Marco Pernas: la razón por la que todas las señoras ahora ven un culebrón en Netflix
Nunca había actuado en algo así. Pero los productores de la serie “Valle salvaje”, que se convirtió en un fenómeno de audiencia luego de que Netflix decidiera comprarla, se empeñaron en que Marco Pernas fuera el protagonista. Y acertaron
Marco Pernas -nacido en Trubia, Oviedo- hizo casting para interpretar un personaje secundario en la superproducción ambientada en Asturias en 1793. Durante los ensayos, el propio creador y productor de la serie, Josep Cister, lo llamó a su oficina. Y aunque el novel actor pensaba que lo iban a echar del plató, terminó contratado como la figura principal de la historia junto con Rocío Suárez de Puga.
Él, que tiene 32 años y se presenta en su cuenta de Instagram como “actor y mago mentalista”, cree que “Valle salvaje” tiene mucho de magia, además, claro, de un presupuesto de 11,1 millones de euros que ha hecho posible rodar escenas en locaciones históricas como el Palacio de Aranjuez en Madrid y la Finca de la Granjilla en El Escorial.
Eso y una historia, dicho por él mismo, en la que hierven pasiones como en las mejores telenovelas: la de una chica de 20 años obligada a casarse con el primogénito de una familia venida a menos. Solo que ella está enamorada de Rafael, el hermano menor, al que Marco Pernas le ha prestado su cuerpo y su voz, amén de sus ojos que -todos comentan- siempre parecen estar a punto de derramar el lagrimón.
-¿Ha cambiado mucho tu vida tras el éxito de “Valle salvaje”?
-Pues ha cambiado. Ya antes de empezar el proyecto, cuando vi cómo trabajaba cada departamento, le dije a mi mánager: “Esto pinta bien”. Y ha ido funcionando cada vez mejor, primero en Televisión Española y ahora con el boom que diría que hay en Latinoamérica. La gente me para por la calle, cosa que antes no me pasaba. Voy a desayunar al bar de toda la vida y ya no puedo hacerlo tan tranquilamente porque viene gente que incluso no conozco a hacerme preguntas, siempre con palabras de agradecimiento, todo muy bonito. Me tomo el café, pero ya no tan tranquilamente. Yo te diría que desde que se estrenó en Latinoamérica se ha producido un efecto imán. Al ver que estaba resultando tan bien, la gente en España parece que dijo: “Vamos a darle la oportunidad” y se han enganchado. Y sobre todo mucha gente joven, lo que nos sorprende, porque en principio este tipo de serie es más para gente mayor.
-¿Cómo fue que llegaste a “Valle salvaje”?
-Hice el casting. Se supone que iba a interpretar el personaje de Atanasio, el galeno, que nos explicaron en un principio que no iba a tener mucha trama, pero ya ves que se ha convertido en uno de los más importantes de la trama central. Un día estábamos haciendo unos ensayos antes de comenzar a grabar y el productor ejecutivo de la serie, Josep Cister, me llamó a la oficina, y aunque yo pensaba que era para despedirme, me dijo de repente: “Mira, te he visto en los ensayos, he visto cómo trabajas, y quiero que seas el protagonista”. ¡Te podrás imaginar! Yo en ese momento no me lo creía. Lo que hice fue llamar a mi mánager, a mi familia, a mi socio.
-Uno supone que había mucho de sorpresa y alegría, pero también de temor…
-¡Imagínate! Fue una primera semana en la que debería haber estado muy contento, pero tenía mucho miedo, sentido de responsabilidad. Nunca había hecho un personaje tan importante, mucho menos como protagonista. Y bueno, poco a poco vas aceptando que también tienes derecho a hacer un personaje protagonista y lo vas disfrutando…
-Considerando que no habías protagonizado antes, ¿qué crees que vieron en ti para convertirte en el protagonista de “Valle salvaje”?
-Yo creo que las directoras de casting, Eva Leira y Yolanda Serrano, vieron mi predisposición. Yo fui con una secuencia a ese casting y ellas comenzaron a plantearme roles diferentes para sacarme de mis casillas. Yo tenía algo preconcebido y ellas dijeron: “Vale, vamos a sacarlo de la zona de confort”. Y vieron que yo ni me lo pensaba, que simplemente lo hacía, y me lanzaba a la piscina. Es como si dijeran: “¿Cómo dirías este diálogo si fueras una naranja?”. Y yo pensaba: “Pues no lo sé, pero lo voy a hacer”. Sí que es cierto que a muchos actores y actrices les piden experiencia, pero es como la pescadilla que se muerde la cola. ¿Qué experiencia? ¡Dadme la oportunidad de tener experiencia! Yo ya estaba pensando: “Igual mi camino como que tendrá que ser otro”. Y entonces mi mánager y yo decidimos mandar un video. Él vino a Madrid para grabar el video y enviarlo, y en menos de dos o tres días ya me estaban llamando porque querían verme. Nos explicaron que les había gustado mucho.
-Dices que cuando te llamó el productor de la serie sospechabas que te iba a echar de “Valle salvaje”. ¿Cómo se vence a ese impostor que muchos llevamos dentro?
