Entrevista UB

Édgar Vittorino: el Buendía que las volvió locas a todas en Macondo

Se dio a conocer en Colombia cuando se puso una peluca para interpretar en una serie al futbolista Carlos “El Pibe” Valderrama, quien por cierto lo llamó para decirle “Loco, la estás partiendo”. Y ahora el actor Édgar Vittorino prestó su cuerpo a José Arcadio Buendía en la polémica adaptación que hizo Netflix de “Cien años de soledad”

vittorino
Publicidad

La primera vez que leyó “Cien años de soledad” no la entendió. Édgar Vittorino cuenta que tenía apenas 15 años y le encargaron en el colegio la lectura de la novela de Gabriel García Márquez. Un libro, dice, «complicado» para esa edad. Pero en el 2024 tuvo que tomar nuevamente la novela en sus manos y releerla en volandas. No una, varias veces.

Recibió una llamada telefónica de emergencia para que regresara de inmediato a Colombia y que se incorporara a las grabaciones de una serie que incluso en preproducción ya estaba en boca de todos: “Cien años de soledad”. Y para interpretar a uno de los personajes más importantes de la mayor dinastía literaria de su país: José Arcadio Buendía.

“Sucede que habían elegido a alguien para ese rol, pero no sé qué problemas tuvieron y cuando apenas faltaban tres semanas para empezar a rodar me llamaron y me hicieron el casting. Yo vivo en Madrid, pero en menos de una semana estaba llegando a Colombia. Para mí fue muy sorpresivo. Ya había dado por hecho que no iba a estar en la serie. Obviamente, todos los colombianos queríamos estar ahí. Pero, bueno, la vida me puso ahí a obrar. Me daba pena por el otro actor, pero también me alegrabaporque para mí significaba muchísimo”.

-¿Cómo hizo para preparar el personaje físicamente? García Márquez dice que José Arcadio regresa a Macondo después de viajar por el mundo. Y llega cambiado: con el cuerpo musculoso, tatuajes…

-Sí, una de las cosas que más me preocupaba de esa forma tan repentina en la que entré al proyecto era que no tenía tiempo suficiente para llegar al físico que describe Gabriel García Márquez. Decía que José Arcadio era un hombre gigante, con espaldas que no cabían por las puertas. Y yo tenía tres semanas para mi primer día de grabación, por lo tanto me tocó subir de peso de una manera no tan saludable: comiendo muchísimo, a todas horas, proteínas, aminoácidos, todo tipo de cosas. Y hacer muchas pesas, porque además no podía estar simplemente gordo sino que tenía que ser fuerte si se supone que era marinero y que venía de recorrer el mundo.

Entonces en tres semanas subí unos cinco kilos. Estaba como en 75 y llegué a 80. Yya más adelante fui ganando más masa muscular. Al terminar el rodaje tenía ocho o nueve kilos por encima de mi peso, pero era fundamental para el personaje. Era de las cosas que necesitaba José Arcadio para que su historia fuera creíble, porque si no las mujeres no se volverían locas por él, no impondría miedo a los campesinos. El físico era fundamental. Había que lograr una buena interpretación, pero también tener un aspecto físico que impactara.

vittorino

-¿Qué me dice de la preparación actoral?

-Leí la novela muchas veces, sobre todo las partes donde se habla de José Arcadio. Y también leí Relato de un náufrago, cuya premisa es la de un hombre que regresa después de haber naufragado en el mar. Mucha de la información que García Márquez da ahí me permitía imaginar todo lo que José Arcadio había vivido. Y posterior a esas lecturas tuve entonces ensayos con los directores y comenzamos a plantearnos algunas preguntas importantes. Por ejemplo, ¿por qué regresa José Arcadio? Para nosotros, lo hace después de darle 65 veces la vuelta al mundo probablemente para reencontrarsecon su familia y con esa gente que en algún momento lo ayudó a no sentirse solo. La premisa que tuve como actor fue esa: José Arcadio regresa para llenar el vacío de la soledad. La cuestión es cómo va llenando ese vacío.

Cien años de soledad es de lectura obligada en Venezuela. Y muchos alumnos la leen por eso mismo: por obligación. Y quizás por esa razón se pierde el verdadero placer de la novela.

