15 predicciones para los 2020

Elías Aslanian abrió bien los ojos para mirar al futuro, a lo que nos depara la década de estos nuevos 20. Y aquí están sus pronósticos globales

Quizás las grandes protagonistas de la década pasada fueron las redes sociales. Con un click, Facebook, Twitter, Whatsapp e Instagram revolucionaron nuestro acercamiento a la cultura: fotografiamos la comida en nuestros platos, aparecieron las bloggers e influencers que denunciaba Carolina Herrera por sus vestidos fiesteros en plena luz del día, el humor se hizo meme, las celebridades se autogeneraron espontáneamente, las noticias –reales y falsas– se multiplicaron en un refresh y las modelos hicieron del instafeed una estrategia de marketing.

El principio de la década se caracterizó por el optimismo en cuanto a las redes, algo que la Primavera Árabe del 2010 y 2011 epitomizó. Pero todo fue un sueño: en la mayoría de los países que habían coordinado protestas por redes sociales que además rompían los cercos mediáticos, exceptuando a Túnez, el desastre engulló a la región.

Los afectados se lanzaron a los mares y las costas europeas se transformaron en santuario de refugiados. Surgieron los miedos y los encontronazos culturales, el rumor amenazante de Eurabia, y pronto el nacionalismo étnico –ahora en la forma de un populismo de derecha, además antiecológico y apoyado por la comunicación en redes sociales, las campañas mediáticas online y la neblina de las fake news– hizo su segunda o tercera venida.

Con esta nueva oleada de conservadurismo étnico se reavivaron las guerras culturales por la familia, el arte y las leyes: en el otro extremo, floreció la izquierda regresiva de los social justice warriors que –esbozando políticas de identidad y profundamente anti-fáctica, ideal para la era de la posverdad– chocaron con los principios liberales de las sociedades democráticas.

 

¿Y aquí?

Mientras tanto, en el sur –en Venezuela– vimos la muerte de Hugo Chávez, oscura figura protagónica de los dos mil, y el auge de su sucesor: Nicolás Maduro.

El país se terminó de hundir en la más negra crisis humanitaria: rugieron los estómagos vacíos, se desvanecieron las medicinas y se apagó la luz. Hubo destrucción; ruina: surgieron los cuentos horrorosos, culminó el caníbal repliegue de la modernidad y sobrevino el éxodo que nos transformó en refugiados y estereotipos xenofóbicos. La democracia fue extinta y sucedieron tres oleadas de sangrientas protestas. Hubo dos presidentes simultáneos. Fue una época de devastación social absoluta: una verdadera década perdida.

Aun, quizás con la gran excepción del calentamiento global y la contaminación, el mundo parece ser un lugar mejor que nunca: la población mundial en pobreza ha bajado de 37% en 1990 a 9,5% en 2015, mientras que la pobreza extrema global se redujo de 94% en 1820 a apenas 9,6% en 2015. El uso de anticonceptivos en los 69 países más pobres aumentó de 270 millones de usuarios en 2012 a 300 millones en 2016, la polio casi se erradicó y las muertes por sida están bajando estrepitosamente de su pico en los dos mil.

La mortalidad infantil se redujo a la mitad a nivel mundial desde 1990, la población sin acceso a la sanitación bajó de 60% en 1990 a 33% en 2016, la cantidad de comida –y quienes la consumen– ha aumentado considerablemente desde 1960; el trabajo infantil se redujo de casi 30% de los niños en 1950 a 17% hoy en día; la cantidad de gente sin acceso a fuentes de agua mejoradas bajó de 1,2 mil millones en 1990 a un poco menos de 800 millones en 2015 (un número considerable pero que sigue en picada) y la expectativa de vida supera los 60 años de edad en todas las regiones (a principios de siglo, solo Asia superaba los 50 años).

De igual forma, las muertes bélicas se redujeron de 21,8 por cada 100.000 habitantes en 1950 a menos de 2 en los dos mil diez (aunque aumentado desde los dos mil), los genocidios están en uno de sus puntos más bajos de la historia (el más bajo fue en 2012) y las muertes por desastres climáticos se redujeron de casi 500.000 en 1920 a menos de 50.000 en la actualidad.

En este inicio de década la materialización de Black Mirror en el mundo real sigue en crecimiento como también el sarpullido en el que se ha convertido el Medio Oriente, como demuestra la crisis desatada por la muerte de Qasem Soleiman, mientras que el populismo neo-nacionalista toma más escaños en Europa.

Por su parte, desde Hollywood hasta Santiago de Chile, las guerras culturales solo parecen avivarse: James Bond ahora es una mujer negra, igual que la sirenita Ariel, mientras que Trump decreta la prohibición de soldados transgénero en el ejército americano y el feminismo sudamericano grita que “el violador eres tú.”

