Migración

"Caribeños", una mirada íntima a la migración caribeña en Chile

"Caribeños" es un trabajo fotográfico que busca cambiar la narrativa sobre la migración caribeña en Chile. Cada imagen es un acercamiento a las dinámicas culturales y familiares de quienes decidieron contar su historia | Por Pierina Sora (@pierast), periodista que trabaja en temas de migración

Publicidad

En un lunes del mes de febrero, me encuentro con Dagne a través de Zoom para nuestra entrevista.

En medio del verano, compartimos más que una conversación sobre periodismo; la preocupación por la migración y los desafíos que enfrentan aquellos que buscan la integración lejos de su país de origen.

Aunque Dagne reside en Chile y yo en Perú, nos une un sentimiento compartido de rechazo hacia la situación que enfrentan los migrantes venezolanos. En un continente donde la migración de nuestra nacionalidad se ha convertido en un tema clave, es inevitable no verse impactado por las narrativas e instrumentalización de esta comunidad como chivo expiatorio ante los problemas sociales de los países de acogida.

Según cifras de la plataforma Plataforma Regional de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) 7,722,579 personas habían abandonado Venezuela, de las cuales casi el 85 % está en países de América Latina y el Caribe.

Seguimos escuchando y leyendo que los migrantes son los culpables de las tragedias: crisis de inseguridad, falta de empleos, colapso en los sistemas de salud, y otros más. 

Bajo este contexto, Dagne nos introduce a Caribeños, un proyecto que surgió de su deseo de humanizar las historias que hay detrás de las experiencias de vida de los migrantes del Caribe, como respuesta a la deshumanización producto del racismo y la xenofobia. 

Para comprender un poco más a Caribeños, hablamos con Dagne Cobo Buschbeck (1988), periodista de formación que comenzó como fotoperiodista en Venezuela.

Con una pasión arraigada por el periodismo y la fotografía desde una edad temprana, Dagne colaboró para diversos medios de comunicación en Venezuela, como fue el caso de Meridiano (periódico especializado en deportes) en el que se destacó en esta fuente. Sin embargo, allí se dio cuenta que siempre veía las dos caras de la moneda: el ganador y el perdedor. Entonces, buscó otras formas de retratar lo que estaba pasando en el país en otros medios como El Universal.

Posterior a esto, se aventuró en el mundo digital y trabajó para medios nativos digitales como Contrapunto y El Estímulo. Estos espacios le brindaron la oportunidad de cubrir una variedad de fuentes y de adentrarse en la fotografía documental para capturar la compleja situación que atravesaba el país: desde la escasez de alimentos hasta la desnutrición infantil y las protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

En 2017, eligió dejar Venezuela y mudarse a Chile. Desde entonces, la migración ha sido uno de los temas que ha influido en sus convicciones y enfoques periodísticos, al igual que la perspectiva de género y salud.

Y así, en medio de la incertidumbre que acompaña la migración, Dagne ha sostenido dos pilares fundamentales en su camino: el periodismo y la fotografía.

Convertida en madre, considera fundamental preservar el legado visual de su núcleo para que su hijo, nacido en Chile, pueda en algún momento recorrer su historia; quiénes fueron sus ancestros y comprender la historia de sus padres migrantes.

Martina Joseph, haitiana en Chile, posa para un retrato de su pendiente con la forma del mapa de su país. Foto: Dagne Cobo Buschbeck.

En este primer capítulo, Dagne compartió las historias de Makanaky, Mimy, Martina y Wiki, junto con la suya propia. Todos ellos son migrantes del Caribe en Chile, y a través de sus relatos, comprendió las complejidades de la experiencia migratoria y la importancia de la narrativa visual en la construcción de identidades.

“Me llené de indignación y luego de orgullo”

Así lo vivió Dagne cuando se dio cuenta de que la palabra caribeños comenzó a resonar entre los lugareños de Santiago de Chile.

Todo empezó por la aplicación llamada Sosafe y que es utilizada para casos de emergencia en donde cualquier ciudadano puede reportar cotidianidades de una zona, es decir, funciona para reportes de algún semáforo que esté dañado, negocios ambulantes y algún otro tipo de irregularidad. En dicha aplicación responde la Municipalidad.

—Yo empecé a hacerle print de pantalla a los comentarios tipo “monozolanos”, “los caribeños”. No sabía que esos pantallazos iban a llevar a algo más que guardar el registro frente a la duda de que estas cosas pasen.

—¿Esto es real,hay gente diciendo “caribeños” para insultarnos?”, se preguntó Dagne una noche mientras seguía viendo los adjetivos peyorativos para referirse a los migrantes.

“Tú sabes lo sabroso que es ser del Caribe”.

Furiosa y con ganas de hacer algo, compartió la situación con su mamá y esposo en casa.

