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#SexoparaLeer Las reglas de la jefa

Ella manda y hay que obedecer. La paga es buena, la jefa está rica. ¿Quién se queja? Diva Divina no lo hará

#SexoparaLeer Las reglas de la jefa

Es poco común que el dueño de la agencia sea una mujer que nunca ha sido prostituta, fue en principio eso lo que me motivó a cambiarme, pensar que el trato con ella como jefa sería mejor.

Era una mujer madura, de unos 48 años de edad. Según, nunca había sido puta, pero nadie lo adivinaría por el cuerpo, que mantenía muy bien pese a la edad, a punta de sesiones diarias en el gimnasio, algo de bisturí y un régimen de dieta casi obsesivo.

La tipa era atractiva y las muchachas contaban que al menos dos veces a la semana la venían a recoger tipos, pero nadie podía comprobar que iba a putear con esos hombres.

Le reunión con ella fue bastante buena. El pago y las condiciones eran mejores que en la otra agencia en la que yo estaba y la clientela era, por lo que me decía, de alta calidad.

-Sólo hay una regla -dijo- Mañana vuelve para darte los detalles y lista para trabajar tu primer cliente y te cuento.

Al día siguiente me monté en mis tacones, me puse una mini falda de jean bien bonita, con una camisita de tiritas que me revelaba el piercing ombligo y escotada para mostrar mis senos medianos naturales.

Llegué puntual a la cita y la jefa me hizo esperar. Estaba en el gimnasio y cuando llegó estaba acelerada, en sus licras de pantalón, y un top que apenas le cubría los senos, de verdad que estaba bien buena.

-Espérame un momento flaquita.

Me hizo esperar otros quince minutos antes de hacerme pasar. Allí estaba detrás de su escritorio, con la misma ropa de gimnasio, tomando lo que parecía un jugo de limón y terminando una ensalada de frutas.

-Siéntate corazón. ¿Tú eres lesbiana o has tenido algo con mujeres?

La verdad es que llevaba apenas dos meses trabajando, mis experiencias habían sido siempre con hombres, pero le dije que no me molestaba trabajar con mujeres si se diera el caso.

-O sea, ¿eres virgen con las mujeres?

Le expliqué de una experiencia que había tenido con una amiga en bachillerato, experimentamos besándonos, pero aparte de eso, no había tenido nada con mujeres.

-Bueno, pero ¿podrías atender mujeres?
-Si es necesario, sí.
-Perfecto, comienzas ahora mismo.

A la orden, jefa

Llevó el vaso y el recipiente de la ensalada para el baño y regresó para sentarse frente a mí en su escritorio, puso unas cremas corporales en la mesa y me miró directamente a los ojos.

-Bueno ¿qué esperas? Ponme las cremas y hazlo bien, tu primera clienta seré yo.

Al momento de decir eso se quitó el top y quedó semidesnuda, antes que pudiera decir yo algo, mi miró a los ojos y complementó.

-Relájate corazón, voy a pagar por tu servicio, pero la condición es esta, si no me cuadras te buscas otra agencia. Tenemos muchos clientes mujeres.

Me levanté de la silla luego de titubear un instante y tomé una de las cremas, antes de echarla en mi mano me dijo.

-Desnúdate mi amor, la terapia completa.

Una vez en cueros, comencé a echar la crema en sus hombros, ella gemía de placer mientras mis manos masajeaban su delicada espalda, luego me puso a frotarle y masajearle los senos inmensos y operados. Las aureolas perfectamente redondas y gigantes, complementaban unos pezones paraditos y gorditos, que brillaban al frotarle la crema. Por momentos me quedé perdida en esa imagen y entonces, voltea al escuchar que abrieron la puerta.

-¿Me mandó a llam…? Disculpe jefa no sabía que estaba ocupada.
-Está bien Ariel, esta chica se llamará Estrella, te aviso para que le muestres su recámara, mientras tanto entrégale los instrumentos.

La jefa se desnudó por completo y se acostó sobre el sofá de la oficina boca abajo, yo seguía masajeando con cremas sus senos y abdomen, bastante torneado para su edad.

“Toma Estrella, usa primero esta, luego este y por último, bueno ya sabes qué hacer con este”, dijo Ariel.

Me entregó una pluma, un masajeador eléctrico y finalmente un dildo, luego se marchó y antes de cerrar la puerta me indicó que la buscara cuando terminara con la jefa. En ese momento ella ordenó.

-Sigue niña.

Primero pasé la pluma por todo su cuerpo como ella me indicó. La veía retorcerse del placer, especialmente con el cosquilleo de sus partes íntimas, pronto tenía los pezones súper erectos y se le veía toda la carne de su brotada entrepierna.

-Ahora el masajeador.

Me lo coloqué en la mano y comencé a tocarla por todas partes. Fue en ese momento cuando comenzó a besarme, mientras le metía mano con el aparato en cada una de ellas. Mis manos vibraban mientras tocaba sus nalgas y senos firmes y ella metía su lengua en mi boca para jugar con la mía.

-Ahora el dildo.

Pensé que sería yo quién usaría el dildo, pero la sorpresa fue cuando me sentó en el sofá, abriendo mis piernas de par en par.
La jefa comenzó a lamer mi entrepierna y a meter el juguete lentamente. Era un dildo grande y con formas irregulares, sentía placer y nervios a la vez, de ver a otra mujer jugar conmigo de esa manera.

Sentí una punzada en el ombligo una vez que me lo introdujo completamente, mientras lo hacía me tocaba los senos y me besaba, introduciendo y sacándome el dildo a placer, estuvo dándome en intervalos de duro y suave por un tiempo, hasta que inevitablemente me moje y acabé.

Brotada en sudor, con la saliva de la jefa por toda mi boca, mi entrepierna empapada y las piernas aun temblando, se me sentó la jefa al lado, abriendo sus piernas y revelando su brotada flor.

-Falta el final feliz, corazón…

Me tomó del cabello y me obligó a hacerle un oral, la carne de su entrepierna grande y brotada la sentía palpitando en mi boca, mientras mi lengua la masajeaba y yo intentaba levantar la cabeza de vez en cuando para respirar un poco.

Aun excitada de lo que había sentido con el dildo, me perdí en el momento y le di placer a la jefa hasta sentir como me empapaba la boca y mi lengua con su explosión de felicidad femenina.

Desde ese día me he convertido en su favorita y de inmediato entiendo por qué no tiene tipos a su lado, la jefa prefiere a las mujeres, aunque me ha dicho que no es totalmente lesbiana.

Me paga por cada ocasión que estoy con ella y me tiene hasta consentida. A decir la verdad, hasta a Ariel la ha puesto a complacerme como desde el primer momento yo lo hice con la jefa.

Tengo que confesar que de un tiempo para acá, siento como que más gustico hacia las mujeres, pero es que esas son, las reglas de la jefa.