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Lo que Žižek significa para mi generación

Filósofo, sociólogo, crítico cultural, polemista y rockstar: el esloveno Slavoj Žižek está en todo y sus recientes consideraciones sobre la pandemia lo han vuelto a poner en el centro de múltiples discusiones. Aquí van algunas miradas desde la perspectiva millennial

He tenido la mala suerte de leer un artículo de Wolfgang Gil Lugo titulado Slavoj Žižek: coronavirus y profecía filotirana. Si bien sus oraciones buscan poner en duda el entusiasmo del esloveno por un mundo drásticamente distinto después de la pandemia, más que responder al escrito de Žižek sobre el tema, se enfocan en deslegitimarlo al tildarlo de profeta del desastre, de ideólogo contaminador, de estalinista. Como Žižek ha comulgado con la izquierda en sus alocuciones y sus libros, para Gil Lugo el tipo es un comunista, y por ello todas sus propuestas son inválidas de entrada.

Para el profesor de la UCV, queda claro que Žižek es un tipo peligroso y que se debe combatir a costa. Queda claro, también, que sus lecturas sobre el personaje son superficiales o engañosas.
Por ejemplo, Gil Lugo acusa al esloveno de defender descaradamente el modelo chino porque ha dicho que su capitalismo “de valores asiáticos” funciona; ¡pero ha dicho lo mismo de Singapur!

En otra ocasión, lo señala de rescatar la intolerancia para que la discordia reine en la polítitca; más bien, Žižek cree que la tolerancia entendida como corrección política es condescendiente, y que hemos de compartir la intolerancia contra quienes oprimen de modo concreto –contra, digamos, el chavismo en nuestras circunstancias. Ante estos comentarios de Gil Lugo y muchos otros, solo queda responder con dos palabras: ok, boomer.

Al texto del columnista de Prodavinci le falta mucho pensamiento crítico. Pero en vez de enfrascarme en rebatirla punto por punto, creo que vale más la pena rescatar la figura de Slavoj Žižek, sobre todo por su influencia en mi generación.

Muchos de los que hemos crecido a la par del nacimiento y del auge de las redes sociales y los celulares inteligentes, hemos visto en el esloveno una forma de pensar que se adecúa a nuestros tiempos. Por ello, he recopilado testimonios de tres millenials venezolanos para dar fe de lo que significa para nosotros.

Žižek superstar

Gabriel Antillano tiene 27 años y es profesor de Historia del Cine en la Católica. Supo de Žižek en su segundo año en la universidad: una prima le recomendó que viera The Pervert’s Guide to Ideology, documental en el que el pensador revisa filmes reconocidos como Jaws, Titanic y The Dark Night desde las tesis de Hegel, Marx y Lacan.

“Recuerdo haberlo visto fascinado y seguir inmediatamente con el documental anterior de los mismos realizadores: The Pervert’s Guide to Cinema, muy similar pero menos cohesivo, ya que el tema central no era la ideología,” cuenta Gabriel. “Ver más allá de la trama y encontrar ciertos mensajes intrínsecos mediante del estudio de una película desde el psicoanálisis, por ejemplo, no era algo nuevo o innovador, pero por primera vez alguien lo hacía de una forma atractiva, divertida y clara”.

La ideología, aquel tema central, es lo que más ha ocupado a Žižek como objeto de estudio a lo largo de su carrera. Ojo, no me refiero a la ideología como el programa de un partido político. Durante los setenta, profesores como Louis Althusser y Raymond Williams también la definieron como “un sistema de creencias ilusorias –ideas falsas o falsa conciencia– que puede ser contrastado con el conocimiento verdadero o científico” y como “el proceso general de la producción de significados o ideas”.

En sus inicios, el cine y la propaganda tenían una relación muy marcada; pensar que las películas de Hollywood y la publicidad en los canales de TV son mero entretenimiento en un tiempo en que figuras del show business como Ronald Reagan, Arnold Schwarzenegger y Donald Trump han alcanzado cargos políticos importantísimos, es demasiado ingenuo.

