Entrevista UB

Kevinrandom y la viralidad inesperada de "Menos ropa"

Kevinrandom no buscaba la fama. Lo que comenzó como un chiste entre compañeros de oficina terminó en millones de vistas y una tarima junto a Alleh y Yorghaki | Por: Valentina Rivas y Alejandra Gomes

Kevinrandom
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La viralidad en redes sociales puede ser fugaz, abrumadora, etérea. “Aprovéchala”, repiten los gurús de Instagram y un par de amigos que insisten en que tu contenido debe seguir sumando números.

Y a veces llega sin que la estés buscando… Ese fue el caso de Kevin Durán Londoño, un chamo de 28 años con el que seguramente te has cruzado en TikTok Venezuela en los últimos meses.

Todo comenzó como un trend de TikTok. Kevin trabajaba en una agencia como filmmaker y, a principios de 2025, sus compañeros le abrieron una cuenta en la plataforma para subir videos random con él como protagonista. Pero Kevin no lo sabía.

Lo que empezó como una broma terminó creciendo. En marzo, Kevin descubrió que tenía una cuenta con miles de seguidores.

“Una chama me escribió por Instagram y ahí me enteré”, recuerda Kevin sentado en las escaleras de la Plaza Los Palos Grandes.

Sus tiktoks, sencillos y espontáneos, fueron generando una especie de lore: escenas cotidianas en su oficina que recordaban a la serie The Office y videos sobre todo y sobre nada al mismo tiempo. Pero en esa mezcla de cosas cabían momentos auténticos y honestos.

Tanto así que uno de ellos dio la vuelta completa en TikTok: la descomposición —como él le llama— de la canción Capaz, de Alleh y Yorghaki.

“Menos ropa, menos ropa”. Dos palabras bastaron para generar millones de vistas y para que Manuel Turizo, Beto de Rawayana y los propios Alleh y Yorghaki se unieran a la joda y lo subieran a una tarima en Valencia.

@kevinesrandom

Respuesta a @Franchesca Gamero Re Declaraciones

♬ sonido original – Kevinrandom

¿De dónde viene esa vibra tan positiva? ¿Eres así o es de familia?

— Eso se hereda. Por parte de la familia de mi papá siempre ha estado muy presente el optimismo, ir hacia adelante, no quebrarse tanto. Y por parte de la familia de mi mamá, la resiliencia. Entonces, no importa cuántos infortunios lleguen, hay que levantarse y dar lo mejor de uno.

— ¿Pero las redes pueden llegar a quebrar eso, te ha pasado?

— Estoy aprendiendo a sentirme mal cuando me siento mal. Es algo que no acostumbro y eso está mal, porque uno termina solapando las cosas, queriendo taparlo todo.

Aunque no parezca, esta ola del influencer también genera estrés y preocupaciones nuevas. Pero la gente no tiene culpa de lo que yo pueda sentir negativamente y no tiene por qué pagar los platos rotos. Así yo no fuese influencer, lo haría igual.

“Vamos a seguir y que sea divertido”

Kevin es del estado Táchira. Se graduó de comunicador social, mención audiovisual y guionismo, en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Comenzó su carrera como filmmaker en agencias de publicidad, aunque confiesa que su mayor sueño es trabajar en National Geographic.

Durante meses no supo del veloz crecimiento de su cuenta. Inés —su colega y quien graba la mayoría de sus videos— fue quien abrió el TikTok y poco a poco empezó a sumar reproducciones.

“Cuando me doy cuenta ya había una comunidad bastante grande, gente que me tenía mucho cariño. Entonces pensé: ¿seguimos o no seguimos? Y decidí seguir, pero que fuese divertido”.

— ¿Cómo no te diste cuenta de que te estaban haciendo una cuenta en TikTok?

— Inés graba todo y a todos, todo el tiempo. Como era lo normal, estábamos acostumbrados. Ella vio cómo era yo y comenzó con la idea. Tiene un ojo muy pulido para esas cosas, la capacidad de planificar y ver a mediano plazo. Yo, en cambio, me anclo mucho en el presente. Por eso funcionamos bien.

— ¿Cómo pasó de ser una joda con tus amigos a algo más serio?

— Uno siempre responde de alguna manera a una audiencia. Y con cada cosa que haces evalúas cómo le va a cada video. Eso puede generar presión, porque empiezas a preguntarte qué funciona y qué no, y ahí entra el conflicto de qué soy yo y qué es lo que funciona. A medida que crecían los números y las marcas empezaron a llamar, entendí que ya no solo era una joda.

