Entrevista UB

Flama: "Me gusta cuando se despiertan conflictos dentro de quienes ven mis obras"

El trabajo artístico de Flama fue galardonado en el Salón Jóvenes con fia, que se exhibe en el Centro Cultural UCAB hasta el 6 de diciembre

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Flama fue galardonado con el Primer Premio del 25º Salón Jóvenes con FIA. Este reconocimiento celebra no sólo su excepcional trabajo en fotografía, sino también su capacidad para desafiar los estereotipos de género y cuestionar las normas establecidas en el mundo del arte.

Con una obra que combina técnicas complejas y una narrativa poderosa, Flama nos invita a explorar nuevos territorios de la identidad y la representación.

La exposición, que se presenta en el Centro Cultural UCAB hasta el 6 de diciembre de 2025, se enmarca bajo el concepto “Línea de tiempo” y cuenta con la curaduría de Alberto Asprino y María Luz Cárdenas.

Conversamos con Flama sobre su obra, su proceso creativo y las ideas que lo inspiran.

Flama
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-¿Qué significó para ti recibir este premio, “Jóvenes con fia?”?

-Obviamente me parece algo bastante “cool” y sobre todo, importante. Se siente bastante bien que a uno le reconozcan su trabajo -y que lo hiciera una institución como la FIA- además de valorar la visibilidad y el prestigio que puede darme, es también la validación personal de lo que me doy a mí mismo. Soy el primer fan de mi trabajo, y cuando pasan cosas como esta, me reafirma que estoy en el camino correcto.

-¿Cómo describirías tu estilo fotográfico y qué lo hace único?

-Nunca me he puesto a definirlo porque siempre quedan cosas por fuera. No soy muy de definir nada, en verdad. Esa pregunta sería buena hacérsela quizás a quien ve mi trabajo y tiene la necesidad de definir qué está percibiendo o qué le despierta. En todo caso, lo que puede hacer único a mi trabajo creo que es lo que llevo dentro como persona y artista, los temas de los que hablo y la forma en que los comparto. Eso es lo que realmente marca mi estilo fotográfico. Además, obviamente, quién soy en el momento de hacerlo, pues seguramente ―y espero que así sea―, mi propuesta cambiará ―como lo haré yo mismo― varias veces con los años, como ha sido hasta ahora.

-¿Cuáles son las principales influencias culturales que han impactado tu trabajo?

-Creo que si ves mi trabajo de los últimos siete años, se podría ver como un popurrí entre referencias de la historia del arte universal, la iconografía religiosa, las artes visuales venezolanas, así como ciertos artistas y fotógrafos contemporáneos de diferentes latitudes.

En lo que se refiere a mi bagaje personal, llevo viendo arte desde que soy muy pequeño. Mi mamá trabajaba en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber y ahí pasé muchas horas durante los primeros años de mi vida. Eso significa que durante toda mi infancia estuve haciendo talleres de cualquier cosa relacionada con la plástica, viendo artistas y exposiciones, habituado a convivir con piezas arte en casa, y también a estar relacionado con gente de la cultura y las artes de una manera afectiva y natural. Como parte de nuestra dinámica familiar, cuando hemos tenido la oportunidad de viajar, las actividades relacionadas con el arte siempre han sido parte del cronograma.

Primero con la familia y luego al hacerlo por mi cuenta, esa pauta ha sido primordial para mí también. Y hoy me doy cuenta de cuánto de todo lo que he visto, he sentido, olido, degustado ha quedado en mi inconsciente y se vierte espontáneamente en mis obras.

Por otro lado, mi formación académica apunta también hacia este mundo: humanidades, diseño gráfico, comunicación social, fotografía… siempre el manejo de la imagen como sujeto al que dedico no sólo mi práctica profesional como fotógrafo de moda, sino desde luego mi propuesta artística, que en mi caso no están disociadas.

-¿Qué papel juega la moda en tus fotografías y cómo la integras con el arraigo cultural en tu trabajo?

-Cuando empecé a hacer fotografía, me incliné hacia la fotografía de moda y fue por ahí por donde desarrollé la profesión. Estudié fotografía, hice un Máster en Fotografía de Moda, Estilismo y Dirección de Arte en el IDEP, en Barcelona. Así que mi lenguaje es ese, mi estilo va por la rama de la fotografía de moda. El mundo de la moda, como tal, no me importa mucho, ¡jajaja! Quiero decir: me emociona cómo los artistas crean, los diseñadores, los directores de arte, estilistas, etcétera. Pero las tendencias o estar al día y esas cosas, me dan completamente igual. Lo que me gusta es crear en torno a ese fenómeno y la moda es simplemente la forma en la que muestro aquello que creo. Digamos que la fotografía de moda es mi código, mi lenguaje, y todo el concepto y el mirar con el que la trabajo, es mi propio discurso para contar.

Mi arraigo cultural tiene que ver con lo que creo y no con cómo lo muestro. Tiene que ver con lo que cuento líneas arriba, pero definitivamente con mi ser venezolano, muy caraqueño, inmerso en el seno de una familia mixta (española/venezolana). Entonces, mis raíces culturales latinoamericanas, pero también europeas, tienen quizás un papel importante en todo ese bagaje referencial: estar en contacto con manifestaciones tradicionales de ambos continentes como la comida, la idiosincrasia, el folklore, los modos de vestir y hacer, junto con las referencias que mencionaba más arriba, constituyen el sustrato de base para mis propuestas.

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Metanoia

-Te vi en un autorretrato. Muchos grandes artistas se han retratado a sí mismos. ¿Te llama la atención?