-Yo la leí también cuando era pequeño, en el colegio. Y no la entendí. Porque realmente era difícil de leer. Es una novela que requiere bastante conocimiento, y para un niño de 15 años, que no tiene mucha práctica en la lectura, se hace difícil. Por eso yo ahora le recomiendo a la gente que me escribe que empiecen por El coronel no tiene quien le escriba, Memoria de mis putas tristes y Crónica de una muerte anunciada. Son obras que te van adentrando en el realismo mágico, pero de una manera más fácil de seguir. Y para mí ese es el éxito de la serie: permitirle a mucha gente, que ni siquiera había entendido la novela, enamorarse de ella y comprenderla mejor.

-¿Qué opina de la polémica que se ha desatado por la adaptación de la novela?

-Es que hay varios tipos de detractores, ¿a cuál te refieres?

-Por ejemplo: muchos argumentan que el propio Gabriel García Márquez no quería que su novela saltara al formato audiovisual. Y sin embargo sus hijos vendieron los derechos…

-Algunas personas han dicho eso, pero creo que cuando García Márquez estaba vivo no existían las plataformas digitales ni ninguna de estas nuevas formas narrativas. No había series como las que están haciendo Netflix, Prime y HBO (ahora Max), que son formas de contar historias pero con la calidad del cine. Creo que lo que sucedía es que Cien años de soledad era muy larga para ser una película y muy hermosa y mágica para ser una telenovela. Sin embargo, hoy tenemos tanto la belleza cinematográfica como el tiempo necesario para disfrutar los contenidos en formato de series. García Márquez no vio nada de eso. Y creo que sus hijos entendieron que este sí era el momento de hacer la adaptación.

vittorino
Édgar Vittorino: «Tú vas a ser actor», le dijo su padre

-¿Cómo fue que decidió ser actor? Su padre es médico, su madre es bacterióloga. ¿Usted no pensó ser bioanalista?

-Si supieras que mi madre insistía todo el tiempo en que tuviera una carrera. Quería que fuera psicólogo. Y yo lo que pasa es que sentía que iba a perder el tiempo, porque desde los 14 tenía claro que me gustaba la actuación. Ya en ese momento iba a un grupo de teatro profesional en Barranquilla, donde nací. Un grupo teatral que no tenía muchos medios, y ensayábamos las obras en los parques. Así que le hablé muy claro a mi mamá. “Dame un par de años”, le dije: “Si no hago algo, me pongo a estudiar”. Así la convencí.

Por el lado de mi padre siempre tuve apoyo. Él sufre de bipolaridad, una enfermedad que hoy en día se ha normalizado mucho, y dentro de toda esa vorágine de información que llega a su cabeza me decía: “Tú vas a ser actor. Y vas a ser uno de los mejores del mundo”. Todo eso fue una bendición para mí.

-Y sin embargo, ha contado que sufrió mucho de bullying cuando era niño.

-Me decían “Boca ‘e negro”. A mí me gusta contarlo porque seguramente habrá algún niño de colegio por ahí que esté pasando por la misma situación: que se burlen de sus rasgos físicos. Hoy hay mucha más conciencia acerca de la raza, pero hace diez o doce años se podían burlar o hacerte sentir mal en el colegio porque supuestamente tenías la boca como un negro. Y eso no tendría que ser una razón de burla, pero así estábamos. Y yo me la pasaba todo el tiempo con los labios así –Édgar Vittorino aspira literalmente sus labios y los esconde-. Cuando hablaba, los metía.Me sentía avergonzado porque supuestamente eso significaba que yo era de menos clase que otros. Y hoy día me encanta que mi herencia negra se vea reflejada en mi color de piel,en los labios; y que mi herencia blanca se vea reflejada en mis ojos verdes. Yo estoy orgulloso de ese mix.

-Eso no es todo: ha tenido que enfrentar sobre el estereotipo del actor colombiano que solo puede encarnar a personajes de narcos.

-Cuando llegué a España estaban muy de moda las series de narcos por causa de una producción de Netflix que fue muy exitosa. Todos los canales y algunas plataformas querían hacer series de narcos. Yo hice «Vivir sin permiso». Y aunque al principio me habían dado un personaje distinto, luego me dieron el de un sicario al que, te digo, le saqué muchísimo provecho. Me lo dieron porque como soy colombiano, no pensaron que podría neutralizar el acento. Y sin embargo se convirtió en un boom. Empezó a salir muchísimo en la serie y me comenzaron a dar más trabajo, pero en esa misma línea. Muy al estilo narco.

