Deysi Peña, la fotógrafa presa por hacer su trabajo

Deysi Peña es una de las trabajadoras de la prensa que está detenida por haber documentado las protestas postelectorales en el estado Miranda. En el calabozo donde está se enfermó y su salud aún está en riesgo. Por ella habla su esposo, quien no se detendrá hasta ver el reencuentro de sus hijos con su madre

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Deysi Peña ha sido siempre la mujer que habla y responde por su familia. La vida, como madre y reportera gráfica la llevó a resolver cualquier inconveniente de manera frontal. Su espíritu se mantiene, pero desde el 2 de agosto defenderse a sí misma no es una posibilidad. Ese día fue detenida por razones políticas y ahora por ella habla su esposo, Samuel Pereira.

Samuel es franco: «A Deysi la metieron presa por hacer su trabajo». Sabe que ella fue detenida por unas fotos que tomó el 29 de julio en distintas zonas del estado Miranda durante las manifestaciones.

Algunas las publicó en sus redes sociales y en el medio independiente El Tequeño. No las borró porque eran parte de su archivo y conservar su material es lo habitual. Pero igualmente Deysi fue acusada de terrorismo e incitación al odio.

Ella es una de los 13 trabajadores de la prensa que detuvieron en el contexto de las protestas luego de las elecciones presidenciales y sus días transcurren en un calabozo común del estado Miranda.

«¿En qué peo te metiste?»

Eran las seis de la mañana del 2 de agosto cuando Deysi salió de su casa en la carretera Panamericana, para echarle gasolina a la camioneta familiar. Aunque esto era parte de la rutina, Samuel y ella sí andaban con más cuidado.

Había razones. Deysi no es cualquier reportera gráfica: trabaja para un medio local independiente y también es la jefa de audiovisual de la Alcaldía de Carrizal, que está a cargo del opositor José Morales. Visto lo que estaba ocurriendo en todo el país, le tocaba tomar precauciones y aplicó su propia estrategia de resguardo. Salía para lo indispensable y cargar combustible entraba en la lista.

Ese día fue a la estación de servicio de Los Nuevos Teques, cercana a su residencia. Ahí se sentía segura porque la conocían y hasta le daban prioridad por trabajar con la prensa. Esa mañana, sin embargo, la hicieron esperar más tiempo. Eso le extrañó. Y luego entendió el motivo.

«Un funcionario al que ella conocía le dijo que tenía orden de captura. Él le preguntó con pena: ‘¿Deysi, en qué peo te metiste?’ Ella dijo que no hizo nada, pero igual se la llevaron porque eran órdenes de arriba», cuenta Samuel.

A Samuel nadie lo llamó para informarle que Deysi había sido encarcelada: lo supo porque desde su ventana, por pura casualidad, vio pasar unas patrullas de Polimiranda y la camioneta familiar y no la conducía ella. Así supo que la habían detenido.

Desde ese momento, la familia de Deysi Peña comenzó a buscarla. Llamaron a algunos funcionarios conocidos a ver si sabían cuál era el sitio donde estaba recluida. Uno de los lugares al que llegaron, cerca de las 10 de la mañana, fue el Servicio de Investigación Penal de la Policía de Miranda, en Quebrada Honda, pero le negaron información. Sin embargo, a las dos de la tarde, les confirmaron que ahí estaba.

Samuel Pereira no estaba preparado para asumir el rol que le tocó, pero Deisy le ha dado herramientas durante cada visita. Ambos se apoyan para continuar y conseguir la libertad. Foto: Daniel Hernández.

Deysi le contó a Samuel que escuchó su voz y el llanto de su hija mayor desde una oficina donde la mantuvieron encerrada esas horas, pero que no quiso hacer ni decir nada para no arriesgarse. Le permitieron hacer una llamada y les pidió ropa y alimentos. Su hija y su madre pudieron verla y confirmar que estaba bien físicamente.

La reseña policial de Deysi la hicieron el sábado 3 de agosto. El domingo 4 de agosto la llevaron a fiscalía y le imputaron cinco delitos: terrorismo, incitación al odio, obstrucción de la vía pública al libre tránsito, resistencia a la autoridad y daños a la propiedad privada y pública.