Un día, mientras estaba en una cafetería, vio por Instagram una convocatoria de Laboratorio Matraz, un espacio de trabajo artístico y experimental que vehiculiza contenidos alusivos al territorio y la sociedad a través de diversos formatos.

Decidió postular. Pasó por una entrevista y, unos días después, recibió la noticia: sería una de las participantes en el proyecto Archivos, saberes y habitar: manifiestos creativos de mujeres migrantes en Santiago.

Makanaky junto a Natalia, su compañera, y Kinam, el hijo de ambos, se preparan para el desayuno en su casa. Foto: Dagne Cobo Buschbeck.

Aunque Dagne no tenía claro el rumbo que tomaría su propuesta, tenía una certeza: quería mostrar algo de la experiencia caribeña desde la diáspora y resignificar esta palabra, más allá de lo que se estaba diciendo en los espacios digitales como un insulto.

—Esto surgió como una idea del estómago, desde la indignación, pero también desde el orgullo, nació como algo de mí para mí. no puede venir nadie a decirme que me va a insultar por “caribeña”, porque para mí eso es alegría y felicidad.

Me vuelve a decir entre risas, pero con molestia.

—¿La xenofobia en las redes sociales y fuera de ellas son iguales?

—Yo no creo que sea así, creo que en redes está la posibilidad del anonimato y con ello el espacio para que las personas saquen de su ser todo lo que quieren sin filtro. No lo veo tan así en la calle, pero siento que también es porque precisamente no está el anonimato que permite lo digital. Si le gritas a alguien algo, te expones a que esa persona te responda a tu cara, viéndote a los ojos, en cambio en redes no es así. Cada vez vivimos más episodios de xenofobia y racismo en la calle, en la cotidianidad, paseando al perro, en el parque con mi hijo. Esas acciones micro del día a día que se quedan contigo.

En Chile viven casi millón y medio de migrantes, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) para diciembre de 2021. 

Aunque las personas venezolanas dejan su país de origen en búsqueda de una mejor calidad de vida, se enfrentan a diferentes desafíos en el país de acogida, no solo al poco acceso a los servicios básicos, también a la xenofobia, racismo y clasismo, haciendo que no se logre una integración exitosa entre comunidades locales y extranjeras.

Chile fue uno de los países que tuvo más mensajes con contenido xenófobo, siendo uno con el porcentaje más alto de conversación xenófoba de la región, según el informe del Laboratorio de Percepción Ciudadana y Migración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

—¿Qué querías reflejar en Caribeños?

—La dignidad de nuestros cuerpos y nuestras historias. Hay algo que pasa con la narrativa alrededor de la migración venezolana, sobre todo de los últimos años, se nos deshumaniza profundamente: nos reducen a una cifra, un adjetivo, cuando somos personas, un grupo heterogéneo de gente. Por eso, para mí era fundamental fotografiar desde el profundo respeto, la compasión y la empatía.

En Caribeños los aspectos técnicos fotográficos fueron tan importantes como conocer las historias en profundidad, sin sensacionalismos ni victimización. Así también asumí mi propia historia que es parte de este capítulo, con curiosidad y ternura, con respeto para fotografiar a los demás como a mí me gustaría que me fotografiaran.

Martina baila junta a sus amigas en una fiesta con temática afro en el barrio Yungay de Santiago, Chile. Foto: Dagne Cobo Buschbeck.

Entonces, ¿qué es el Caribe para ti?

—Más allá de las nacionalidades, el Caribe somos un grupo de naciones, un montón de territorios que en sí mismo somos muy heterogéneos.Hay mucha diversidad, no solamente en nuestra fisionomía, en nuestros cuerpos, también en los territorios que habitamos. Por eso, en este primer capítulo que se enmarca en Chile, intento abrir mi propio imaginario con las historias que lo componen.

¿Por qué estos personajes?

—Cada historia retrata algo del Caribe.

Makanaky es un poeta y artista Slam haitiano, llegó a Chile sin hablar español y a los dos años ya había publicado su primer libro de poesía. Tiene el mismo tiempo que yo en Chile, casi siete años, y su historia es un ejemplo claro de cómo la migración atraviesa la región: tiene veintitantos años sin ver a su mamá, quien también pero a República Dominicana para proveerles a él y a sus hermanos. Makanaky tiene unas hermanas de 22 años que no conoce.

Su historia es la historia de la resiliencia caribeña, no de la que conocemos en este contexto de la migración de los últimos años, sino de nuestra historia como territorio amplio.

El Caribe ha sido un territorio migrante: gente que llegó, que trajeron, que desterraron, gente que se fue, que volvió, que se movió dentro de la misma región, de República Dominicana a Venezuela, como mi abuela, o de Haití a Chile, como Makanaky.

Con Martina, Wiki y Mimy me encontré con la sororidad y los hilos que cruzan la región para unirnos como caribeños.

