Manuel Ángel: "Si el chiste da risa y lo puedes defender, pa’lante"
Stand-up al viejo estilo: un tipo haciendo una rutina de chistes, probados ya en medio mundo. Eso es lo que presenta Manuel Ángel Redondo en su especial "Peores verdades & mejores mentiras", disponible en YouTube. Y por eso hablamos con él, otra vez
La vida de Manuel Ángel Redondo después de «Entregrados» ha sido girar y girar y volver una y otra vez a las tarimas: un intensivo de stand-up, que era lo que -dice- le hacía falta. Y el producto de «cientos de shows», la esencia de tantas noches ante el público es lo que concentra el especial «Peores verdades & mejores mentiras» colgado en YouTube desde el 15 de junio: una hora de comedia -según él- apta para toda la familia.
-¿Lanzar un especial implica que ya esa rutina de chistes murió?
-Sí, la teoría debería ser esa. Una vez que ya se lo enseñas al mundo deberías pasar a la siguiente fase, que es escribir otro especial, renovar el formato. Es cómico porque es como muy distinto y a la vez muy similar al proceso de un músico de sacar un disco, porque pasas por un proceso creativo, lo trabajas, lo grabas, con la diferencia de que el músico tiene que defender esas canciones por el resto de su vida si les va bien tocándolas y tocándolas, mientras que uno se desprende de ese material por siempre. Y lo dejas ir.
-¿Te desprendes porque hay una exigencia de la gente o porque ya estás harto de esas rutinas?
-Parte y parte. Por un lado, tú estás harto y por el otro, si lo publicaste en Internet pierde la sorpresa porque se lo estás dando a la gente que en teoría de consume y que, en teoría, te va a comprar un ticket. Y si después vas a contar los mismos chistes, estás arruinando la sorpresa.
-Además corres el riesgo de ser como Mimí Lazo haciendo el mismo monólogo toda la vida…
-O Norkys con “Orgamos”… con la diferencia de que ellas no han publicado eso para que la gente los consuma en su casa. Y ahí entra el factor ese de la sorpresa.
-¿Qué tan importante fue ese elemento del “factor sorpresa” en los chistes de esta rutina? ¿Hay un cuidado especial en eso?
-El chiste de por sí debería ser sorpresivo, porque sino, no tendría ningún tipo de lógica. Debería sorprenderte y de ahí venir la risa. Creo que a la hora de organizar el material y de buscarle la intención, en mi caso lo que quería era tratar de dar una suerte de concepto, que todos los chistes que he estado trabajando se englobaran bajo una idea que pueda presentar. Va más por ahí el trabajo, conseguir un concepto y presentarlo, que en buscar una sorpresa, un plot twist o algo por el estilo.
-Es verdad que la sorpresa es un elemento importante, pero también hay chistes que se anuncian mientras los vas contando y siguen siendo igual de efectivos y divertidos porque te vas anticipando a la risa…
-Sí, total. Depende del chiste. Un ejemplo de eso es “el malandro cagao”, de Emilio. Es uno de sus grandes éxitos y la gente se lo pide y se lo pide. Y también tengo panas colegas que han conseguido un efecto similar. Creo que es parte del comediante, que capaz se cansa de repetirlo y no lo quiere hacer más, pero es un juego en el que vas ahí bailando.
Hace años hacía un chiste de los sordos. Yo trabajé en Venezuela en un Festival de Música Urbana, con Félix Allueva, y yo era el host y había un acuerdo por el cual buena parte del público del festival eran de la Confederación de Sordos de Venezuela. Y había un traductor simultáneo. Con eso hice una pequeña rutina, la publiqué y ese chiste me lo pedían full, “echa el chiste de los sordos”. Cuando empecé a hacer ese chiste, el factor de que hubiera un traductor simultáneo en lenguaje de señas era algo que yo nunca había visto y era poco usual en ese momento, pero después se hizo popular y hasta empezamos a ver memes de traductores en conciertos de metal y lo que sea. Entonces, ya por ese lado no era una historia única mía, ya pasaba en el mundo. Si bien había momentos en los que me pedían el chiste, tenía que responderles: eso ya pasó.
-¿El concepto de este especial que unifica todo es ese trabajo de ficcionar verdades y de meterle mentiras a las verdades?
-Sí, va por ahí. En este especial el título define perfectamente el ejercicio del stand-up porque es lo que hacemos nosotros: alterar un poquito lo que te pasa para generar la risa y la sorpresa.