Entonces, ¿qué nos depara en esta nueva década?

 

1. El auge de China y su régimen

China, aquella nación asiática que hasta finales del siglo pasado se consideraba arcaica y hambrientamente pobre, continúa su estruendoso auge de rascacielos estrafalarios y nuevos ricos excéntricos. Y no parece detenerse: de hecho, su sistema –comunista, con la censura y las torturas que eso implica, pero económicamente de un corte ridículamente capitalista– ahora ofrece nuevos sistemas de control online y económico que hacen temblar la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Con Xi Jinping habiendo logrado la aprobación de la reelección presidencial indefinida, el poderío del régimen chino seguirá aumentando en la forma de censura, propaganda y control de internet.

Con un sistema de crédito que parece sacado de Black Mirror y con la población étnica uyghur –musulmana– siendo enviada a campos de concentración, el gobierno chino promete convertirse en la Eastasia de Orwell: las constructoras chinas construyen represas y trenes en África, una red eléctrica china promete iluminar el sudeste asiático, un puerto chino hace su aparición en Kuwait y Venezuela… Venezuela se vuelve un estado libre asociado.

Esta es la década china. De nuevo.

2. La protesta ciberpunk

Las protestas se han avivado en todo el mundo –Santiago, Quito, Beirut, Bagdad, Caracas, Bogotá, La Paz, Hong Kong y hasta París– pero con ellas han surgido los horrores de las nuevas tecnologías de vigilancia que prometen empeorar en esta nueva década. Así, en un mundo de policías chinos con lentes de sol que reconocen a sospechosos en multitudes, vemos manifestantes con rostros holográficos falsos y láseres multicolores para confundir a las fuerzas represivas.

Hong Kong es solo el experimento: quizás, a este ritmo de desazón político, veamos a la PNB del 2029 buscando –con sus lentes de sol con cámaras de reconocimiento facial– a guarimberos entre las masas con láseres verdes de la séptima oleada de protestas contra Maduro, en su cuarto término presidencial.

Oh, boy.

3. Las frutas del futuro

En la década de 2010 vimos el auge del kale y de la quínoa, de la estevia y del açai. En los 2020 seguro vendrán nuevos sabores trendy, superalimentos y toda suerte de productos healthy y fit traídos de las plantaciones perdidas del tercer mundo: así, en los dos mil veinte, veremos al baobab, al frutipan, al monk fruit y a la yaca en los platos verdes de tu influencer de abdomen plano y meditación diaria favorita.

4. iPolitics

Patetismo. Eso seguirá siendo la política manejada y distorsionada por las redes sociales. Bien decía McLuhan que el medio es el mensaje. Y en este mundo de presidentes de superpotencias que amenazan con destruir patrimonios de la humanidad vía Twitter y presidentes interinos que hacen videollamadas con reguetoneros (que aspiran a ser presidentes), no nos queda más que esperar una larga década de emocionalidad, difusas líneas entre celebridades y políticos, nuevos populismos de likes y memes y espectáculos: teatrales, dramáticos y ridículos. La democracia liberal está siendo carcomida, viva, por el bullicio de las redes.

Quien sabe: quizás, Kanye West sí llegue a ser presidente.

5. El feminismo crítico de género

El siguiente gran cisma en el feminismo ya se ve venir: entre discusiones sobre la legitimidad de mujeres trans compitiendo en los deportes contra mujeres cisgénero (es decir, de sexo femenino) y demandas legales en Canadá contra masajistas mujeres que se negaron a masajear a mujeres trans (que aún tienen genitales masculinos), ha surgido –con fuerza– el feminismo crítico de género.

Las detractoras de esta rama llaman despectivamente a sus adherentes, que reclaman los derechos de las mujeres biológicas sobre aquellos de las mujeres trans, TERFs (es decir, feministas radicales trans-excluyentes por sus siglas en inglés) pero este movimiento solo parece crecer, además auspiciado por alianzas con grupos conservadores con los que comparten ciertas visiones.

¿Qué mejor situación para ilustrar la entrada de esta visión en el mainstream que el debate desatado tras el rugido controversial que causó la autora de Harry Potter, J.K. Rowling, al apoyar públicamente a la investigadora Maya Forstater, despedida del Centro del Desarrollo Global por afirmar que el sexo biológico es incambiable?

6. The Great Divide: LGB y T

Los 2020 parecen dar paso a otra gran brecha en los movimientos de derechos civiles: un great divide entre las metas del colectivo transgénero (enfocado en la identificación de género) y el colectivo homosexual y bisexual (enfocado en la orientación sexual).

