Migraciones que le dieron un nuevo sonido a Caracas (II)

Hubo un momento en el que la música se convirtió en el vínculo de expresión más directo para una multitud que crecía y vivía en una ciudad que se masificaba, se expandía velozmente, y ya no podía disimular sus grietas y contrastes más abruptos   

Desde el comienzo de una investigación para una serie de cortos sobre Evio Di Marzo y su agrupación Adrenalina Caribe, antes y después, una constelación musical hizo su aparición para los que, más allá de hacer propios muchos de sus temas, no la conocíamos en todo su esplendor. Se trata de las décadas setenta y ochenta, años en los que un nuevo sonido despierta en la capital y despliega un sentimiento renovador para toda una generación que, no sin nostalgia, todavía recuerda como lo bueno hecho en el país.

La ciudad fue en aquel momento «el tubo de ensayo de Latinoamérica», donde «todos los artistas que querían hacer un lanzamiento para Suramérica y el Caribe, se venían para Caracas»

Trátese de bolero, salsa, jazz, rock o pop, de toda la gama de ritmos afrocaribeños y venezolanos, con sus mezclas y fusiones más o menos tropicales, hubo un momento en el que la música se convirtió en el vínculo de expresión más directo para una multitud que crecía y vivía en una ciudad que se masificaba, se expandía velozmente, y ya no podía disimular sus grietas y contrastes más abruptos. Las letras del rock y el pop –los dos géneros populares de los setenta y ochenta–, comenzaron a reflejar todo aquello que iba transformando la vida de la urbe y, por ende, las maneras de sentir y de pensar.

“El amor llegó a mi ciudad… murió la malicia y con ella el ladrón”

“Voy de Petare rumbo a La Pastora, contemplando la montaña que decora a mi ciudad, llevando matices de la buena aurora, con la fauna y con la flora de un antaño sin igual, y sabe Dios, los pintores, las paletas, cuanta pluma de poeta, cuantos ojos encontraron un momento de solaz, y digo yo, vas regalándole al día, carga de buena energía, vas haciendo más humano mi sentir y mi cantar… cerro Ávila…”.

Ilan Chester (“Canto al Ávila”, en: Canciones de todos los días, Philips/Sonográfica, 1982-1983)

Sin embargo, para que se diera lo que el crítico de literatura ruso Mijail Bajtin llamó el “acontecimiento artístico” tuvieron que confluir varios factores. En el caso del pop o del desarrollo de la música popular en Caracas, se trató de la reunión de enormes talentos, excelentes músicos compositores, intérpretes o arreglistas, unos con estudios formales otros con un privilegiado oído y talento para aprender de guataca, que tenían gustos musicales amplios y necesitaban expresarse de otra manera. De allí que no pudieran repetir esquemas sino innovar.

Otro de los factores tiene que ver directamente con el fenómeno migratorio, no sólo por el hecho de que muchos de estos músicos fueran hijos de inmigrantes o inmigrantes en Venezuela –están los casos de Evio y Yordano Di Marzo, o de Franco De Vita, hijos de italianos, de Álvaro y Ezequiel Serrano, provenientes de Bucaramanga, Colombia, de Fernando Osorio, nacido en Bogotá, de Ilan Chester, nacido en Jaffa, Israel, de Elisa Rego, nacida en São Paulo, Brasil–, de migrantes en la capital que llegaron de otras regiones del país como Colina, nacido en Coro, y luego inmigrante en ciudades como Londres –de la misma forma que otros artistas que salieron del país por temporadas a estudiar o a vivir–, sino porque transitaron por distintos géneros y expresiones musicales hasta dar con un lenguaje propio, lleno de influencias y aportes.

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Evio y Yordano Di Marzo / Foto: Roxana Toaldo (cortesía Rossana Di Marzo – Estudio Evio Di Marzo)

Todos estos artistas ampliaron el espectro de la música popular y urbana en Caracas, en su condición de migrantes de la vida. De allí se desprende una mirada más amplia del mundo y la capacidad de poder considerar e incluir elementos de una u otra parte, sin tener por ello que dejar de acentuar los gustos y las propias búsquedas. Comenta el bajista por mucho tiempo de Adrenalina, Carlos Puchi, que todos se nutrieron “de esa cantidad de influencias y de la información tan rica que estaba llegando en esa época. Venezuela era privilegiada en ese sentido”.

