Una década, mil quejas de una lingüista

La profe Mancilla está de cumpleaños y empieza a celebrarlo haciendo una lista de todas las terribles responsabilidades de una lingüista en este mundo cruel y despiadado

Me levanté cumpliendo 29 años y me puse a pensar que quería escribir y reflexionar sobre las cosas importantes que había aprendido durante esta década. En estos años comencé mi pregrado, me gradué, comencé mi postgrado y también a dar clases. Ustedes dirán “esta jeva solo comienza vainas y no termina nada”, pues terminé un montón de relaciones, no sé si eso les sirve de algo.

Lo cierto es que comencé y terminé muchas etapas. En una misma década fui estudiante y profesora. Como estudiante aprendí que hay profes bastante hijueputas, como profesora aprendí que hay alumnos bastante hijueputas.

Como estudiante aprendí que los profesores no tienen todas respuestas; como profesora lo comprobé. Como estudiante aprendí que era muy mala idea ir a clases enratonada, sin haber dormido nada; como profesora aprendí que es muy mala idea ir a dar clases enratonada, sin haber dormido nada.

Como estudiante aprendí que los profesores también tienen una vida y que por eso tardan mucho en corregir; como profesora aprendí que uno no tiene una vida nada, pero da mucho fastidio corregir. Como estudiante aprendí que la lingüística sirve para mucho; como profesional aprendí que nadie valora a un lingüista.

La gente elogia a los médicos porque salvan vidas -“silvin vidis”- y a los periodistas porque nos mantienen informados -“nis mintiinin infirmidis”-. Elogian a los científicos porque crearon un robotcito por medio del cual lograron descubrir que en Marte ha habido agua y que existen componentes básicos para la vida, ¡gran cosa! También porque construyeron un telescopio espacial (Kepler) que permitió describir más de dos mil planetas en sistemas vecinos. A los científicos, ingenieros y programadores los ponen en un altar porque siguen evolucionando en Inteligencia Artificial y ustedes todos bobos felices… ¿han visto Matrix?

En ingeniería genética se volvieron más eficientes en los cultivos porque supieron mejorar genéticamente la fotosíntesis, después andan como yo, pariendo porque no saben qué hacer con tanta chayota (las regalo, antes de que critiquen). Finalizando la década, un grupo de científicos logró activar células de un mamut de hace 28.000 años implantándolas en ovocitos de ratón… Okey, clonen mamuts, conviertan esta vaina en Jumaniji ¡TODOS QUEREMOS ADOPTAR UN MAMUT, TENERLO EN NUESTRO APARTAMENTO MONOAMBIENTE Y COMPRAR MAMUTRRINA!

Es que me da como rabia que solo les paren bolas a los hillizguis ciintífiquis. ¿Y a los lingüistas quién les pica la torta?

 

Muy atareados

Nosotros tenemos que hacer milagros porque por un lado tenemos que explicar todos los fenómenos del lenguaje (como todo el sarcasmo que acabo de usar en los párrafos anteriores) y, por otro lado, tenemos que explicar que “picar la torta” no es literal, pues refiere a una locución verbal que significa “jalar bolas”, que también es una locución verbal que significa elogiar.

Tenemos que explicar que, para poder entendernos, existen reglas gramaticales que hay que cumplir: decimos “hiciste” y no “ hicistes”, decimos “hubo tequeños en el matrimonio” y no “hubieron tequeños en el matrimonio” (de cualquier manera comieron tequeños y eso fue lo importante); y, por otro lado, nos toca explicar (y aceptar y entender) que las lenguas no son entidades estáticas, es decir, que están en constante cambio porque los hablantes las adaptan a sus necesidades comunicativas.

Tenemos que explicar que a pesar de que las lenguas evolucionan, una sola persona no puede ni crear ni modificar una lengua. Tenemos que explicar que aunque una sola persona no puede ni crear ni modificar una lengua, una sola persona sí­ puede inventar una lengua cuando se trata de una lengua diseñada para una serie o película; por ejemplo, el klingon, el dothraki y el nadsat. Tenemos que explicar que si alguna de esas lenguas agarra fuerza (lástima que el klingon es una lengua hablada en Star Trek y no en Star Wars porque hubiese sido el mejor juego de palabras del mundo con eso de “agarra fuerza”), un grupo de personas puede llegar a hablarlo.