Sin embargo, el miércoles 7 de agosto le hicieron una presentación de forma telemática en la que solo le dejaron tres de estos delitos: terrorismo, obstrucción de la vía pública al libre tránsito e incitación al odio. Ese día le pidió a los fiscales hablar para defenderse y le dieron la oportunidad. La respuesta de ellos fue: «Igual te quedas detenida por 45 días mientras el Ministerio Público hace las investigaciones».

El 22 de octubre fue la audiencia preliminar del caso. Y Carlos Liendo, juez con competencia en terrorismo, reafirmó la acusación por estos tres delitos y mantuvo la privativa de libertad.

Hasta ahora, ni Samuel ni los abogados asignados por la justicia venezolana han visto el expediente de la reportera gráfica. Nadie sabe cuáles son las pruebas en su contra y hace 15 días le asignaron una nueva defensora, con quien la comunicación es escasa porque no comparte su número de contacto. Sin embargo, Deysi y su familia presumen que se debe a las fotos que hizo durante las manifestaciones y fueron publicadas en el portal El Tequeño.

La vida en la cárcel

Deysi Peña está recluida en la estación policial Tomás Lander de Ocumare del Tuy, en el estado Miranda. Esa es la cárcel en la que mantienen a las mujeres cuyos casos aún están bajo investigación.

La celda de Deysi mide 3×3 metros y comparte el espacio con otras 14 mujeres que enfrentan cargos por homicidio, robo, consumo o distribución de drogas, abuso sexual y violencia. Ella duerme en el piso, sobre una colchoneta que le permitieron pasar.

Su familia confirma que no ha tenido problemas para recibir alimentos, ropa o productos de higiene personal. En este centro de reclusión incluso puede cocinar porque las detenidas cuentan con cocinas eléctricas y horarios específicos para usarlas. La organización es estricta para usar el baño porque solo hay una letrina y una ducha improvisada.

Tampoco ha sido víctima de malos tratos por parte de los custodios ni las privadas de libertad. Sin embargo, la condición de hacinamiento no hace que sea un lugar seguro para ella. Ni para nadie, en realidad.

Samuel Pereira junto a otros familiares de presos políticos en la concentración del 21 de noviembre frente al Ministerio Público.

Las visitas de Deysi son los domingos y desde el primer encuentro le pidió un favor a sus padres y a su esposo: guardar el secreto de que está detenida frente a sus morochos, un niño y una niña de siete años de edad.

Hasta la fecha, ellos creen que Deysi salió a una gira de trabajo con el alcalde, pero cada día es más complicado mantener la realidad familiar oculta.

«Ellos son muy pilas. A veces les decimos que su mamá les envió dinero para un helado o una chuchería, pero se calman un ratico. Ellos la necesitan», dice Samuel.

Samuel le ha contado que los niños están un poco más altos. Iniciaron el año escolar sin su presencia. Se acercan los días de Navidad y la ansiedad de ambos crece. Quieren saber si su mamá estará con ellos para recibir al Niño Jesús y el Año Nuevo. La respuesta, aunque aún no hay certezas de su excarcelación, es una sola: «Ya falta poco. Ya casi viene».

Salud en riesgo

La cárcel donde está Deysi está ubicada en una zona en la que la temperatura promedio supera los 32 grados. Antes de que fuera detenida, varias mujeres fueron atendidas de emergencia por golpes de calor y deshidratación. El agua de la que disponen no es potable y la que reciben los domingos, durante las visitas, se acaba rápido. La situación obliga a las privadas de libertad a solicitar la compra de bebidas frías, sobre todo jugo y refrescos.

Aunque ella no puede consumir este tipo de bebidas con frecuencia porque sufre de cálculos en los riñones, lo ha hecho porque es lo que pide el resto y no se pueden hacer compras diferenciadas. La situación ocasionó que a principios de octubre Deysi sufriera un cólico nefrítico agudo.

Tuvo fiebre, dolor y mareos. Una funcionaria le dio un diclofenac, pero continuaron los síntomas y tuvieron que trasladarla a un hospital. Los medicamentos e insumos los pagó su familia y solo Samuel pudo acompañarla en el proceso.