Si uno le pregunta a alguien a qué le suenan los ochenta en Caracas, la mayoría te responde que a calidad, buena música y buen gusto. Y uno puede leer, en un sin fin de comentarios en las redes debajo de cualquier video de alguno de estos cantantes, la palabra “nostalgia” repetida mil veces.

«Adrenalina logra un sonido que es Caracas y en esa dirección también está Melao, y luego la Sección Rítmica de Caracas con Yordano»

Como consecuencia de la secuela que ha dejado la crisis en Venezuela en los últimos años, gran parte de los artistas que conformaron este movimiento musical de vanguardia en Caracas, hoy viven fuera. Para los que siguen aquí, la situación cada vez es más dura, y lo mismo para la música, como celebración de la vida y sustento. Sin embargo, en medio de las dificultades actuales, de tantas noticias y realidades abrumadoras que recibimos a diario, remover y traer al presente aquellos hechos que nos hicieron sentir bien, puede significar una manera de imponérsele, como resistencia, a la lógica destructiva que intenta adherirse al alma de un país entero.

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Vytas Brenner / Foto: Emilio Méndez

Gente de empuje y vanguardia… y la ciudad vibró…

En la década de los setenta, hubo proyectos de avanzada que iniciaron músicos como Vytas Brenner con La Ofrenda, Gerry Weil con La Banda Municipal o Enrique Lafontaine con Los negros no hacen silencio –un movimiento teatral y musical–, y en los que participaron muchos de los músicos que formaron parte de Adrenalina y otras bandas y que, más adelante, con la llegada de la industria cultural en los ochenta, terminaron siendo conocidos masivamente en el país.

Vytas, que provenía de Alemania y llegó de niño a Venezuela, salió luego y estuvo en países como España y Estados Unidos antes de volver a pasar un largo tiempo aquí. Gerry es originario de Austria, llegó a Venezuela en los cincuenta y, desde entonces, ha hecho su vida y carrera en la capital; y Lafontaine, vino de Macarapana, un pueblito de Carúpano, estado Sucre.

Todos ellos confluyeron en Caracas y aportaron obras de gran calidad que incorporaron los más variados elementos. Esto le abrió las puertas a la aparición de una nueva música que respondía a los tiempos que se estaban viviendo no sólo en Venezuela sino en el mundo.

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La Banda Municipal, de izquierda a derecha: Alejandro Blanco-Uribe, Vinicio Ludovic, Gerry Weil, Edgar Saume y Richard Blanco-Uribe | Foto: Antonio Huizi

En la publicación Conversaciones sobre Vytas Brenner (Goethe Institut, Caracas, 2018), en la que Félix Allueva reúne los testimonios de Ezequiel Serrano, José Ignacio Lares, Gregorio Montiel Cupello y Emanuel Abramovits sobre Vytas, se explica cómo su arte consistió en incorporar “contenidos europeos de su infancia, formación académica, folclore venezolano, rock y la vanguardia de las nuevas tecnologías o música electrónica”, junto a “la combinación de instrumentos acústicos, piano y electrónica”.

Por otra parte, Montiel Cupello destaca la importancia de que personas como Vytas hayan venido para acá, y dice: “Venezuela es un país de inmigrantes y gracias a Dios, porque llegó gente como Vytas Brenner”. El tema “Frailejón” (1973), que muchos mencionan como referencia, es una de las mejores muestras de lo que hacía Vytas. Otro ejemplo lo da Alejandro Blanco-Uribe, quien perteneció a La Banda Municipal, y añade que en este caso se trató del “primer grupo venezolano que hizo fusión de rock con jazz y música venezolana”.

La constelación Yordano tuvo que ver directamente con Ezequiel Serrano, «figura fundamental en el desarrollo del pop nacional»

El último factor para que se diera un renacimiento musical, tuvo que ver con la llegada de la industria cultural en los años ochenta. Antes del “viernes negro” (1983) y la aplicación del “Uno por uno” o el “Decreto de Protección a la Música Nacional”, entre las presidencias de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi (años 1984-1985) –aunque este decreto Núm. 598 había sido promulgado en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (año 1974)–, se había creado Fonotalento, la primera empresa creativa dedicada a la promoción del talento nacional.