No es secreto, como ilustraba el controversial skit de Dave Chapelle en Netflix, que una parte considerable de la comunidad homosexual y bisexual cada vez se siente más desvinculada y alienada del movimiento LGBT por su creciente identitarismo, su politización, su fijación con los pronombres personales, la redefinición del sexo y el género y toda esa gama de nuevos términos para designar una plétora de géneros y orientaciones sexuales. Incluso, varios homosexuales y bisexuales han denunciado a Stonewall –la organización europea más grande de derechos LGBT– por redefinir términos como ‘lesbiana’ y ‘gay’ de “atracción del mismo sexo” a “atracción del mismo género.”

¿Y cómo no va a suceder una brecha, si los derechos de los bisexuales y homosexuales distan mucho de aquellos que reclaman los trans y los no-binarios? ¿Si ya el matrimonio igualitario existe en muchísimas naciones del mundo occidental, Latinoamérica e inclusive Asia y Sudáfrica?

Dándole voz a estas frustraciones, el escritor gay Brad Polumbo decía en Quillete que “es hora que el ‘LGB’ Y ‘T’ se vayan por caminos separados.”

7. La pos-verdad del ciberespacio

La contemporaneidad es quizás el fin de la verdad que nos advirtió Nietzsche. Entre cloacas de propaganda estatal, lluvias ácidas de fake news, Zuckerberg en el Congreso por la data recopilada por medio de Facebook para campañas políticas moralmente dudosas y el simple término ‘hechos alternativos’, nos encontramos en la era de la pos-verdad: un ciberespacio enloquecedor donde se duda de los periodistas mismos y se hacen burbujas epistemológicas, verdaderas comunidades online cerradas y sostenidas en teorías de conspiración y noticias falsas.

Y todo va a empeorar: ¿existe algo más aterrador que los deepfakes, profundamente realistas videos falsificados de personas, que ahora hacen su puesta en escena?

Cual episodio nuevo de Black Mirror, pronto será imposible discernir entre lo real y lo falso. Estamos viviendo el mayor experimento comunicacional en la historia humana y no sabemos cuán catastrófico pueda ser el resultado.

 

8. Corporatocracia

Casi un centenar de leyes ecológicas han sido abolidas o están siendo abolidas por la administración de Donald Trump: es el rugido sucio del poder económico de las corporaciones que buscan minar el Ártico y construir nuevos oleoductos en parques nacionales y reservas.

En Estados Unidos hemos visto al director ejecutivo de Exxon Mobile como Secretario de Estado, a un lobbyist del carbón dirigiendo la Agencia de Protección Medioambiental, a un ejecutivo de Boeing como Secretario del Departamento de Defensa y a un lobbyist de fármacos como Secretario del Departamento de Salud y Servicios Sociales. La tendencia del poder corporativo reemplazando al político, y transformando a la legislación en un festival monetario, parece tan solo agravarse.

Quizás estamos viendo el reemplazo del poder del Estado, como entidad hegemónica sobre sus habitantes, por parte de las corporaciones: la corporatocracia.

9. La (des)revolución verde

El Green New Deal de Alexandria Ocasio-Cortez es imposible: tanto por imposibilidades logísticas como políticas no veremos prontamente a una de las naciones más contaminantes de la tierra volverse un paraíso de fuentes eléctricas de emisión cero y trenes verdes que conecten a Boston con Sacramento.

Pero eso no quiere decir la revolución verde ha muerto: aunque la oposición política de un sector conservador rotundamente negado a aceptar la existencia del cambio climático es fuerte, como también lo es el lobby de las empresas de minería y petróleo, la posibilidad de vastas reformas ecológicas crece desde las demandas de la juventud como de una población cada vez más consciente de la destrucción de ecosistemas y la deformación de nuestros climas.

Desde el optimismo, en esta década podríamos ver el despliegue de toda una suerte de nuevas reformas conservacionistas, prohibición de ciertos químicos e impuestos hacia la producción de dióxido de carbono.

10. Un océano sucio y amenazante

Desde 1750, cuando inició la revolución industrial, hemos liberado más de dos trillones de toneladas de dióxido de carbono que capturan el calor del sol y hacen de la tierra un lugar caliente: un lugar tan caliente que los polos se están derritiendo, liberando toneladas de agua congelada, y partes del globo podrían volverse inhabitables.

En varias décadas, el mar calentado arrasará con los arrecifes de coral, y con ellos el océano se hará ácido, y las aguas crecientes se tragarán lentamente a Miami, Nueva York, Nueva Orleans, Singapur, Shanghái, la Bahía de Bengala, Tuvalu entera y muchas otras áreas.

