“Los extraños: Capítulo 2”, terror sin gracia con un jabalí digital
Los extraños: Capítulo 2 (2025), dirigida por Renny Harlin, confirma los temores de los seguidores del cine de terror: la secuela no solo pierde la tensión de la película original de Bryan Bertino (2008), sino que la contradice
En 2008, Los extraños de Bryan Bertino trajo aire fresco a un género dominado por el gore y el metraje encontrado, con una historia sencilla pero aterradora. Décadas después, Renny Harlin ha retomado esa premisa en una trilogía que busca expandir la franquicia. Sin embargo, Los extraños: Capítulo 2 no solo fracasa en recrear el miedo original, sino que lo traiciona.
En “Los extraños: Capítulo 2” (2025) de Renny Harlin, muchas cosas parecen estar sucediendo a la vez. Podría haber — o no — una conspiración para matar a la víctima sobreviviente de la película anterior.
También, una conjura entre tres asesinos con nada mejor que hacer que cazar a una desconocida en medio de un bosque desolado. Peor aún: que, a través de una serie de situaciones caóticas, se revele el aparente pasado de los criminales, en conjura de décadas, para cometer homicidios atroces.
Lo cierto es que la película tiene mucho que decir — o lo intenta — sin lograr otra cosa que parecer atropellada, aburrida y repetitiva.
Un pecado capital en el cine de terror. Mucho más, cuando Bryan Bertino estrenó Los extraños en 2008, con una intención: demostrar que el nihilismo salvaje podía sostener al género. O lo que es lo mismo: una obra con una premisa básica podía resultar escalofriante.
Por lo que la cinta mostró al matrimonio formado por James (Scott Speedman) y Kristen (Liv Tyler), sobreviviendo a un trío de asesinos despiadados. Solo para comprobar que detrás del salvaje asedio y al final, invasión doméstica, no había otra cosa que cruel azar.
A la pregunta de por qué habían sido atacados, las víctimas recibían una escalofriante y simple respuesta: “estaban en casa”. Pero más de una década después, Renny Harlin decidió reiniciar la franquicia con una trilogía que arrancó en 2023 con Los extraños: Capítulo 1.
Esa entrega ya mostraba problemas: perdió la tensión de la cinta original, apostando por clichés de slasher genérico. Mucho temor, despertó preocupación en los amantes del género por la posibilidad que el director convirtiera a la futura serie de películas, en una colección de lugares comunes.
Ahora, Los extraños: Capítulo 2, que no solo confirma los temores, sino que los multiplica. Harlin firma una secuela que malinterpreta la esencia del original, con un guion incapaz de sostener interés ni suspenso. Por lo que comienza un viaje incómodo hacia la angustia que se convierte en una sucesión de secuencias torpes que repiten fórmulas sin alma.
El viaje a ninguna parte
Sin hacer el más mínimo intento de innovar o tomar decisiones audaces, la historia comienza retomando los sucesos del filme anterior. Maya (Madelaine Petsch) había sobrevivido a duras penas al asalto en la cabaña, mientras su novio Ryan (Froy Gutierrez) moría frente a ella.
El inicio la muestra despertando en un hospital rural, donde rápidamente descubre que la pesadilla continúa.
Desde una llamada inquietante hasta pasillos desiertos y cortes de electricidad, todo señala que los asesinos no han terminado su tarea.
La persecución la obliga a salir del hospital y la lanza a un entorno más amplio, bajo una lluvia constante, donde los rostros familiares resultan poco confiables.
El sheriff Rotter (Richard Brake) parece tener sus propios secretos, mientras vecinos interpretados por Emma Horvath, Gabriel Basso, Milo Callaghan o Brooke Johnson oscilan entre la ayuda y la amenaza.
Sin embargo, la tensión se diluye pronto porque cada encuentro se resuelve de la misma manera: Maya no puede confiar en nadie y los asesinos siempre vuelven, sin que la narrativa logre sorprender. En vez de crear un ecosistema opresivo, el guion recurre al recurso de poner obstáculos arbitrarios.
Los giros, lejos de intensificar la paranoia, se sienten mecánicos, como si la película estuviera más interesada en llenar minutos que en contar algo genuinamente escalofriante.
Y llega lo peor
Que la víctima escapara del hospital podría haber abierto un abanico de posibilidades para construir tensión en espacios distintos, pero Harlin cae en comparaciones inevitables con clásicos como Halloween II o incluso filmes europeos de encierro y persecución. Aunque aprovecha escenarios como una morgue o un establo para intentar inyectar atmósfera, la ejecución no logra explorar en un ambiente inquietante.
Para colmo, Harlin decide añadir un elemento totalmente fuera de tono: un jabalí digital que se convierte en un peligro adicional. La criatura, mal realizada y peor integrada, rompe cualquier ilusión de seriedad. En un filme que debería apostar por lo humano como fuente del miedo, introducir un animal generado por computadora solo refuerza la desconexión del público.
Nada nuevo bajo el sol y peor contado
La debilidad narrativa se intensifica con los intentos de dar un trasfondo a los villanos. Alan R. Cohen y Alan Freedland, responsables del guion, insertan flashbacks que muestran un conflicto ¿amoroso? infantil que, de alguna manera, se supone explican la historia – o lo intentan – asesinos enmascarados.
Este recurso es problemático en varios niveles. Primero, contradice la premisa central de la película original, donde el horror surgía precisamente de que los atacantes podían ser cualquiera, sin un motivo específico. Segundo, la ejecución es tan burda que más parece parodia que explicación.
Lejos de añadir capas, resta interés. La presencia de una posible conexión con algún tipo de secta religiosa ofrece un atisbo de intriga más prometedor, pero apenas se menciona. De hecho, más parece una serie de ideas arrojadas al aire, que verdaderos intentos de profundizar en el universo. Harlin la guarda para una supuesta revelación en el próximo capítulo, pero en este punto el público ya está demasiado cansado para esperar. El resultado es una cinta que ni asusta ni aporta misterio, atrapada entre clichés gastados y promesas vacías.
Si algo deja claro esta entrega es que la trilogía busca rellenar con material débil lo que nunca necesitó expansión: la idea original de Bertino bastaba por sí sola para aterrorizar.
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