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Evio Di Marzo / Foto: Alfredo Cedeño (cortesía)

Cuenta Blanco-Uribe que “Peter Bottome –a cargo de las empresas del Grupo 1BC, Radio Caracas Televisión y Sonográfica, entre otras–, se dio cuenta de que no promovían talento nacional, sino puro producto importado”, así que Bottome decidió separar “la producción nacional de la distribución y del mundo comercial, y con eso hacemos Fonotalento” en el año 1982, una empresa dedicada a producir dentro de todos los parámetros de calidad posibles.

Esto implicó la adquisición de buenos equipos y la formación de profesionales del sonido, como ingenieros y técnicos. Además, el uso de una plataforma, no sólo disquera, sino televisiva y radial, amplió el campo de la audiencia y con esto la recepción del mensaje se hizo mucho más masivo.

El otro ingrediente que amplificó el alcance de los temas fueron las telenovelas. Profesionales diseñadores, así como fotógrafos, directores de escena, cineastas, realizadores de videos y periodistas, entre otros, comenzaron a sumarse tanto a la producción de los discos y videoclips como a las giras y conciertos.

Años en los que Caracas sí sonó

“Cuenta, cuenta la leyenda que antes todo era mejor, cuenta la leyenda que se podía caminar y de vez en cuando mirar al cielo, y respirar, pero no puedo llorar por un pasado que no conocí. Por eso…”.

Es el inicio de “Vivir en Caracas”, un tema de Yordano parte del LP En un sótano de La Florida (Sonográfica, 1987), producido por Álvaro Serrano, una de las figuras más importantes como productor en este movimiento de los ochenta, aparte de músico, escritor y fundador e integrante de otros de los grupos de vanguardia en Caracas que fusionó buena música con buen humor: el Medio Evo.

El saxofonista Javier Anguera dice que fue un momento en el que los músicos no sólo disfrutaban mucho lo que hacían sino que además les pagaban bien

El “sótano de La Florida” fue un estudio llamado “Fandango” que Evio Di Marzo montó en Caracas, en el sótano de un edificio ubicado en La Florida. Arrancó a finales de los años 1970 y en él ensayaban, se congregaban y grababan demos o maquetas, bajo la asistencia durante varios años del ingeniero de sonido Cocoy Álvarez, muchísimos artistas que en ese momento apenas comenzaban a hacer música. Cuenta Cocoy que el primero en grabar en Fandango fue precisamente Vytas Brenner.

El estudio cierra a finales de los ochenta y, antes de eso, Álvaro Serrano reúne a Ilan Chester, Yordano, Luz Marina, Willie Colón, Evio Di Marzo, Franco De Vita y Cecilia Todd, junto a una banda de músicos de alto calibre como Jesús González, Rodolfo Reyes, Orlando Poleo, Miguel Arias, Henry Martínez, Freddy Roldán, Pablo Santaella, Lorenzo Barriendos, Willie Croes, Álvaro Falcón, Luis Alvarado, Leo Quintero, Ezequiel Serrano, Eliazar Yánez y Gustavo Aranguren, para hacer el LP.

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Foto: Hoja interna del LP En un sótano de La Florida

Otro retrato de esa época la relata el músico saxofonista Javier Anguera, desde España. Dice que fue un momento en el que los músicos no sólo disfrutaban mucho lo que hacían sino que además les pagaban bien. Anguera formó parte de la grabación del primer LP de Adrenalina, Pico y pala (año 1982), junto a Evio Di Marzo, Ilan Chester, Maribel Vila, Carlos Puchi, Orlando Poleo, Alberto Borregales, Néstor Pérez, Sergio Pérez, Ezequiel Serrano, Felipe (Mandingo) Rengifo y Alberto Slezynger.

«Venezuela es un país de inmigrantes y gracias a Dios, porque llegó gente como Vytas Brenner»

El disco fue grabado en los estudios Sonomatrix, con el ingeniero de sonido Carlos Guzmán y la producción de Mucer Internacional, dirigida por Ilan Chester. Entre sus arreglistas, hay un especial agradecimiento para Luis Oliver, un personaje en todo el sentido de la palabra, según lo que han expresado todos los entrevistados, proveniente de México, y quien fue una pieza clave para que la calidad en la producción musical de muchos de estos artistas, se lograra.

