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El mito de la dictadura “que resuelve”

Portada Pérez Jimenez dictadura

Más de sesenta años han pasado desde aquel 23 de enero de 1958 cuando el gobierno militar de Marcos Pérez Jiménez hizo aguas. Los sucesos que se produjeron entonces condujeron a la instauración de la democracia que, décadas más tarde, acumuló errores hasta dar paso al socialismo del siglo XXI. Luego de 20 años de experimento chavista, hay quienes claman por un régimen que retorne a Venezuela a la senda del progreso, aunque sea sin libertades políticas

“Con Pérez Jiménez, cantidad de cosas no pasaron. Eso de las persecuciones, que si no se podía salir, hablar, casi que ni hacer pipí. La mayor parte de eso es mentira”, recuerda Carlos Escauriza, un hombre que en aquella época estaba en sus veinte y hoy supera las ocho décadas. Nunca tuvo activismo político, por lo que tampoco fue objetivo del aparato represor del Estado.

Sus 80 y tantos años le han hecho vivir casi toda la historia contemporánea venezolana. Dictaduras, golpes de Estado, juntas de gobiernos, cuarenta años de democracia representativa adeca y copeyana, sublevaciones fallidas y el socialismo que implementó Hugo Chávez y que “heredó” Nicolás Maduro. Con esa experiencia, y crítico de la orilla a la que se ha conducido al país, rescata que el perezjimenismo fue una época de progreso y modernización, quizá el mejor sistema de gobierno que Venezuela ha tenido hasta ahora.

cita5Julio Orasma tiene 20 años. Nació en los albores de la revolución bolivariana, cuando Hugo Chávez se encaminaba al Palacio de Miraflores. Y aunque no atestiguó la historia, sí tiene claro que no tiene trabajo fijo sino ingresos esporádicos mientras estudia en la Universidad Simón Bolívar que no le alcanzan para tener una vida “normal”. Por eso está dispuesto, como Escauriza, a vivir en una dictadura que sí haga al país funcionar, quizá de derecha, que imponga el orden y “meta por el carril” a una sociedad desordenada, caótica, que luce sin rumbo ni soluciones.

“A mí me gustaba parrandear. Salía todos los fines de semana y jamás en la vida yo vi un atraco o un robo, y regresaba a mi casa a las tres de la mañana. Ahora es diferente, uno está en el carro pendiente del que viene y el que va, todo lo contrario de lo que se vivió en esa época”, rememora el octogenario.

Ese deseo de una dictadura que resuelva, de una vez por todas, los problemas que enfrenta la nación es un discurso que resalta en el gobierno chavista, el cual se supone es democrático.  En la actualidad, dentro de las mismos grupos instituciones controladas por el oficialismo no logran ponerse de acuerdo en su evaluación de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Es una visión de la política reducida a lo vivencial, y no es inusual. En el documental Tiempos de Dictadura (2012), de Carlos Oteyza, se recogen testimonios de los activistas políticos de entonces, como Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, entre otros, que cuentan los horrores de la censura, la represión y las torturas. Pero también los de quienes se insertaron al sistema sin problemas, como Yolanda Moreno que admite que “yo tengo mis recuerdos más bellos allí” cuando había seguridad y tranquilidad. “Era una vida muy sana”, cuenta en el audiovisual.

La dictadura de Marcos Pérez Jiménez es el último ejemplo de un gobierno autocrático, militar y de derecha en Venezuela. Y, como ha quedado registrado en la historia, estuvo marcado por la preminencia de los cuarteles, la falta de libertad de expresión, el enriquecimiento de sus cúpulas, la anulación de garantías constitucionales, la inexistencia de la soberanía popular y la violación de los derechos humanos de los opositores. Pero también por un impulso modernizador, especialmente en la infraestructura de la ciudad capital, que aprovechó la mano de obra extranjera que vino al país para encontrarse con una nación que lucía en pleno crecimiento.

cita4“Aquí había trabajo, comida y la economía estaba muy bien. Pérez Jiménez hizo algo que casi nadie se lo ha reconocido, ese gobierno fue el que comenzó o hizo casi toda la modernización de Caracas”, defiende Escauriza. Julio no alude a Pérez Jiménez, pero sí cree que el cambio que necesita Venezuela va dirigido a un sistema de gobierno fuerte. “Prefiero una dictadura con un buen nivel de vida y seguridad a un entre comillas ‘régimen democrático’, corrupto y totalitario con medidas populistas y enlaces con el narcotráfico entre otros negocios ilícitos”, insta sin reparar en las contradicciones.

