Cinemanía

“Super Mario Galaxy: la película” no es tan mala como te quieren hacer creer pero pudo ser mejor

“Super Mario Galaxy: la película” expande el mundo de la original y lo lleva a un nuevo nivel, con paseo cósmico que recorre varias sagas, referencias pop, arcos y puntos de la conocida franquicia de Nintendo

Super Mario Galaxy
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“Super Mario Galaxy: la película” sufre de la habitual “secuelitis” de Hollywood. Por lo que, para sorpresa de nadie, es más grande, ambiciosa, más elaborada y con más cosas que mirar en sus 98 minutos de acción cósmica trepidante.

La decisión es una buena noticia para los fanáticos de la franquicia de Nintendo —que van a disfrutar de lo lindo con un paseo por toda la mitología del juego—, pero un poco menos para quienes amaron la cinta original y disfrutaron de su simplicidad. Porque si algo cautivó del éxito del 2023, fue que contó una historia simple, entrañable y llena de buen hacer, sin perder su cualidad para ser una producción independiente. 

Pero, claro está, depende de la nostalgia. “Super Mario Galaxy: la película” es la suma de todo el mundo imaginado por la saga para videoconsolas, pero llevada a una especie de lento goteo de referencias. Todas pensadas para enternecer al jugador de toda la vida y quizás, captar al que se va a asombrar por un mundo tan vasto. De modo que hay que tenerlo en cuenta: la película es un gran homenaje. Uno detallado, lleno de referencias hasta el cansancio y que no hace el menor esfuerzo en disimular que su objetivo es ser potable y cercano a sus fanáticos naturales. 

Esta nueva entrega galáctica que sigue las aventuras de Mario (con la voz de Chris Pratt) ahora con más poderes y más escenarios en los cuales moverse, no intenta ocultar su dependencia del pasado; al contrario, la abraza con entusiasmo.

Sin embargo, lo que la distingue es la manera en que transforma esa acumulación de referencias en una experiencia dinámica. No se limita a citar, sino que reorganiza, mezcla y acelera. 

El resultado es una narrativa que avanza con ritmo constante, casi sin detenerse a reflexionar. Todo ocurre rápido. Muy rápido. Y en ese vértigo, el espectador apenas tiene tiempo de cuestionar lo que está viendo. Funciona. Pero también deja la sensación de que algo más profundo podría haber existido si la película se hubiera permitido respirar un poco más.

Un cuento espacial con estructura de videojuego

La cinta va directo al grano y no pierde tiempo en contexto. Por lo que se enfoca en Rosalina (Brie Larson), la madre protectora de las Lumas. Su rol inicial tiene un tono casi íntimo, con escenas que sugieren una conexión emocional genuina y quizás es el único intento del guion por brindar alguna capa de profundidad a su historia. Sin embargo, la intención dura poco. Bowser Jr. (Benny Safdie), segundo villano a bordo para la ocasión, entra en escena para secuestrar a Rosalina y de paso, asumir el riesgo de rescatar a su empequeñecido padre Bowser (Jack Black). De ahí en adelante, todo es aventura.

Claro que, hay que tener en cuenta que Mario y Luigi (Charlie Day) ya no son principiantes. Han asumido su lugar como figuras heroicas dentro del Reino Champiñón. Durante una de sus misiones conocen a Yoshi (Donald Glover), quien se integra al grupo con naturalidad, aunque su participación posterior resulta limitada y se echa de menos que un personaje tan adorable no tenga mejor desempeño.

Mientras tanto, la princesa Peach (Anya Taylor-Joy), acompañada por Toad (Keegan-Michael Key), inicia su propio recorrido tras recibir información clave sobre la desaparición de Rosalina. A partir de ahí, la película adopta una estructura fragmentada, en la que varios equipos actúan por separado para eventualmente converger. Y si lo estás pensando, estás en lo cierto. Es un diseño narrativo que recuerda directamente a la lógica de los videojuegos: niveles, obstáculos, encuentros, progreso. Todo encaja dentro de ese esquema.

Referencias que construyen ydistraen

Cada escenario, cada objeto, cada personaje, parecen diseñados para activar la memoria del espectador y para hacer que el fanático de turno apunte a la pantalla de cine emocionado. Sin embargo, a diferencia de otras producciones similares, en “Super Mario Galaxy: la película” esas referencias no interrumpen la trama o son tan pesadas como para resultar agobiantes.

Al contrario, se integran con cierta fluidez, como parte de una historia sencilla (básicamente, dos equipos que van del punto A al punto B en medio del lore de Nintendo) y entrañable. No siempre aportan algo esencial a la historia, pero tampoco la detienen. Es un equilibrio delicado que la película maneja con relativa eficacia.

El guion introduce además un tipo de humor que funciona en distintos niveles de lectura. Algunos chistes dependen del conocimiento previo sobre el juego y hasta de cultura pop (presta atención a la escena del secuestro espacial y reconocerás la nave de inmediato), pero muchos otros se sostienen por sí mismos. Con todo, la película arrastra la constante sensación de que es un obsequio exclusivamente para fanáticos y a eso se atiene. 

Expansión sin profundidad

Debido a lo anterior, a medida que la historia de “Super Mario Galaxy: la película” avanza, se hace evidente que quiere abarcar más de lo que puede desarrollar. La introducción de nuevos personajes y escenarios amplía el universo, pero también diluye el foco narrativo. Rosalina, por ejemplo, comienza con una presencia fuerte y rápidamente pierde relevancia. Su función se reduce a ser el objetivo que motiva la acción de los demás. Es una decisión que simplifica el conflicto, sin embargo también limita el potencial del personaje.

Algo similar ocurre con Fox McCloud (Glen Powell), cuya aparición cumple una función específica dentro de la historia, pero carece de desarrollo real. Estos elementos contribuyen a la expansión del universo; no obstante, no necesariamente a su profundidad. La película se mueve rápido, introduce ideas, pero rara vez se detiene a explorarlas.

A pesar de las limitaciones del guion (sencillísimo, tópico y predecible hasta la exageración), el trabajo del elenco aporta solidez al conjunto. Chris Pratt y Charlie Day mantienen una dinámica efectiva como protagonistas, mientras Anya Taylor-Joy ofrece una interpretación que equilibra determinación y un burlón sentido del humor. Pero la película se queda a la mitad en intenciones y en entusiasmo para narrar su premisa. Por lo que sí, “Super Mario Galaxy: la película” es un homenaje, un entretenimiento respetuoso y simpático. Y claro está, no es tan mala como dice parte de la crítica especializada. Pero tampoco es tan buena como pudo haber sido.

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