Venezuela

Un misil en el bloque 12: "daños colaterales" en Catia La Mar

Ocho apartamentos sufrieron daños directos por el impacto de un misil en un humilde bloque de Catia La Mar. Allí murió la señora Rosa Elena y sus familiares y vecinos apenas empiezan a procesar heridas y pérdidas

misil catia la mar
Fotos: Oscar Medina
Publicidad

Wilman González cree que el misil entró en diagonal por el apartamento de arriba y cruzó por el baño del suyo en el piso 1. La onda expansiva los aventó a él y a su hermana contra las paredes e incrustó a su tía contra una cama. La lavadora voló y cayó sobre las piernas de ella, el polvo y los escombros la cubrieron. Rosa Elena González, 80 años, no podía respirar. Se quejaba por el dolor en el hombro. La sacaron como pudieron, luego de retirar los bloques destrozados que impedían abrir la reja y la llevaron al “hospitalito” en una silla de ruedas prestada, bajando por la avenida Soublette de Catia La Mar.

Rosa Elena llegó viva. Pero aquello había sido demasiado: allí murió, sin entender bien lo ocurrido.

En la madrugada del 3 de enero, las familias del conjunto residencial Rómulo Gallegos, despertaron a la pesadilla: un proyectil estadounidense disparado contra la Academia Militar de la Armada de la Meseta de Mamo terminó destrozando el bloque 12. Cuatro días después, se siguen preguntando por qué. Nadie les dará una respuesta.

Hoy los obreros traídos por la gobernación de Vargas y entidades como la Misión Vivienda, limpian la estructura. El bloque es una edificación de poca altura, con 16 apartamentos. La mitad quedaron parcialmente destruidos.

misil catia la mar

Parece un edificio en construcción, pero lo que vemos es la destrucción: lanzan los escombros desde los pisos 1 y 2 y con ellos vuelan papeles, muebles, fotografías, zapatos, ropa, colchones. Y la memoria. Los pequeños tesoros de estas familias que han pasado buena parte de sus vidas conviviendo en este lugar en el que todos se conocen y están más unidos que nunca en la misma herida.

Ángel Jesús Linares cuenta cómo lo sorprendió el golpe, la explosión. Cree que fueron dos los proyectiles: uno arrasó con la fachada frontal y el otro con la cara interna del bloque que mira a la pequeña plaza común. En realidad, solo se encontró un fragmento en el cuarto de su vecina Rosa Elena, en el primer piso, y esos restos -dicen- se los llevó el Sebin.

En su relato de cómo atendió a su madre y su hija que rezaba en la oscuridad, utiliza términos médicos, precisos para describir las heridas.

-¿Eres paramédico?

-Soy bombero con rango de coronel y 28 años de servicio.

Por eso pudo mantener la calma y aplicar lo aprendido. Por eso también pudo socorrer a la anciana de al lado: sola, desorientada ante el horror de la pared principal que se desplomó. Al terminar su relato, Ángel Jesús, debió subir a lo que queda de su hogar a terminar de sacar lo rescatable.

¿Volverán a su bloque, a sus espacios? Él no quiere irse a otro lugar: este es el suyo. Es su hogar desde que nació hace 48 años. Es el de familias que llevan aquí hasta más de cinco décadas. El de gente mayor que vio a sus hijos irse lejos.

Mientras tanto, y con la esperanza de que el bloque 12 siga en pie y se levanten nuevamente las paredes, se refugian con otros familiares. Pero siempre muy cerca, sin salir lejos de Catia La Mar: sin perder de vista lo que les pertenece y confiando en que nunca más les toque esto que en los juegos de guerra despachan apenas como “daños colaterales” y no como la vida de la señora Rosa Elena, el televisor de la hija adolescente de Ángel Jesús que lloraba y rezaba esa madrugada, la cocina donde Wilfredo, el hermano de Wilman, colaba café antes de salir al trabajo, como todo eso que vemos caer con los escombros convertido ya en desechos.

Publicidad
Publicidad