Cuando empecé a ordenar lo que tenía, me di cuenta de que sin querer queriendo todo conducía hacia cosas que podían ser o no ser mentiras. Y yo disculpándome, “no vale, eso es mentira” o “sí vale, esto es verdad”. Y ahí poco a poco cayó la idea. El título era algo que tenía resonándome en la cabeza desde hace mucho por Hernán Casciari, por un prólogo de uno de sus libros donde dice algo así como “en este libro les dejo un compilado de mis peores verdades y mis mejores mentiras”. Y eso resuena demasiado con lo que es la comedia y el ejercicio del stand-up.
-¿Hace falta aclarar las cosas así como “esto es metira”? ¿La gente se cree las cosas porque generalmente se cuentan en primera persona?
-Total… También hay un factor de comicidad en eso de joder y decir “no, es mentira” o “no, es verdad”, como sobre rematar un poquitico con eso. Pero si supieras que hay gente que se lo cree a veces muy literal, gente que te llega después de los shows: “¿y tal cosa es verdad?”, “¿tal cosa es mentira?”. Y ahí tienes que ver si les mantienes el sueño vivo o se lo rompes.
-Lo mejor es no aclarar nada…
-No, no, depende. Hay cosas que yo tengo que decir: “chamo, claramente esto es mentira, ¿cómo vas a pensar que esa vaina es en serio? ¿Estás loco?”.
-Estamos hablando a tres días de estar el especial en YouTube, ¿ya recibiste tu primera cancelación desde Chile?
-Sí, sí, sí… desde el principio. Creo que fue muy rápido, más bien. En las primeras 24 horas ya había un par de chilenos ahí resentidos haciendo comentarios.
En estos casos, cuando sucede eso pienso “esto se puede salir de control” y después creo que ya no pasa nada. Por lo menos en estos días iniciales. También creería que los chistes son bien lights, me disculpan. Yo consumo comedia como fanático y como una especie de profesional para ver qué están haciendo los colegas y en Chile, en Colombia, desde hace años se están haciendo chistes usándonos a nosotros y nuestros estereotipos para decir que pasamos hambre o que robamos… Y la verdad es que si el chiste está bueno, lo puedo pasar y me da risa. Espero que suceda lo bueno de manera recíproca con lo mío. En líneas generales, es un especial que traté de cuidar y que si bien pudiese molestar a la gente, creo que pasa la prueba de la cancelación.
-Igual es una apuesta, sobre todo por lo de Viña del Mar y esa historia… Hay una sensibilidad muy a flor de piel…
-Sí, totalmente. Y más allá de los de Viña del Mar siempre hay una tensión ahí Chile-Venezuela dura.
-¿Y la sientes tú, que además viviste un rato en Chile?
-La vivo de cerca porque voy a Chile a presentarme, tengo amigos, tengo familia. Y es un país que, a nivel de trabajo, tengo muy cerca. Es indiscutible que hay una tensión, hay algo. Afortunadamente, mi gremio, el de la comedia, es un gremio mucho más amable. Cuando trabajo en Chile mi productor principal es chileno y es una pieza fundamental para que trabaje allá, es con quien giro por el país y más allá de eso tengo muchos amigos, colegas muy cercanos, con quienes puedo discutir estas cosas. Es más difícil para gente que resida o que tenga que hacer otro tipo de cosas allá, pero sin duda es algo que sientes y es algo que aun no tiene como una suerte de conclusión… Es algo que seguimos viviendo muy en caliente por todo este peo migratorio.
-Suele suceder en estos casos que la mayoría de los que se ofenden y los que se agitan más, son gente que realmente no consume comedia, que solo ve un clip…
-Y que consume algo como literal, que no entienden el concepto de que estoy acá en un contexto de humor, de comedia. Si pretendes que lo que vas a escuchar acá es algo serio, estás en el sitio equivocado.
-¿Qué funciona mejor al momento de escribir chistes, meterle mentiras a una verdad o presentar una mentira como verdad?
-Las dos son válidas y en este especial hay un poquito de las dos. Hay muchas cosas que son 100% verdad literal, que ni tuve que ponerle ningún aditivo adicional; y hay otras cosas que sí fueron manipuladas. Creo que ese, más bien, es el ejercicio: tratar de ver dónde está esa línea y tratar de que la gente ni siquiera sepa dónde está pero que igual le dé risa y que tengan esa duda de dónde está la ficción y dónde lo real.
En mi caso, necesito de la vida y de lo que me rodea para hacer chistes. Hay otros comediantes que pueden jugar mucho más con la ficción y crear cosas completamente ficticias. Creo que yo absorbo demasiado de la verdad, de lo que me pasa. No soy ese tipo de comediante que hace ficciones netamente, necesito de lo que me rodea en la vida.
-Hay también en esta selección de chistes un juego de provocación que, al menos en los comediantes venezolanos no se estaba viendo mucho desde hace rato, esto de mencionar asuntos políticos y este mismo juego con los chilenos, ¿llegaste a un punto en el que dijiste quiero saltarme esta corrección y voy a apostar al chiste que estoy haciendo?