No son los únicos. En Facebook corren virales videos que hacen apología de los años 50 venezolanos gracias a una página llamada La Nueva Venezuela”. Los comentarios a cada publicación son elocuentes. El 19 de enero escribieron: “No hay un país que funcione sin un orden establecido. Debe haber un orden y hay que imponerlo”, una frase que le adjudican a “Don Pedro Estrada”, quien fue jefe de la Seguridad Nacional de la dictadura cuando se instauró la persecución a la disidencia, los asesinatos de dirigentes sociales y políticos y el envío de más de 800 personas al Campo de Concentración de Guasina.

Pero nada de eso importa a quienes comentan a favor del comentario. “No solo orden, es obligatorio un periodo de terror o de dictadura. Es decir, un periodo violento para expulsar a los invasores y poner mano dura contra todo aquel que cometa delitos menores como mayores contra la Nación”, escribe Tito Loseph. “El orden trae progreso”, completa David Molero.

cita3Es un clamor ante lo que se percibe como un país caótico y con los peores índices económicos de la historia contemporánea nacional, con una galopante hiperinflación, una inédita devaluación de la moneda y una calidad de vida que dejó de existir para pasar a una sociedad dependiente de subsidios para sobrevivir.

Y también es la bandera del Movimiento Orden, un grupo que defiende el nacionalismo, y afirma que “se necesita un gobierno fuerte” -expresión que también ha usado Diosdado Cabello- que ponga manos de hierro y se ocupe de soluciones. “Nos vendieron que la democracia era el medicamento mágico, pero eso nos hizo un daño terrible”, dice su coordinador Nelson Ramírez.

La historia fabulada

Julio Orasma, a sus 20 años, sabe de regímenes dictatoriales lo que ha leído en los libros de historia y aún así los prefiere, hasta el peor de ellos. “La misma dictadura bélica de Hitler fue un mejor sistema que el que se ha establecido en Venezuela pues dentro de su plan de conquista entraba el triunfo económico del imperio alemán. El típico ejemplo venezolano de Marcos Pérez Jiménez cuyas obras hoy en día siguen aportando de grata manera al pueblo venezolano. Si bien los derechos humanos escasean en ambos ejemplos, para un ciudadano común que no dedique su vida a la política, como lo es la mayoría, lo importante es la calidad de vida que le pueda ofrecer”. Otros ejemplos más cercanos en el tiempo pudieran ser los gobiernos de países asiáticos como Singapur o China, donde el crecimiento económico se apalanca en la estabilidad política que da un solo partido gobernante.

Por eso Orasma considera que la democracia está sobrevaluada, siendo “un sistema muy mal planteado y con muchos errores”. Él prefiere “una dictadura que sabe lo que hace antes que una democracia que deje el poder en un pueblo estúpido y, sobre todo, bajo el arquetipo venezolano”. John Patrick Acquaviva, un youtuber venezolano que ha ganado viralidad por defender ideas derechistas, habla de “dictaduras buenas”. Sostiene desde Manchester, en Reino Unido, que “el gran fallo que tiene la democracia es que solo funciona cuando el electorado está bien informado y educado”.

Acquaviva resalta los logros del régimen que terminó en 1958 pues “es innegable que fue el período de mayor avance, desarrollo, educación y crecimiento económico sostenible que ha vivido el país”. Por volver a eso, no son pocos los que incluso entregarían las libertades fraguadas luego de medio siglo de vida democrática en Venezuela. El youtuber afirma que una dictadura puede ser excusada si ofrece calidad de vida y “con tal de que no lleve a cabo persecuciones por razones triviales”.

Cita2Pero el sociólogo Francisco Coello apunta que “fue ese tipo de pensamiento el que nos trajo hasta aquí”. Para el académico de la Universidad Católica Andrés Bello, el venezolano ha adoptado ideas erradas. Primero, la noción de orden y progreso que el propio Hugo Chávez aprovechó en su primera campaña electoral, cuando su estrategia fue “venderse como un nuevo Pérez Jiménez, el nuevo militar que iba a poner orden”. Luego, la relación entre dictadura y desarrollo urbano, aunque “durante la democracia hubo muchísima ingeniería civil. Y Estados Unidos, por ejemplo, no vive en una dictadura y tiene muchísimas construcciones”.

