Melomanía

De Shakira con BZRP a "Rata de dos patas", el desamor vende y mucho

Tal parece que Shakira le añadió una nueva dimensión al despecho y la revancha. Y eso está bien. Pero queremos proponer un repaso a una lista arbitraria e incompleta de hitos musicales de esos con los que pides que te sirvan de una vez pa' todo el año

shakira
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Ya ha pasado más de una semana desde que la ahora icónica BZRP Music Sessions #53 con Shakira se volvió un éxito mundial. Semejante fenómeno trajo consigo un sacudón público a varios niveles distintos. Desde el auge de las marcas mencionadas en la letra -suéltalo ya, Casio- hasta los debates sobre los hijos de los Piqué-Mebarak, con quejas en el mismo tono de Elena Alegría de los Simpson. Hay opiniones para todos los gustos, pero lo más curioso es que la canción, que expresa de forma directa la furia de la cantante debido a la infidelidad de su marido, incomoda. Lo hace, no solo a quienes sienten que la estrella colombiana “exagera” y a quienes dedican largas reflexiones a la “cosificación” y “machismo internalizado” de Shakira, sino en especial, porque se trata de una exposición de sentimientos. 

La cantante no tuvo pruritos en dejar claro que sigue herida. Que el comportamiento de su ahora exmarido la hirió. Es ese punto en particular lo que parece provocar una rarísima reacción colectiva. En ese materia, las hay para todos los gustos. Desde los que olvidan que para una artista de fama mundial la palabra privacidad no tiene el mismo significado que para la gente común. O los que tienen un banco selectivo de memoria sobre datos pop acerca de todas las obras, canciones, pinturas, películas, poemas, novelas… que dejan constancia artística del despecho. 

Porque a eso vamos, ¿no? Hablamos del desconcierto que provoca el despecho, la tusa, la depresión, el resquemor ajeno. ¿No debería ser algo así íntimo? La verdad, no. En especial, en un ámbito como el de una figura de la música de alcance universal que necesita, de una u otra forma, hacer catarsis de un sufrimiento que la desbordó. Aquí no vale el “supéralo” -con Casio, sí-, ni tampoco el “ya ten un poco de dignidad”. Porque Shakira atraviesa un duelo que la devastó, que hundió su vida doméstica en el caos y con el que tuvo que lidiar en un annus horribilis.

En 2022, la barranquillera tuvo que enfrentar un juicio, la enfermedad de sus padres y la separación. Y en medio de todo eso proteger a sus hijos, sobrellevar la pena y la vergüenza de ser la comidilla de los medios amarillistas europeos que jamás se han distinguido por ser amables con sus figuras públicas.

De modo que Shakira hizo lo que todos los artistas han hecho a través de los siglos para buscar consuelo: usó su arte como plataforma para expresar los sentimientos que le agobian. Los dejó plasmados en una canción en la que se atrevió a ser explícita, a emplear nombres, comparaciones denigrantes. A dejar claro que lo que siente es una herida abierta, que no cura y que todavía es parte de todas las cosas con las que debe luchar una mujer que se recupera de una circunstancia emocional semejante. 

¿Muy cutre, vulgar, un berrinche a gran escala? ¿Y qué si lo es? Como al parecer nadie lo recuerda, la mayoría de los mariachis, vallenatos, boleros y otros tantos géneros latinos, deben su existencia a la rabia, a la furia por el abandono, a la vergüenza de la infidelidad, a la angustia de la pérdida. Pero no se trata de un fenómeno exclusivo de la sangre caribeña. La música -y hablo desde Beethoven y Schubert- debe gran parte de su repertorio al sufrimiento amoroso, a las rupturas, a los desamores y a las grandes infidelidades.

¿Por qué el caso de Shakira desempolvó resquemores? ¿Se debe a que el acusado es Piqué, ídolo futbolístico y emblema de la masculinidad ibérica? ¿O por qué la cultura del buenrollismo y el optimismo insiste en que las emociones turbulentas, el odio y el rencor, mejor que pasen desapercibidas? No podría decir cuál es la respuesta a esas preguntas -dejo el análisis sociológico a otros- pero el caso es que hizo mella. Revolvió algo en la psiquis multitudinaria que sigue siendo tan irritante como para provocar largos hilos en Twitter y peleas públicas tan o más divertidas que la canción. 

