¿Qué escondes con tu forma de vestir?
La pregunta no es esa, porque un look dice más que mil palabras. Las decisiones a la hora de vestir, hablan

La pregunta no es esa, porque un look dice más que mil palabras. Las decisiones a la hora de vestir, hablan

Esa fue una pregunta que me hicieron hace unos años atrás cuando apenas comenzaba a conocerme y a conocer mis gustos y mi estilo personal… Por supuesto, en ese momento quedé tiesa, me sentí culpable por “esconder” algo en el fondo de mi ser, que ni yo sabía cuál era ese oscuro secreto que ocultaba debajo de las capas, texturas y colores que usaba al vestirme.
Pasó el tiempo y esa pregunta seguía dando vueltas en mi cabeza, hasta que por fin en una noche de insomnio conseguí la respuesta: no era lo que escondía, sino lo que mostraba.
En lo personal, entiendo la moda o el vestir como comunicación no verbal, siendo las piezas y accesorios que usamos los códigos de ese lenguaje. Y como me encanta usar un montón de texturas, colores y accesorios, todo eso se traduce en información disponible para todo aquel transeúnte que se tope con mi ser en la calle.

Mi proceso al vestir va muy ligado a cómo me sienta esa mañana, ¿desperté con el pie izquierdo o derecho? También depende de si tengo la energía necesaria para lidiar con las miradas y comentarios o simplemente cuánto debo caminar y qué tantas cosas debo hacer durante el día.
Es decir, hay que pensarlo bien.

Las personas asumen que soy alguien cercana y agradable (sí, pero a veces no quiero hablar con desconocidos), pero eso se debe a que hablo demasiado sin decir ni una sola palabra a través de lo que llevo puesto. La gente supone cosas de ti por cómo te ves, y por supuesto que las apariencias engañan, pero controlar el entorno es algo que no podemos hacer.
Seguramente conocen la frase «una imagen vale más que mil palabras», bueno en este caso sería algo como “un look dice más que mil palabras”.
Y “hablar” con desconocidos puede ser peligroso, es por eso que más que esconder, mis looks me exponen a miradas y comentarios de extraños. Pero si ese es el precio que debo pagar por simplemente ser yo, por supuesto que lo acepto.