedo. Primero que con el pasaporte vencido no tienes ni una posibilidad de entrar por un viaje, lo más directo posible que ya son 47 escalas. Entonces ya era inminente entrar por Cúcuta y la verdad es que no tenía ni idea de si siquiera podía entrar al país. O sea, en esa estaba el estándar. Entonces tenía esa duda, ¿será que voy? ¿será que no voy? Se dio el espacio y “es ahora o no es”, porque necesitaba el pasaporte. Ya lo tengo, de hecho

Era eso, el pasaporte, era la boda de Vero o sea la boda de tu mejor amiga que siempre dijo en cada segundo desde que la conoces que no se iba a casar nunca. ¿Me entiendes? Es un evento canónico. Y un año sin ver a mi familia, entonces dije “tengo demasiadas razones para tomar el riesgo de ir”. Y me lancé. Lo que había dicho era, “sí entro, hago shows” y apenas entré fue “vamos a echarle bolas”.

-¿Por qué tenías miedo de que no te dejaran entrar?

-No solo por cosas del contenido que he hecho a través de los años. Ya hay un tema de que si no hay un salvoconducto, no puedes pasar, entonces tienes que irte para una parte de Cúcuta, sellar allá… toda ese complicación en 24 horas de viaje, yo dije está difícil como lanzarse la vuelta y de paso que no es barato. Es como un plan súper masoquista, por fetiche voy a pagar dos lucas verdes y que me zarandeén por cuatro países… Suena como una diversión de un excéntrico. Todas esas cosas en la cabeza, más distancia, coño, la verdad es que sentí esa identificación de tantas ansiedades que uno no tiene certeza de nada y suena como un riesgo un viaje.

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-¿Entonces ahora puedes explicarle a la gente que está afuera, mira, sí puedes venir?

-Sí, puedes venir. Si tienes el pasaporte vencido entras por Cúcuta. Ahí te revisan de todo, de arriba abajo.

-¿Y una vez que entraste se te quitó el temor?

-No se me quitó. Estaba muy nervioso, después del pase por la frontera quedé como muy agitado por toda la revisión, por toda la forma de entrar al país. Después estaba con esa vibra y todavía estoy esperando irme para decirte que hay un balance positivo del viaje. Todo se ha sentido como un paso a una expectativa de que “mira, tú no puedes hacer eso”, ¿me explico? He tenido esa alerta pero también siento que se me olvidó vivir aquí, cómo era, qué significa esto de estar alerta y disfrutar en la misma intensidad, al mismo tiempo. Es decir, tienes un pico de alegría y eso no lo puede interrumpir tu pico de alerta, pero si hay que estar alerta, tienes que interrumpir el pico de alegría porque estamos alerta…

-Y si se te olvida cómo manejar eso, termina siendo paranoia…

-Exactamente… Y terminas quedando un poco fuera de la dinámica: ¿de qué hablas? O sea,estamos aquí, pues, tranquilos.

-¿Toda esa situación es posible transformarla en chistes?

-Claro, la tensión que se vive aquí es impresionante. La tensión que se vive aquí es maravillosa. Creo 100% y es algo que confirmé en este viaje que de las cosas más fuertes en la actualidad a nivel de entretenimiento es la comedia venezolana, en general. Y me refiero a fuerza espiritual, porque todavía no tenemos las pisadas que puede tener la comedia americana en el mundo. Pero creo que la forma en que los comediantes venezolanos están haciendo comedia dentro y fuera del país, entrando aquí la intensidad que manejan es muy alta. Son unos niveles de noción de en qué está la atención y el comentario que desbloquea, ir por otra forma… Alto, nivel alto. Pocas culturas tienen a los comediantes en la actualidad haciendo comedia por lo que existió la comedia y esta es una. Y verlo es maravilloso. Lo único que me ha pasado es estar sorprendido de ver estos chamos. O sea, me siento un abuelo, quiero abrazarlos. Y es incómodo porque son comediantes y me van a decir “marico, qué pasa esto no es un chiste”. Y yo bueno nada, pero los quiero demasiado.

Algo que me pasó viviendo aquí que hay gente que no lo entiende, como que coño ya va, pero es humor o sea. Más allá de que se usa esa bandera para decir cualquier vaina, pero tú sabes cuando se siente y ese es el juego y ya la gente lo está entendiendo con estos chamos y entonces los dejan jugar más, más tranquilos, les dan la confianza, tienen la fuerza. Y eso me tiene demasiado contento.