Shakira, por supuesto, no es la primera gran estrella en usar su fama para explotar la furia, para convertir la ira en dólares -el verdadero quién pudiera- y además dejar claro que las emociones son válidas. Cualquiera de ellas. Y en especial, en una época que juega a la peligrosa posibilidad de esconder esa región angustiosa del espíritu bajo el disimulo de sonrisitas y buenos deseos. Shakira está cabreada y nos recordó a todos que es bueno estarlo, decirlo, escribirlo, cantarlo. 

Todos sufriendo -y facturando- por un corazón herido 

La cantante británica Adele no solo ha hecho carrera cantando al desamor. También acumula una fortuna suficiente para secarse las lágrimas con pacas de euros de ser necesario. “21”, su segundo álbum de estudio, lanzado el 24 de enero de 2011, no es solo una oda a los corazones rotos: encabeza esta improvisada lista nada menos que con 11 canciones en las que analiza con precisión cómo es el dolor después de una relación rota. 

¿Más poética que Shakira? Es posible. Pero los sentimientos son los mismos. En realidad, Adele reinventó el género al dotar al desamor de un aire poderoso. La misma cantante ha confesado lo furiosa, dolida, aplastada de pura angustia que estaba mientras escribía canción por canción para detallar como era su vida después de una tragedia personal dolorosa. 

Llevamos 11 canciones, para comenzar con pie fuerte esta improvisada recopilación. “Rolling in the Deep”, “Rumour Has It” , “Turning Tables”, “Don’t You Remember”, “Set Fire to the Rain”, “He Won’t Go”, “Take It All”, “I’ll Be Waiting”, “One and Only”, “Lovesong” y “Someone like You”, son las joyas de la corona de la inglesa. ¿Dónde están las quejas afiladas, las angustias, las profundas interpretaciones sobre género e ideología con respecto al dolor de Adele? ¿La ausencia del ataque a la cantante se debe al idioma? ¿El inglés es menos frontal? 

Eso último, lo tengo que analizar: “It’s no good” de Depeche Mode, “Go your own way” de Fleetwood Mac o esa curiosidad llamada “Will do” de TV On The Radio, son bastante directas y dolorosas. Claro, eso sin mencionar a “Kim”, de Eminen, en la que incluso amenaza de muerte a su exmujer, cosa que al parecer solamente se asumió como “libertad artística” del incomprendido rapero. Incluyamos este puñado en el conteo, todo sea por desmentir eso del idioma. Y ya van 15.

Ahora demos un salto a este lado del charco. Juan Gabriel tenía una voz privilegiada, una magnífica sensibilidad y también -al parecer- una vida amorosa trastocada por el dolor. Y eso dio como resultado al menos, 9 canciones para esta lista: “¿Por qué me haces llorar?”, “Siempre estoy pensando en ti”, “De mí, enamórate”, “Ya lo sé que tú te vas”, “Yo no nací para amar”, “Te sigo amando”, “Querida”, “Así fue”, “Insensible”. Todas odas a la tusa en su máxima expresión.

Otro mexicano con voz privilegiada y predilección por la tónica del despecho es Luis Miguel, que obsequió a quienes sufren con Como duele”, “No me puedes dejar así”, “Ya nunca más” y “La puerta”. De la patria de Juan Charrasqueado (que también sufrió por amor), nos llega Maná y su colección (muy larga) de temas sobre el dolor que provoca el más sublime sufrimiento. Desde “Rayando el sol”, “Falta amor”, “Te lloré un río”, “Huele a tristeza” hasta las icónicas “En el muelle de San Blás” y “Hundido en un rincón”. Que no se diga que la gente de Fer no ha facturado… Que digo, rendido homenaje al amor. Y llevamos 34.

Pero si incluimos al grupo mexicano, hay que hacer lugar para las insuperables “Ese hombre”, de Rocío Jurado, y “Fue tan poco tu cariño”, de Rocío Durcal. A la inolvidable La Lupe con “Puro teatro” y por supuesto, Rata de dos patas, de Paquita la del Barrio. Por cierto, debo hacer un alto en la letra de esta última para recordar a los preocupados por la “vulgaridad” en el lenguaje de Shakira, que ya antes la fórmula funcionaba. “Rata inmunda / Animal rastrero / Escoria de la vida / Adefesio mal hecho” canta Paquita, con toda la libertad que brinda el arte para expresar la furia al rojo vivo. 