Mimy es cubana y antes de llegar a Chile pasó por tres o cuatro países, con una historia familiar bien compleja que la llevó a ser tutora legal de sus dos hermanitos. Su historia no es solo sobre la migración como mujer afrocaribeña, sino también sobre lo compleja que puede ser la experiencia de nuestras infancias en tránsito, sobre todo de niñas.

Autorretrato de Dagne Cobo Buschbeck del tatuaje con el rostro de su abuela Josefa, mujer negra que migró de República Dominicana a Venezuela hace décadas.

Wiki es venezolana y artista visual desarrollada acá en Chile. Su obra pone foco en el hogar, el movimiento, la migración y la capacidad de agencia que tenemos los migrantes.

Martina es haitiana, con una historia de desarraigo durísima por vivir en República Dominicana. En Chile ha abrazado su herencia afro trabajando el trenzado.

Las tres se conocieron por amigos en común con los que la amistad tiene un hilo conductor irreductible: hablar los mismos términos, entender las referencias del otro, vivir la cotidianidad desde el imaginario Caribe..

Ser parte de Caribeños como una de las historias no estaba en mis planes, pero entendí que le daba pertinencia a mi propia voz, como alguien que puede hablar de esto porque lo vive. Pero no fue sencillo, fue duro emocionalmente darme cuenta que había que ir profundo a mi historia.

Video retrato en dípticos con fotos de los objetos que cada uno trajo a Chile en su viaje de migración. Makanaky posa en el patio de su casa, bajo un árbol de molle. En la fotografía están su partida de nacimiento y su pasaporte haitiano. Martina, Wiki y Mimy posan juntas, en una tarde de invierno en la casa de Mimy en Santiago, a la derecha un asador de pan cubano, un labial que le regaló a Martina su mejor amiga en República Dominicana, y un álbum que la familia de Wiki le hizo como recuerdo de toda su travesía. Al final, en un video autorretrato de espaldas a una playa del Pacífico, algunos de los recuerdo de mi abuela que traje conmigo cuando migré.

—¿Podrías compartir un poco más sobre esto?

—La parte de mi historia que muestro en Caribeños es también la historia de mi abuela paterna, Josefa Mercedes, dominicana que migró a Venezuela cuando tenía 20 años más o menos. Mi abuela contó poco de su historia de migración, pero yo tengo una conexión muy especial con ella. Murió cuando yo tenía unos siete u ocho años, desde entonces la he sentido muy cerca. Soy la nieta que más se parece físicamente a mi abuela y es como una presencia que está conmigo.

Recuerdo que cuando empecé a hacer Caribeños, un día que me fui a un café cerca de mi casa, me llevé todas las cosas de mi abuela (fotos, cartas, anteojos, y un anillo), las puse sobre la mesa y comencé a llorar. Vi todos esos recuerdos de ella y sentí que la conexión más grande que tengo con el Caribe es mi abuela.

Si bien yo soy de La Guaira y siento al mar en todo mi ser, cuando pienso en el Caribe, además de sentir la brisa del patio de mi casa y el olor a salitre, lo que veo es la corporalidad de mi abuela, me enternece su amor, el cariño, la candidez y fortaleza que tuvo.

Ahí entendí que yo también era parte de esto, que no podía contarlo desde afuera como una observadora.

Miguel, esposo de la autora, y Merú, el hijo de ambos, juegan en su habitación durante una tarde de primavera en Santiago. Foto: Dagne Cobo Buschbeck.

—¿Cuál es el próximo capítulo de Caribeños?

—Esa es una buena pregunta. Quisiera ir este año a Venezuela a fotografiar el Caribe venezolano con esta visión, no con una visión como externa, que creo paradójicamente es la que tuve antes de migrar, poniéndome un traje de fotógrafa casi como una extraña a mi propia realidad.

Ahora quiero ir a mi casa en La Guaira, fotografiar mi casa desde esta vulnerabilidad, que me ha permitido abrirme y ver al Caribe desde este nuevo lugar de orgullo y reconocimiento, considerando toda la historia racista y de negación de la herencia afro que hay en Venezuela, donde se afianzan los estigmas hacia las personas negras.

Las personas afrocaribeñas son mucho más que eso y los caribeños somos mucho más que afro caribeños. Esta es otra cosa que para mí es súper importante,retratar la diversidad de nuestros cuerpos y de cómo también una persona blanca, alguien que no es afro, es parte de este Caribe amplio y diverso que somos.

Me encantaría no solo cruzar la cordillera, sino buscar en el mundo cómo se vive ser caribeño en otros territorios, incluso en el mismo Caribe, así como en esos lugares que geográfica y culturalmente son muy diferentes a nosotros.

Por Pierina Sora, @pierast, periodista que trabaja en temas de migración


Publicidad
Publicidad