El petróleo venezolano se reinventa… ¿el precio de la gasolina también?
Las nuevas licencias petroleras, las promesas de inversión desde EEUU y el ensayo con gasolina de alto octanaje reabren el debate sobre el precio del combustible en Venezuela

Las nuevas licencias petroleras, las promesas de inversión desde EEUU y el ensayo con gasolina de alto octanaje reabren el debate sobre el precio del combustible en Venezuela

La industria petrolera venezolana atraviesa uno de sus momentos de mayor reconfiguración en años. Tras un largo período de sanciones, una profunda crisis económica y una caída sostenida de la producción, las nuevas licencias otorgadas por Estados Unidos, los movimientos diplomáticos recientes y las promesas de miles de millones de dólares en inversiones por parte de la administración de Donald Trump han comenzado a modificar las proyecciones sobre el sector petrolero y, con él, sobre la economía del país.
Sin embargo, los cambios que se asoman no se limitan a la producción o a la entrada de capitales, también podrían tener un impacto directo en el bolsillo de los venezolanos. Después de décadas de subsidio casi total y con un precio de venta libre que ronda hoy los 0,50 dólares por litro, la aparición de gasolina de alto octanaje vendida hasta en un dólar por litro en algunas estaciones de servicio de Caracas reabrió una pregunta clave: ¿está en puerta un aumento general del precio de la gasolina?

Las dudas se acumulan: ¿es realmente barata la gasolina venezolana?, ¿puede el país sostener el subsidio actual?, ¿qué explica la diferencia de precios y de calidad?, y ¿qué tan cerca está un ajuste más amplio?
La venta puntual de gasolina de 97 octanos a un dólar por litro no es, por ahora, una política generalizada, sino un ensayo de mercado. Así lo explica el economista petrolero Rafael Quiroz, quien señala que esta medida busca medir la respuesta de los consumidores ante un combustible de mayor calidad y mayor precio.
La lógica detrás del experimento es la diversificación de productos: quien quiera una gasolina de mejor desempeño puede pagarla, mientras que el resto del parque automotor continúa usando la gasolina regular, que se mantiene en torno a los 0,50 dólares por litro.
“Si alguien quiere consumir una gasolina súper premium, está bien que la pague y que no sea subsidiada”, resume Quiroz.
Por ahora, el aumento no es general, pero sí marca una señal: el precio de la gasolina ya no es un tema intocable.
En Venezuela, la mayoría de la gasolina que se consume en el país es importada. Uno de los puntos centrales es la limitada capacidad de refinación del país. El parque refinador venezolano tiene una capacidad instalada cercana a 1,3 millones de barriles diarios, pero actualmente opera por debajo del 20%. De ese volumen, apenas unos 75.000 barriles diarios se destinan a gasolina, una cifra insuficiente para abastecer un parque automotor que supera los cuatro millones de vehículos.
Además, las refinerías venezolanas no tienen la tecnología necesaria para producir gasolina de 97 octanos. Históricamente, el país llegó a refinar gasolina de hasta 92 octanos, pero no más. Por eso, la gasolina premium que se está vendiendo actualmente tendría que ser importada, muy probablemente desde Estados Unidos, asegura Quiroz.
Para Rafael Quiroz, el problema de la gasolina en Venezuela no es solo el precio, sino su calidad irregular, consecuencia directa del deterioro del sistema de refinación. Con refinerías operando muy por debajo de su capacidad y con tecnología rezagada, el país produce combustibles que no siempre cumplen con los estándares técnicos que hoy exige el parque automotor.
Quiroz explica que la baja operación obliga a priorizar volumen sobre calidad y a trabajar con patrones de refinación obsoletos, lo que impacta el octanaje, la estabilidad del combustible y su rendimiento. Esto se traduce en fallas frecuentes, menor eficiencia y un mayor desgaste de los motores, especialmente en vehículos más recientes, diseñados para funcionar con gasolinas de composición más precisa.
En contraste, las gasolinas de mayor octanaje ofrecen una combustión más limpia y eficiente, mejor respuesta del motor y menor impacto mecánico.
En Venezuela conviven actualmente dos esquemas de venta de gasolina. Por un lado, algunas estaciones de servicio aún operan bajo el sistema de control por placa, donde el combustible se entrega a precios subsidiados. Por otro, están las estaciones que venden gasolina de forma libre, con un precio que ronda los 0,50 dólares por litro. Aunque se trata de modalidades distintas, ambos precios siguen siendo bajos en términos regionales.
Según explica Rafael Quiroz, incluso el precio de la gasolina de venta libre no refleja plenamente los costos reales del sector, si se consideran las condiciones actuales de la industria: refinerías con baja operatividad, producción limitada y necesidad de importar parte del combustible. Quiroz advierte que este esquema no puede sostenerse indefinidamente y que, en la práctica, el país no está en condiciones de seguir subsidiando el consumo de gasolina como en el pasado, aun cuando no exista un único precio oficial ajustado a costos.
La comparación regional refuerza esta lectura. De acuerdo con el portal Global Petrol Prices, Venezuela continúa teniendo uno de los precios de gasolina más bajos de América. Mientras en el país el litro se paga alrededor de 0,50 dólares en las estaciones de venta libre, en países vecinos como Colombia, Brasil, Chile o Uruguay los precios superan con facilidad el dólar por litro. Incluso economías que mantienen subsidios parciales, como Bolivia o Ecuador, registran precios más altos.
Este contraste mantiene a Venezuela como una excepción regional, con un combustible que sigue siendo barato frente a sus vecinos, tanto en el esquema subsidiado como en el de venta libre, y explica por qué el debate sobre ajustes, diferenciación de precios y sostenibilidad del modelo ha vuelto a ocupar un lugar central en la discusión petrolera.
Para Rafael Quiroz, cualquier cambio futuro dependerá de lo que arroje el ensayo con la gasolina de 97 octanos que se está vendiendo en algunas estaciones. Se trata, explica, de una prueba para observar cómo responde el mercado ante un combustible de mayor calidad y mayor precio. Si existe una demanda dispuesta a pagar más, podría abrirse paso un esquema mixto, con distintos tipos de gasolina y precios diferenciados, aunque sin que ello implique necesariamente un ajuste general inmediato.
Quiroz es enfático en que nada está decidido. Un aumento generalizado del precio de la gasolina no se vislumbra en el corto plazo, pero todo dependerá de la consolidación o no de los nuevos proyectos petroleros.
Sobre las promesas de miles de millones de dólares en inversiones, Quiroz es cauteloso. La reactivación petrolera no será rápida ni automática. Dependerá casi exclusivamente de que exista confianza política y estabilidad institucional suficientes para atraer a las grandes transnacionales.
Hasta ahora, lo que se ha visto es el interés de empresas pequeñas y de servicios, enfocadas en mantenimiento y operaciones auxiliares, pero no de las grandes compañías que realmente pueden impulsar un salto en producción.
Sin una transición política creíble y estable, advierte Quiroz, el capital petrolero internacional simplemente no llegará. Y sin ese capital, cualquier mejora —incluido un cambio profundo en el precio de la gasolina— seguirá siendo limitada.