Y si a sentimientos en plena ebullición vamos, hay que incluir la furibunda “Wrecking ball”, de Miley Cyrus, y su empoderadísima «Flowers». También, claro, “Yo perreo sola”, de Bad Bunny.

Por allí leí que Shakira “perdió la dignidad”, aunque me imagino que no tanto como Jorge Oñate en “Gracias por jugar conmigo” y José Luis Perales en “¿Cómo es él?” (aunque esta última, al parecer fue escrita para la tusa de Julio Iglesias por Isabel Presley). En ese sufrimiento extremo y sin vergüenza alguna, tenemos a “Tu cárcel” de Los Bukis; “Te va a doler” de Maelo Ruiz y “Ahora quién”, de Marc Anthony. Eso, claro, sin dejar atrás al encantador Joaquín Sabina que sufrió “19 días y 500 noches”, aparentemente en un agujero de gusano de física teórica, de puro sufrimiento romántico. 

¿Qué ocurre con los que insisten en que Shakira fue muy directa? Pues, habría que comparar la canción nacida del BZRP Music Sessions #53, con “Zorra” de Bad Gyal, “Despechá” de la gran Rosalía, “Hey” de Julio Iglesias y esa maravilla demencial de “Olvídame y pega la vuelta” del dúo Pimpinella. ¡Ah! y ese trágico soneto de Los Amaya con “Vete”. Por cierto, que Bunbury dejó por escrito y a quien quisiera escucharlo un “Puta desagradecida” convertida en éxito superventas. 

Otro éxito y directamente enfocado en la violencia es “Ingrata”, de Café Tacuba, con la que llegamos a los 54 títulos. Y sí, ya sé que se disculparon, porque parece que si te excusas a tiempo no importa que tu canción deje claro que hay que disparar a la mujer que te abandonó. Esperemos que Eminen haga algo parecido. Algún día. En este siglo, quién sabe. 

Dolor y más dolor, el despecho tiene su mérito 

Nuestro gentilicio también dejó algunas joyas de la tusa en estado puro. Tenemos a “Canción suave” de Caramelos de Cianuro, que también tienen - por supuesto- la versión desvergonzada de rompimiento con “El último polvo”. Por lados más trágicos, está “En blanco y negro”, de Elisa Rego y “Un buen perdedor”, de Franco De Vita. 

Si a pesar del sufrimiento del mal del amor hay ganas de bailar, “Arrepentida”, de Los Adolescentes, es una buena opción. Por raro que parezca, a nadie le pareció excesivo “Regálame un pelo”, de Rafael Gudiño, cuya letra roza lo obsesivo y el comportamiento de un acosador. Pero ya se sabe, es Shakira, la que debe inquietarnos con sus frívolas comparaciones entre Casio y Rolex. 

Sigamos con nuestra lista. Si el dolor es insoportable, “Corazón de concreto”, del llanero Vitico Castillo –conocido como “lo amarillo ‘e la ñema”-, es para ti, que también tiene para el caso extremo del despecho en la inolvidable “No me corra cantinero”. Si no quieres reconocer el mal de amores, pero aun así le quieres dedicar una canción, está “Ironías”, de Luis Silva. “Dos secretos”, de Viniloversus, intenta lavarle la cara al causante del despecho -aquí tienes Piqué, quizás te la dedican- y hasta tenemos una gaita con “Navidad sin ti”, y con Maracaibo 15 sumamos 65. 

Sufrir de forma infinita, pero con buena música 

Vamos a redondear el número. Tenemos a “Ricochet”, de Faith No More. Radiohead, con niveles para la tristeza perfectamente estratificados, nos deja “Knives Out”. “Maligno”, de Aterciopelados, es de una melancolía melosa pero exquisita para momentos muy trágicos. Por el lado de la angustia insoportable está “Sabré olvidar”, de Joe Arroyo; “La ventanita”, de Sergio Vargas; “Tusa”, de Karol G y para echar un pie entre llanto “Todavía”, de La Factoría. 