Y la contaminación es desigual: la mitad más pobre de la población de la tierra produce solo 14% de las emisiones de dióxido de carbono. El 10% más rico produce el 50%.

El panorama no es alentador.

Es difícil decirlo, pero tu abandono al uso del pitillo no está haciendo mucho: cinco países asiáticos –China, Indonesia, Tailandia, Vietnam y Filipinas– botan más plástico al mar que el resto del planeta combinado. Según algunos cálculos, al ritmo actual en 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos. Y ese mar sucio, inmundo, se alzará para reclamar nuestras urbes costeras a medida que los polos –con sus pingüinos, focas y osos– desaparezcan.

Para el final de la década quizás veamos a Nueva York y Miami construir los primeros diques y muros para contener las aguas crecientes. Las urbes costeras y sobrepobladas del Tercer Mundo, en un desastre climático de producción y resultados desiguales, quizás no tengan la misma suerte.

11. La batalla del aborto

La gran batalla de la década será el aborto: y no solo en Argentina, con sus pañuelos verdes, sino en los mismísimos Estados Unidos. Así como múltiples estados conservadores han aprobado este año restricciones al aborto -Alabama prácticamente lo ha ilegalizado a pesar de su legalidad a nivel federal desde 1973- otros estados han buscado protegerlo.

Pero la batalla solo parece afianzarse: la elección del controvertido Brett M Kavanaugh a la Corte Suprema la ha balanceado hacia el lado conservador del espectro, abriendo la posibilidad no solo de restricciones más agresivas sino de que Roe V. Wade (el caso legal que aprobó el aborto a nivel federal en 1973) sea anulado.

12. La isla del Dr Moreau

Las fantasías de híbridos animales-humanos del Dr Moreau parecen hacerse realidad en esta nueva década, pero con propósitos de desarrollo médico, células madres y modificación genética: en 2019, Hiromitsu Nakauchi recibió apoyó del gobierno japonés para crear animales con órganos humanos en un laboratorio y posteriormente trasplantar sus órganos a personas que los necesiten.

Con el mismo propósito, el biólogo español Juan Carlos Izpisúa Belmonte junto con investigadores de China creó el primer híbrido mono-humano en China (el mismo país donde en 2018 nacieron dos gemelas genéticamente modificadas para resistir el VIH).

En enero del 2020 un grupo de científicos en Estados Unidos anunciaron la creación de los primeros “robots vivos” a base de células de ranas: criaturas biológicas pero programadas para realizar funciones que podrían usarse en un futuro para tratamientos médicos internos y rehabilitación medioambiental.

Pero el mundo de la modificación genética es resbaladizo y misterioso: quién sabe, quizás terminemos haciendo realidad a las criaturas grotescas de la artista australiana Patricia Piccinini con sus cuerpos calvos de humano y sus orejas y hocicos de perro.

13. Big Brother

Los teléfonos nos escuchan. ¿Cuántas veces no mencionamos algo, por muy trivial o específico que sea, y prontamente aparece una publicidad relacionada en Google o Instagram? Así, no nos queda más que esperar nuevas formas de intromisión virtual: para publicidad y para vigilancia, para la KGB y la CIA.

El iPhone 18 será un vidente: por medios ocultos, nos conocerá mejor que nadie. Entonces, la privacidad buscará un lugar entre los derechos humanos.

14. Los nuevos turismos

En una Venecia cada vez más inundada, los cruceros escupen multitudes eufóricas y amenazan con literalmente desplomar la ciudad abruptamente y hacerla desaparecer bajo las aguas. Las crecientes amenazas parecen indicar un nuevo tipo de turismo en el cual se deba reservar la entrada turística a Venecia o se participe en una lotería donde saldrán seleccionados los turistas que podrán ver sus canales. O quizás los cruceros puedan más y presenciaremos la peor tragedia, cultural y humana, en el mundo occidental en muchísimos años.

Pero el nuevo turismo no se detiene en un control sobre las masas veraniegas: arriba, en la estratosfera, Virgin Galactic de Richard Branson (el mismo del Venezuela Aid Live) y Blue Origin (apoyada por Jeff Bezos) prometen llevar a los ultrarricos a turistear en el espacio exterior. Kardashians supersónicas.

15. La resurrección de Michael Jackson

¿Bandas tributos? ¿Para qué? The next big thing son los tours musicales –con tecnología de punta y morisquetas virtuales– donde toda suerte de celebridad muerta, en la forma de hiperreales hologramas, nos vuelva a entretener con su música (y financie las cuentas de banco de disqueras y familiares).

Al tercer milenio, Kurt Cobain resucitó.