Moda

“¿Y esa pinta, mija?”: cuando la moda es "rara" para los adultos

Es la historia de siempre, de una generación a otra: ¿pa' dónde vas tú con esa pinta? Con esos gustos "raros" al vestir vas por buen camino

esa pinta
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-Esos muchachos de ahora… se visten raro. ¡Mira esa pinta!

¿Sabes cuántas veces he escuchado eso? Demasiadas. En la calle, en reuniones familiares, en los comentarios de redes… Siempre con ese tonito entre crítica y lástima, como si vestirse diferente fuera algo trágico. Como si la juventud estuviera perdida solo porque se viste como le da la gana.

Pero la verdad es que lo raro no es tan raro. Lo diferente siempre ha existido. Solo que ahora lo estás haciendo tú. Y eso molesta.

No estoy escribiendo esto solo para defender las pintas que incomodan (aunque sí, me encantan). Es más profundo: quiero invitarte a que te mires con otros ojos y te des cuenta de que tu ropa puede ser mucho más que “ropa bonita”. Vestirse también puede ser una forma de reinventarse, de empezar a decir sin hablar quién eres o quién estás intentando ser.

Yo trabajo en moda aquí en Venezuela, hago styling, y vivo metida en este rollo desde adentro. Y si hay algo que he aprendido es que la moda no es superficial, no como te lo han hecho creer.

Vestirse en este país ya es un acto de creatividad. Un reto. Una expresión de resistencia incluso. Aquí no tenemos acceso a todo, pero aún así armamos outfits con sentido, mezclamos piezas heredadas con cosas de Instagram, reparamos, transformamos, inventamos.

Y eso tiene mérito.

Eso es cultura.

Entonces cuando me salen con que “antes sí se sabía vestir”, yo pienso: ¿estás segurx?

Vamos a echar para atrás un momentico.

En los años 20 estaban las flappers, mujeres que dijeron “no más corsets”, se cortaron el pelo y empezaron a bailar y a vestirse para ellas mismas. En los 70 llegaron los hippies, descalzos, con flores, túnicas, mezclando culturas, rechazando guerras.

En los 80 —que muchos creen conservadores— los chamos usaban crop tops, pantalones súper ajustados, hombreras, maquillaje. Y ni hablar de los punks, que con cuero, cadenas, pelos parados y rabia le gritaron al sistema: “no me vas a domesticar”.

Cada una de esas juventudes fue vista como “extraña”, como amenaza. Y hoy en día, ¿qué son? Estilo. Historia. Referencia.

Entonces, si hoy te dicen “te ves raro”, te tengo noticias: estás en el camino correcto.

Pero esto no es solo historia. Es un llamado.

A que te atrevas a explorar quién eres desde cómo te vistes.

No esperes tener plata para empezar. No necesitas lo último de Zara ni un clóset enorme. Necesitas intención. Y valentía. Porque es más fácil vestirse como los demás que vestirse como uno se siente. Pero cuando lo logras, algo cambia. Te ves en el espejo y dices “epa, esto soy yo hoy”. Y eso vale.

No te hablo desde la teoría. Yo también me he sentido fuera de lugar. También he dudado, mezclado cosas raras, salido a la calle sin saber si me veía “bien” o “demasiado”. Pero con el tiempo entendí que no tengo por qué vestirme para gustarle a nadie más.

Y eso es lo que quiero dejarte claro:

No te saltes esta etapa.

No te saltes la oportunidad de probar, exagerar, cambiar, descubrir. Tu estilo es una conversación contigo mismx. Una que puede durar años. Y está bien que así sea.

Sí, puede que incomodes. Puede que alguien te suelte un “¿y esa pinta, mija?”, con cara de juicio. Pero eso no significa que estás mal. Significa que estás viva. Que estás expresándote. Que estás creciendo.

Y eso, mi amor, es lo más poderoso que puedes hacer.

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