-Date cuenta de que cuando no has hecho un proyecto de este tipo y de repente te dan un personaje como el de Atanasio y luego te lo cambian por el principal, siempre está el miedo de no estar a la altura. Mi cabeza me mandaba mensajes a pesar de que no tenía indicios para pensar en negativo. Pero me los mandaba y era imposible no escucharlos. Me llaman para darme una buena noticia y yo llego esperando lo peor. De hecho, recuerdo que el productor ejecutivo hizo una pausa y dijo: “Marco, no sé cómo decirte esto”. Y ya mi cabeza estaba pensando: “Venga, no hagas daño y dime ya que me despides”. Es el miedo a no estar a la altura, que es normal, pero no por eso debemos normalizarlo. Hay que mirar a ese monstruo a los ojos. Es lo que he decidido. Dije: “Bueno, la responsabilidad de que me hayan elegido no es mía, es de otras personas, pero voy a hacer lo mejor”. Y me he obligado a disfrutar al máximo. Así es como se ha eliminado ese síndrome del impostor.
-“Valle salvaje” tiene una producción impresionante, vestuario sumamente cuidado, locaciones maravillosas. Y sobre todo: una historia de pasiones. ¿Dónde radica el fenómeno?
-Por ahí no vas desencaminado. Hay algo que yo destaco mucho. Y es que a pesar de que las emociones están en su máximo exponente, igual se viven un poquitito como en la vida. Es decir, sabemos que es ficción, pero a pesar de ello es una historia muy humana. ¿Por qué digo esto? Porque aquí no hay nadie a quien ames en absoluto. No hay nadie a quien odies en absoluto. Todos aciertan y todos se equivocan. Es una serie en la que no hay ni un protagonista ni un villano, por ejemplo. En otro tipo de producciones el personaje de Rafael sería el bueno y Julio el villano. Aquí no, aquí los dos tienen su momento de ser héroes y ser villanos. Eso me encanta. Por eso hay gente que critica mi personaje, gente a la que no le gusta su forma de actuar en determinado momento o las decisiones que toma. ¿Por qué? Porque es humano. Es imposible acertar siempre. Y esto pasa con todos los personajes, incluso con el más malvado, que sería Victoria. Y sin embargo cuando ella ha mostrado su lado más humano ha sido maravilloso. Creo que esto es lo que hace que la gente se enganche. Están ahí todas las pasiones, pero sobre todo cualquier personaje te puede sorprender en cualquier momento.
Nacho Olaizola, Rocío Suárez de Puga y Marco Pernas
-Tienes otro oficio: eres mago. ¿Cómo nació la pasión por la magia porque incluso te presentaste en el programa “Got talent”?
-A mí me gustaría poder decir algo bonito y crear una ilusión, pero te estaría mintiendo. Yo estaba estudiando en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y ahí conocí al que es ahora mi socio en la productora de magia, Álvaro Molero. Yo vengo de una familia humilde y necesitaba pagar mis gastos en Madrid, y veía que este compañero vivía de la magia, que pagaba su alquiler y su carrera a través de la magia. Y le pregunté: “¿Tú vives de esto? ¿Me podrías enseñar?”. Y así empezó mi mundo en la magia. Empecé por supervivencia, aunque suene feo.
La forma bonita de decirlo es que yo no descubrí a la magia, la magia me descubrió a mí. En cuanto a “Got talent”, me llamó la productora, que me había visto en mis redes sociales y quería que yo fuera al programa. Yo no quería porque no me sentía en el momento de participar en el show. Pero a la tercera llamada de insistencia les dije: “Vale, voy, pero se me ha ocurrido una idea: asisto, pero con la condición de que me dejéis hacerle una sorpresa a mi abuela: que suba al escenario y sea ella quien haga la magia”. Porque mi abuela siempre quiso verme en la tele, haciendo lo que fuera. De hecho, yo la había invitado a verme al teatro y me comentó: “Me encanta, pero quiero verte en la tele”.
-Así que se podría decir que hiciste magia con “Valle salvaje”…
-Se podría decir. Porque “Valle salvaje” es magia. Y hablando más formalmente, ser mago puede ser una maravilla para un actor, porque todas las técnicas que uso me dan un alto porcentaje de ayuda. Pero te digo que la serie es magia porque me gustaría que mucha gente pudiera acudir a un rodaje y viera todo el trabajo que hace cada departamento. Y si lo comparas después con lo que se ve en la tele, en directo, notarás que la diferencia es abismal. La magia es abismal, por el amor que hay y las ganas de trabajar de cada persona que está involucrada.
-Dicen que no tienes vida, que ruedas todos los días y no paran…
-Sí que es fuerte. Antes de empezar el proyecto yo sabía que iba a ser estricto, pero no sabía qué tanto. Ahora estamos grabando la segunda temporada y es de lunes a viernes desde las 6 de la mañana hasta las 8:30 de la tarde fuera de casa. Y teniendo en cuenta que es una serie diaria, tienes que ir estudiar todos los días, pero llegas a casa a las 8:30, haces la cena, ¿y cuándo estudias? Me da la 1 de la mañana. Y a las 6 tienes que estar en pie porque vienen a recogerte. Entonces hay que saber gestionarlo. Pero una vez que lo haces, el cuerpo es sabio y se acostumbra.
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