Carmen Caamaño llegó a Venezuela en 1957. Por aquellos días del siglo XX en las costas venezolanas un barco atracaba el país caribeño con una pareja gallega que huía de una “España que era dictadura”. Con una maleta cargada de sueños emprendió lo que en su tierra no era bien visto: “una mujer joven casada que trabajara”. Tras 23 años de esfuerzos y una vida dedicada a la banca privada venezolana, Caamaño se retiró, pero lejos de estancarse en su hogar, los recuerdos de sus raíces la llevaron a catapultar sus platos en quienes aman la legitima comida española.