Mundial

Nelson González, el hombre que lleva llenando álbumes de Panini desde el Mundial del 74

El señor Nelson tiene una colección de álbumes que comenzó como un simple hobby personal, pero que ahora comparte con quienes lo hacen más feliz: su familia. Convirtiendo un pasatiempo en una tradición familiar

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Coleccionar álbumes no es solo un pasatiempo para el señor Nelson González, sino una tradición familiar. Cada año, colecciona álbumes de todo tipo: de fútbol, béisbol y hasta de muñecos. Una afición que viene desde muy pequeño. Comenzó con álbumes de béisbol —el deporte que practicaba— y fue cambiando a otros deportes, construyendo una colección que, a estas alturas, vale oro.

«Yo recuerdo que mi primera barajita fue de béisbol, de las Grandes Ligas, era de cartón y venía con un chicle», dice Nelson sentado frente a sus álbumes de fútbol, que colecciona desde el primero de Panini.

De niño empezó por el chicle que regalaban, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo que disfrutaba, algo que lo distraía. Así llegó el primer álbum que completó, que luego pasó a ser dos, tres y hasta cinco.

Sin embargo, un evento con un familiar lo marcó y lo que era un pasatiempo tranquilo se convirtió en algo más: una necesidad.

«Un familiar pensaba que eso de coleccionar era de afeminados y terminó por destruirme parte de mi colección. Eso me marcó, me hizo sufrir. Todavía hoy sufro muchas de las cosas que tenía. La más emblemática era la de Luis Aparicio, porque él me la firmó en el estadio en un evento muy especial», recuerda Nelson.

Ese día fue diferente y quedó grabado en su memoria. Logró hablar con Aparicio sobre una jugada y recibió una lección de vida. «En esto, como en muchas cosas de la vida, hay que pensar las cosas antes de hacerlas». Al perder esa barajita su corazón se destrozó, pero mantuvo su afición, casi como en protesta.

Foto: Betania Ibarra

El intercambio de la felicidad

Nelson cuenta que antes era difícil conseguir las barajitas, pero desde siempre contó con una tradición que era ley al llenar los álbumes: el intercambio.

«Cuando tú empiezas tienes una ilusión, estás seguro de que vas a conseguir todas las barajitas. Cuando yo empecé a llenar álbumes no se lanzaban todas las barajitas. Era muy difícil conseguirlas y algunas no las conseguí», explica.

Luego de comprar su paquete y separar las repetidas comenzaba un ritual que hasta hoy sigue: intercambiar barajitas con desconocidos.

«Es emocionante. Hoy en día hay un poquito más de control porque sé que si no las consigo hoy, las consigo mañana», dice Nelson, que ahora tiene 80 años.

El primer álbum de Panini —el del 74— lo completó en las propias oficinas de Panini en Venezuela, donde si te faltaban cinco barajitas te las vendían ellos mismos.

Foto: Betania Ibarra

Una tradición que pasará a sus nietos

Lo que comenzó como un hobby terminó siendo algo que define a su familia. Ahora sus cinco nietos comparten su emoción por completar un álbum del Mundial.

«Es placentero. Ya en los últimos años he pensado que no somos eternos, entonces esto se depositará en manos de los nietos y las nietas. Quizás los nietos porque ellos juegan fútbol […] Eso le da un toque de ilusión adicional para que ellos tengan algo un poquito más viejo», dice Nelson.

Sus dos nietos varones son quienes aseguran que se quedarán con la colección. Una colección en la que ellos también participaron porque desde hace dos años llenan el álbum junto a su abuelo.

«En el Mundial pasado me salió en un lote Cristiano y Messi y no los pegué en el álbum. Se los fui a llevar a ellos dos».

Esa decisión le dio la oportunidad de ver las caras de sus nietos al recibir las dos barajitas más codiciadas.

«El mayor me preguntó si no iba a pegar la barajita en mi álbum y yo le dije que no, porque esas eran para ellos. Les dije que yo las conseguía después y fue así. A los días las conseguí, pero no perdí la oportunidad de verles la cara de emoción».

Lo mismo sucedió este año con sus nietas, que comenzaron a llenar su álbum del Mundial. «La cara que pusieron cuando lo vieron no tiene nombre, no tiene precio».

El señor Nelson cuenta que antes también compartía esta afición con sus tres hijas, aunque en su caso cambiaron los álbumes de deportistas por álbumes de muñecas. «Allí no entraba el deporte. Pero sí compartí llenando los álbumes de muñequitos». Su colección lo confirma: hay cientos de álbumes de series infantiles, de peluches y de Barbies.

«Transformé mi colección y mi afición para adaptarla a ellas».

Foto: Betania Ibarra

Dar y recibir

Para Nelson, el intercambio que se crea al conectar con alguien que también busca una barajita específica es mágico. No cree en comprar ni vender —aunque confiesa haberlo hecho— sino en intercambiar.

«Creo que no es el objetivo inicial porque se pierde la magia».

Nelson reconoce que su inversión en el mundo de las barajitas tampoco ha sido barata. No puede dar una cifra exacta —la devaluación del bolívar lo hace incalculable— pero asegura que este último álbum ha sido el más costoso.

«Yo pensé que no lo iba a llenar, pero me resistí. Mi hija mayor se me apareció un día con la caja y el álbum. Ahí arranqué. También usé Cashea para comprarme una caja».

Para el próximo Mundial, el señor Nelson está decidido a seguir la tradición. Tiene esperanza de volver a ver la cara de felicidad de sus nietos y llenar otro álbum más con ellos.

«Es un momento corto, pero muy profundo, que viene con algo que te queda grabado, te queda plasmado. […] Yo cierro los ojos y veo las caras de las niñas cuando les llevé a Messi y Ronaldo. Todavía oigo el grito de la emoción. Esas cosas que parecen insignificantes se convierten en algo tan grande como tener la colección».

Nelson sabe que esta afición no tiene que ver con cuántos álbumes llevas debajo del brazo, sino con cómo disfrutas tu colección con quienes amas.

«Yo espero que la emoción, la alegría, la paz que está envuelta en coleccionar barajitas —o bolígrafos, latas, lo que te guste— se haga con pasión, pero que te deje paz. […] El que tiene paz tiene un tesoro en sus manos».

Foto: Betania Ibarra

Nota al editor: esta entrevista se hizo dos días antes del terremoto del 24 de junio.

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