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Adrenalina Caribe. Maribel Vila, Sergio Pérez, Ramón Grillet, Orlando Poleo, Alberto Borregales, Carlos Puchi, Néstor Pérez y Evio Di Marzo / Foto (cortesía Rossana Di Marzo – Estudio Evio Di Marzo)

En este primer LP, Evio incluye una versión de dos importantes músicos y compositores venezolanos: “Belice”, de Enrique Lafontaine, y “Ansiedad”, de Chelique Sarabia, que se suman al repertorio de las nueve canciones del disco. Evio había participado, antes de crear Adrenalina Caribe, en Los negros no hacen silencio, junto a Colina y otros artistas como el bajista Carlos Puchi, que después llegó a ser integrante nuclear de Adrenalina. Luego estuvo en Negro y Aparte, una agrupación de Colina, y en Sietecuero, una banda de fusión de ritmos afrolatinos, jazz y rock, creada en la segunda mitad de los años setenta, por su hermano Yordano y Alberto Slezynger, quien más adelante conformará Daiquirí.

Sietecuero influyó en lo que llegó a ser Adrenalina, como cuentan Bartolomé Díaz –integrante de Sietecuero–, y Alberto Borregales –también integrante de Sietecuero y después de Adrenalina–: la primera canción compuesta por Evio para el único LP de Sietecuero, Rojo sangre, que tituló “Arrabalera” –una balada que incluyó dos guitarras, una flamenca y la guitarra 12 de cuerdas de Evio, un galope de tumbadora suavizado con un bongó, el toque de una pandereta que le añadió el productor del disco, Fred Weinberg, y una letra muy particular, añade Borregales, como todas las de Evio–, fue el germen de Adrenalina.

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Ilan Chester y Carlos Guzmán en la grabación de “Pico y pala”, en estudios Sonomatrix / Foto (cortesía Rossana Di Marzo – Estudio Evio Di Marzo)

Sergio Pérez, Luis Oliver, Evio Di Marzo, Ilan Chester y Ezequiel Serrano, en estudios Sonomatrix / Foto (cortesía Rossana Di Marzo – Estudio Evio Di Marzo)

Adrenalina: “una banda experimental de astronautas de la música afrocaribeña”

“…Le canto al cielo, a la vida y a los niños, y a los sueños, que son todo para mí… Ajá, llegó la rumba, llegó la rumba…”.

“La espuma”, Evio Di Marzo (1985)

Muchos opinan que Adrenalina era entre todas las bandas de ese momento, la menos comercial. Algunas de las letras de Evio fueron críticas directas de lo que sucedía en el país, pero su manera de expresarlas venían hasta con dosis de humor.

“(Suena un helicóptero) ¡Atención!, a toda la ciudadanía presente mantengan la calma. No se mueva nadie… ¡Epa!, ¿pa’ dónde vas con esa nevera?, la gente no hace caso, ¡dispara!”. Es la entrada del tema “Merenfunk” que habla sobre El Caracazo y el toque de queda (año 1989), o están “Que esperanza”, “La mina”, “África Caribe”, “Pico y pala”, “Tiempo libre” que, como comenta Borregales, siguen siendo actuales, aparte de las más conocidas: “De donde viene tu nombre”, “Selva del tiempo”, “Yo sin ti no valgo nada”, “No es fácil amar a una mujer” o “Nunca te olvidaré”.

Si uno le pregunta a alguien a qué le suenan los ochenta en Caracas, la mayoría te responde que a calidad, buena música y buen gusto

Una anécdota que menciona Orlando Poleo, el fundador con Evio de Adrenalina, con mucha jocosidad, fue la vez que visitaron una radio para promocionar las canciones del primer LP, y les dijeron que las canciones estaban “muy rojas”, que cómo era eso de “pico y pala”, y que la única canción que podían pasar era “Corazón moro”.

Otra migración clave en Adrenalina fue la confluencia social llena de contrastes que enriquecieron a toda la banda. Evio decía: “los músicos somos socialistas por naturaleza, permeamos en todas las clases”, y añade Rodolfo Reyes: «Adrenalina Caribe siempre fue un grupo de gente que quería tocar mejor música bajo la batuta de un artista que estaba pendiente de la música popular».

