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Gas Venezolano: Claves para la transición energética y el desarrollo regional

Venezuela se consolida como uno de los países con mayores reservas de gas natural del planeta, concentrando cerca del 80% de las reservas probadas de Latinoamérica. Con 197,1 billones de pies cúbicos, según datos oficiales de PDVSA, el país ocupa el octavo lugar en el ranking mundial. Este vasto potencial convierte al gas en una fuente estratégica para diversificar la matriz energética nacional y contribuir activamente al desarrollo sostenible regional

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Pocos países pueden presumir de estar entre los diez primeros lugares en reservas mundiales tanto de petróleo crudo como de gas natural, y Venezuela es uno de ellos. Este potencial adquiere mayor relevancia en un contexto global donde el gas natural juega un rol protagónico como energía de transición.

Gas natural: Rol clave en la transición energética

A medida que el mundo busca reducir las emisiones de carbono y transitar hacia una matriz energética más limpia, el gas natural se ha consolidado como una fuente intermedia clave. Su capacidad para generar electricidad de forma eficiente y con menores emisiones que otros combustibles fósiles lo convierte en un aliado ideal para acompañar el desarrollo de energías renovables. Además, la demanda de gas natural licuado (GNL) ha crecido significativamente, con mercados en Asia y Europa buscando proveedores estables y seguros.

Venezuela, por su ubicación estratégica en el Caribe, tiene una ventaja logística significativa para atender a estos mercados si logra activar sus capacidades productivas y de infraestructura.

¿Cómo aprovechar el Gas Asociado en Venezuela?

En la mayoría de los yacimientos petroleros venezolanos se produce gas asociado, un subproducto del proceso de extracción de crudo. Lamentablemente, gran parte de este gas es quemado o venteado por falta de infraestructura de captura, tratamiento y distribución. Esto representa una pérdida económica considerable y un impacto ambiental significativo.

Jorge Miroslav Jara Salas, ingeniero peruano con larga trayectoria en la industria petrolera, explica que «de las reservas totales de gas en Venezuela, el 80% está relacionado con el gas que se produce en paralelo al petróleo. Por eso, en la medida que suba o baje la producción del petróleo, la del gas también se ve influenciada».

Jorge Jara

Este gas puede ser aprovechado para generar electricidad, abastecer el consumo doméstico e industrial, y ser procesado como GNL. Según Jara, «a pesar de tener esta abundancia gasífera, es la energía menos aprovechada del país». En el norte del estado Monagas, por ejemplo, se queman diariamente 1.700 millones de pies cúbicos de gas, el doble del consumo diario de Colombia.

Impacto del gas natural: Desarrollo industrial y social

El gas natural tiene un valor estratégico innegable para Venezuela. Su uso eficiente puede generar electricidad confiable y más limpia, reducir la dependencia de combustibles importados, estabilizar el sistema doméstico de distribución y fortalecer la seguridad energética interna. También puede impulsar la creación de polos petroquímicos y de fertilizantes, dinamizando la economía y generando empleo calificado.

En el ámbito social, facilitar el acceso al gas por tubería (metano) puede mejorar la calidad de vida de millones de personas, especialmente en zonas rurales que dependen de la leña u otras fuentes contaminantes. En este sentido, el gas natural es una herramienta poderosa para el desarrollo inclusivo.

Acuerdo Venezuela-Trinidad y Tobago: Cooperación gasífera

En julio de 2024, un paso importante fue la firma de un acuerdo trilateral entre Venezuela, Trinidad y Tobago y la compañía británica BP para explotar conjuntamente el campo de gas Cocuina-Manakin, un yacimiento compartido en el extremo nororiental venezolano. De este campo, el 66% corresponde a Trinidad y Tobago y el 34% a Venezuela.

«Trinidad y Tobago con Venezuela es una suma virtuosa», afirma Jorge Jara. El país insular, aunque con menos reservas, desarrolló una de las infraestructuras de procesamiento de gas más grandes del mundo. Sin embargo, su producción ha caído, operando hoy con capacidad limitada. «Pero no todo es negativo porque ¿quién está frente a esta isla? Venezuela, que tiene la materia prima, la molécula», comenta el especialista.

Este acuerdo es un ejemplo de cómo las alianzas internacionales, basadas en la complementariedad, pueden abrir caminos para una explotación racional y sustentable del gas.

GNL y petroquímica: Oportunidades del gas venezolano

«El Gas Natural Licuado (GNL) es una de las formas más rentables de exportar gas a largas distancias. Consiste en enfriar el gas a -160 °C para convertirlo en líquido, reducir su volumen y facilitar su transporte en buques metaneros», explica el ingeniero Jara. Venezuela, con sus vastas reservas y su cercanía a los principales mercados, tiene condiciones óptimas para convertirse en un proveedor clave de GNL.

Además, el gas puede ser la base para desarrollar industrias derivadas como la petroquímica, la producción de fertilizantes y plásticos, lo cual aportaría valor agregado, empleo y tecnología al país.

Futuro del gas en Venezuela: Inversión y crecimiento

En 2011, la Asociación Iberoamericana de Entidades Reguladoras de Energía (ARIAE) ya destacaba el potencial gasífero de Venezuela. Una década después, se han retomado estudios geológicos en el mar Caribe y se espera que las reservas se incrementen significativamente. Actualmente, el país ocupa el octavo lugar mundial en reservas probadas y el vigesimosexto en producción, pero podría escalar posiciones si se concretan inversiones e integraciones estratégicas.

La alianza con Trinidad y Tobago y el interés de compañías internacionales marcan el inicio de una nueva etapa. «Así como hay yacimientos que son compartidos por ambas naciones, será este camino el que marque el inicio para que Venezuela finalmente pueda cambiar su historia energética del gas y potenciar este recurso», concluye Jorge Jara.

El gas venezolano está llamado a ser mucho más que un recurso no aprovechado: es una puerta abierta al desarrollo, la cooperación y la transición hacia un futuro energético más limpio y sostenible.

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