-Creo que ese tipo de –vamos a llamarlo- confianza en el material lo que te la da es que esos chistes los giré por demasiados sitios y los probé en distintos contextos. Los chistes de chilenos en Argentina sacan aplausos de pie… Entonces, traté de trabajarlos y a la hora de la edición final, de la grabación final, volví a revisar y evaluar si esta palabra es la adecuada o si con esta otra puede ser mejor. Son cosas que cuidé, pero al mismo tiempo creo que ese también es el ejercicio de la comedia: pegarte a la línea lo más cerca que puedas sin sobrepasarla. Es el mismo ejercicio donde trato de estar metido: ver dónde está esa línea y ahí voy jugando. Mi objetivo es que sea chistoso y que sea entretenido y esa prueba te la da la cantidad de shows que haces. Esa fue, entonces, la primera sensación de confianza que tuve.
Y más allá de eso, siento que a nivel de comedia siempre es algo que está evolucionando según lo que esté pasando socialmente. No creo que haya tanta política en mi show, solo ciertas cosas, pero creo que también estamos en un momento de evolucionar porque hace un par de añitos estábamos como saturados del chiste político y re-cansados de que nos mencionaran cualquier tema, palabra o nombre que nos asociara a eso por la saturación.
Creo que quizás en este momento se está aceptando un poco más y dependiendo del tema y del ángulo que plantees, lo puedes tocar. Por ahí va…
También siento que esa corrección política y esa cultura woke se fue tanto para arriba que como que dio la vuelta y estamos volviendo a arrancar. Creo que esa cultura woke saturó tanto que ya la gente quiere un poquitico de descontrol otra vez. Creería que se les fue un poco de las manos.
-Sí, pero también había esa cosa de la aversión o el temor por parte de los comediantes de tocar el tema político venezolano, había –además- una especie de consenso que planteaba “es que ya no dan risa esos chistes, la gente no quiere esos chistes”. Uno no sabe si es verdad que la gente no los quería o que el comediante estaba cansado o temeroso de hacerlos…
-Parte y parte. Creo que también tiene que ver con el ángulo del chiste, como que la gente se cansó de que te recuerden la cotidianidad de tus problemas en un contexto en el que querías más bien olvidarlos. Por ahí puede ser un poco la lectura. Llegó un punto en el que estábamos tan saturados del problema que más bien buscábamos no reírnos de él, sino olvidarlo un rato.
Yo he tenido la suerte –podemos llamarlo así- de a lo largo de mi carrera, mi trabajo ha generado gusto y likes también en el ambiente político de las personas que piensan distinto a mí, incluso en proyectos como “Pero tenemos patria”, que claramente era de sátira política en contra del gobierno. Lo mismo pasó con “Viviendo al mínimo” y con “Entregrados”, entonces creo que eso me permite cierta licencia o cierto entendimiento a la hora de decir “si planteas algo que sea genuinamente cómico, sí puedes pasar la línea un poco”.
El especial anterior salió en 2023 y lo giré desde 2020 y también hay un par de matices políticos. Este especial de ahora no creo que sea muy político, hay comentarios, pero en el otro también los había porque como venezolanos nos atraviesa la política. Es inevitable. Creo que si el chiste da risa y lo puedes defender, pa’lante.
-En el caso de Argentina que también pasa por un momento muy polarizado, ¿percibes que debes tener cuidado con esos temas?
-Dependiendo… Si es para el público argentino, sí hay que tener cuidado: eres un extranjero en su país y más allá de eso, nosotros tenemos fama. Y esa es la fama que comento en el especial. Con esa fama, sobre todo en Buenos Aires, tienes que ser bien inteligente y cuidadoso a la hora de plantear los chistes porque la situación está muy caldeada y la idea es hacer reír, no hacer un statement. Es algo que tengo claro. Pero ese chiste que está en el especial, que es un chiste de Milei, agarra digamos al principal culpable de toda esta discusión y polarización… y ese chiste pasó.
-Es una crispación global, en realidad, pasa en tantos países…
-Sí… Y también está el ángulo de mi chiste: yo no trato de criticar su realidad, trato de decirles cómo yo la interpreto. Entonces, ese chiste sobre Milei es un chiste que habla acerca de nuestro trauma político y de lo locos que estamos, y no tanto de la realidad argentina. Esa es la manera de poder plantear esos temas, no tratando de decir “yo opino esto de ti” sino decir “yo interpreto tu realidad de esta manera”.
-¿Este show fue concebido y hecho así como se ve, con poca interacción con la gente? La pregunta viene porque uno tiene la idea de que tú juegas mucho con ese recurso y aquí no está presente.
