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Axel Capriles

Axel Capriles

Psicólogo. Tiene un diplomado en Psicología Analítica. Es doctor en Ciencias Económicas y miembro de la Asociación Internacional de Psicología Analítica. Autor de El complejo del dinero, La picardía del venezolano o el Triunfo de Tío Conejo y Las Fantasías de Juan Bimba, entre otras publicaciones.

Artículos Destacados

Caracas: noches sin luz

Caracas engaña. Aún en medio de la sequía que mantiene los tanques de agua vacíos y obliga a muchos a bañarse con tapara, el cielo absolutamente azul y la floración masiva de los araguaneyes que pintan la maraña de bejucos de amarillo fulgurante, distraen la vista del deterioro profundo que ha sufrido la ciudad. Llegar a casa, además, produce un placer y un regocijo únicos que opacan cualquier percepción inquietante. Por eso, el miércoles 6 de marzo, fecha en que volví por pocos días a Caracas, les decía a todos mis allegados con los que hablaba: “tengo agua, tengo electricidad, tengo internet y, además, tenemos a Guaidó, ¿qué más queremos?"

La peligrosa necesidad de idealizar

Más de un lustro ha pasado desde la muerte de Hugo Chávez, pero desde el poder se insiste en que el Comandante vive, como motor de que la patria sigue. Un devenir propulsado como forma de gobierno a partir de una construcción que comenzó en los años 90, el mito de Hugo Chávez. Pero su impronta se enfrenta a la realidad llena de contradicciones y consecuencias de sus modos de actuar

Putin, el duro, el macho, gana

Occidente ha volteado hacia uno de los presidentes más déspotas del mundo: Vladimir Putin. Su juramento contra el terrorismo ha despertado incluso admiración, pese al yugo del pueblo ruso. Los medios de comunicación social le dan protagonismo y hasta hablan de “Putinmanía”. El horror y la barbarie han sido ensalzados hasta por las mentes más lúcidas. Ahora, se encamina a su cuarto mandato

La peligrosa necesidad de idealizar

Un lustro ha pasado desde la muerte de Hugo Chávez, pero desde el poder se insiste en que el Comandante vive, como motor de que la patria sigue. Un devenir propulsado como forma de gobierno a partir de una construcción que comenzó en los años 90, el mito de Hugo Chávez. Pero su impronta se enfrenta a la realidad llena de contradicciones y consecuencias de sus modos de actuar]]>

El año del desenmascaramiento

Fue un año de sobresaltos, de vértigo. El año 2017 transcurrió con el corazón en la mano y, sin embargo, podríamos decir también, que en el fondo, Venezuela continúa igual, con las mismas heridas, en el mismo rumbo trazado por la revolución bolivariana desde que ascendió al poder en las elecciones de 1998.

El fin de la religión electoral

La incómoda y masiva abstención en las elecciones municipales del pasado domingo 10 de diciembre de 2017 marca el fin de la religión electoral en Venezuela. Con casi todas las gobernaciones y alcaldías del país rojas rojitas, con el Consejo Nacional Electoral y todos los poderes públicos maniatados, al servicio exclusivo de la revolución, Nicolás Maduro, dueño exultante del poder, ordenará a la Asamblea Nacional Constituyente convocar a elecciones presidenciales, las cuales muy probablemente ganará por aclamación general.

Los mercaderes de miseria

Las largas colas para obtener el carnet de la patria durante las jornadas de inscripción ordenadas por Nicolás Maduro bajo el nimbo protector de las estatuas ecuestres del padre de la patria, Simón Bolívar, descubren el envilecimiento que trae consigo la cultura de la limosna.

Maldad y estupidez

En una entrevista reciente en la revista XLSemanal, el dominical del diario ABC, a Arturo Pérez-Reverte, el creador de Las aventuras del capitán Alatriste confiesa que si anteriormente la maldad, la guerra o el dolor lo irritaban y lo impulsaban a escribir con furia, con los años descubrió que la estupidez es el peor de todos los males.

¿Merecemos los líderes que tenemos?

Hay lugares comunes que nos atrapan, frases lapidarias que no nos dejan escapatoria. Una de ellas es: “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. La expresión, surgida, al parecer, de una frase homónima del absolutista francés Joseph de Maistre, hace responsable a la sociedad de los vicios de sus gobernantes. Y, a primera vista, pareciera haber mucho de cierto en ello.

La lucha en contra del desencanto

Llegado el domingo, muchos -más de lo pensado- iremos votar. Nada ganamos quedándonos en casa. No creo que la dignidad sea el tema. A fin de cuentas, todo gesto en contra del descalabro llamado chavismo es mejor que el silencio de la resignación. No es que tenga en alta estima a personajes como Ismael García o Henri Falcón.

El ataque a la inteligencia

El marqués de Condorcet, perseguido y proscrito por el régimen del terror de la Revolución Francesa, se enfrentó al desaliento y a la desilusión por el camino torcido que había tomado la revolución por la que él con tanto entusiasmo había luchado, escribiendo uno de los grandes monumentos a la fe en el progreso de la humanidad: Esbozo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano, publicado en 1794.

De cómo la minoría cachetea a la mayoría

La mayoría de las personas lleva una vida normal. Se ocupan de sus familias, trabajan, hacen deporte y se divierten con los amigos. Cultivan la vida privada. Hay, sin embargo, minorías organizadas, fanatizadas, que gritan a todo gañote y ocupan la casi totalidad del escenario público.

La autoestima en crisis

La autoestima del venezolano ha sido minada. En medio de una crisis económica y social que se ha vuelto una condición crónica, interminable, golpeados por la inseguridad, la inflación, la escasez y otros sorprendentes males de los que nos creíamos liberados, muy pocos son los venezolanos que andan con el orgullo en alto.

La política del odio

Ahora que la dolosa Asamblea Nacional Constituyente pretende legislar sobre el odio, convendría que los asambleístas conocieran mejor la lógica de las pasiones.

La epidemia de depresión

La verdad es que el venezolano nunca había sido particularmente dado a la depresión. Por lo menos, en la psicología colectiva. Entre el cheverismo y la gozadera, el depresivo siempre había sido visto como el aguafiestas.