Un examen de sangre confirmó que su hemoglobina estaba en 10 y otro de orina reveló una infección urinaria grave. Le indicaron 10 días de tratamiento con antibióticos de 750 miligramos. Hasta el 4 de noviembre, su condición de salud no mejoró del todo, aún tenía fiebre, vómitos y escalofríos, y no se le permitió recibir atención adecuada aunque su médico de confianza sugirió una hospitalización por 10 días.

Uno de los temores de su familia es que las condiciones hagan que Deysi sufra otro cólico nefrítico que ponga su vida en peligro.

Buscar fortaleza en la compañía

La depresión también ha acompañado a Deysi en la cárcel. Piensa en su padre y la enfermedad cardiovascular que sufre. Y en sus tres hijos y su nieta, que apenas tiene un año de edad.

La hija mayor sufre de estrés postraumático debido a la exposición que tuvo al momento de la detención. Ella se encargó de hablar por su madre públicamente y se sintió vulnerable frente a las autoridades. La situación con los morochos es diferente porque aún son pequeños, pero Deysi sabe que mientras más pasa el tiempo, la curiosidad de ambos crece y hacen más preguntas.

Durante una de sus últimas visitas, le confesó a Samuel que pensó en contarles la verdad, pero se arrepintió.

Samuel dice que el peor día fue el sábado 16 de noviembre porque excarcelaron a algunas personas, específicamente a quienes sufrían de alguna enfermedad o su salud se deterioró en la cárcel. Tenía la esperanza de que el caso de su esposa entrara en esas consideraciones por su condición médica.

Algunas personas le escribieron a la familia para saber si realmente era una posibilidad, pero nada ocurrió. Más bien, días después, la justicia venezolana le asignó otra defensora pública a Deysi Peña. Desde entonces la comunicación se ha complicado: «Ella no da su número. Así es más difícil saber si pasará algo».

La detención de Deysi no ha sido únicamente un proceso de lucha emocional, sino también económica. Los gastos crecen cada día que pasa. Las primeras semanas, amigos y colegas contactaron a su hermana para hacer donativos y atender gastos específicos como alimentación y transporte.

La solidaridad ha hecho que la familia se mantenga fuerte y motivada para buscar más ingresos. Durante estos meses les ha tocado hacer rifas de comida y otros productos para conseguir dinero.

«Así nos ayudamos porque en la casa todos estamos a medio trabajar», explica Samuel, quien es comerciante y transportista independiente. Él actualmente pausó sus labores porque debe movilizarse a la fiscalía dos veces a la semana para saber cómo va el caso de su esposa.

Un libro para contar su historia

«A mí Deysi me dijo que escribirá un libro desde el día en que la agarraron hasta el día en que salga de allí. Ella me dice que cuando llegó pensó que iba a encontrar algo feo, porque ha visto calle y sabe como es, pero no. Para las otras detenidas, ella es Deysi Peña, la periodista, y la respetan. Saben que no hizo nada«, cuenta Samuel con emoción.

Deysi le ha comentado que algunas preguntan si van a salir en su historia y les ha respondido que sí: «De cada una tiene una anécdota. Me dice que de la reja para adentro es un mundo y afuera es otro. Hay una que le ha preguntado que si ella no llora y ella le dice que sí. Su frase es: ‘Si tú no eres fuerte, la vida te obliga’» .

«Ella me lo ha dicho: ‘La misma Deysi que entró, no es la misma Deysi que va a salir’. Además ya le puso nombre al libro: Cuando la fotografía es el delito. Quiere ponerle de portada y contraportada las fotos por las que la metieron presa».

Continuar hasta conseguir libertad plena y justicia

Samuel Pereira fue uno de los familiares que asistió el pasado 21 de noviembre a la concentración por la causa de los presos políticos frente a la sede del Ministerio Público en Caracas. En vista de que el fiscal de la república, Tarek William Saab, sostiene que todavía revisarán casos de detenidos postelectorales, esa mañana dejó una carta en la fiscalía.

En ella explicó todos los motivos para revisar el caso de Deysi Peña. La fiscalía recibió el documento, pero en la parte superior dejaron un mensaje claro: «La recepción del documento no implica la aceptación del contenido».

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