Caso Igbert Marín: "Ya tenemos casi ocho años en este horror"
Al teniente coronel Igbert Marín Chaparro se lo llevaron detenido en 2018 y lo condenaron por instigación a la rebelión. La pena ya se cumplió, pero estando preso le abrieron otra causa por terrorismo. Su hermana no pierde la esperanza de que salga libre en este anunciado proceso de liberaciones
Hace ocho años Ignell Marín tuvo que asumir otro papel en su familia. Se convirtió en una activista por la libertad del teniente coronel Igbert Marín Chaparro, su hermano.
Desde el 2 de marzo de 2018, cuando Igbert Marín fue detenido, ella ha sido la encargada de hablar públicamente de su caso y de asistirlo: le lleva la paquetería, registra los malos tratos que ha sufrido, se adentra en la cárcel. No es abogada, pero junto a sus padres, es su principal defensora. La que trabaja porque nadie lo olvide.
Ignell duerme con el celular cerca de la cama. Desde que el 8 de enero el presidente de la Asamblea Nacional anunció las excarcelaciones de un «gran número» de presos políticos, ella espera una llamada que le anuncie la libertad de su hermano: «Me da temor que él me pueda llamar y yo no lo escuche, porque uno nunca sabe a qué hora puede ser la liberación».
Por eso, volvió a la calle: quiere hablar para recordar que junto a Igbert Marín hay decenas de militares venezolanos presos. Esto es lo que contó a El Estímulo sobre el caso de su familia.
—¿Por qué hablas nuevamente? ¿Qué ha cambiado?
—Porque ya tenemos casi ocho años en este horror, en esta tragedia y ha sido una pesadilla y desde el 8 de enero vemos una esperanza. Vemos más fuerza. Más personas unidas por esta causa y el silencio no nos ayuda. Nos invisibiliza. Mi hermano está actualmente en El Rodeo I, pero estuvo durante seis años en la DCGIM de Boleíta. Él estuvo en «La casa de los sueños», donde fue torturado. Esas son unas celdas espantosas que están en el sótano, donde no tenía ni ventilación. En la DGCIM hizo dos huelgas de hambre, una de ellas empezó un 21 de diciembre. A Igbert le pasó de todo y el 19 de febrero de 2024 fue el primer grupo que entró a El Rodeo I.
Cuando Ignell Marín habla de su hermano, primero lo presenta: «Mi hermano siguió la vida militar porque mi papá es coronel retirado. Mi hermano se graduó en 1999 y fue el número uno de su promoción en la escuela militar».
—Mi hermano se graduó como alférez mayor. Tiene el índice académico más alto en toda la historia de la Academia Militar de Venezuela. Siempre fue el número uno y su tropa lo quería.
Ignell cuenta que entre 2017 y 2018 su hermano denunció la situación en que se encontraba el batallón: no tenían recursos ni suficientes alimentos. «Él se lo dijo en una oportunidad a Padrino López: ‘mi tropa se está muriendo de hambre’. Eso no gustó».
—¿Cómo y dónde detuvieron a Igbert Marín?
—Mi hermano fue detenido en el destacamento del Batallón Ayala, que es un batallón élite dentro de la Fuerza Armada, dentro del Ejército venezolano. El 2 de marzo de 2018 lo fueron a buscar unos funcionarios de la DGCIM, sin orden, sin nada. Simplemente se lo querían llevar. Y se lo llevaron a pesar de que el batallón se puso en contra. Él los calmó y accedió a ir porque el que no la debe no la teme. Él no tenía nada que esconder. Pero se lo llevaron de manera arbitraria y estuvo desaparecido durante siete días. Fue víctima de desaparición forzada y de detención arbitraria.
En teoría, ellos lo acusan de haber liderado un movimiento que iba a desestabilizar al gobierno. Esa fue la primera causa y el juicio se hizo en noviembre del año 2020. El único delito que le dejan es instigación a la rebelión y le imponen una condena de siete años y seis meses. Esta pena se cumplió el 9 de septiembre de 2025.
—¿Cuál es la otra causa?
—El 1 de febrero de 2024, cuando ya él tenía tres cuartas partes de su primera condena cumplida, comencé a exigir que se aplicaran medidas cautelares y una de ellas era la libertad condicional. Lo que hizo el gobierno, lejos de liberarlo y darle la medida, fue mantenerse en completo silencio.
