Yanny Esther González Terán es presidenta del Colegio de Profesionales de la Enfermería del estado Barinas. Al asumir la defensa de los derechos de los trabajadores de la salud, enfrentó la cárcel; una dura prueba que, lejos de doblegarla, selló su nombre como símbolo de resistencia y dignidad sindical. Con esta entrevista hecha por Briceida Morales Alburjas continúa la serie "Voces femeninas: ideas y acciones que rediseñan el rumbo de Venezuela" del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela y la Red de Mujeres Constructoras de Paz
Su trayectoria refleja la evolución de una joven criada con valores de servicio, de respeto al libre pensamiento y de una profunda espiritualidad cristiana, convertida en una de las figuras gremiales más resilientes frente a la persecución y la crisis institucional en Venezuela.
Nacida en el municipio Obispos del estado Barinas, en el suroccidente de Venezuela, Yanny Esther González creció en un mundo de adultos bajo el cuidado de sus abuelos paternos y, más tarde, de sus tías. Este entorno familiar moldeó su carácter, dotándola de una madurez excepcional desde temprana edad.
Heredó su segundo nombre de su bisabuela y de su tía, María Esther González. Con ese nombre recibió también el legado de la Ester bíblica, asumiendo, tal como narran las Sagradas Escrituras, su misma fe y el valor para defender a los suyos.
Las enseñanzas de las mujeres, modelos para su vida, la sostuvieron como una red de seguridad emocional dispuesta a no dejarla caer jamás. Sus ejemplos, sus palabras y cuidados excepcionales le han permitido sobrellevar duras pruebas como madre, como lideresa gremial y hasta la prisión.
En plena bonanza petrolera de los años 70 en Venezuela, Yanny se enfrentó a la decisión de elegir su camino profesional. Sus duras vivencias moldearon una profunda empatía y sensibilidad, forjando el carácter de una mujer que hoy inspira una solidaridad natural. Para ella, la enfermería nunca fue un sacrificio, sino un desafío que asumió con convicción, y que se duplicó al convertirse en madre a muy temprana edad.
Equilibrar su vida personal y profesional ha sido cuesta arriba. “¡No la he equilibrado!” confiesa entre risas, haciendo eco de la queja constante de sus cuatro hijos: dos hembras y dos varones.
“Mis hijos son las personas que han sufrido directamente… y, en mi caso, he sacrificado tiempo en familia e incluso proyectos personales. Sin embargo, esto no es un tema de arrepentimiento ni de queja”.
Las mujeres en Venezuela han aprendido a transformar la crisis en propuesta y el dolor en acción, considera Yanny.
Liderazgo a pulso y camión
En 2020, durante la fase más crítica de la pandemia de COVID-19, Yanny asumió la conducción del gremio de profesionales de la enfermería de su estado natal para denunciar con firmeza el colapso del sistema hospitalario. Desde entonces, su liderazgo ha sido clave para mantener a la institución a la vanguardia, consolidándose como una de las voces más sólidas e influyentes en la defensa del personal sanitario.
Esta conversación inició originalmente en el mes de mayo. Sin embargo, tras la emergencia por los terremotos que sacudieron al país semanas después, volvimos a consultar a Yanny para conocer de primera mano la labor que se estaba desplegando desde el gremio.
Justo cuando parecía que la pandemia había sido la prueba definitiva para su gestión y su vocación, una nueva crisis exigió la máxima capacidad de organización, determinación y humanismo de la lideresa.
Dos días después del doblete sísmico que impactó el norte de Venezuela el pasado 24 de junio, se unió a otras organizaciones de la sociedad civil barinesa para trabajar en la logística y atención de los afectados. Estas tareas han sido orientadas por Cáritas Barinas para garantizar una correcta gestión de la ayuda humanitaria.
“Hoy el país nos ha unido más que nunca luego de los dos fuertes terremotos que impactaron y han puesto a prueba, una vez más, la fortaleza del venezolano. El gremio de la salud tiene un papel crucial en este momento”, dice.
–Tras los recientes terremotos, ¿cómo están cambiando —y de qué manera crees que se transformarán— las necesidades y prioridades de las mujeres en tu comunidad o en el sector que lideras?
-El doble terremoto ha obligado a redefinir el rol de la mujer en la salud pública, pasando del cuidado tradicional a liderar la supervivencia y reconstrucción comunitaria.
Desde mi posición gremial, el sector enfrenta una «doble emergencia»: se debe sostener la atención de salud mientras se lidia con la crisis psicológica y de género que impacta desproporcionadamente a nuestras colegas. Las prioridades en la comunidad y en el sector de enfermería en Barinas están cambiando.