-Pues no de manera especial, en verdad. Como dije, me gusta crear. Y si en el camino se me ocurre una vaina o toca incluirme gráficamente en algo, pues bien, obviamente lo disfruto. Pero no es algo que me llame la atención como propuesta estética, como otros artistas cuyo planteamiento o su forma de expresión es el manejo de su propia imagen. Si necesito una foto, prefiero que otro me la haga.

-¿Puedes hablarnos de tu proceso creativo al desarrollar un nuevo proyecto fotográfico? ¿Hay algún conflicto interno que te mueve a crear?

Cuando empiezo a desarrollar proyectos, ya ellos empezaron solos, es decir, su comienzo, su germen, ocurre de forma natural por la ontología de uno, que tiene dentro un espíritu creativo y está creando todo el tiempo, materializando ideas y procesando inquietudes. En algunas ocasiones los resultados van generando en mí una emoción y un interés por seguir investigando, y ahí es cuando me veo en el proyecto, ahí es cuando identifico un discurso en el que quiero seguir adentrándome. Luego ya el proceso varía según cada proyecto, porque cada propuesta, cada iniciativa reúne partes distintas de mí.

Ese es el inicio del proceso, por llamarlo de una forma. Luego ya se entra en un diálogo entre el proyecto y yo. Ahí se crea una dinámica muy interesante porque el proyecto son partes de mí concentradas, que voy depositando consciente e inconscientemente, que luego me van hablando desde lo que se van convirtiendo. Así que es, como dije, un diálogo que se crea entre el proyecto y yo, en el que a través de mi arte voy conociéndome y creciendo.

– ¿Cómo crees que el reconocimiento que has recibido influirá en tu carrera como fotógrafo?

Primero, me parece puede aportarme un prestigio y una visibilidad en el contexto de las artes nacionales, ojalá tuviera también alcance internacional. No lo sé, está por verse, pues aún estoy masticando esto.

Por otro lado, son este tipo de reconocimientos lo que le terminan de dar solidez a un artista de cara al público. Al final, mi obra es la misma con o sin este premio, es igual de sólida y lleva el mismo trabajo con o sin el premio. Pero la validación que le otorga de cara al otro ―instituciones, galeristas, coleccionistas, colegas o público en general― es lo que hace en algunos casos la diferencia.

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-¿Qué mensaje o emoción intentas transmitir a través de tus obras?

-No hay un mensaje que quiera transmitir, al final uno no decide lo que siente o percibe el espectador. Si hasta con las palabras los mensajes se tergiversan y cambian de boca en boca, imagínate con el arte que poco tiene de objetivo. De alguna manera, lo que quiero es mostrar mi mundo y generar algo en la gente, me da igual lo que sea. Agrado, desagrado, angustia, asombro. El asunto es que cuando alguien esté delante de una pieza de mi autoría, no quede indiferente. Me gusta cuando se despiertan conflictos dentro de quienes ven mis obras. Por ejemplo, en Metanoia, la exposición en la que mostré este trabajo a principios de año en SpazioZero Galería, a mucha gente le hacía ruido entrar en reflexiones consigo mismos, replantearse cosas, estudiarse. Me he dado cuenta de que la obra la completa quien la ve.

-¿Tienes algún fotógrafo o artista que admires y que haya influido en tu estilo?

-Sí, claro, tengo varios. A nivel nacional creo que, como muchos, empecé con dos grandes referentes, que son Nelson Garrido y Fran Beaufrand. Luego mi fotógrafo favorito de todos los tiempos es Tim Walker; suelo recorrer su trabajo de vez en cuando. Directores como Ryan Murphy, que me encanta. Y en verdad me influencio diariamente con artistas contemporáneos y con colegas del medio.

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Metanoia
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-¿Cómo fue el proceso de tu metanoia personal? ¿Cómo llegaste, o encontraste, esas influencias tan clásicas que se notan en tus obras, como las de Géricault, Caravaggio y Delacroix, por ejemplo?

-Las influencias clásicas ya estaban ahí, ya habían llegado y estaban en mi inconsciente sin yo saberlo. El verdadero proceso fue el interno, que también estaba ya ahí. O sea, este proyecto no empezó con algo a donde yo quería llegar. Fue un proceso de adentro a afuera. Empecé este diálogo en el plano íntimo a través de mi propuesta artística. Siempre he sido una persona muy analítica conmigo mismo. Tengo trastorno bipolar tipo 2 y a nivel emocional todo en mi vida ha sido siempre muy, muy intenso, por lo que he pasado mucho tiempo dentro de mi mente procesando información para la que no solía tener herramientas para procesar. Eso me ha dado la oportunidad, por necesidad, de ser muy analítico conmigo, porque no se puede vivir completamente tranquilo con esto, todo puede significar un riesgo a nivel emocional y psicológico. Tengo la suerte ―también el mérito, ¿por qué no?, ha sido un trabajo arduo y doloroso a veces― de haber llegado a este punto en el que he identificado todo esto.

Entonces, esos estudios personales son los que proceso en Metanoia, cómo conviven tantas contradicciones en nosotros, cómo nos desconfiguramos y reconfiguramos diariamente, cómo la coherencia realmente humana no se trata de mantener posturas, gustos, formas de pensar, de ser, sino de estar sensible y proclive al cambio. No sabes qué persona vas a ser mañana o cuando llegues a tu casa. Eso de que la esencia de cada uno no cambia, ¡todo cambia! Puedes cambiarlo todo si quieres y, si no quieres, va a cambiar igual. Porque eso hace el tiempo, el tiempo cambia. Eso es lo lindo de la vida y de vivirse a uno mismo, conocer todas las personas que uno puede ser. Y mientras más sean, tanto mejor.

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