Diciembre, con sus fiestas y reuniones familiares. Diciembre con los reencuentros con esos primos a quienes no soportas y con los tíos metiches a los que has evitado todo el año. A pesar de que desearía una white Christmas al estilo neoyorquino, cosa que obviamente es imposible por el clima venezolano, lo cierto es que sí me gusta la Navidad. Mucho. Excepto por esa pregunta. Esa pregunta que me hacen cada 25 de diciembre o cada fin de año.
Puede parecer chiste, pero me genera ansiedad porque cuando mi tío lanza el “¿y ya tienes novio?” Tengo que tener fríamente calculada una respuesta. Si digo un simple y vago “no” comienza otra serie de preguntas y halagos forzados que hacen que olvide que tenemos el mismo apellido.
La primera vez fue “culpa” de una prima. Se le ocurrió comentar en una fiesta de Navidad que tenía novio. Ella apenas tiene un año más que yo, así que casi como si lo hubieran ensayado giraron hacia mí y alguien soltó un: “¿qué pasó Ale? Estás lenta”. Y hubo risas. “Estoy bien soltera”, respondí. Y todos se rieron un poco más. Bastante más, ahora lo que lo pienso…
Entre las carcajadas vino lo que mi tío cree que son halagos: “Pero tú eres muy bella, mi amor. Solo tienes unos kilitos de más y un mal carácter. Cuídate.” o “¿Pero no será que no le das una oportunidad a nadie? Estoy seguro que tienes a varios detrás”.
A partir de ese momento, una vez al año la pregunta sobre el novio siempre asoma de alguna forma u otra. A veces, no en forma de pregunta sino en un momento en particular, como comiendo las uvas el 31 de diciembre. Cuando iba por la tercera, el tío me “aconsejó” que pidiera un hombre. Le dije que tenía otros deseos más importantes.
Poco a poco fui mejorando mi técnica y ahora casi no me preguntan nada referente a un hombre/pareja o lo que sea que ellos quieren que tenga. Sé que eso le pasa a muchas (y a muchos), también sé que no hay una respuesta acertada, pero lo mejor es responder y lanzarles algo que los deje sin habla o que le quite el “chiste” al momento, así la conversación termina rápido.
Aquí van unas sugerencias que no pierden vigencia porque estas cosas pasan el 24, el 31, en cualquier fiesta familiar y hasta en los velorios:
– ¿Por qué es tan importante para ti que yo tenga pareja?
– No necesito eso.
– Es que en el sorteo de hombres todavía no he ganado.
– No respondo preguntas tontas.
– Sírveme otro ron, que esta noche salgo a buscarlo.
– No, no tengo novio. Tal vez se perdió entre tantas expectativas familiares.
– Todavía no tengo, es que la soltería y yo nos amamos.
– Simplemente, no quiero tener pareja en este momento.
– Tenía, pero se metió al curso con Gianpiero y lo dejé.
– En las tiendas no lo he conseguido en oferta.
– Eso es gracioso, me preguntaba lo mismo sobre ti. ¿Por qué sigues casado?
– ¿Qué es eso de novio, para qué sirve?
– Wow, una nueva pregunta. Nunca me habían preguntado eso…
– Lo tengo guardado en la mesita de noche.
– Avísame cuando tengas la respuesta.
– ¿Por qué uno si puedo tener varios?
– Hay tantos pretendientes que no sé a cuál elegir.
– Tenía, pero estoy haciendo un estudio de mercado.