-¿Los viste con más libertad en comparación a la época en la que tú estabas aquí?

-Hay una canción de Lil’Supa que se llama “Wise Guys” y él ahí define para mí un mood de andar en la calle: es eso nuevo, es un mood de saber cuáles son las reglas y saber dónde está el límite porque te voy a hacer reír pase lo que pase.

-¿Ves enriquecedor para tu trabajo venir a Venezuela? ¿Qué le aporta tu trabajo el hecho de viajar con tanta frecuencia por distintas partes del mundo?

-Mi trabajo nace desde mí, entonces todo lo que te diga es algo mío. Por ejemplo, con Venezuela me agarro de la pregunta sobre si es enriquecedor venir: yo soy una persona que se ve cómo se ve y es de La Guaira. Eso era algo que yo no entendía. Y eso te lo da viajar. Al no ser la norma, te das cuenta en un espejo de qué es lo que eres: soy un chamo de La Guaira, estado Vargas, Venezuela. Soy un venezolano de la costa, así se ve. Todo eso significa algo afuera, aquí no, aquí eres. Yo tengo la oportunidad de estar aquí, me generé la oportunidad y asumí todo lo que asumí por estar hoy aquí porque más allá de todo sí es algo que me reafirma todo lo que se te puede olvidar por la distancia.

Pero hay gente que no puede venir. Entonces si yo digo “venir a Venezuela es enriquecedor” podría deducirse que tú no te estás enriqueciendo porque no puedes venir… Entonces por eso hago el énfasis demasiado claro que es lo que me ha dado viajar también: una noción de que no solo somos en Venezuela, somos afuera. Y eso está así en desbalance, no hay conexión, pero para mí ese puente es lo que me brinda estar aquí, que me ayuda a refrescar cómo pensamos aquí y voy a afuera y digo “chamo están meando fuera del perol, esto no es así, esto sí es así y esto es lo que te puedo decir de mi experiencia”. Todo eso metido en un chiste.

Esa es la búsqueda que yo tenía muy clara, refrescar cómo está sintiendo la gente, qué están pensando, cómo se vive, cuál es el contexto otra vez porque se me olvidó, más allá de que para mí la oportunidad de estar en los sitios donde fuiste pequeño te reafirma la identidad personal. Ayuda demasiado estar en los sitios donde naciste, donde te criaste.

Ahora, ¿cómo afecta al trabajo viajar a otros países? Tan sencillo como que al ver otra cultura, que es distinta, quedas expuesto como individuo externo. Entonces, no solo ves y aprendes de otra cultura, sino que te ves la tuya al rojo vivo.

-¿En este momento te enriquece más haber venido a tu país?

-En este momento no es que me enriquece más, pero sí me refrescó porque tenía mucho tiempo.

-Enriquece aplica a nivel personal y como material para trabajar luego en rutinas…

-Sí, 100%, vivirlo y echar los cuentos. Eso te da viajar, que tienes demasiados cuentos… Todo mi stand-up son cuentos de viajes. Realmente sí hay en mi caso esa necesidad de saber en qué están aquí. Sobre todo a nivel de los comentarios, de los chistes, qué es gracioso, qué es lo cliché otra vez, qué meme hay por ahí, qué dicen… Eso sí es súper bien porque al final yo trabajo mucho para Venezuela, pues.

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-¿Te asumes como un migrante o ya como un ciudadano de otro lugar?

-Migrante, 100% migrante. También entendí cuál es el costo de esto, cuál es el costo de yo sentirme así en mi país, que pase esto conmigo aquí. Y son dos años de llorar afuera: ese fue el costo. Yo tomé una decisión, una decisión personal y a nivel de carrera y profesional y lo asumo, pero tiene un costo. Se dice muy como a la ligera “se fue, estudió cuatro años y volvió”, pero esos cuatro años -o el tiempo que sea- no estás en donde eres. Y no estar en el lugar de donde eres, es grave. Para mí es grave, eso es algo que no debería pasar, que un núcleo familiar se separe, no debería pasar. La gente debería morir, tú llorar e ir a la casa, listo, otro año más sin el abuelo, qué cagada… Pero eso de que se fue y entonces nació otro y el otro ya tiene otro, entonces conoces a tu tataranieto y el bichicho y que what the fuck grandpa y que si ¡yo no se habla inglés mijo, no sé hablar inglés! En mi época no podías tener ese zarcillo… ¿Entiendes? Eso es grave, eso es grave, eso no puede pasar. Por eso me identifico como migrante porque los migrantes escuchan esto y dicen “exacto”, no importa si eres iraquí, japonés, todo es lo mismo.

