Melomanía

C4 Trío: en una mano el Grammy, en la otra el cuatro

C4 Trío acaba de ganar el premio de la Academia latina por su disco junto al brasileño Hamilton de Holanda. Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez hablan de las particularidades de entrar en ese circuito, de hacer su música desde otros países y sobre la clave de su permanencia como grupo | Por Ángel Ricardo Gómez

C4 Trío
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Los organizadores del Grammy Latino no tienen scouts o cazatalentos que andan por el mundo fichando artistas para nominarlos y premiarlos. Es importante una propuesta musical robusta e interesante, hecha con calidad. Pero también hay que dejarse ver en los circuitos musicales donde hacen vida los miembros de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos, conocida sencillamente como la Academia.

En 1958 surgió el cuerpo colegiado del cual forman parte especialistas en música, principalmente del universo de la grabación, producción, ingeniería de sonido, además de autores, compositores, arreglistas y músicos. En 1997 surge la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación que, entre otras actividades, entrega el Latin Grammy anualmente.

Cada miembro de la Academia, donde están además todos aquellos que van siendo nominados y premiados –siempre y cuando paguen la membresía– votan año tras año entre miles de postulados. La tendencia generalizada es que se inclinan por las propuestas musicales de sus países de origen. Obviamente, los mercados más grandes, como México, Brasil o Argentina, tienen una ventaja.

En la medida en que han entendido esta dinámica, más venezolanos se han integrado a la Academia, lo cual se ha traducido en mayor visibilidad para las propuestas locales. A su vez, los músicos y productores procuran hacer sus lanzamientos de tal manera que coincidan con las postulaciones de la Academia y se hacen ciertas prácticas para entrar en el radar.

Si a esto se suman estrategias como hacer colaboraciones con artistas de talla internacional, aumentan las probabilidades de entrar en la justa. Todo esto de la mano de la buena música que debe prevalecer, tanto en lo técnico como en lo interpretativo.

Lo anterior se desprende de conversar con tres de los integrantes de C4 Trío, Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez, quienes aún celebran su más reciente Latin Grammy por el disco Tembla, en colaboración con el mandolinista brasileño Hamilton de Holanda. Ganadores en la categoría de Música instrumental, ya habían compartido otros dos por el disco con el salsero Luis Enrique, Tiempo al tiempo (2019) y De repente, junto a Rafael “Pollo” Brito (2013).

C4 Trío

El Grammy parece tener más utilidad que la de un simple pisapapel. Para Edward es una llave que abre puertas. Para Héctor es básicamente prestigio. Y Jorge cree que un Grammy es sinónimo de exposición: “todo el foco del periodismo, el entretenimiento, y todo eso está en ese momento en ti… y también hay muy buenos contactos dentro de los Latin Grammy”.

De hecho, el trabajo con Hamilton de Holanda, a quien admiraban desde niños, se dio hace dos años cuando el brasileño y los venezolanos coincidieron en la gala y hablaron de hacer un disco juntos. Tras un concierto en Colsubsidio de Colombia, se internaron en un estudio y en dos días grabaron Tembla.

¿Qué busca la Academia?

Héctor Molina cree que es un tema complejo: “No podría decirte qué es lo que está buscando la Academia, la verdad no lo sé. Pero hay ciertas categorías donde se ve que el voto es como un poco más limpio, diría yo. Como que está más enfocado en lo que debería ser (lo musical)”.

El merideño sí enfatiza algo: “Uno no debería hacer un disco para ganarse un premio porque, al fin y al cabo, se supone que debería tener otros objetivos artísticos. Si de paso te ganas un premio, chéverísimo, y más un premio como este que tiene tanto prestigio”.

Edward Ramírez atina a responder: “Siento que en una categoría como esta (Música instrumental) la Academia busca premiar la excelencia, donde lo que hable sea la música, el buen sonido, la buena propuesta, digamos también algo que esté actual”. El caraqueño agrega: “Yo creo que para nosotros representa muchísimo este Grammy porque desde allí nace C4, siendo una agrupación que aborda la música instrumental”.

Jorge Glem cree que “el mensaje es seguir trabajando, apostar por la buena música, por la que le guste a uno y sobre todo por que podamos tener esa apertura a que más músicos nuevos que están sacando cosas chéveres se sumen”.