Y ese día, el 1 de febrero de 2024, estando en la DGCIM, que es una cárcel de máxima seguridad, fue llamado a unaaudiencia de manera clandestina en horas de la noche en un tribunal que montaron dentro de la misma sede. No le permitieron abogados de su confianza y lo acusaron por un caso que se llama «La viñeta»de traición a la patria, asociación para delinquir, conspiración y terrorismo.
Con estos delitos ellos pretenden perpetuar su ya injusta prisión, porque estos delitos suman 30 años más de prisión.
—¿Y qué pasó el día que se cumplió la condena?
—Ese día los abogados fueron al tribunal para solicitar información y para introducir un documento, pero nunca se emitieron boletas de excarcelación. El tema está en que como él tiene otra causa, ya tenía otra medida privativa de libertad.
Yo no tenía mayor expectativa porque como le metieron esta otra causa, que no tiene ni pies ni cabeza, porque dime tú, ¿cómo es posible que una persona estando dentro de una cárcel de máxima seguridad pueda burlar los controles y gestionar otro movimiento en contra de la estabilidad del gobierno del expresidente Nicolás Maduro?
Es absurdo. Es completamente absurdo y ya uno allí ve la saña. Ya ahí tú te das cuenta de que es algo forjado, simplemente para perpetuar la prisión injusta a una persona.
—¿Igbert Marín fue detenido solo o con otras personas?
—Él fue detenido junto con tres compañeros, pero fue trasladado solo. Ellos son tenientes coroneles también y están en la misma causa. Ellos todavía están detenidos a pesar de tener la pena cumplida y fueron trasladados recientemente de Ramo Verde al Fuerte de Guaicaipuro. Ellos son David Mota, Juan Carlos Peña Palmintieri y Víctor Soto Méndez, a ellos los agarraron en sus propios comandos.
El Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de la ONU se pronunció y en el pronunciamiento asegura que la detención de Igbert fue arbitraria. Todas las pruebas así lo conducen, a que fue arbitraria, y ellos solicitaron su libertad inmediata e incondicional y hasta la fecha las autoridades venezolanas no han cumplido con este mandato internacional.
—Tu hermano es padre y no ha visto a sus hijos en años. ¿Cómo ha sido para ustedes esta situación?
—Mi hermano tiene dos hijos que viven fuera del país y tiene prácticamente dos años que no ha podido siquiera escucharles la voz porque en el Rodeo I no permiten llamadas telefónicas. Los ve por fotos impresas. Las llevamos en una hoja carta, impresa a color por delante y por detrás. Así es que los puede ver.
Eso es muy doloroso porque un niño no merece eso. Un niño merece crecer con la compañía de su padre, así lo establece la ley incluso. Entonces, no es justo que ni una llamada telefónica le permitan. Lo único que le han permitido en todo este tiempo fue una carta para el Día del Padre en el año 2024, que mi hermano pudo escribirle a sus hijos. De resto, no ha podido volver a escribirle a sus hijos, no los ha podido ver por videollamada, no ha podido escuchar su voz por…
La niña tiene ocho años y él tiene casi ocho años preso. Ella va a cumplir ahorita el 8 de febrero nueve años. Ella tenía un año cuando a él lo metieron preso.
Durante estos ocho años no ha podido nada, no ha podido escucharlos, no sabe cómo es la voz de su hijo en este momento y los niños evidentemente tienen mucha ansiedad.
—¿Qué permiten pasar aparte de esas fotos que mencionas?
—A mi hermano le corresponden las visitas los días sábados, pero son 20 minutos a través de un vidrio. Es por un teléfono que nos comunicamos y 20 minutos nada más. Nos permiten la entrega de paquetería, pero cosas muy básicas. Ahí no te permiten comida, nada. Lo que puedes llevar son artículos de higiene personal y de aseo que cumplan con las especificaciones que ellos colocan en una lista.
Por ejemplo, el jabón en polvo, para lavar, tiene que ser vaciado en una bolsa identificada. El jabón de cuerpo debe ser colocado en bolsas. Lo tienes que sacar del empaque, colocarlo en unas bolsitas e identificarlo. Son cosas muy puntuales lo que permiten.
—¿De todo eso te encargas sola o tienes más apoyo familiar?
—Mis padres y yo. Generalmente voy yo porque mi papá y mi mamá son adultos mayores. Para que ellos puedan visitar a mi hermano, tengo que solicitar en el centro penitenciario una silla de ruedas para que los trasladen. Mi papá sufrió un ACV hace muchos años y tiene dificultades. Está discapacitado. Mi mamá ya tiene sus añitos, tiene una prótesis en la cadera, tiene problemas en la rodilla y recientemente, con todo esto que está sucediendo, ha tenido problemas de hipertensión.