-El migrante, en general, sueña siempre con regresar…

-Claro… Creo que hay muchos migrantes -y somos un ejemplo de eso- que tienen la capacidad de que ese objetivo no les determine su ritmo de vida, ni su accionar. Tenemos profesionales y gente que representa demasiado bien el país afuera siendo migrantes. Pero estamos muy frescos en eso del efecto que tiene migrar, siento que ahora es cuando estamos sintiendo realmente los efectos mentales y el peso que tiene separarse.

-¿El humor argentino influye en este momento tu manera de ver las cosas y de hacer comedia?

-Sí, claro. Sobre todo en no desestimar un pensamiento. En Venezuela por la situación hay un extremo de funcionalidad en la comedia, no tanto qué quiero decir, sino qué va a funcionar porque quiero vivir de esto o porque tengo show de esto. Esa vertiente la tenemos muy presente sobre todo por los boom que hay de comedia. En Argentina está el ser, o sea, en Argentina está la comedia como una herramienta para explorar todo lo que pueda salir de tu cerebro. Y eso eso tiene un efecto en como es la corriente de comedia y agarrarse de ahí es bien divertido porque es otro aspecto que respeta el público. O sea, te pueden aplaudir una idea chimba porque saben que hay una idea, te ven como “tranquilo no pasa nada, dale tranquilo, expón otra idea”. Aquí el público es más como “¿entonces, este bicho está en Argentina y no me va a hacer reír?”.

-Lo que estás diciendo es que el público argentino permite más el desarrollo y la conversación…

-No sé si la conversación, pero sí aprecian la idea. Me encanta eso, pero con el ritmo de aquí 100%. El ritmo que me da el público de aquí es la candela real.

A mí me da risa como hablan de todo menos de la comedia venezolana, tipo “no la música no las vertientes no es que la NASA no es que…”, chamo la comedia y el público venezolano están así (iguala las dos manos, como en nivel), creo que es la única escala 1 a 1 que ha habido en este país. La gente sabe demasiado de comedia y entonces eso se nota: “ajá, qué trajiste, vamos a ver, hazme reír”, eso te deja un poder que cuando vas para allá que es más como “ay qué divertido” y tú llegas wiiissssssh, los dejas locos.

-Aparte del hecho de que pueden cambiar de presidente cada cierto tiempo, ¿cuál es el rasgo que más te ha llamado la atención de los argentinos?

-Sin duda, todo el aparato comunicacional interpersonal. Se comunican demasiado entre ellos. Hablan en unas capas de profundidad que tú dices, “wao”. Eso está bien interesante porque quizás hablas cosas con alguien que jamás pensaste hablar, entonces terminas en dos oraciones hablando con un señor que te sirvió un café sobre realmente cómo puedes ver de otra manera la situación que estaba atravesando un familiar, por ejemplo, que es algo que me pasó y dices “qué locura”. Aquí somos -y eso lo extrañaba también- muy de sonidos, aquí puedes hablar con sonidos y ya, “aaaah”, “ummm”, “¡umjú!”, “ba” y ya tú entendiste, todo el mundo se entendió y no se dijo ni una palabra.

Yo apenas veo algo que me gusta de otra cosa pienso en Venezuela de una, es automático, cuando veo si realmente tiene una sustancia como para un chiste lo uso, pero trato de no abusar del recurso porque siempre comparo y digo cómo estaría esto en mi país, qué versión tenemos nosotros de esto… A dos whiskys, hablamos más que un argentino.

-Pero a los argentinos no les hacen falta los dos whiskys…

-Por el contrario, les das dos whiskys y se ponen dark…

-Los llevas a donde no querías llevarlos…

-Sí, sí… chamo, yo no tengo el software para esta conversación…

-Sin los whiskys el venezolano despacha la cosa rápido, “mareco, no te sientas mal”

-Después nos tomamos un whisky…

-Y hablamos bien…

(pausa para reír)

-Evadimos la profundidad…

-Sí… Tengo muchas teorías que no son reales sobre por qué pasa esto, pero es un efecto que me sorprende. Porque no está evadiéndose, es como sí, pero no. O sea, sí estamos evadiendo pero no. Le dije a mi mamá, “mamá pero tú puedes creer que esto es así” y me dijo, “claro, obvio, no va a estar todo el día hablando de eso… sigamos”. Y dije, claro, no es que no sabes, es que estás demasiado claro en que no quieres saber.