Adrenalina Caribe. Alberto Borregales, Carlos Puchi, Orlando Poleo, Evio Di Marzo, Néstor Pérez, Roldan Peña y Rodolfo Reyes  / Foto (cortesía Rossana Di Marzo – Estudio Evio Di Marzo)

Alfredo Cedeño, artista, fotógrafo y periodista que acompañó por un tiempo a Adrenalina, relata que cuando iba a Puerto Rico a visitar al Tite Curet Alonso, le llevaba los discos de Adrenalina y de Guaco, porque el Tite una vez que los conoció estaba pendiente de lo nuevo que sacaran. Cuando el Tite escuchó “Muñeca de porcelana” se puso las manos en la cabeza y dijo: “¡Oye, oye, oye!… pero ¿qué es esto?… Guaco es otra cosa, pero Adrenalina la botó. Lo que está haciendo Adrenalina yo no sé qué es, pero están haciendo algo que no se ha hecho”.

Evio describió una vez a Adrenalina como “una banda experimental de ‘astronautas’ de la música afrocaribeña, donde la participación de todos era importante y fundamental”, con el añadido de que: “Adrenalina no era salsa, no era rock, no era pop, no era jazz, era adrenalina”. Y esa adrenalina se dejaba colar también en los ensayos.

Recuerda Alfredo Villamizar que dentro de los ensayos “se llegaba a un nivel tal de música que parecía un disco… Yo le decía a Orlando: ‘¿escuchaste la fuerza de cada músico?’… Todo eso tenía un clímax espectacular, que yo lo he escuchado en pocos grupos. Con Evio fue la primera vez que lo escuché».

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Adrenalina Caribe. De izquierda a derecha: Roldan Peña, Rodolfo Reyes, Alfredo Villamizar, Néstor Pérez, Gerardo Rosales, Pepe, Orlando Poleo, Álvaro González, William Cabrera, Eliazar Yánez, Yrvis Méndez y Evio Di Marzo / Foto (cortesía Rossana Di Marzo – Estudio Evio Di Marzo)

Agrega Bartolomé Díaz que la fusión de Adrenalina, al contrario de lo que se pueda creer, no era el aumento de estilos, sino “un proceso de destilación” en la búsqueda de las esencias de cada género, de cada ritmo, que se movía en dirección contraria a la del maquillaje, cirugías y retoques. Y así lo recrea: “Lo que quiero es quitar, que suene menos, que suene más el esqueleto… Lo que quiero es llegar a la médula espinal de la música y no ponerle nada que no sea absolutamente imprescindible” y, para eso, concluye: “hay que tener agallas como las que solamente Evio Di Marzo tenía”.

Adrenalina grabó sus siguientes tres discos con Sonográfica. El segundo LP (año 1985) logra un primer hit con el videoclip “Yo sin ti no valgo nada”. Pero este video, producido por Henrique Lazo, tiene su historia. A Bottome le llevaron críticas del video señalando que allí Blanco-Uribe estaba dejando mal a la empresa, pues aparte del tema del video que presenta una crítica a la industria, aparece el mismo Blanco-Uribe haciendo el personaje del empresario. Sin embargo, Bottome respondió: “¡Oye!, ¡esa vaina si está buena!, ¡increíble!”. “Todos se quedaron locos”, relata Blanco-Uribe, además se trató “de un video hecho con muy poca plata pero con humor”, y agrega: “cuando hay buen humor no importa el presupuesto del tamaño que sea”.

De otras cosas que le pasaron a Evio con la industria, recuerda Lorenzo Barriendos, que “Solitudine”, “un bolero chacha, un poco danzón”, se prestaba para la radio, pues era de los temas más comerciales del tercer LP. “Pero no lo ponían en la radio”, dice, “no la consideraban producción nacional porque no estaba en castellano sino en dialecto napolitano. Nosotros nos decíamos, ¿pero porque esté en otra lengua no es una producción nacional?”, (todo un desafío para el “1×1”).

Sección Rítmica de Caracas, de izquierda a derecha: Nené Quintero, Yordano, Ezequiel Serrano, Willie Croes, Lorenzo Barriendos y Eddy Pérez / Foto: Álvaro González

Y el pop llegó al Ávila…

“Si tú te vas… El sol ya no brillará igual, las aves y su cantar no volverán… Nada será igual…”.