—¿Has visto a Igbert Marín en las últimas semanas? ¿Cómo está él?
—Intentamos hablar lo más puntual posible porque existen restricciones al momento de hablar y siempre que ellos consideren que dices algo indebido te pueden cortar la llamada y suspender la visita. Intento ser muy cautelosa porque soy el único medio de información para llevarle a mis padres de cómo está él y cómo se siente. No quiero que por algo vayan a cortarme la comunicación.
Del tiempo que tiene allí detenido, él perdió mucho peso y lo denuncié. Fui la primera familiar de preso político en denunciar las condiciones del Rodeo I. Lo hice en marzo de 2024 y posterior a esa denuncia me suspendieron la visita un mes y me amenazaron con prisión. Es la primera vez que lo digo…
Fui amenazada de prisión, lamentablemente, e incluso reiteraron esa amenaza delante de mi mamá, cosa que a mi mamá le afectó mentalmente. Íbamos saliendo de El Rodeo I. Mi mamá entró sola esa vez y después que sale, un funcionario la ve, y ve que se le están saliendo las lágrimas y me está abrazando y dice: «¿Se da cuenta? Suficiente con uno para que sean dos. Ella no lo soportaría». Eso afectó mucho a mi mamá.
—Igbert Marín es paciente hipertenso. ¿Recibe atención médica?
—Sí, es un paciente hipertenso. Hemos estado muy atentos con el tema de la tensión y a él le permiten el paso de los medicamentos. Allá adentro tuvo, sobre todo al principio, crisis hipertensivas y las tuve que atender yo hablando con médicos, con el cardiólogo de mi familia, para intentar buscar el tratamiento. Todo eso sin poderle hacer un examen exhaustivo. Mi hermano no ha tenido atención médica. No la ha tenido.
Mi hermano no ve bien por uno de sus ojos debido a la tortura. Tiene visión parcial. Una vez se le infectó y lo sacaron de emergencia, tuve que salir a buscar los antibióticos yo. Ha tenido problemas gastrointestinales porque comen con las manos y le ponían tres o cinco minutos de agua.
—¿Cómo llevas este el liderazgo por la libertad de tu hermano sola? ¿Qué ha cambiado en tu vida?
—Cuando tienes familiares detenidos, te cambia la vida entera porque una parte de ti está presa con ellos. Tu rutina cambia. Yo por lo menos, que tengo tres niños, mi hijo mayor tiene 11, el segundo tiene 8 y la chiquita acaba de cumplir 5 años y la rutina con ellos cambia. En ellos se ha generado una ansiedad esperando que su tío salga. Los sábados para mí no son negociables, los sábados son para ir a ver a mi hermano. Si llevo a mi mamá o si va mi papá es lo mismo, la que entra todos los sábados soy yo.
Hace poco, mi hijo del medio me dijo: «Mami, ¿te imaginas que un día de estos me vengas a buscar al colegio y mi tío salga de la maleta del carro? Yo me pongo a llorar ahí».
—¿Hay algo que Igbert te haya dicho estando en prisión que te mantenga fuerte hoy?
—El llamado a la justicia. Yo siempre evoco el pensamiento de mi hermano. Él lo escribió estando en la celda de la DGCIM: «No hay democracia, justicia ni paz si existen presos políticos y de conciencia». Si aquí queremos hablar de una verdadera reconciliación, si aquí queremos hablar de democracia, el primer paso es la liberación de todos los presos políticos.
Y recordar que no solamente es uno, yo estoy dando el testimonio por mi hermano, pero hay que recordar que hay personas que están detenidas que tienen condiciones especiales. Hay gente que está dentro del espectro autista, hay mujeres, hay adultos. Hay personas que tienen patologías graves y que deben ser atendidas y siguen injustamente detenidas por algo que no hicieron, por pensar distinto, por disentir, por querer un país mejor.
—Por ahora, te quedan las visitas. ¿Hay alguna cosa que te haya pedido durante todo este tiempo que le permitan entrar? Por ejemplo, un libro, ¿o eso tampoco se lo permiten?
—La semana pasada comenzaron a permitir la entrada de libros. Tan solo la semana pasada en todo este tiempo. «Tráeme uno si es que todavía estoy aquí», me dijo, así nos alimenta la esperanza. A él le encanta leer y le voy a llevar el libro porque sí, la esperanza no la hemos perdido. Creo que a pesar de todo el dolor tenemos la esperanza de que lo vamos a tener entre nosotros. Esa esperanza se mantiene viva y se ha mantenido viva todo este tiempo.
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