En su ya clásico El sublime objeto de la ideología, Žižek escribe que hoy día, “la ideología que prevalece es la del cinismo; la gente ya no cree en la verdad ideológica; no toma las proposiciones ideológicas en serio”. En la Europa Medieval, por citar un caso, las creencias de la Iglesia Católica y la verdad eran inconfundibles: como no existían agentes de información fuera de su estructura, apenas se dudaba de los argumentos del clero que lo colocaban como centro de poder.

Ahora los medios de difusión masiva y las redes sociales contraponen tantas versiones de la realidad que la ideología se transmite de otro modo: sabemos que las noticias están infladas, que los superhéroes son personajes ficticios, y sin embargo, replicamos lo que dicen. “La fórmula del cinismo deja de ser el clásico ‘no lo saben, pero lo están haciendo’ marxista; es ‘saben muy bien lo que están haciendo, y aun así lo están haciendo‘”.

Si no replicamos conductas y valores seriamente a partir del conocimiento oficial, sino irónicamente a partir de las series de Netflix y los videos de música, buscar que la gente piense desde los formatos más tradicionales es un desatino. Ahí Žižek da en el clavo.

Bien lo dice Gabriel: “uno pensaría que después de Umberto Eco el mundo académico dejaría de dividir los productos culturales en alta y baja cultura, pero es un vicio que persiste. Aunque la academia esté cada día más abierta a los análisis de elementos de cultura popular, sigue viéndose con condescendencia en sus esferas más conservadoras. Žižek, en cambio, elaboró una campaña para Abercrombie & Fitch y habla de Hegel con la misma naturalidad con la que habla de Kung Fu Panda. Esto le permite desarrollar ideas de manera accesible y entretenida para un gran público”.

Ah, la incorrección

Patricia González es columnista en The Amaranta, un medio por y para mujeres “irreverentes, desvergonzadas y consideradas”. Tiene 29, cursa la Maestría en Literatura Latinoamericana en la Simón Bolívar, y concuerda con lo que dice Gabriel.

“La relevancia de Žižek creo que viene dada principalmente por esa habilidad que tiene para digerir nociones complejas de la filosofía y el psicoanálisis de un modo que permita a la audiencia comprender la cultura y establecer conexiones con lo actual. Esto es algo que la Academia se ha tardado en hacer; eso de abrir los debates al campo del Internet, circular textos, etcétera, es fundamental para mantener el conocimiento vivo fuera de una élite educada”.

Žižek

“Recuerdo que lo primero que le leí fue un artículo sobre los atentados islámicos contra Charlie Hebdo. Me entusiasmó completamente su postura frente al fundamentalismo islámico. Luego me cautivó un video de él que vi en Big Think”, cuenta Orlando Avendaño, de 25. El video al que se refiere se titula Political Correctness is a More Dangerous Form of Totalitarianism, y a lo largo de sus minutos, Žižek describe la corrección política como un elemento que distancia en vez de acercar al otro, como la censura autoritaria más tradicional.

Orlando es redactor en jefe de PanAm Post, un periódico digital asociado a la derecha en Sudamérica. Sus reportajes van de la mano de comentarios mordaces, no solo hacia los chavistas, sino también hacia los opositores más moderados, usualmente socialdemócratas. Queda claro que se colocan en distintos polos del espectro político, pero se encuentran y se ponen en el mismo lugar contra el totalitarismo, del silencio a la crítica.

Según Žižek, “la fuente del totalitarismo es un vínculo dogmático con la palabra oficial: la falta de risa, de separación irónica. Un compromiso excesivo con el bien puede en sí convertirse en el mayor Mal: el Mal en realidad es cualquier clase de dogmatismo fanático, en especial el que se ejerce en nombre del supremio bien”.

Por ello, Žižek cuelga un cuadro de Stalin en su casa sin pensar que el tipo fue un héroe; para reír, provocar e inducir a la reflexión. Por ello, supongo, Orlando desconfía ante las palabras oficiales y no calla.