Insiste también el cuatrista cumanés en que cada premio es un compromiso: “Uno no puede decir, ya alcanzamos lo que queríamos y nos vamos a dormir. Al contrario, más bien ya eso lo llena a uno de mucha responsabilidad, porque es decir, ahora qué es lo que viene, cómo hacemos esto”.

Dos décadas explosivas

Surgido en 2005 con el nombre de Los Cuatros Fantásticos, aquel ensamble cuyo protagonista es el cuatro venezolano, pasó a llamarse C4 Trío y ha generado muchas satisfacciones para un país ávido de buenas noticias.

Integrado en la actualidad por un cuatrista oriental (Jorge), otro andino (Héctor) y otro caraqueño (Edward), así como un bajista falconiano, Rodner Padilla, el grupo representa lo mejor del venezolano y su música, su genialidad y su buen sentido del humor.

-¿Quién es el que se porta peor en C4? Por ahí dicen que es Jorge Glem…

-Jorge: Te puedo decir que he pasado por varias etapas (risas). Yo creo que todos tenemos nuestro grado de tremendura por ahí, o sea, todos somos un vacilón, cada quien tiene un humor distinto, nos queremos y nos admiramos mucho. No es nada fácil mantener una agrupación 19 años juntos. Si un matrimonio de dos es difícil, imagínate de cuatro.

-¿Cuál ha sido la fórmula que les ha permitido mantenerse juntos trabajando?

-Héctor: Nosotros nos llevamos muy bien y no hemos tenido como esa rivalidad y esa competencia, sino más bien hemos entendido que cada quien toca distinto, que cada quien tiene su fortaleza y que eso nos complementa. Entonces ha habido muy buena amistad y también mucha admiración y respeto.

-¿Sienten que la migración ha influido en la música que hacen como solistas y con el grupo?

-Edward: La migración sin duda ha influido en nuestra percepción del mundo, de la música y de lo que cada quien puede aportar, el abrirse a nuevos estilos, a juntarnos también con distintos artistas. Si bien veníamos haciendo y reflejando eso desde que vivíamos en Venezuela, pues ahora como que se potencia aún más y creo que sí, que hay muchísimas posibilidades para nosotros como agrupación y eso se ve reflejado en las producciones, en los pasos que podemos ir caminando.

C4 Trío

-¿Qué pasa por la mente de Jorge Glem cuando está haciendo un solo con los ojos cerrados? ¿Dejé una ropa tendida en el patio o se me olvidó cerrar la llave del gas?

-Jorge: (risas) Siento como una conexión ahí medio rara en la que me pierdo. Me gusta tener esa sensación de que simplemente estoy tocando y ya, de que estoy fluyendo con lo que va pasando sin miedo a que me pueda equivocar o algo así. Pero mientras con un pie estoy volando, con el otro estoy escuchando mucho el ritmo, todo lo que está pasando para no perderme el tiempo.

-¿La edad aún les permite hacer el acto de contorsionismo donde cada uno toca el cuatro del otro?

-Héctor: Sí, afortunadamente. Creo que aún tenemos la velocidad ahí en las manos, todavía no estamos tan viejitos, pero sí te digo que en los conciertos de C4, uno derrocha muchísima energía.

-Jorge: Estamos viejos, compa, yo estoy cumpliendo como 89 este año.

-¿Cuáles consideran que son los nuevos retos de C4?

-Edward: Que nuestra música siga en una curva de ascenso desde distintos puntos de vista. Desde lo musical, pues eso es lo que nos apasiona y es lo que naturalmente uno siempre sueña que ocurra. Ir mejorando musicalmente las producciones y todo lo que tiene que ver con el hecho artístico y la obra artística. Pero también todo lo que respalda a la música, todos los detalles que están detrás de la música, las producciones, presentaciones, etcétera.

-Todos son papás, Jorge ¿cuándo te lanzas tú a la paternidad?

-Jorge: ¡Miércoles! No sé. He estado como bien concentrado en mis cosas y eso… bueno, ya veremos para dónde va la cuestión. Por ahorita estoy más tranquilo que un caucho ‘e repuesto. -Por Ángel Ricardo Gómez

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