— La mayoría de tus videos son en la agencia donde trabajabas. ¿Tus jefes no decían nada?

— Siempre he tenido esta actitud en todos los trabajos. Siento que cuando uno se divierte, el trabajo queda mejor. Lo que pasa es que solo publicábamos esos momentos. Obviamente, uno trabaja ocho horas y nadie aguanta sentado en una silla todo ese tiempo sin que le pique el culo. Algo tienes que hacer para no caer en un hueco.

Esas dinámicas ayudan mucho al ambiente laboral. La gente confunde diversión con inmadurez, pero son cosas distintas. Todos tenemos ciertas máscaras según la situación. No siempre soy Kevin Random. Bueno… en muchas cosas sí. Pero también hay momentos en los que soy más serio. Cuando sé que vamos a grabar, me activo. Depende del contexto.

— La etapa de creador de contenido te llegó ya casi en los 30, ¿te intimida esa edad?

— Sí, un poco. Creo que los 30 son la edad que más me intimida. Es como una revisión: ¿qué estoy haciendo con mi vida? Siempre hay una presión externa de que debes lograr cosas antes de cierta edad, pero también estoy aprendiendo que no necesariamente es así, y que uno tiene que jugar para uno mismo.

Me cuesta mucho no ser tan rudo conmigo. Uno es un guerrero de la luz, pero también tiene que ayudarse. Si uno está triste, no puede estar escuchando música triste para seguir cayendo. Eso a veces es válido, pero si quieres salir, ponte un Wisin y Yandel.

— ¿Te animarías a descomponer una canción de Wisin y Yandel?

— Sería fantástico. Son increíbles.

Alleh y Yorghaki: el junte que se tenía que dar

— ¿Cómo fue que surgió la invitación a subirte al escenario con ellos?

— En la oficina echábamos broma con eso. Ni siquiera conseguimos entradas para los conciertos en julio. Entonces Inés me dijo: ¿sabes qué? Vamos a hacer un concierto con las canciones que tú haces de ellos. Además, decían que me parecía a Yorghaki.

Hicimos el video y, con el tiempo, el audio comenzó a sonar. Después publicamos otro donde explicaba cómo descomponía las canciones, y de ahí salió «Menos ropa».

Esa canción fue un punto clave porque Beto, de Rawayana, compartió el audio. Desde ahí empezó a sonar por todas partes. Ni siquiera era que sabían que yo era “Menos ropa”, simplemente el audio se hizo viral. De ahí, pude conseguir una entrada al concierto en Caracas y luego me invitaron a su concierto en Valencia y me subí al escenario a cantar «Menos ropa».

Siento que Alleh y Yorghaki son muy de nosotros. Creo que me subí a la tarima con ellos por eso. Hacen que uno se sienta orgulloso de lo que es. Es música feliz y eso nos caracteriza. Por más problemas que tengamos los venezolanos, siempre vamos a estar dándola toda.

— ¿Ahora que bajó el hype tienes la necesidad de producir más contenido para retener a la gente que te siguió por eso?

— Mientras más lo busco, más se aleja. Uno siente la necesidad de mantenerse, porque esa validación externa puede mal acostumbrarte y hacerte creer que si 500 mil o 100 mil personas no te dan like, ya perdiste valor. Y no es así.

«Menos ropa», si somos sinceros, ¿qué le aporta a la vida? Pegó y se disfrutó, pero no por eso tengo que someterme a ese contenido. Sería ser esclavo de una expectativa que no es natural.

— Entonces, si «Menos ropa» ya pasó, ¿qué quiere hacer Kevin?

— Yo soy fotógrafo y filmmaker, eso es lo que voy a seguir haciendo. Ahora estoy trabajando con un equipo increíble que se llama CandyLab. Con ellos puedo explotar proyectos que sí me llenan espiritualmente.

Obviamente, con todo el tema de influencer, seguiré colaborando con marcas, pero que se alineen más conmigo, que no se convierta en una quincalla. También estuve con Comida para llevar en su gira por toda Venezuela, del 26 de septiembre al 4 de octubre. Esta es una etapa divertida de mi vida que, al final, terminará transformándose en un medio para expresar mi trabajo. -Por: Valentina Rivas y Alejandra Gomes

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