El día que “descubrí” a Los Amigos Invisibles

José Tomás Angola es director de teatro, actor y escritor. Por estos días anda muy serio haciendo Macbeth... Pero José Tomás también es un melómano y ha estado muy involucrado en el mundo del rock y el pop venezolano primero desde la radio y luego en la Fundación Nuevas Bandas. Aquí cuenta cómo fue que unos chamos ahí se montaron en su primer escenario "pro"

Pocas personas saben que mis inicios profesionales fueron en la música y la radio. A finales de los años 80, el joven estudiante de Comunicación Social de la UCAB que era yo entonces, producía y animaba un programa de radio en la única emisora de FM que existía en Caracas y allí conocí a Los Amigos Invisibles cuando todavía no eran Los Amigos Invisibles.

Junto con Héctor Riazuelo y Danilo Esqueda sacábamos al aire por la desaparecida FM 97.7, la cultural de Caracas, “Espacios Urbanos”. Era una verdadera rareza ese programa pues no colocaba nada comercial o editado por disqueras. Nos enfocábamos en las bandas nacionales de música underground, como se le llamaba en esa época. Agrupaciones que como podían grababan en cassette sus maquetas. A veces eran grabaciones piratas que salían de sus presentaciones en vivo. Por allí desfilaron desde Sentimiento Muerto a Zapato 3, de Desorden Público a Seguridad Nacional.

Lo insólito del programa es que entonces nadie más en ninguna otra emisora se atrevía a algo igual. El hecho de estar en una FM cultural nos permitía cierta libertad. Alfredo Escalante (“La música que sacudió al mundo”) y Gregorio Montiel Cupello (“Latinoamérica, la raza cósmica”), colegas en la emisora, a veces se atrevían a radiar materiales extraños y piratas, pero no era el centro de sus producciones. Unos meses después de nosotros estar al aire, Eli Bravo lanzó “Sin audiencia”, los domingos en Radio Capital, abarcando más o menos nuestro mismo rango.

A “Espacios Urbanos” se le empezaron a acercar las bandas. Traían sus materiales de rudimentaria calidad. A veces incluso, si la grabación era especialmente mala, preferíamos que hicieran versiones acústicas en el pequeño estudio de La Colina donde funcionaba la emisora. El desaparecido y querido Ángel Brito, que ya era una institución de la radiodifusión, trataba de hacer que aquellos muchachos sonaran lo mejor posible. En una de esas múltiples visitas a la radio conocimos a Los Amigos Invisibles.

Para que tengan idea de cómo funcionaba el asunto explicaré la forma de trabajo que usábamos. El programa se grababa los viernes y se transmitía el sábado a las 3 pm. En la Emisora Cultural ningún programa salía en vivo. Los sábados Héctor y yo nos turnábamos para ver quién quedaba de guardia. Un sábado él, un sábado yo. La razón es que eso decidía cuál teléfono se anunciaba al aire. La Emisora no atendía llamadas, así que dábamos los números de nuestras casas (en realidad de nuestros padres). No existían ni celulares, ni internet, ni siquiera discos compactos. No había otras emisoras en FM y éramos la única que transmitía en estéreo. En mi casa debía pelear con mi mamá o mi hermana para que me dejaran el teléfono desocupado para atender a los oyentes.

Trucos, antes de Amigos Invisibles

Un sábado que Héctor estaba de guardia recibió la llamada de unos muchachitos menores de edad que se hacían llamar “Trucos”. Eran Julio Briceño en la voz, José Luis Pardo en la guitarra, Juan Manuel Roura en la batería, Richard “Pocho” Bailey en el bajo y Juan Pablo Gómez como tecladista invitado. Los futuros Amigos Invisibles. Tenían un demo en cassette y nos pidieron que lo escucháramos.

Recuerdo a Héctor entregándome el material y diciéndome en referencia a Julio: “El chamo este canta como un cruce entre Pablo Dagnino y Robert Smith”.

Aquello no era nada extraordinario. En esa época todos cantaban como Pablo Dagnino o Robert Smith.

Trucos hacía una suerte de dark con letras sombrías. Estaban aún a miles de kilómetros del humor, la pachanga y la “gozadera” que sería sello de fábrica de Los Amigos Invisibles. Pero ya entonces la guitarra de José Luis descollaba. Y eso fue lo que inicialmente nos atrajo.

Fuimos a verlos en un ensayo en Santa Sofía y el grupo tenía algo. Esa extraña cualidad indescriptible que, a pesar de los desafines y las pérdidas de ritmo, te atrapaba. Además los muchachos resultaron gente muy simpática, buena onda y al menos aplicados con la música. Nos enteramos de que habían fundado el grupo el año anterior, en 1987. Casi todos eran compañeros del Colegio San Luis, donde antes habían armado otra banda efímera llamada “Glass”. De ella también nos dieron una grabación que atesora ahora Félix Allueva, no sé si por razones históricas o para chantajearlos.

Acordamos hacerles una entrevista y dedicarles un programa entero. Ese día batimos nuestro récord telefónico. Si habitualmente atendíamos unas 4 llamadas, esta vez recibimos 8. Un suceso épico y legendario para nuestras estadísticas.

Impulsado por el “desborde” telefónico que nos auguraba un éxito, se me ocurrió la idea de que “Espacios Urbanos” también se metiera a la producción de conciertos. Y para ello empezaríamos organizando un toque de Trucos. Una suerte de presentación en sociedad. Como si fuese un baile de quince años, pero para unos chamos que tenían entonces 17.