También te toca explicarle a gente mayor de 50 que en Venezuela la palabra “marico” ya no se usa de forma peyorativa sino que se trata de un marcador discursivo y debes explicarle a los menores de 30 que el hecho de que la palabra “marico” ya no se use como insulto, no quiere decir que la pueden usar cuando quieran porque existen distintos contextos. Tenemos que explicarles que las palabras no tienen sexo (pobrecitas) sino género y que ese género es gramatical, no social.

Tenemos que explicarles que el “porque ajá…” no demuestra “pobreza lingüística” porque se trata de una muletilla que es usada en contexto oral y ayuda a organizar el discurso en nuestro cerebro. Tenemos que explicarles que la “pobreza lingüística” refiere a lo pelabolas que somos todos los lingüistas (menos Chomsky). Tenemos que explicar que eso que acabo de decir es un chiste y si eres una lingüista boba como yo, te toca explicar el chiste.

 

Hasta el chinazo

Tenemos que explicar que en Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, República Dominicana, Guinea Ecuatorial, Puerto Rico, Nicaragua, Honduras, México, Perú, Cuba, España y hasta en Chile se habla español, pero que mientras en Venezuela “pollina” significa flequillo, en España significa vagina. Tenemos que explicar que, pese a que existen dialectos, todos los hispanohablantes se entienden y que lo mismo sucede con toooodaaaas las lenguas.

Tenemos que explicar que las groserías son válidas a veces porque las palabras no son malas (las palabras no son las que nos dejan sin luz pero le ponen unas luces todas niches a El Guaire), pero hay que respetar contextos. Tenemos que explicar que la misma sociedad es la que escoge que “mamagüevo” es grosería y que “idiota” no lo es. Tenemos que explicar que los lingüistas no somos puristas del lenguaje y que podemos decir groserías, coño.

Tenemos que explicar que el lenguaje es una capacidad innata del ser humano, pero que se activa en sociedad; si ustedes agarran y aislan a un niño desde que nace, sin hablarle, ese niño jamás aprenderá a hablar. Tenemos que explicar que eso que acabo de decir solo es un ejemplo: yo no quiero que la gente ande aislando niños… ¡aunque por la ciencia hacemos cualquier cosa! Tenemos que explicar que lo que acabo de decir es en broma, pero tenemos que insistir en que la lingüística sí es una ciencia.

Tenemos que explicar que las lenguas funcionan como rompecabezas, que nuestro cerebro va creando patrones y por eso las personas sacan verbos absurdos como “aperturar”. Tenemos que explicar que aunque sea un verbo absurdo, es lógico que mucha gente lo use. Tenemos que explicar que si mucha gente comienza a usarlo ya no será un verbo absurdo, sino un verbo del español.

“Las palabras son susceptibles a cambios semánticos y pragmáticos” o “la lengua se adapta a las necesidades comunicativas de sus usuarios” son frases que repito en cada uno de mis artículos sobre lenguaje y es que uno tiene que buscar la forma de explicarle a ese gentío que dice “estos jóvenes de hoy en día están maltratando el idioma” que nadie le está cayendo a palo a las lenguas ni somos asesinos linguales o cuando dicen “qué chimbo cómo los chamos deforman el lenguaje” hay que explicarles que Freddy Krueger es Freddy Krueger y lenguaje es lenguaje.

Y si eres una lingüista venezolana, ¡debes explicar qué es un chinazo y por qué estos a veces te cogen de sorpresa! (upaaa).

Y hasta me toca explicar que este artículo lo escribí porque quería desahogarme y ya porque la década ni siquiera acaba este año porque cada década comienza en un año que termina en 1 y finaliza en un año acabado en 0. ¿Me entendieron?