¿Y dónde estaba Resistencia esa noche?
Una mala noche no fue: esta gente sabe hacer lo suyo. Pero para los viejos seguidores de Resistencia, que se movilizaron al Teatro Chacao empujados por la nostalgia, no fue fácil digerir el cambio

Una mala noche no fue: esta gente sabe hacer lo suyo. Pero para los viejos seguidores de Resistencia, que se movilizaron al Teatro Chacao empujados por la nostalgia, no fue fácil digerir el cambio

Es increíble como un concierto de una banda nacional evoca un sentimiento al montarse en una máquina del tiempo: los asistentes son esa vieja guardia que se ha negado ver su sonido morir y qué mejor momento que ver a Resistencia regresando a una tarima, algo con lo que soñaban sus fans, esos que la escuchaban y seguían a principios de los años 80.

Esa misma vieja guardia se saluda a las afueras del Centro Cultural Chacao la noche del 15 de mayo. Yo voy al concierto porque soy de esa misma ola, y veo a los panas que van llegando -Morrongo, Hellson, Frank, Cavernario y otrosmás- con la añoranza de volver a escuchar este sonido estridente y la voz singular de su vocalista original César Somoza.
Para ser una banda legendaria del rock nacional, no se dio un lleno total. Pero esas cosas de taquilla igual no impiden que los asistentes disfruten un concierto motorizado por el recuerdo y con un sonido renovado.


Pero desde el primer momento Resistencia no era Resistencia: una de las bandas con más nombre del rock nacional había dejado a un lado su identidad. O había cambiado tanto que ya no era reconocible.
Estoy seguro de que muchos de los asistentes no estaban ahí para encontrarse con un cambio tan marcado. Querían -queríamos- el tempo rápido de la banda de los 80. Tuve momentos de confusión: me venía a la mente la interrogante y pensaba… esto es ¿Resistencia o es Saga?¿Será Deep Purple? Porque el público que estaba ahí lo conformaban principalmente esas personas que los llegaron a escuchar en los 80, esa misma vieja guardia.
El clásico «Hassan Ben Sabbath» fue uno de los temas más cambiados del repertorio. «Pared de concreto», un tema símbolo, un himno del rock nacional, tampoco sonó como era. Y eso no tiene que ver con que los músicos sean nuevos, tiene que ver con la filosofía de que ya no era -no es- la misma Resistencia.


La esencia del rock más puro de la banda pudo haber hecho que el público se levantara de sus asientos, cosa que no pasó.
Lo que se vivió fue hora y media de un show donde la gente observaba sentada, sin demostrar mayor emoción, sin corear los temas a todo pulmón, como se espera en un concierto de rock por más que se haga en un teatro. Algunos de esos rockeros viejos se fueron a mitad de show. Los vi salir del recinto porque sencillamente no encontraron en esa noche de rock la banda que añoraban y que estaban buscando.
No quiero decir que Resistencia no hizo buena música o que hayan sonado mal. Nada de eso. Pero no era Resistencia, era otra banda.
Al final terminó siendo una buena noche de rock para el reencuentro y para hacernos a la idea de que quizás también son los tiempos de evolución: no somos los mismos, han pasado 40 años, todo cambia. Se entiende que es parte del crecimiento, sin embargo, como experiencia de concierto, la nostalgia que empujó a muchos no resultó recompensada. César Somoza y esta versión de Resistencia apostaron a una renovación. Quizás haya que sumar otros shows a la propuesta y ponderar otras reacciones.