“Si tú te vas”, Colina (1984)

En un sondeo que hice, le preguntaba a conocidos qué artista de los ochenta les gustaba más. Ganó Yordano, aunque en la lista también mencionaran a Franco De Vita, Frank Quintero, Daiquirí, Ilan Chester, Colina, Sergio Pérez, Guaco, Aditus, Elisa Rego, en fin, los gustos son muy diversos, pero todos coincidieron en que fue muy amplio el movimiento de buenos artistas. Ahora bien, lo significativo de que la mayoría dijera Yordano es que coincide con el hecho de que fue el artista que más copias vendió en toda la historia de Sonográfica.

La constelación Yordano tuvo que ver directamente con Ezequiel Serrano, a quien Félix Allueva introduce en la publicación sobre Vytas “como figura fundamental en el desarrollo del pop nacional”, y quien había transitado por bandas como las de Vytas Brenner, Frank Quintero y Los Balzehaguaos y Melao.

Luego de disolverse Melao, Ezequiel crea la Sección Rítmica de Caracas, con Eddy Pérez, Nené Quintero, Willie Croes y Lorenzo Barriendos. Y esta fue la agrupación, bajo la dirección musical de Ezequiel, que realizó junto a Yordano, los LP Yordano (Polydor, 1984), Jugando conmigo (Sonográfíca, 1986) y Lunas (Sonográfica, 1988). Fue importantísima además la participación de ingenieros de sonido como Miguel Ángel Larralde, quien completó la calidad de la producción de muchos de los LP de esos años. Cuentan Ezequiel y Evio, que Evio fue el primero a quien Ezequiel le propone trabajar con la Sección Rítmica de Caracas, pero Evio decide seguir con Adrenalina y le presenta a Giordano, y dice Evio: “¡Eso fue bombazo!”.

Melao. De izquierda a derecha (arriba): Eddy Pérez, Ilan Chester y Ezequiel Serrano. (Abajo): Nené Quintero y Lorenzo Barriendos / Foto: Gonzalo Galavís

“Sin canción no hay nada”, apunta Ezequiel, así que las composiciones de Yordano, sus hermosas letras, melodía y manera de cantar, junto a elementos de jazz, rock y música caribeña generados por la banda, consiguen dar con un sonido que hasta ese momento no se había producido en la ciudad. En la publicación sobre Vytas, Ezequiel destaca que no eran músicos de jazz o de rock, sino músicos integrales que podían asumir cualquier género. Y basta con poner cualquiera de las canciones de estos tres álbumes de Yordano, “Manantial de corazón”, “Perla negra”, “Aquel lugar secreto”, “Días de junio”, “Chatarra de amor”, “Hoy vamos a salir”, “Medialuna”, “Ella se fue”, “No queda nada”, “Háblame de amor”…, para escuchar de principio a fin el variado despliegue de sonidos y la ambientación que se convirtió en código para una Caracas ya cosmopolita, que intentaba despertar ante el letargo ensoñador de una ciudad que no dormía.

Dice Ezequiel: «Adrenalina logra un sonido que es Caracas y en esa dirección también está Melao, y luego la Sección Rítmica de Caracas con Yordano. Todos son parte importantísima de la historia de la ciudad”, y pone el caso de que si desapareciera todo y nos quedáramos con uno de estos discos, podríamos empezar a reconstruir desde allí cómo era vivir en la capital. Montiel Cupello apunta a lo mismo en la publicación sobre Vytas, de “cuando el rock se pareció a Venezuela”, como todo aquello, en referencia también a La Banda Municipal, que a partir de los años setenta contribuyó a que “por fin en Venezuela tengamos lenguajes musicales que son reflejos de nosotros mismos”.

La ciudad fue en aquel momento “el tubo de ensayo de Latinoamérica”, donde “todos los artistas que querían hacer un lanzamiento para Suramérica y el Caribe, se venían para Caracas”. Y termino esta nota como homenaje a la buena música hecha en Venezuela, sin importar su género, y pensando en las migraciones de cualquier parte del país como una condición que enriquece las manifestaciones culturales, con la siguiente frase de Ezequiel: “Fue una suerte haber formado parte de esta generación que le dio una identidad sonora a esta ciudad”.

Lea la primera parte de la serie «Migraciones en Caracas