Política

Los venezolanos quieren elecciones y la mayoría votaría por María Corina

Quienes se dedican de forma responsable a los estudios de opinión pública suelen apuntar que una encuesta no es otra cosa que la fotografía de un momento social. Asumiendo tal cosa, la imagen que transmiten los venezolanos en dos sondeos recientes es su voluntad participar en elecciones este año y de darle un respaldo a María Corina Machado en las urnas

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Las encuestas no sirven para predecir el futuro, así que pese a lo que digan los estudios de opinión, en verdad no sabemos si habrá elecciones en el corto o mediano plazo. Tras los sucesos del 3 de enero, y en medio del giro inesperado que ha tomado la vida política del país, con una impredecible alianza entre Delcy Rodríguez y Donald Trump, la decisión de abrir la ruta electoral no parece estar en manos de Miraflores, sino de la misma Casa Blanca.

Se cumplen casi tres meses de la caída de Nicolás Maduro y emerge una voz ciudadana pidiendo que haya elecciones, y que sean en este mismo 2026. Junto a eso despunta la figura de María Corina Machado como referente opositor para los venezolanos, incluso no estando ella dentro del país en lo que va de este año.

Lejos de ser un simple deseo abstracto, el anhelo de elecciones en 2026 se consolida como una demanda mayoritaria y transversal, mientras la valoración positiva de Machado casi duplica la de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Esto es lo que dicen dos encuestas distintas, cuyo trabajo de campo tuvo lugar en la segunda mitad de este mes de marzo y cuyos resultados se han comentado ampliamente en redes sociales.

La más reciente radiografía llega de Poder & Estrategia, consultora dirigida por Ricardo Ríos. El sondeo cara a cara, realizado entre el 23 y el 29 de marzo en 1.040 hogares de las principales ciudades del país (Caracas, Valencia, Maracaibo, Barquisimeto, Puerto La Cruz, Barcelona, San Cristóbal, Barinas y Ciudad Guayana), revela que 64 % de los entrevistados considera que las nuevas elecciones presidenciales deben celebrarse este mismo año.

Solo 8 % opta por el primer semestre de 2027, 5 % por el segundo semestre del mismo año, y porcentajes marginales (3 % en 2028, 1 % en 2029 y 3 % en 2030) postergan el proceso. 16 % no sabe o no responde.

Se trata de un estudio presencial, sin filtros telefónicos ni digitales, que captura la percepción directa en un país todavía marcado por el trauma de la era madurista y la incertidumbre que rodea al interinato de Rodríguez.

Ricardo Ríos, presidente de la encuestadora, ofreció a El Estímulo una lectura política que va más allá de los números: “Este resultado es muy significativo porque la gente empieza nuevamente a expresarse políticamente de nuevo en el país tras un período de temor de responder encuestas. Es un avance importante”.

Para Ríos, la mayoría que reclama elecciones en 2026 no responde tanto a un cálculo de viabilidad técnica como a “una decisión política” a favor de que se exprese la voluntad popular.

“Una mayoría abrumadora tiene la percepción sobre la necesidad de unas elecciones este mismo año, más allá de la discusión sobre la viabilidad o no”, insiste.

La otra encuesta, realizada por la firma brasileña AtlasIntel en alianza con la agencia de noticias Bloomberg, con 4.659 entrevistas digitales aleatorias entre el 20 y el 24 de marzo, confirma y profundiza el diagnóstico. María Corina Machado registra una valoración positiva de 53 %, la más alta entre todos los líderes venezolanos evaluados. Delcy Rodríguez tiene 27 %.

Es decir, Machado casi duplica a la mandataria interina en imagen favorable.

La encuesta de la firma internacional también revela que los venezolanos perciben una mejoría general tras la caída de Maduro, aunque la aprobación de la gestión de Rodríguez es baja y la corrupción sigue siendo el principal problema citado.

Esta doble fotografía —una de intención electoral inmediata y otra de preferencias de liderazgo— puede ser un catalizador sociopolítico que además registró un remezón el 3 de enero. La salida forzada de Maduro rompió el statu quo que muchos creían inamovible. De repente, el calendario constitucional de 2030 dejó de ser un horizonte sagrado y se convirtió en un obstáculo para millones que, según Ríos, priorizan la restauración democrática sobre la literalidad de los plazos

Desde el punto de vista analítico, el deseo mayoritario de votar en 2026 obedece a tres dinámicas entrelazadas. Primero, la necesidad de legitimidad. La interinidad de Delcy Rodríguez, aunque apoyada por Trump, carece de respaldo popular amplio. La encuesta de AtlasIntel muestra que su gobierno es evaluado negativamente en materia económica y de libertades, a pesar de que un sector de la población reconoce cierta estabilización inicial tras el colapso del madurismo.

Segundo, el factor Machado. Su liderazgo en la resistencia de 2024, su mensaje cuasi religioso y una percepción de coherencia que conecta con sus seguidores la posicionan como la candidata natural a la presidencia.

Y, tercero, el cansancio ciudadano. Tras años de migración masiva, hiperinflación y represión, los venezolanos —tanto dentro como en la diáspora— perciben que postergar el proceso electoral para definir un gobierno fruto de la voluntad popular solo prolonga la incertidumbre.

El sociólogo Leonardo Vivas, entrevistado por César Miguel Rondón termina resumiendo el momentum: “Los venezolanos quieren cerrar el capítulo madurista con un acto democrático contundente”.

Desde luego, no todo es lineal. Existen riesgos reales. La viabilidad logística de organizar comicios en menos de nueve meses es compleja: el Consejo Nacional Electoral necesita reconfiguración, la diáspora exige mecanismos de voto en el exterior y la comunidad internacional —Estados Unidos a la cabeza— ha condicionado su pleno reconocimiento a un proceso creíble.

Además, el porcentaje minoritario pero aceitado de un chavismo que se niega a aceptar a Machado podría convertirse en un núcleo de resistencia que entorpezca el proceso, tanto dentro de las instituciones como en la calle.

Y no es menor el factor económico: aunque la encuesta AtlasIntel detecta optimismo a corto plazo, la recuperación real depende de inversión extranjera y confianza que solo vendrá con certidumbre política, como lo manifestaron uno tras otro los presidentes ejecutivos de las principales petroleras estadounidenses la semana pasada en Houston.

Las encuestas de Poder & Estrategia y AtlasIntel-Bloomberg no predicen el futuro, pero sí iluminan el presente con crudeza, dado que el poder actual es diferente a lo que el venezolano desea. La mayoría quiere votar en 2026. Y, en este preciso instante, esa mayoría parece estar dispuesta a depositar su confianza en Machado para que ese deseo se convierta en realidad. Queda por ver si las instituciones, los actores políticos y la comunidad internacional estarán a la altura de esa exigencia ciudadana.

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