Žižek

A Gabriel no le cabe duda que este antagonismo entre Žižek y la corrección política ha sido clave en su popularidad. La exageración como fuente de humor y así, fuente de pensamiento, le parece resaltante: “El objetivo de Žižek es obligarnos a pensar, aún si no coincidimos con la idea que exprese en el momento. Y estas ideas son expresadas casi siempre mediante la hipérbole, el humor o paralelismos con la cultura pop. Decía Peter Sloterdijk, amigo y rival ideológico del esloveno, que la forma de expresión más efectiva en nuestros tiempos es la hipérbole. En internet todos tenemos el mismo grado de exposición. ¿Cómo, entonces, hacer que nuestra voz destaque entre tantas? La exageración es una forma de provocación, de confrontarnos a tomar una postura y argumentarla, defenderla, pensarla”.

¿Camarada Žižek?

El concepto que Žižek ha desarrollado que más llama la atención a Patricia, es lo que sepultan la televisión, las iglesias, los colegios: “Su texto Bienvenidos al desierto de lo real es un trabajo muy importante que ayuda a traer a la contemporaneidad la noción de lo real que explica Lacan, además de vincularla con la cultura y la forma en que podemos revisar a contrapelo las bases de nuestra civilización. Justamente lo que queda al descubierto cuando todo se derrumba es lo que no se puede nombrar, y creo que ese vínculo que Žižek establece entre lo real lacaniano y la caída de las Torres Gemelas es algo que ha resonado en mí, porque se puede proyectar a cualquier evento de impacto mundial como por ejemplo el que vivimos ahora en cuarentena. Quizá ese texto lo que ayuda es a mirar el abismo sin entrar en pánico, porque es algo que está ahí, debajo de todo lo que hemos construido”.

Para eludir a lo real, hemos inventado mantras religiosos, ideales nacionales y películas inspiradoras –hemos inventado la ideología. Y para Žižek, lo real en el presente está profundamente vinculado con el orden capitalista global: ahogados en entretenimiento y desinformación, hacemos caso omiso a los mecanismos opresivos que requieren los campos de poder para mantener su posición económica.

La lectura es evidentemente marxista, y por ello, Žižek se autocalifica de comunista; aunque basta leerlo o escucharlo solo un poco para saber que su definición del término es muy poco ortodoxa.

Inmolarse por las tendencias políticas del pensador no tiene sentido para Patricia: “No me molestan sus creencias políticas porque no hay un plan de acción detrás de eso. El pensamiento marxista es una herramienta y es al final del día el fundamento de toda crítica cultural. Revisar el capitalismo no quiere decir que Žižek esté armando un partido político o lavándonos el cerebro a punta de memes. La crítica a los sistemas es una actividad necesaria para la actualización y la transformación”.

La opinión de Gabriel sobre el tema es muy clara: “La indignación y la rabia no llevan al debate ni a la reflexión. Podemos estar en desacuerdo con Žižek, ¿pero podemos argumentar nuestras diferencias tan bien como él? ¿Hemos pensado lo suficiente nuestra postura al respecto? ¿No debería todo pensador confrontarnos y provocarnos? El filósofo esloveno es peligroso solo para quienes desprecian la libertad de expresión y creen que el pensamiento se limita a bandos y posturas políticas o que el pensamiento es estático. En ese sentido, todos deberíamos ser un poco más peligrosos».

Con estas palabras a la mano, no ha de sorprendernos que cuando Gabriel estudió Comunicación Social, gozó de cierta fama como “el estudiante más peligroso de la UCAB” gracias a la columna que tuvo en El Nacional: su breakout hit, un artículo que señalaba lo banal y lo demagógico de las campañas electorales universitarias, hacía referencia al esloveno.

Žižek no solo está en las páginas, también está en las pantallas que esconden nuestros bolsillos. Habla inglés con un acento denso y echa chistes obscenos en un tiempo en el que todos nos esforzamos por aprender el mismo idioma y nos asustamos por decir lo que pensamos. Es un tipo que, para quienes vamos más al cine que a misa, motiva a que busquemos la sabiduría cuando todo parece banal –motiva a que amemos la sabiduría. No lo podría decir mejor que Orlando: “Žižek es el Michael Jackson de la filosofía en estos tiempos. Un rockstar.”