«Ellos son lo único que tengo»: la realidad de una madre desplazada tras el terremoto en Caracas
Antonella Rodríguez es una madre de 24 años que ha sido damnificada dos veces en menos de mes. Primero perdió su casa por un cortocircuito y luego el terremoto dejó inhabitable el edificio en Altamira en el que vivía
Debajo de un árbol en el Parque del Este, Antonella Rodríguez acomoda un pequeño campamento improvisado, tras quedar damnificada por el terremoto junto con sus dos hijos, Amma de dos años y Daniel de casi cuatro años. No se había podido bañar en varios días, lleva la misma ropa desde el día del terremoto y lucha por conseguir estabilidad para sus niños.
A su temprana edad (24 años), Antonella es doble sobreviviente: primero de un incendio que destruyó su casa en Boca de Uchire y luego del terremoto que colapsó el edificio San Carlos en Altamira, Caracas, donde trataba de establecerse en la capital para buscar mejores condiciones para sus hijos.
Incendio en Boca de Uchire – Anzoátegui
Evidencia de cómo quedó su casa en Boca de Uchire – Anzoátegui | Foto: Maurice Espinoza
En ese incendio, Antonella perdió todas sus pertenencias: equipos electrónicos, juegos de muebles, libros infantiles y ropa que tenía hasta los 7 años de los niños, agregando siempre que los bomberos llegaron 1 hora y media después de que empezó todo.
“ Gasté 2.000 dólares en esa mudanza. Para que todo se me quemara en una sola noche. Perdí prácticamente todas mis pertenencias”
Antonella Rodriguez
Registro visual del incendio
“Fue un cortocircuito y justamente bajo la toma eléctrica estaban unas maletas de ropa porque yo todas las cosas que tenía en conjunto con mi expareja las mudé hacia esa zona”, contó. La intensidad del fuego fue por las características estructurales de la casa, el techo de acerolit con reparaciones de goteras hechas con petróleo. La sustancia hacía de combustible extra y el fuego ardía más.
Antonella se sustentaba económicamente a través del trabajo por internet, trabaja en marketing digital en Venezuela y ha encontrado oportunidades de trabajo remoto a través de grupos que la vinculan con proyectos freelance. Su meta es establecer conexiones con empresas internacionales en el ámbito del mercadeo digital. Este ingreso económico quedó interrumpido por la pérdida de su laptop. A pesar de perder su fuente de sustento, intentó gestionar acuerdos durante un mes y medio con la alcaldía de Boca de Uchire, nunca tuvo una alternativa viable para su reubicación.
“Hablé hasta con el director de la alcaldía; me dijo: «Mira, yo te puedo conseguir un terreno, te puedo hacer unas habitaciones, unas cosas» y después le vuelvo a preguntar, «No, no, no, eso no va, vamos a hacer otra cosa». Y yo, okay, ¿qué otra cosa podemos hacer? “Ah, bueno, consíguete un alquiler”, me consigo el alquiler. “No, no, no, eso es muy caro”
A Antonella le asignaron la misma propiedad incendiada y declarada inhabitable por técnicos. Al limpiar y retirar cenizas, contrajo una afección que la hospitalizó dos semanas, responsabilizando al inmueble por su estado.
Terremoto 24 de junio de 2026 – Caracas
Foto: Maurice Espinoza
Tras perder su casa en un incendio en Anzoátegui y no recibir ayuda de las autoridades locales, Antonella se fue a Caracas a buscar asistencia. El domingo antes del sismo, se quedó en el piso 8 del edificio San Carlos en Altamira.
«Me dijeron ‘bueno, pero ¿tú no eres de Caracas?, resuelve en Caracas’. Claro, yo voy a resolver en Caracas. Y vine para acá, y me quedé en casa de mi amiga«
En el momento del terremoto, “agarré yo mi carterita, que era lo único que tenía y a los dos niños. A uno me lo monté en el hombro, a la otra la cargué en brazos, llevaba la cartera y, por otro lado, arrastraba a mi amiga. Salimos del edificio, la gente estaba desesperada…yo vi la situación y dije «Diosito, de dónde me diste fuerzas a mí para hacer tanto». Al salir, vio el colapso parcial del edificio y decidieron no regresar.
Ante la urgencia de encontrar un lugar donde dormir, Antonella y sus hijos se fueron a pasar la noche en la plaza Francia de Altamira. Este espacio público se convirtió en su primera opción de refugio mientras esperaban una respuesta de las autoridades sobre las condiciones de habitabilidad del edificio.
Tras no recibir noticias del edificio el día 25 de junio, le ofrecen a Antonella llevarla a un refugio en La Urbina: “A mí me iban a mandar a ese refugio pero yo tomé la decisión de no ir porque allí hay camitas unas al lado de las otras, y yo tengo dos bebés pequeños”. La preocupación de que le quitaran a sus hijos en el refugio de La Urbina le hizo tomar la decisión de optar por el Parque del Este.