Gracias a Gastón Arana, un promotor cultural del que éramos amigos, logramos contactar a Judy Shaper, que ya no está entre nosotros, pero entonces coordinaba el área de música del Ateneo de Caracas. El otrora Ateneo de la Plaza Morelos era el epicentro cultural de la ciudad antes de que este gobierno y su canibalismo descerebrado los desalojara. Se fijó el toque para el vienes 19 de noviembre de 1988 en la Sala de Conciertos, un auditorio estupendo para 200 personas.

Aún no se había creado la Fundación Nuevas Bandas, pero ya teníamos amistad con Félix Allueva, quien se estrenaba como coordinador de promoción cultural de la recién inaugurada Casa de Rómulo Gallegos, en Altamira. Le pedimos ayuda porque existían asuntos que sobrepasaban nuestros conocimientos: ¿cómo se hacen las luces y la “decoración” para un concierto?

Félix ya había producido algunas presentaciones de rock en el Café Rajatabla y era lo más parecido a un George Martin o Brian Eno criollo que nosotros conociéramos. Se ofreció a operar las luces y nos pidió que consiguiéramos todas las cajas de cartón posible. Y así nos estrenamos en la producción, cargando cajas vacías de Mistolín y Ace.

 

Ídolos en Charallave

Lo que sí sabíamos era cómo hacer la promoción y la prensa. Era nuestra especialidad, pero al ser un grupo desconocido y sin grabaciones profesionales fue literalmente imposible llevarlos a las radios.

Solo un locutor, amigo y que como nosotros empezaba en esas lides, Polo Troconis, se atrevió a llevarnos a su programa. Polo tenía un espacio, y me parece que también era el programador, en una emisora AM de Charallave llamada Radio Armonía. Así que para que los chamos de Trucos no se deprimieran con la promoción los llevamos de gira de medios a la cosmopolita población de Charallave.

amigos invisibles

Lo que contaré pocos me lo creen, así que cuando quieran se lo preguntan a Julio Briceño o a José Luis Pardo. Parece que en Charallave, Polo era un ídolo, y para la entrevista estuvo haciendo algo de promoción en la radio. El asunto fue que cuando llegamos había decenas de personas, chamas y jóvenes, abarrotando la entrada de la emisora, esperando el arribo de Trucos, la famosísima banda internacional (imagino que para Charallave la urbanización Los Naranjos, donde vivía Julio y tenía su centro de comando Trucos, podría considerarse internacional).

Nuestros “protegidos” se sintieron The Beatles con 40 o 50 niñas pidiéndoles autógrafos y tocándolos y abrazándolos. Para el álbum de recuerdos de Los Amigos Invisibles.

 

Doblete

El día del montaje del concierto todo marchó sin contratiempo. Aunque era una sala de apenas 200 butacas yo me sentía en El Poliedro. La prueba de sonido salió bien y Félix armó su escenografía (“decoración” le decía Héctor) con 60 cajas de cartón, metiendo algunas luces dentro de ellas. Toda una oda al estilo ochentoso.

Pero cuando vino la hora del concierto ocurrió el segundo evento increíble que, cuando lo relato tampoco me lo creen.

Antes de abrir las puertas de la sala ya se había agotado la taquilla y había gente haciendo fila todavía. Estuvimos más de un mes haciendo promoción en “Espacios Urbanos” pero jamás supusimos que alcanzaríamos un lleno así, aunque fuese de unas poquitas 200 butacas. Judy Shaper algo nerviosa nos preguntó que cómo haríamos. La seguridad del Ateneo a esa hora estaba desbordada con todos esos muchachos afuera.

Y entonces hicimos lo que sin duda se convirtió en un augurio para el futuro de Trucos. Hablé con ellos y les propuse que tocaran en doble función. Un concierto a las 5 y otro a las 7. Impresionados, aceptaron. Se abrió la puerta y se habló con los que no pudieron entrar, informándoles que habría una segunda función. Nadie se movió. Esperaron y tuvimos un segundo lleno a las 7.

Entre los asistentes estaban muchos integrantes de otras bandas que venían con gran curiosidad por estos Trucos. Recuerdo a Caplis y a Danel Sarmiento de Desorden Público, y muchos más.

La historia después se encargaría del camino de Trucos. Tocarían en la primera Muestra de Nuevas Bandas que Félix Allueva, “Espacios Urbanos” y la Fundación José Ángel Lamas organizamos en el Teatro Cadafe de El Marqués. Les produjimos varios conciertos más, si la memoria no me falla, uno en la Plaza Sadel de Las Mercedes, otro en la azotea de un edificio de Colinas de Bello Monte y otro en Junkolandia que fue realmente calamitoso.

Ellos siguieron tocando y en 1991 se reinventaron, llamándose desde entonces Los Amigos Invisibles y cambiando el postpunk por el funk.

Cada vez que los veo en un Grammy, o leo sobre sus giras mundiales, celebro que no nos equivocamos con ellos. Algo tenían, algo tienen que es imposible no percibir. Esa materia que solo los grandes, las estrellas, poseen. A veces cruzo mensajes por twitter con Julio, y recordamos riendo esos años. Tiempo de ingenuidad e inocencia, esa época cuando los “descubrimos” y Los Amigos Invisibles hicieron su primer concierto profesional.