-El argentino sobreanaliza, quizás… ese pequeño psiquiatra que llevan dentro…

-A mí lo que me fascina del argentino es que le da pie y validez al análisis. Tú le llegas, “chamo, te voy a decir una vaina, les juro que yo sé por qué ustedes comen dulce de leche”. Y el tipo te va a decir “dale”. Ese pie a “explora todo”, es divertidísimo porque es como que puedes hablar de lo que sea mientras haya un pensamiento detrás.

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-¿Cómo es tu tu manera de trabajar las rutinas de chistes, eres como el que tiene su cuadernito y vas anotando o estableces un horario, todo organizado, o lo que vaya saliendo y después ves cómo lo organizas?

-Tengo como tres pasitos, primero tengo las notas en el teléfono. Siempre que pienso algo trato de llevarlo a lo más tuit, a lo más corto y conciso. Y anoto. Así tengo miles de notitas, luego de eso, me siento y desarrollo alguna que tenga potencial. Y luego la pruebo en vivo, la paso a la libreta del show. Tengo como 10 libretas, pero la libreta del show es donde va la cartelera de la noche. Trato de llevarlo así.

Hay cosas que aparecen y dices “ya, esto va”, pero me gusta mucho la estructura de la comedia, jugar con cómo te puedo decir dos palabras y llegas rápido, cómo llega más rápido o cómo lo dices al revés y que aparezca de otra forma, eso me me gusta.

-¿Y lo escribes todo o lo tienes en la cabeza?

-Lo escribo. Hay unos que son tan fáciles que tengo dos palabras, literalmente, la primera y la última, y veo las dos palabras y ahí está la nota en mi mente y lo digo. Pero siempre es bueno escribirlos, porque se me olvidan.

-¿Qué debe tener algo para que te parezca gracioso? Es decir, ¿en qué elemento radica lo gracioso de algo?

-Un filósofo argentino dijo en un video que lo arrecho que tiene la Biblia es que puedes reinterpretarla mil veces y siempre va a tener sentido. Hay algo en eso de verlo varias veces y que siempre haya algo nuevo y me pasa sobre todo en los recuerdos cómicos, que si lo traduces a la comedia es increíble. Pero sobre todo veo ese patrón en un recuerdo cómico que puedes analizarlo varias veces y siempre va a salir una arista de por qué estaba eso ahí o algo cómico, como el video del chimó. Tú ves el video del chimó (ya se ríe de una) del chamo y te puedes ir pa’ todos lados: por qué no hizo caso, después te puedes ir a los ojos, después al sudor, a la ventana del taxi, el carro, todo lo puedes ver 1.000 veces y para mí eso es lo que hace que sea llamativo.

-La multiplicidad de caminos y de capas que puede tener algo…

-Y que siempre hay una. Así lo veas otra vez, dices “esto no lo había pensado, claro”.

-¿Hay algún chiste que hayas hecho que que te guste muchísimo, que te de risa a ti, pero que no funcionó, que a la gente no le gustó y lo tengas ahí clavado como un despecho?

-Claro… claro… El de que Dios aprieta pero no ahorca… y yo de las dos formas acabo mejor… A mí eso me parece una genialidad y la gente y que “este bicho solo acaba de decir que le gusta que le aprieten el cuello, vale”.

Yo a veces en vivo me doy ultimatums. Como cuando calientan el hierro del ganado, el trauma del en vivo se queda grabado, o sea, una mala noche, una vaina, se te queda por siempre. Estás muy sensible ahí. Entonces me digo vainas para acordarme y con este chiste que no me ha funcionado, ya me dije varias veces: “no lo digo más”. Ahí la gente se ríe como “sí, es tan malo que no lo va a decir”, pero lo he dicho más y más. Es el chiste de que a mí lo que me dejó la pandemia, que que no puedo olvidar, es la paja con COVID. ¡Marico, ahí la gente va a duro, duro! La gente está como “ah, mira la pandemia…”. Y todo es sexual.

-¿No se ríen?

-No, se quedan y que…

-¿Pensando si se la hicieron con COVID?

-Yo lo remato diciendo que estaba medio asfixiado ya y que acabé tan bien que mordí la almohada. Ahí la gente se termina… He visto a gente que dice “voy al baño”, como voy a aprovechar este bajoncito para ir al baño…

Lo que me da risa -y por eso son sexuales- es el shock. Estamos en una época donde se cuida mucho lo que se dice, sobre todo en artes escénicas, sobre todo el cómo se entrega ahora la información, porque hay tanta que es delicada. Lo que me da risa es ese shock, que tú estés en un show y ves a un bicho hablando 15 minutos de vainas que tú dices “coño, qué risa” y de repente “pa, pa”, par de chistes que tú dices “este bicho está frito”. Eso me da risa, pero a la gente no.