En una lista como esta no se pueden dejar afuera a las rancheras. A la consulta familiar de cuáles son las mejores para el despecho con botella de ron en mano “Pa’ todo el año”, de José Alfredo Jiménez, fue la más recomendada. Sin ser ranchera, pero ideal para tusa de botiquín, está “Ese día” del Grupo Niche.

Shakira también tiene su propia selección que incluye “Dónde estás corazón”, “Si te vas”, “Ciega, sordomuda” y “Te aviso, te anuncio”. Por el mismo lado del amor que duele, hiere, pero al que hay que sobreponerse está “Voy a extrañarte”, de Andrés Cepeda; “Cómo te olvido”, de Jorge Celedón y “Llorarás”, de nuestro Oscar De León, para los que quieren dejar claro lo que se pierde el infiel y ausente amante. 

La industria del despecho a todo fulgor

Shakira, que dejó claro que “las mujeres ya no lloran, facturan”, parece resumir un largo trecho de colegas que antes que ella (o mejor dicho, antes que el colectivo virtual decidiera criticar a la barranquillera por hacer lo mismo que otras), establecieron su carrera a fuerza del despecho. Ya le dediqué un lugar especial a Adele, que consuela el corazón roto con un imperio que abarca una de las fortunas más sólidas del mundo del espectáculo. De modo que vamos con otras que siguen su ejemplo o allanaron el camino para el triunfo. 

Si la rabia te agobia, “F**k you!”, de Cee Lo Green, es ideal. El clásico “You Oughta Know” de Alanis Morissette es una infaltable, de la misma manera que su magnífica “Ironic”. Si el rompimiento incluye también cuentas poco claras, el doble platino “Tyrone” de Erykah Badu, te ayudará a superar el momento. “I Will Survive”, de Gloria Gaynor, fue lo que ayudó a mi mamá a superar un divorcio amargo y recuerdo habérsela escuchado cantar a todo pulmón en varios momentos de mi infancia. Si eres del grupo que insiste que el despecho se puede llevar con sobriedad, tenemos a “These boots are made for walkin’” de Nancy Sinatra, para demostrarlo. 

Ahora bien, llegó la hora de las/los pesos pesados en este rubro. La formidable Beyoncé creó toda una elegía al despecho, al desamor y al dolor emocional en “Lemonade”, que no solo incluía canciones, sino una colección de videos fantástica. En uno de ellos -«Hold Up»- puede verse a la cantante golpeando con un bate un coche. También, haciéndolo explotar. Y al igual que Shakira, ella señaló de forma directa a la causante de toda la tragedia matrimonial que –presumiblemente- atravesaba. “Becky, la del lindo cabello” quedó inmortalizada como la mujer -cuya identidad es difícil de identificar- con la que Jay Z cometió infidelidad.

Por cierto, que ya Beyoncé tenía una canción previa “Ring the alarm”, en la que habla de la infidelidad, pero al parecer solo hacía referencia a su personaje en la película “Dreamgirls” (2006), maltratada por su pareja. 

Taylor Swift, reina en estas lides, factura a lo grande todas sus rupturas. De sus diversos momentos de dolor surgieron éxitos como “Shake It Off”, “Out Of The Woods”, “The Moment I Knew”, “Champage problems”, “Dear John”, “Exile”, “Tolerate it”, “Last Kiss” y por supuesto, “All Too Well”, que se convirtió en el himno internacional del despecho. 

No hemos llegado a las 100 canciones, pero el asunto queda claro: el desamor se expresa como cualquier emoción humana y no son 100, hay miles de canciones que lo demuestran. Shakira nos lo recordó, de la manera más caribeña y directa posible. Ser infeliz es parte –también- de la naturaleza humana y de vez en cuando es necesario paladearlo en todo su raro brillo vergonzoso. Y esto lo digo mientras escucho una playlist que incluye “Lovesong” de The Cure, “Always on my mind” de Willie Nelson, “The scientist” de Coldplay, “Lovefool” de The Cardigans, “Love will tear us apart” de Joy Division, “Promesas sobre el bidet” de Charly García, “Nothing compares 2U” de Prince en la versión de Sinéad O’Connor, “Heartbreak Hotel” de Elvis Presley y el clásico de todos los clásicos: “Don’t speak”, de No Doubt. No podía ser de otra manera ¿verdad? 

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