Venezuela

Hace 20 años la oposición se abstuvo por primera vez: ¿qué pasó en las parlamentarias de 2005?

Aunque estamos en contextos históricos y realidades sociopolíticas muy diferentes, pasearse por lo ocurrido hace dos décadas puede ampliar la mirada analítica. En las elecciones parlamentarias de 2005, por primera vez, la oposición democrática que se enfrentaba al chavismo en el poder invocó la abstención como una estrategia política. Aquí presentamos una revisión de aquellas elecciones y un balance de lo que vino después

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Tras la derrota electoral del referendo revocatorio de 2004, cuyo resultado no fue aceptado públicamente por la dirigencia opositora, en general se daba por un hecho de que los factores adversos al chavismo no concurrirían a las elecciones de 2005 para escoger una nueva Asamblea Nacional.

Con unas votaciones pautadas para el 4 de diciembre de 2005, desde la vocería opositora se intentó elevar cierto dramatismo mediático y el anuncio formal se dejó para último momento. Fue el 29 de noviembre de 2005 cuando Acción Democrática (AD), el partido socialcristiano Copei y Proyecto Venezuela, encabezado por Henrique Salas Römer en Carabobo y quien había sido candidato presidencial enfrentado a Hugo Chávez en 1998, le dijeron a la sociedad que finalmente llamaban a no votar y que retirarían sus candidaturas a la Asamblea Nacional.

La abstención como estrategia política, para hacer frente a un chavismo que tras el referendo de 2004 extendía su dominio sobre el país, había aparecido como estrategia política hace 20 años. Si bien había transcurrido más de un año del referendo, en el cual Hugo Chávez fue reelecto de forma nítida, seguía flotando en el imaginario opositor la tesis de que en aquella consulta había ocurrido un fraude, una trampa tan sofisticada que no hubo nunca manera de probar, a decir verdad.

En 2005, se abandonó la ruta electoral bajo el supuesto de que una alta abstención le quitaría legitimidad al parlamento que resultase electo. Existían, sí, suficientes evidencias del ventajismo y la cancha electoral inclinada para favorecer a los candidatos a diputados del chavismo, electos estos a dedo por el propio Chávez, pero dejarle el poder legislativo por completo a los seguidores de la Revolución Bolivariana, como se le llamaba entonces al proceso político, terminó siendo un terrible bumerán.

En los años que siguieron el chavismo usó el poder absoluto en la Asamblea Nacional para construir un tejido legal a su medida, poner a sus fieles al frente del resto de poderes públicos y socavar, aún más, la institucionalidad democrática. Aunque en 2006 se regresó, con muchas contradicciones a la lucha electoral, en verdad el chavismo se consolidó no sólo por su apuesta de tener todo el poder, sino también por estrategias opositoras que le allanaron el camino hacia ese objetivo.

Todo el parlamento para el chavismo

Las elecciones se celebraron el 4 de diciembre de 2005 y apenas el 25,26% de los venezolanos con derecho a voto se presentaron. Tal como lo reseñó entonces un editorial de la revista SIC del Centro Gumilla, la cifra tan baja de participación era también una derrota para el propio poder de Chávez, ya que en las semanas previas se ejercieron diversas medidas de coacción para presionar por el voto. Llamadas a través de los centros de trabajo en el Estado, recordatorios a quienes eran beneficiarios de programas sociales, una persistente propaganda en los medios de comunicación gubernamentales. La revista de los Jesuitas estimaba que sólo un 15% de los votantes había acudido a las urnas por convencimiento.

De los 167 curules en disputa, los diputados que decían defender el proyecto de cambio que encabezaba Hugo Chávez se convirtieron en mayoría calificada. Aun el gobernante no había enarbolado la bandera del socialismo del siglo XXI y entonces privaba un discurso de corte nacionalista y de revancha hacia la clase política tradicional. El Movimiento V República obtuvo 114 diputados, con lo cual por sí solo hacía la mayoría necesaria, Podemos se hizo con 15 diputaciones, otras 11 para Patria Para Todos (PPT) y 8 para el Partido Comunista de Venezuela (PCV).

Gracias a las llamadas morochas, que potenciaban la influencia del grupo mayoritario, el MVR se vio favorecido ya que obtuvo el 68,2% de los cargos legislativos con el 47% del total de votos. Aquel mecanismo, implementado para sobrerrepresentar al chavismo electoralmente y perjudicar a la oposición, terminó afectando en aquel 2005 a los partidos minoritarios que igualmente apoyaban a Chávez.

Las elecciones parlamentarias, signadas por la ausencia de candidatos opositores en la elección y una gran ausencia de votantes, tuvieron diversas interpretaciones por parte de académicos del campo de la ciencia política y la sociología.

Natalia Brandler, por ejemplo, apuntaba que más que una desafección con el sistema electoral, en las parlamentarias de 2005 había ocurrido una suerte de protesta democrática. Sin embargo, esta tesis, aunque válida, no pudo ser demostrada con evidencia amplia, ya que la autora hizo un trabajo de campo limitado. Tampoco persistió en el tiempo un discurso opositor que enarbolara esa ausencia en las urnas como una clara estrategia prodemocracia.

El hoy general de la Compañía de Jesús en el mundo, el venezolano Arturo Sosa, quien en 2005 era rector de la Universidad Católica del Táchira (UCAT), tras la consolidación de una abrumadora mayoría de diputados obedientes al presidente Chávez alertaba tempranamente sobre los riesgos del totalitarismo. Era una perspectiva polémica, ya que en aquel momento no existían coincidencias sobre si la naturaleza del chavismo era o no totalitaria.

“Cuando la mayoría se comporta como totalidad, es decir, prescindiendo de la existencia de las minorías, con la excusa que sea, el régimen político deja de ser democrático para convertirse en totalitario, aunque, por la fuerza, ostente títulos democráticos”, apuntaba Sosa.

Y en aquel 2005 comenzaba a configurarse una nueva etapa política en Venezuela.

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