Moda

Outfit para ti, disfraz para los tontos

¿Para dónde vas con ese disfraz? Siempre hay un equivocado que usa una etiqueta denigrante para lo que no entiende o no se atreve a hacer. Cada clóset es diferente y tu outfit eres tú

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Aprovechando que es octubre, el mes donde los disfraces reinan en el mundo, quiero profundizar en la filosa pregunta que hacen, sobre todo, en el anonimato de las redes sociales: ¿cuál es la diferencia entre outfit y disfraz?

Entiendo tu confusión, pero no tu ignorancia.

Vivimos la era de la información: casi todas las respuestas a cualquier tema están a un clic de distancia, y aun así, este comentario y otros por esa misma línea los consigo con frecuencia en casi cualquier post de creadores de contenido con estilos de vestir fuera de la “norma”:

“Eso no es un outfit, es un disfraz.”

“Eso no es moda, es un disfraz.”

“¿De qué vas disfrazada?”

“¡Qué lindo disfraz!”

“¿Estás lista para carnavales o Halloween?”

Pero, ¿qué tan alejado está el outfit del disfraz?

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La palabra outfit proviene del inglés y originalmente se refería a un “equipamiento” o conjunto de herramientas para una expedición. Con el tiempo, el significado evolucionó para referirse al conjunto de prendas y accesorios que una persona viste.

El outfit está impregnado de estilo personal, que responde al contexto o al mensaje que el usuario desea transmitir.

En cuanto a la palabra disfraz, la teoría más extendida y aceptada es que “disfrazar” es una corrección de su forma antigua, “desfrezar”. Este término significaba “encubrir u ocultar algo”, proviene del latín y, más concretamente, hace referencia a la acción de “quitar las huellas o rastros de animales”.

Así, disfrazarse pasa a entenderse como una forma de despistar u ocultar algo. La identidad, en este caso. El lexicólogo Joan Corominas afirma que el término se transformó en el actual “disfraz” y ganó la connotación de “desfigurar” o “modificar” la apariencia para ocultar o alterar la identidad.

Bajo esta lógica, al vestirnos diferente a lo habitual para ir a una entrevista de trabajo o a un evento especial, es ir “disfrazados”, porque usamos un conjunto de piezas que normalmente no formarían parte de nuestra cotidianidad.

Eso quiere decir que todos nos disfrazamos en mayor o menor medida.

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Lo que pasa es que existen disfraces normalizados por la sociedad: los jeans, las piezas de colores neutros, el calzado deportivo… son piezas denominadas “básicos de clóset”.

El problema es que no todos los clósets ni todas las personas son iguales.

No me malinterpreten: vestir con esas piezas y con esos colores no está mal; lo que está mal es pretender que esa es la manera “correcta” de vestir, y que todos vivimos la misma cotidianidad, ridiculizando así a las personas que simplemente no hacen de esas piezas parte de su guardarropa.

No, Andrés, no da risa ese comentario sarcástico “¿Dónde dejaste el caballo!?” cuando en mi look llevo un sombrero.

Entonces, queridos y queridas, la típica pregunta “¿de qué estás disfrazada?”, usada para humillar o hacer menos, en mi opinión, es pura y dura ignorancia disfrazada de confusión.

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