Hice algunas películas, pero llegó un momento en el que comencé a sentir que tenía una responsabilidad como artista acerca de lo que se cuenta de mi país y dije: “Está bueno ya, no todo puede ser del mismo tema”. Y empecé a decir que no a ciertos proyectos. Cambié mi look, me dejé crecer el cabello, me dejé la barba. Y poco a poco me fueron aceptando de otra manera. Me dieron un personaje de chef, después uno de policía. En “Desaparecidos”, por ejemplo, hablé de Colombia desde otro lugar. Eso me ha ayudado un poco a sentir que esto no es solamente para ganar dinero…

-Con José Arcadio Buendía lo ha dado a conocer en buena parte del mundo. Pero en Colombia el gran pelotazo lo dio usted gracias a la interpretación del futbolista “El Pibe” Valderrama. ¿Lo conoció?

-Fue gracias a “La selección” que mi vida cambió profesionalmente. A partir de ahí no me quedé más sin trabajo. Me di a conocer en toda Colombia porque esa serie la amaron los colombianos. Creo que hasta ahora he corrido dos grandes riesgos en mi carrera. Con García Márquez no tengo el feedback porque está muerto. Pero en el caso de “El Pibe” hubiera podido salir mal y ser un fracaso total porque él es un héroe para los colombianos, y resultó todo lo contrario. Hasta tuvimos que hacer dos temporadas debido al hecho de que a la gente le gustó mucho. Pero Valderrama me dijo muchas veces: “Loco, la estamos sacando del estadio, marica. Tú haces un trabajo bacano, y yo gano billete”.

vittorino

-¿Tiene alguna relación con Venezuela?

-De los países latinoamericanos me falta ir a Chile y a Venezuela. Desafortunadamente, porquesiempre he querido conocer el Salto Ángel. Allá tengo un tío. Y empezando mi carrera trabajé con Ruddy Rodríguez. Yo interpretaba a su primo en una telenovela llamada “Amor de carnaval” y tuve con ella una situación muy graciosa que siempre recuerdo de buena manera. Yo era jovencito y los dos estábamos haciendo una escena. Pero de pronto me tapó la luz, digamos que me hizo sombra, y yo, con 22 añitos, mandé a cortar la escena y le dije a Ruddy Rodríguez, que ya era una estrella y que ya había sido Chica Bond: “Ruddy, disculpa, es que me estás tapando la luz” –Édgar Vittorino suelta una carcajada al recordar su osadía-. Y ella se quedó con los ojos “espepitados” y como pensando: “Bueno, “¿y a este niño qué le pasa?”.

Pero me dio una lección muy bonita, porque me respondió: “No te preocupes por eso, deja que sea el director quien se preocupe y concéntrate en actuar. No permitas que eso sea un motivo de desconcentración”. Y la verdad un consejo que le tomé al pie de la letra.

-Si hubiera tenido la oportunidad de elegir, ¿habría preferido un personaje distinto en la serie “Cien años de soledad”?

No. Me hubiera quedado con José Arcadio Buendía. No lo cambiaría. Creo que tiene mucho que ver con mi forma de ver la vida, con mi experiencia de darle la vuelta al mundo, de haber trabajado ya en Corea, Australia, España, México y, por supuesto, Colombia.Es un personaje tan hermoso que me hace vibrar.Un hombre que se enamora y que casi consigue escapar de su destino, porque dicen que llegó tan cambiado que ni su destino lo pudo reconocer. Hasta que un día, pufff, lo matan, porque el destino se dio cuenta deque era un Buendía. No lo cambiaría por nada.

Hacer esta serie nos ha recordado mucho a los colombianos, e incluso a los latinoamericanos en general, el orgullo de que somos parte de la historia de la literatura universal. No es que somos uno más, no, porque Cien años de soledad es uno de los cinco mejores libros que se han escrito en la historia de la literatura, y eso es para sentirse orgulloso y para no olvidar. Nosotros los colombianos a veces lo olvidamos.

Publicidad
Publicidad