Los que más ayudan: los rostros de la bondad y el servicio

La bondad y el servicio no es algo que pides, pero cuando llega transforma vidas y las hace más largas. A pesar de las circunstancias, Venezuela no ha perdido personas cuyos propósitos son esos: hacer la vida más sencilla. Estas son sus caras y labores
La población venezolana se enfrenta a muchos problemas y la salud es uno de los más graves y obvios. Si bien se han hecho algunos esfuerzos para rescatar el servicio de salud pública, la realidad retrata una dura verdad: el país es un territorio inestable para quienes necesitan atención médica a bajos costos.
De hecho, ha sido una de las razones por las que miles de venezolanos han decidido buscar oportunidades en otras fronteras. Los venezolanos sabemos bien que en la adversidad es donde nacen las oportunidades y que en los momentos más vulnerables siempre hay una mano amiga que hace más llevadera la situación.
Así han aparecido seres humanos compasivos que entienden las necesidades de sus hermanos y diseñan estrategias para ayudar.

Para nadie es un secreto todo lo que ha pasado con las ONG en Venezuela,donde se han creado leyes que lograron disminuir la ayuda en sectores vulnerables como el de la salud.
Sin embargo, el trabajo humanitario de estas personas sobrepasa barreras. Ayudar a otra persona es un cometido importante que implica más que dinero; es un esfuerzo palpable de la acción de darle la mano al que la necesita. Se puede ayudar de muchas formas y estas personas han logrado mucho teniendo bondad en la acción.
Estos son cuatro pequeños retratos de personas que han estado dispuestas a ayudar a transitar un camino lleno de obstáculos, pero con la convicción de estar haciendo lo mejor por los más vulnerables.
Está Mercedes Hidalgo, fundadora de Amar y Sanar, una fundación que ayuda a pacientes oncológicos, en su mayoría
mujeres. También Prepara Familia, una ONG dedicada a la asistencia de los niños y familias del Hospital JM de los Ríos. César Heredia, diseñador y vendedor de sillas de ruedas reparadas para pacientes con limitaciones de movilidad. Y Livia Romero, oftalmóloga pediatra especializada en retinoblastoma.
Todos ellos son sólo breves ejemplos de que la solidaridad y el trabajo en conjunto también salvan vidas.
Las mujeres que han sobrevivido al cáncer de mama son una de las comunidades que ha conseguido la receta de la solidaridad y la ayuda consecuente para no solo levantar el ánimo en momentos difíciles, sino celebrar los logros en medio de la enfermedad.
Mercedes Hidalgo: sanar para acompañar
Mercedes Hidalgo es la representante de una de esas fundaciones que con su trabajo acompaña a mujeres atravesando esta enfermedad.

Amar y Sanar, la fundación que dirige Mercedes, ha decidido ayudar a pacientes porque una vez ella misma vivió los embates de esta enfermedad. Una de sus fortalezas como comunidad es el acompañamiento emocional a los pacientes.

Todo empieza cuando ese diagnóstico llega y pesa más de lo que muchos pueden soportar. Es un golpe a la autoestima, pero más que eso, es un miedo que invade y paraliza sin pedir permiso. Ahí es cuando Mercedes y su grupo de colaboradoras entran a buscar los elementos positivos de esta experiencia, transformándola en una más llevadera.


Uno de los atractivos de la dinámica dirigida por Mercedes son los viajes a lugares de esparcimiento como la playa, parques nacionales y otros sitios de interés, donde el paciente puede tener un día de distracción y desconexión.

El contacto con la naturaleza es fundamental para dar soporte emocional. Mercedes está convencida de que es necesario trabajar la tristeza porque la depresión deteriora aún más al paciente oncológico. De ahí la importancia de encaminarlas en su nueva cotidianidad, sea durante el tratamiento o en la etapa de remisión, siempre con la intención de retomar una vida normal, una vez que la enfermedad pase.
Prepara Familia: acompañar a todos
Otra población vulnerable son los niños. La ONG Prepara Familia intenta asistir a las madres de los pacientes, generalmente del Hospital JM de los Ríos.


El rol de la madre cuidadora es muy demandante. No se trata solo de tiempo y dinero, sino del trabajo emocional. Ellas son, en muchos casos, el único apoyo que tiene un niño que necesita asistencia hospitalaria continua. Casi siempre son jefas de familia y en muchos casos hay una responsabilidad extendida más allá de la puerta del hospital.

Las madres cuidadoras se separan del resto de la familia para estar al 100% como guardianas del hijo o la hija que padece la enfermedad. Es un sacrificio que necesita un respaldo emocional. El acompañamiento abarca diversas áreas: el psicológico, el médico, así como asistencia en lactancia y planificación familiar.


Livia Romero y el esfuerzo por recuperar la visión
Entre la población de niños con cáncer, un diagnóstico común es el retinoblastoma, una enfermedad que se ha focalizado en algunos estados de Venezuela como Lara. La doctora Livia Romero, es una de las pocas especialistas de este tipo de cáncer ocular en niños en el país.

Su trabajo se ha convertido casi en un apostolado en el Hospital Luis Razzeti de Cotiza, donde tiene una consulta semanal los lunes. Ese día, sin falta, atiende a todos los niños que se han acercado por cita o por algún triaje.

Romero recibe ayuda de un equipo de médicos que, como ella, comprende la situación y la complejidad de esta enfermedad.


César Heredia: reparar para recuperar la independencia
El caso de César Heredia es la muestra viva de que el ser humano puede renacer del trauma y del dolor a través de la empatía. Es posible reconstruir no solo su vida, sino ayudar a otros que transitan la misma situación.
César fue víctima de un robo violento en el que perdió movilidad de su cintura para abajo debido a un disparo. La situación no impidió que se sacudiera el polvo de su caída.
Señor Taller fue la respuesta a ese cambio en su vida: un pequeño emprendimiento que surgió con la idea de ayudar a más personas con discapacidad motora.

«Un día a la vez», parece el mantra de vida de César, quien ha entendido que los procesos son lentos, pero que el trabajo constante es la clave de la superación. Foto: Daniel Hernández.
Señor Taller está ubicado en Valencia, estado Carabobo, y allí César trabaja para reparar y fabricar sillas de ruedas que luego vende a precios más bajos. Heredia, con su experiencia, ha brindado una segunda oportunidad a quienes se acercan a su taller.

Sus sillas permiten que otros retomen su cotidianidad. Es una motivación y una certeza que él conoce bien y quiere compartirla con los demás.
Lo común de las historias que se presentan aquí es la solidaridad de cada uno de estos personajes, aunque ellos han vivido situaciones adversas, se ponen al servicio del otro. Saben que los enfermos necesitan que alguien camine a su lado para hacer más llevadero el camino, para ser ese bastón invisible que los ayude a llegar más lejos

