<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Opinión | ¿Quién dijo que todo está perdido?

El sábado, para festejar sus cuatro años, el Consejo Consultivo de Barquisimeto otorgó reconocimientos a una serie de iniciativas que hacen vida en la capital larense.

Opinión | ¿Quién dijo que todo está perdido?

Asistí a una actividad en la que se reconoció la labor de diversas iniciativas ciudadanas en la capital del estado Lara. Gracias al impulso de Milagro Gómez de Blavia, entre otras figuras, arribó a su 4° aniversario el Consejo Consultivo de la Ciudad de Barquisimeto.

El consejo surgió en otro contexto. Hace cuatro años, el entonces alcalde de Iribarren, Alfredo Ramos, abrió juego institucional para articular un variopinto y nutrido grupo de ciudadanos y ciudadanas interesados en el devenir de la ciudad.

El súbito desalojo de Ramos de la alcaldía, a través de un acto de fuerza decretado desde el poder, no significó el fin de la iniciativa, que ha logrado persistir en este tiempo adverso.

El Consejo Consultivo de Barquisimeto sigue activo. Ha mutado su finalidad, ya que surgió como una entidad consultiva del alcalde y ahora es un referente autónomo, en el que siguen haciendo vida destacadas voces y protagonistas del quehacer ciudadano.

Su existencia es, en sí misma, una muestra de la perseverancia que rodea a quienes forman parte del núcleo duro de esta entidad de ciudadanía.

El sábado 15 de febrero, para festejar sus cuatro años, la instancia decidió darle reconocimientos a una serie de iniciativas que hacen vida en Barquisimeto.

Su mejor manera de decir «estamos de pie y seguimos trabajando por la ciudad», ha sido rendir homenaje a otras iniciativas de la ciudad.

Son una suerte de «club de porfiaos». La gran mayoría de los homenajeados son mujeres y hombres que se han plantado firme ante las adversidades, y han levantado su voz para exigir derechos, para compartir con otros ciudadanos, para educar y sensibilizar a otros.

El acto estuvo cargado de significación, de simbolismo. Unos ciudadanos reconociendo la labor de otros ciudadanos. Eso es trascendental en tiempos aciagos, oscuros, en los que el poder nos quiere sumisos, desmovilizados, derrotados.

Empecinados, perseverantes, porfiados, así son esas personas que forman parte del Consejo de la Ciudad de Barquisimeto. Son gente que ha luchado, no un día, sino que exhibe una hoja de vida extensa en la defensa de la ciudad. Su condición de personas adultas, en algunos casos de edad avanzada, y la ausencia de referentes más jóvenes en esa entidad, ha sido tal vez su único punto flaco en estos años.

En cosas como estas pensaba en medio del acto: ¿Dónde está el relevo de todos estos activistas ciudadanos? ¿Y será que pese a tanto compromiso aquí presente no lograremos el cambio democrático?

Mágicamente, la respuesta surgió del propio acto. Mezclados entre los asistentes, comenzaron a tocar los jóvenes de la Orquesta Sinfónica del estado Lara. Fueron sólo dos piezas, pero de aquellos instrumentos surgieron notas que nos elevaron a todos los presentes, levitamos.

Eran jóvenes, virtuosos de la interpretación musical, que coordinadamente, sin importar el lugar que ocupaban en la sala, hacían cada uno lo suyo para ser parte de una totalidad. La política no lo es todo, la música también puede sacar lo mejor de nosotros.

Fue una sutil metáfora. Salimos de allí convencidos de que no todo está perdido.