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Fotos: Betania Ibarra

-¿Vale la pena meterse en problemas por un buen chiste?

-Si tú tienes una idea detrás y tú realmente dices “chamo, yo creo en esto, te lo juro o sea esto es de verdad, esta es mi verdad”, no importa el tema. No importa el tema, de verdad, si tiene un genuino sentido a la gente le sabe a culo. ¿Tú crees que a la gente realmente le importa cancelar a un comediante? Tú crees realmente que de todas las vainas que hay en Internet…no, no te vayas al Internet porque ya empezar desde ahí son muchas capas… Vamos a hoy: un bicho que se me están dañando los mangos, le van a caer al vecino, me va a llamar, pero tengo que ir para la oficina, ¿tú crees que realmente dice “ya va, necesito dos horas para ir a cancelar”?

Esa es una reacción del que tuvo la sensibilidad, por su espacio de tiempo, de decir “ay esto afecta y lo escribo en Internet” y está bien. Si tú tienes y crees en la idea y en lo que hay detrás de lo que vayas a hablar, dale. Esa es la mejor pelea que puedes tener porque tienes razón. Es como pelear con la razón.

(se cae un mango y suena durísimo)

Mira, lo que te dije. ¿Viste? Imagínate yo ahorita decir “se acaba de romper una teja porque cayó un mango, déjame ir a cancelar a”… No marico, ¡hay que llamar al bicho de las tejas bróder! ¿Entiendes?

Entonces… eso la gente lo sabe. Un gran ejemplo de eso es Bill Burr. Si quieren saber de qué estoy hablando, vean a Bill Burr en Filadelfia cuando pitan, vean lo que dice. Nunca va a perder porque, ¿por qué perdería alguien que te quiere hacer reír, güevón? Imagínate esa vaina… entonces perdiste tú.

-¿Tener que generar contenidos constantemente para las redes es una presión extra al trabajo o lo asumes como parte de la chamba? ¿Eso no te está distrayendo de la generación de unas rutinas, de pensar en un nuevo show?

-Es que si no lo adaptas, te quedas. Y así es la vida en general. Un gran ejemplo que te puedo dar de esto, porque lo he pensado, son los edificios. Antes hacer un edificio en la esquina de Bello Monte con estos bloques era que si desde los planos hasta el que lo lograba levantar, era como “marico, este bicho hizo un edificio”. Hubo un día que dijeron, 1, 2, 3, 4 y ya. Entonces, ¿ahora qué es lo que llama la atención de un edificio? Es más o menos por ahí: siempre los oficios se van a ir actualizando y van a adquirir y a incorporar herramientas, porque dentro del desarrollo del oficio está la gente que hace ese trabajo de incorporar. Las redes sociales son una herramienta que se incorporó. Me acuerdo el punto de quiebre cuando entran las redes a la comedia y ahí cambia el juego. Entonces lo ves así como una regla más del juego y si quieres jugar, bueno, juégala.

-No puedes estar fuera de…

-No. O sí. Yo lo interpreto de esta manera, como parte del juego. En su momento dije, no tiene sentido la cantidad, pero hay formas de ver eso no como una limitante, sino como un parámetro más que tú dices “ok, voy a tener que ver cómo juego con esto para que no me afecte la chamba ni la experiencia de lo que es un comediante”.

-¿Qué es lo más raro que has hecho para promocionar un show?

-Me eché el ácido hialurónico ese… ah, marico, me tocaste la tecla… No es lo mismo el oficio a vender el oficio. Vender el show sí es una ladilla porque tienes que ponerte que si “hooola Maracaaay, soy yo aquí con mis ideas” y eso pasa con cualquier ciudad… Pero de las peores cosas que recuerdo es esa porque me eché el ácido por echármelo, no pregunté qué era, solo vi el video y me hice así y vaina y se me quemó la cara… Y yo y que sí, ¡por una maldita función, vale! Me dio rabia eso de que, marico, no te puedes quemar la cara por plata, güevón…

-¡Hasta dónde vas a llegar!