-Sí, 100% fue intencional porque quería mostrar la otra cara de lo que podía hacer en vivo en tarima. El tema del crowdwork, de la interacción con el público, ha agarrado demasiada fuerza en los últimos años y es algo que me fascina y trabajo mucho con eso, pero quería mostrar una hora de stand-up convencional, sacar lo más clásico de la comedia. Y quería también sacar una versión de mi comedia que fuese familiar, si me permites el adjetivo: que puedas sentarte a verlo con tus papás sin sentirte incómodo porque hay chistes de mamar culo y vainas así. Esa era la intención con este especial, mostrar una cara distinta de lo que han venido viendo de mi trabajo y también como una suerte de antesala a otras cosas que estoy preparando.
-Hay anuncios de que pronto lanzas otro especial…
-Exactamente. Este año, el año post-“Entregrados”, que estoy como más tranquilo, estoy trabajando en otras cosas a nivel de escritura y no tanto de exposición, quería dedicarme al stand-up y mostrar dos caras distintas de lo que yo puedo hacer en tarima. Una es este especial que se llama “Peores verdades y mejores mentiras”, una hora de stand-up convencional, sin interacción con el público, 100% clásico y en mi opinión un show que puedes ver con tu familia sin sentirte incómodo. Ese show lo publiqué y ya no lo hago más. Estoy girando actualmente el que pretendo sacar a final de año, que es un show dedicado casi 100% a la interacción con el público, a la improvisación con el público y en específico con parejas, por eso se llama “Hablando sucio”.
Ese especial ya lo grabé en Estados Unidos, estaba buscando grabarlo en una ciudad que fuese muy multicultural para poder tener un repertorio de distintas nacionalidades en las parejas.
“Peores verdades y mejores mentiras” lo grabé en Argentina porque es mi casa y porque tiene mucho de eso. “Hablando sucio”, en Estados Unidos en busca de que las parejas no solo fuesen venezolanas con alguien más, sino poder tener más pluralidad de nacionalidades y eso fue lo que pasó. Lo grabé en el Zanies, en Chicago –que es un sitio legendario para la comedia- y pasó lo que quería: tuve gringos, tuve cubanos, tuve boricuas, colombianos… y ahí agarra otro sabor el show.
-¿Tienes fecha de lanzamiento?
-Ese show lo estoy girando todavía. Pretendo sacarlo a final de año porque tengo fechas confirmadas hasta noviembre.
-Pero ese show de “Hablando sucio” cambia todas las noches, ¿no?
-Sí, cambia todas las noches. Sin embargo, tiene una estructura. Mi estilo por el momento a la hora de preparar los shows es que cuando giro libremente, sin estar atado a un concepto, lo que hago es que arranco los shows con la rutina que tengo más construida. Entonces ahí hago, dependiendo del tiempo que tenga, 20-30 minutos y después me pongo a interactuar con la gente y empiezo a probar las ideas que tengo más crudas, las más nuevas. Con la interacción nos conocemos, hago cosas, tengo cositas preparadas y empiezo a trabajar esas ideas que están más crudas. Cuando esas ideas ya siento que las tengo bien hechas, las paso a la parte inicial de la rutina.
Entonces, cuando ya estaba armando la grabación del primer especial, me di cuenta de que tenía muchas cosas que funcionaban un tanto mejor con la participación del público. Y casualmente todas esas cosas se relacionaban con el amor y con el sexo. Terminé agarrando eso, son cuatro o cinco bits, cuatro o cinco chistes como con cierta conexión que hace que haya una consecuencia entre lo que va pasando en el show y eso es lo que trabajo con la gente.
En “Hablando sucio” lo que hago es conocer a las parejas, trabajo estos bits, paso a la siguiente pareja y así voy. Digamos que es un 70-30%; 60-40%, de improvisación y stand-up.
-¿Y qué otra cosa tuya vamos a ver en lo que queda de año, en qué otro proyecto andas?
-En lo que queda de año voy full stand-up, es a lo que quería dedicarme porque estoy pre produciendo otra cosa a nivel de escritura. Desde hace rato estoy asociado con Alfredo Hoeck, director audiovisual venezolano. Estamos escribiendo guiones, es algo que me apasiona y le dedico bastante tiempo. Con él y con otro grupo de comediantes nos ha dado una piquiña durísima la posibilidad de hacer ficción, bien hecha, propia y con nuestro estilo. En eso estamos trabajando.
En octubre, si no me equivoco, empezamos el rodaje de un proyecto que escribimos y que queremos sacar a principios del año que viene. Es un proyecto en el que estamos Alfredo y yo, pero también hay comediantes panas aliados como Gabo Ruiz o como Carlos Jelambi, que va a ser el director. En eso estoy, a eso es a lo que le tengo confianza y fe para el año que viene.