Yaidy Garnica, migrante venezolana en Chile, fue asesinada el pasado domingo 15 de junio mientras celebraba el Día del Padre en su casa, ubicada en Cerro Navia, una comuna de la capital chilena.
Garnica tenía 43 años y dos hijas, quienes vieron el momento en que su madre recibió el balazo. Del suceso, hay registro: unas cámaras de seguridad grabaron el momento en que de los gritos pasaron a los golpes, y luego cuando uno de los hombres sacó una escopeta y disparó.
La mujer fue trasladada al Hospital Félix Bulnes, donde falleció como consecuencia del disparo. Medios de Chile indicaron que la familia de Garnica denunció que sus agresores pincharon los cauchos del vehículo, lo cual retrasó el traslado.
El asesino de Garnica se entregó una hora después en la Subcomisaría de Talagante, donde se presentó con el arma.
El pasado lunes 16 de junio, el hombre fue procesado por homicidio y dictaron prisión preventiva. La identidad del victimario está en resguardo aún.
Según Carabineros, Yaidy Garnica registraba antecedentes por delitos de amenazas, pero ninguno estaba vigente al momento del hecho.
Personas que vieron la situación indicaron que uno de los implicados en la golpiza dijo: «Van a ver lo que es un hombre fuerte». Otro de los comentarios fue: «¡Vayan a escuchar música a su país, venezolanas c*lias!».
El Ministerio Público delegó el caso a la Brigada de Homicidios Centro Norte de la Policía de Investigaciones (PDI).
La muerte de Yaidy Garnica ha generado indignación en la comunidad migrante. Organizaciones defensoras de derechos humanos y migratorios han denunciado que el caso se trata de un crimen de odio y que muestra la xenofobia que muchos venezolanos viven en Chile.
Braulio Jatar, un abogado con nacionalidad chilena-venezolana, condenó el hecho: «Un crimen de odio sin sentido, alimentado por quienes promueven la violencia como forma de resolver sus diferencias». Este defensor expresó que la situación es grave, pues muchos medios chilenos han hecho una cobertura sesgada y que revictimiza a Garnica.