-Exacto, exacto… Pero sí, miles de promos que te digo… Bueno, hice volanteo en el Sambil, aunque no fue tan de las peores vainas, no fue chimbo, fue fino. Conocías a la gente, la gente te preguntaba “chamo, ¿pero qué es ese show?” y yo “nooo papi, mira te digo”… en la Feria.

-¿Eso cuándo fue?

-Eso fue en 2016, 1017…

-Estabas en tu juventud temprana en la comedia…

-Sí, por eso veo a estos chamos, jovencitos, y digo “estos no tienen ni idea de lo avanzados que están”. Son como la evolución, una locura.

-¿Cuál es tu escenario ideal, uno al que quisieras volver a presentarte muchas veces o que no hayas estado nunca y dijeras y represente un logro?

-El Aula Magna de la UCV, qué sala tan arrecha. Es de las vainas que más amo de esta ciudad, que se construyeron vainas así y puedes ver tangible el ejemplo de un desarrollo. Un desarrollo y después artístico y después también con una funcionalidad… es muy arrecho. Creo que eso es algo que dice ser de aquí. Y eso que yo soy de La Guaira, pero la mitad de mi familia es de aquí. Yo soy súper de La Guaira, pero sí tengo esta parte de mí de aquí, respeto mucho lo que entrega Caracas. Siento responsabilidad: estudia, obsesiónate con una vaina, déjale algo a la ciudad.

El Teresa Carreño ha sido un sueño desde que vi por primera vez ahí Disney On Ice, dije “qué locura esta vaina”. Y después tuve la oportunidad de ir con los Premios Pepsi, que escribí el guion y bueno ahí estuve en todos los sitios, así sentadito en una parte del Teresa Carreño, pensando y como percibiendo la vaina… Es lo que te digo: es el detalle, imagínate algo tan grande que tenga cada detalle, eso es.

-Pero nunca se ha hecho comedia en el Teresa Carreño…

-No, ahí no… Yo no soy de títulos chamo, pero tiene que haber alguna vez una vaina ahí y sería un sueño para mí, pero bueno, de aquí a que pase…

-Te voy a plantear un escenario: se establece una democracia sólida en Venezuela, se cumple la promesa de que van a volver todos los hijos de los venezolanos y los venezolanos que se fueron. Se acaba el público de los comediantes que están afuera… ¿Cómo se prepararían para un escenario como ese?

-He pensado muchísimo en la reunión, o sea, qué pasaría con la comedia venezolana si estuviésemos todos aquí al mismo tiempo, todos haciendo todo al mismo tiempo. Para mí, eso es un clímax: todos aquí, todos haciendo shows.

-Ese es el escenario estando todos aquí… pero ¿y estando los comediantes afuera y los que migraron se vienen a Venezuela, tal como promete una corriente de la oposición?

-El clímax es lo que te planteé, eso lo pienso siempre. Sobre todo en Argentina, donde viven así. Te dicen, por ejemplo, “vamos a hacer gira en el conurbano” y el conurbano de Buenos Aires son un poco de localidades, que son 300 fechas y no es el público que te vio en la ciudad. Entonces yo digo, imagínate esa vaina en Venezuela. Cuando se van a Mar del Plata, pienso, imagínate que se arme en Venezuela que en la fecha donde van las vacaciones también van los teatros y van los comediantes… todo eso lo pienso. Esa es mi respuesta cuchi.

Lo que subestiman es la cantidad de gente que ya hizo una vida. Y por el mismo dolor -y por eso es grave- hay muchos que han hecho el trabajo de no dejar a Venezuela en un sitio que sea un clóset pisado por cuatro cajas y una piscina inflable que inflas una vez al año, una vez cada dos, quizás… Hay gente que realmente dijo «no puedo» y vive feliz. Esa gente es representada por la comedia y esa gente es atendida. Y esa gente no va a volver, no quisiera volver. Hay un relato que no tiene en cuenta eso. Hay mucha gente que extraña, pero pase lo que pase va a quedar gente viviendo donde está. Porque ya hizo una vida y hay gente a la que le está yendo increíble. A mí no me va mal, te digo, yo me voy a un hogar que planteé y lo que hablaba de Argentina: para mí Argentina es una universidad del pensamiento y esto para mí es trabajar del pensamiento. Entonces esas son mis intenciones allá. En ese escenario se sorprenderían de quienes no se vienen, eso lo he pensado. Que dicen bueno entonces van y de repente dicen veerrrrga, ese peo, “ese marico se quedó allá, ¿tú puedes creer? No joda, vale y eso que le tengo su vaina aquí”. Eso sería maravilloso verlo.

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