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Frank Feltscher, a la inversa

Sí, sus primeros pasos con un balón en los pies los dio en Venezuela. Cuando aún el fútbol colegial dominaba la escena formativa en Caracas Frank Feltscher se dejaba ver con su muy peculiar familia en los campos de la Capital.

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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO

Pequeñito, como advirtiendo el éxodo masivo de estos días, su vida fue a dar a la tan plural Suiza.
Poco o nada sabíamos de él cuando César Farías decidió, acertadamente, contar con los oriundos para la Selección Nacional. Frank y su hermano Rolf serían los más exóticos de los llamados y sus apariencias advertían que estábamos ante unos «venezolanos» bastante particulares.
La selección suiza juvenil lo mostró a Europa y en el Grasshoopers de aquel país daba muestras de ser un jugador interesante y con proyección. En ese mismo momento fue captado por Farías y, de a poco, se fue ganando una y otra convocatoria. Rápido, voluntarioso, escurridizo y con desparpajo, su fútbol europeizado chocó con la realidad de Sudamérica y, más allá de aquel gol del empate ante Colombia en Barranquilla por las eliminatorias al Mundial de Brasil, su paso por la Vinotinto dejó algunas deudas que hoy sigue diciendo, quiere saldar.
El fútbol poco notorio de Chipre y Hungría, con sus características y similitudes al latino, fueron sus destinos recientes, pero él tenía un deseo muy singular: jugar en su natal Venezuela. Mientras los jugadores criollos escapan en bandada de la crisis económica y social que sepulta las esperanzas de progreso, muchos de ellos aceptando ofertas pírricas, Feltscher encontró en Zulia la oportunidad de hacer visible nuevamente su complicado apellido.
Para muchos podrá ser un paso atrás en su carrera o la única opción para continuar en un fútbol de Primera División pero cuando lo escuchas hablar sobre esta experiencia con tanta ilusión, como la de un debutante en el profesional, entiendes que realmente Frank tenía en mente venir a este tan golpeado campeonato para vivir algo nuevo que le levantaba una pasión inusitada. Convencer a su esposa, una venezolana radicada en Londres, de venir al país a trabajar, parecía un reto más difícil que poder adaptarse al balompié local. Y lo logró.
¿Una locura? Sí, es una locura. Dejar los inviernos europeos para radicarse en el infierno zuliano, aventurarse a librar la batalla diaria por obtener artículos de primera necesidad y alimentos básicos, escaparle a la inseguridad e intentar jugar en un terreno tan deplorable como el del Brígido Iriarte, son las afrentas que ha decidido encarar y parece que no le han impedido adaptarse rápidamente: tres goles en siete fechas y titular con Carlos Maldonado.
Decidí dedicarle estas líneas porque lejos de quejarse, incomodarse o manifestar alguna preocupación por este «riesgo» que asumió en su carrera, Frank Feltscher está viviendo este momento con tanto valor profesional que está haciendo de él una de las figuras del Torneo Apertura.

Con tan pocos jugadores que realmente destaquen en un campeonato que ha sufrido la espantada de los más valiosos, el suizo-venezolano corre cada balón como si fuera el último y se aprecia a leguas que está disfrutando enormemente este reto. Contra Atlético Venezuela el domingo pasado, marcó un gol de “nueve”, a pesar que su posición en la cancha es de extremo por la izquierda. En el tierrero que se ha convertido el humillante campo de El Paraíso, se batió en un fratricida duelo con Francisco Parra en una de las bandas y destacó por su capacidad de desmarque y de aportar en el armado del fútbol ofensivo del elenco zuliano.
Y lo mejor: lo está viviendo con mucha alegría. Más allá que usted pueda creer que es fácil subsistir en Venezuela para alguien cuyos ingresos son en divisa extranjera, hay que tener el guáramo para nunca haber hecho vida laboral en un país como el que actualmente tenemos y disfrutarlo. Lo vive con alegría, sus palabras con la prensa son siempre agradables y su personalidad dicharachera y nada tímida ha contagiado a todo el plantel.
Es un caso aparte. No es un foráneo que llega al país a reforzar un equipo porque le van a pagar bien y ya. Viene por un sueño individual y entre sus tatuajes y apariencia de D’Artagnan cantonés, deja ver que realmente lo está disfrutando.
¿Quién se anima a criticar a alguien que lo está viviendo todo a la inversa y le está yendo bien?]]>

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