Ya en el Parque del Este, Antonella solo contaba con una manta. Mencionó que un niño la ayudó a gestionar todo: carpa, colchoneta, pañales y algunas cosas que le habían regalado otras personas.
Donaciones de comida | Foto: Maurice EspinozaDonaciones de ropa y juguetes | Foto: Maurice Espinoza
Antonella agrega: “Yo también estoy siendo puente. Lo que me llega a mí, trato de que llegue a otras personas. Una frase que utilizan por allí es ser bendecido para bendecir. Es lo que yo estoy haciendo». Señala que, como ella tiene dos niños pequeños, le dan prioridad, pero aprovecha eso para ayudar a otras familias que no son priorizadas y a las que les da pena pedir.
“Ellos son lo único que yo tengo”
La prioridad de Antonella son sus hijos, un principio que antepone a sus propias necesidades cotidianas. Al referirse a las donaciones que recibe, explica: “Estoy recolectando principalmente para ellos. A mí no me importa mis cosas personales”. donde afirma que su único objetivo actual es “conseguir la estabilidad de ellos”, bajo la premisa que define su situación familiar:
“Soy lo único que ellos tienen y ellos son lo único que yo tengo”
Sobre la crianza y las rutinas cotidianas, tiene ciertas normas enfocadas al desarrollo de sus hijos, limitando la utilización de las pantallas. Según cuenta, con ellos rige el “cero televisión” y si ven algo, “tiene que ser en inglés”; Antonella aprendió inglés de manera autodidacta y es tan importante en su dinámica familiar que, al dar instrucciones o corregir a sus hijos, lo hace en ese idioma. Por ejemplo, utiliza expresiones como come here (ven aquí) para pedirles que se acerquen, stay here (quédate aquí) cuando les indica que permanezcan a su lado. Y para ella, su prioridad son actividades con juegos didácticos, dibujos y cuentos, que prefiere recibir gracias a los aportes de los colaboradores.
Foto: Maurice Espinoza
Con el objetivo de evitarles traumas, Antonella decidió modificar la historia de lo sucedido en el terremoto para suavizar el impacto emocional de los hechos. Pero aclara que no pudo hacer lo mismo con su hijo mayor cuando el incendio de su casa en Anzoátegui, debido a que el pequeño presenció de manera directa el hecho.
«Les maquillé la situación lo más que pude, cuando me decían ‘mamá, la gente está asustada’. les respondía ‘están asustados porque el edificio está bailando'»
Finalmente, se preocupa mucho por la higiene de sus niños. Como carecen de servicios sanitarios con buena salubridad en el parque, recurre al agua y a las toallitas húmedas para asearlos. Después de que a la pequeña le diagnosticaran una infección en las vías urinarias y otra en el oído, Antonella se encarga de la administración de los medicamentos que le fueron recetados en el lugar.
La pequeña luz al final del túnel
En el transcurso de la entrevista en el Parque del Este, la asistencia civil hacia Antonella fue constante, dejando un registro de entregas de alimentos, vestimenta e insumos para niños que también fueron distribuidos en las carpas de los alrededores.Todo de parte de voluntarios privados, nada gubernamental.
Entrega de donaciones a Antonella 1 Foto: Maurice Espinoza
Antonella manifestó que su principal interés es que la visibilidad de su experiencia sirva como un impulsor para otros afectados:
“Entonces, si esta historia mía, lo que estás aquí haciendo, puede ayudar a que también agilicen los procesos de otra persona, excelente. Mira, me importa un bledo lo que me ha sucedido. Lo que me importa es que yo pueda bendecir a otras personas”
Antonella recibió apoyo psicológico por parte de la colaboradora Sonia, mientras Maricandy —quien ya la había asistido el día anterior— quedó a cargo del cuidado de los niños. Asimismo, Mario, un vecino de las carpas de atrás, gestionó la obtención de un colchón para la familia, debido a que uno de los dos inflables con los que contaban se desinflaba durante la noche».
La situación de Antonella dio un giro positivo con la llegada de Denise y José, quien gestionó el traslado de la familia al hotel Lexington Suites por un mes. Esta solución brindó a Antonella la estabilidad, seguridad y acceso a baños que tanto necesitaba para sus hijos.
Antonella con Amma, Daniel Y Denise | Foto: Maurice Espinoza Camino al vehículo que los llevará al hotel | Foto: Maurice EspinozaFoto: Maurice EspinozaSalida rumbo al hotel | Foto: Maurice Espinoza
Con el apoyo de voluntarios que cargaron los insumos hasta el vehículo, Antonella organizó sus pertenencias y cerró este ciclo de permanencia en el parque. En los últimos momentos del registro, mientras conversaba por teléfono con su madre —residente en el extranjero—, Antonella se mantenía en un estado de alerta propio de la contingencia, pero asimilando con sorpresa la celeridad de la ayuda recibida, mientras sus hijos mostraban un alboroto de felicidad ante el cambio de entorno.
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