El sociólogo añade que “hay todo un tema que se vincula con la antipolítica, con el antipartidismo, y sobre todo con el desconocimiento de la historia general de Venezuela y muy particularmente con la historia contemporánea de nuestro país”.

Curiosamente, hasta Hugo Chávez reivindicó al general. “Yo creo que el general Pérez Jiménez fue el mejor presidente que tuvo Venezuela en mucho tiempo (…) Lo odiaban porque era militar (…) Si no hubiese sido por el general Pérez Jiménez, ¿ustedes creen que tendríamos Fuerte Tiuna, la Academia, la Efofac, el Círculo Militar, Los Próceres, la autopista Caracas-La Guaira, los superbloques del 23 de enero, la autopista del Centro, el Teleférico, la Siderúrgica, Guri? (…) Después lo satanizaron: plomo contra Pérez Jiménez, plomo, el dictador, el tirano, etcétera”, dijo en 2010.

Gustavo León, historiador de la Universidad Central de Venezuela, no olvida que a pesar de la bonanza económica de Pérez Jiménez, producto de una coyuntura internacional (la crisis de Suez, por ejemplo, que impulsó los precios del petróleo), en el país “hubo campos de concentración, tortura, exiliados y gente que mataron. ¿Cuál es el precio de ese desarrollismo?”.

Por su parte, el historiador Luis Alberto Buttó, profesor de la Universidad Simón Bolívar, desmonta los mitos del Nuevo Ideal Nacional: “Pérez Jiménez dejó un país en la miseria absoluta. Fuera de Caracas, era un país horroroso. Cuando se fue del gobierno, la mitad del país era analfabeta. Y aunque hubiese hecho alguna construcción más allá de Caracas, ninguna cantidad de concreto, edificio o autopista, vale una vida humana y el cercenamiento de la libertad”.

La dictadura como solución

La Real Academia Española define dictadura como “régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”. Una segunda definición detalla al sistema como una “magistratura extraordinaria ejercida temporalmente con poderes excepcionales” en la antigüedad romana.

Nelson Ramírez Zabala, coordinador nacional del Movimiento Orden, explica que la primera acepción deriva “de los sucesos de la segunda guerra mundial y fue asociada a regímenes totalitarios, despóticos o tiranos”. Insiste en que Venezuela necesita del segundo concepto para “garantizar la paz, la vida y el resguardo de la propiedad privada”.

cita1El Movimiento Orden se define como un grupo nacionalista que busca “derribar todos los rencores, rabias y resentimientos infundidos por el discurso de la lucha de clases y el reduccionismo histórico que la misma alberga”. No ocultan sus reivindicaciones por la figura de Marcos Pérez Jiménez, junto a la de Artuso Úslar Pietri y Renny Ottolina. Pudieran ser, incluso, herederos del partido Cruzada Cívica Nacionalista que logró en 1968 unos nada desdeñables 402.391 votos y representación parlamentaria, pavimentando el camino para lanzar al depuesto dictador como candidato a Miraflores en 1973, cuando un impedimento legal frustró el plan.

“Venezuela necesita poner orden y una vez restablecido podemos tener la vía libre y podremos tener una verdadera democracia”, dice su coordinador, calificando como problema que se entienda a una dictadura como un régimen totalitario y no como un sistema cuya finalidad es “resolver una problemática en un periodo de tiempo”. Ramírez apunta que los gobiernos deben ser evaluados “en función a sus resultados concretos. Tuvimos 40 años de democracia y con resultados que dejan mucho que desear. Y fue esa misma democracia la que paulatinamente dio paso al régimen chavista”.

Desde Orden, creen que Venezuela no vive una dictadura sino “en una tiranía comunista, porque está sometida a un régimen de terror que está invadiendo la esfera privada, individual o intima del ciudadano”. Mientras tanto, Gustavo León, historiador de la Universidad Central de Venezuela, sostiene que Venezuela sufre una “neo dictadura”, y llama a desmontar los mitos de una autocracia que resuelva, un pensamiento que solo revela que la sociedad venezolana “no ha aprendido absolutamente nada”.