Por ejemplo, la atención psicosocial prioritaria, debido al impacto emocional y el trauma post-desastre que exigen un enfoque en salud mental. Las enfermeras no solo atienden a heridos, sino que son madres y jefas de hogar, por lo que los programas del colegio están incluyendo apoyo psicológico y resiliencia para nuestro propio gremio.
Tras los sismos, el hacinamiento y la destrucción hospitalaria han dejado a miles de mujeres gestantes y lactantes en situación de extrema vulnerabilidad. Como institución gremial, exigimos la dotación prioritaria de espacios seguros y material obstétrico para proteger a esta población.
En este momento es vital capacitar activamente a las mujeres de la comunidad en primeros auxilios, triaje rápido y gestión de riesgos. Ellas son las primeras en responder en sus entornos locales mientras llega la ayuda institucional.
El Colegio de Enfermería de Barinas alza la voz para que, en las políticas de reconstrucción y ayuda humanitaria, se considere la vulnerabilidad diferenciada que sufren las mujeres, y se garanticen condiciones laborales dignas para un sector conformado mayoritariamente por ellas.
–En el contexto post sismos, ¿qué acciones concretas considera que debe implementar la dirigencia política que aspira a una transición para garantizar que la reconstrucción y la respuesta humanitaria incorporen la perspectiva de género y fortalezcan el liderazgo de las mujeres?
-En el área de participación y gobernanza, las mujeres deben estar presentes en el diseño y ejecución de los comités de gestión de crisis.
Asegurar que la distribución de la ayuda incluya insumos básicos de acuerdo con el enfoque de género en la gestión integral del riesgo de desastres, para cubrir la salud sexual, reproductiva y la gestión menstrual.
Luego, la inestabilidad posterior a un desastre incrementa los índices de violencia y abuso.
El liderazgo debe establecer protocolos de protección civil. Los organismos internacionales piden incorporar perspectiva de género en la respuesta a los terremotos en Venezuela.
En el área de financiación y apoyo económico directo se debe reconocer el rol de las mujeres como primeras en la gestión de respuestas. Desde el Estado, destinar recursos financieros, fondos de recuperación y créditos específicamente dirigidos a emprendedoras y jefas de hogar, que permitan la reactivación local.
–¿Cómo describiría el contexto venezolano actual y qué impactos concretos tiene en las mujeres con las que trabaja o a las que representa?
-Hay mucha incertidumbre con respecto a la manera de resolver el tema político. Obviamente, es un tema complejo porque no hay claridad, pero sí hay una línea de acción clara de los ciudadanos. Las mujeres, hoy por hoy, estamos claras del papel predominante que podemos tener como madres, profesionales, en la política y en la sociedad, en general.
–¿Qué ha cambiado en Venezuela después del 3 de enero de 2026 y qué considera que sigue igual?
-Después del 3 de enero ha habido una forma prudente del ciudadano de ir aumentando su voz para reclamar sus derechos de manera progresiva, y obviamente, el liderazgo se ha venido afianzando en el país, a lo interno y en lo externo.
Hay una gran integración en temas que nos unen, como el tema eléctrico.
–¿Qué significa para usted el liderazgo femenino hoy en Venezuela?
-El liderazgo femenino ha tomado un auge impresionante porque hay una identificación con una persona que representa ese liderazgo y que ha recibido total respaldo de las mujeres. Las mujeres hemos ocupado espacios y vamos a seguir ocupándolos con participación activa en diversos roles, en gremios, en sindicatos, en la política. Las mujeres nos hemos venido capacitando de manera progresiva para ocupar esos espacios que hemos ganado a pulso y dedicación.
–¿Cuáles considera que son los principales obstáculos y techos de cristal que existen en Venezuela para que más mujeres accedan a espacios de decisión?
-Básicamente, es la competencia entre sí. Sin embargo, hay un aspecto que se debe tomar en cuenta y es el reconocimiento a las capacidades, al trabajo y a la experiencia de ciertos personajes femeninos que promueven la participación de la mujer. Es reconocer e impulsar a quienes tienen las capacidades para estar en cargos de representación.
Obstáculos siempre han existido y existirán; por ejemplo, existe la competencia desleal. En el tema político, los principales obstáculos aparecen cuando se nos pretende minimizar frente a la altura de cualquier hombre —en el aspecto político, en el rol gremial, gerencial—. Todavía estamos lidiando con el tema de la paridad: las mujeres seguimos abriéndonos espacios, luchando contra la descalificación de vernos como el sexo débil.
Yo creo que en los desafíos es donde se fortalece el carácter. En mi caso particular, puedo decir que cada vez que enfrento un obstáculo, me preparo para superarlo. -Briceida Morales Alburjas
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