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¿Por qué la NASA tardó más de 50 años en volver a enviar astronautas a la Luna?

Se combinan razones geopolíticas con presupuestarias en las decisiones de Washington de abandonar los planes de explorar directamente la Luna, una gran ambición en tiempos de la Guerra Fría. Pero la entrada de China en la carrera espacial cambió el escenario

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La cápsula Orión de la Misión Artemis II completó su histórico vuelo tripulado alrededor de la Luna este 6 de abril y anunció su regreso a la Tierra, más de medio siglo después de que el Apolo 17 volviera a casa el 11 de diciembre de 1972. Doce astronautas estadounidenses pisaron la superficie lunar entre 1969 y 1972, pero desde entonces, ninguna nave tripulada había vuelto. ¿Por qué se suspendieron durante décadas estos vuelos?

La respuesta parece combinar factores políticos, económicos, técnicos y estratégicos que reconfiguraron por completo las prioridades de la exploración espacial estadounidense.

El programa Apolo nació como un acto de geopolítica. En 1961, el presidente John F. Kennedy prometió ante el Congreso que Estados Unidos pondría un hombre en la Luna antes de que terminara la década. El objetivo no era solo científico: se planteaba demostrar superioridad tecnológica frente a la Unión Soviética, que había puesto en órbita a Yuri Gagarin meses antes.

No puede perderse de vista que la carrera espacial entre Washington y Moscú fue una suerte de consecuencia de la Guerra Fría. El pico de financiación llegó en 1966, cuando la NASA recibió el 4,4% del presupuesto federal estadounidense. Esa inversión masiva permitió seis alunizajes tripulados y la recolección de muestras lunares que aún son estudiados en la actualidad.

El accidente de Apolo 13 en 1970, que estuvo a punto de costar la vida a tres astronautas y que fue revivido en el cine con un filme que protagonizó Tom Hanks, recordó los riesgos reales de las misiones tripuladas. A eso se sumó el tema presupuestario. La Guerra de Vietnam, que demandó por años crecientes recursos, llevó a que en septiembre de 1970 la NASA cancelara dos vuelos.

De forma simultánea, ya desde mediados de los 1970, la extinta Unión Soviética entró en una fase crítica con problemas económicos serios, propios del modelo estatista, con lo cual Moscú ralentizó su programa espacial debido a limitaciones financieras.

En el contexto de esta coincidencia de factores, con una Guerra Fría que ya no era tan atemorizante, la NASA centró sus esfuerzos en la órbita terrestre baja. Se pasó a construir la Estación Espacial Internacional (ISS) en colaboración con Europa, Japón y Canadá. Se trataba de un modelo de cooperación internacional que contrastaba con la rivalidad de los años 60.

Como explicó el administrador de la NASA Jared Isaacman en unas declaraciones reseñadas por la agencia Reuters la semana pasada: “en ausencia de competencia, la NASA se centró mucho en las asociaciones”. Sin un rival que presionara, el retorno a la Luna dejó de ser urgente. Las misiones no tripuladas siguieron: más de 50 sondas lunares de distintos países exploraron el satélite, pero sin humanos a bordo.

Para decirlo llanamente: las sondas resultaban más baratas, menos arriesgadas y técnicamente suficientes para la mayoría de los objetivos científicos de explorar la Luna.

A eso se suman las complejidades técnicas que hacen más difícil repetir el Apolo hoy. Un análisis publicado por El País en enero de 2024 explica que las misiones actuales no siguen la ruta directa de los Saturn V. Los cohetes modernos, menos potentes, utilizan trayectorias de baja energía que aprovechan las interacciones gravitatorias de la Tierra, la Luna y el Sol.

A esto se suma que, en la última década, numerosos aterrizajes privados y estatales han fracasado por errores de software, válvulas o sensores. Estos problemas retrasaron el programa Artemis, que la NASA tuvo que posponer en varias ocasiones.

El renacimiento llegó en 2017-2018, durante la primera administración de Donald Trump. La NASA recibió la orden de volver a priorizar la Luna como paso intermedio hacia Marte. El programa Artemis se lanzó formalmente en 2019 con un calendario ambicioso: aterrizaje tripulado en 2024. Incluía la participación de empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, un enfoque novedoso para reducir costes y acelerar el desarrollo.

Sin embargo, los retrasos se acumularon por problemas técnicos, sobrecostes y la pandemia de COVID-19. La derrota electoral de Trump ante Joe Biden también golpeó los planes que estaban muy asociados a la figura del republicano.

El costo estimado del programa Artemis hasta 2025 superaba los 93.000 millones de dólares, según Reuters. La misión Artemis II, que finalmente despegó en abril de 2026, se convirtió en el primer vuelo tripulado lunar en más de medio siglo, pero aún sin alunizaje, que se prevé para Artemis III o IV, entre 2027 y 2028.

¿Qué ha cambiado ahora? La competencia ha regresado. China planea enviar astronautas a la Luna en 2030. La NASA, consciente de que la carrera ya no es contra Moscú sino contra Beijing, pisa con fuerza el acelerador. Como señaló el exadministrador Bill Nelson, el objetivo es llegar “bien antes” de la fecha china a la Luna, dejando en claro que la geopolítica tiene un peso determinante en la carrera espacial.

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