El viernes 28 de agosto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció a través de su red social, Truth Social, el «mayor acuerdo petrolero de la historia mundial» en conjunto con el gobierno interino de Venezuela, en donde EE.UU. tendrá el control de más de 65 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo en el país.
El acuerdo contó con el apoyo de funcionarios estadounidenses, así como el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio y el secretario de Guerra, Pete Hegseth.
«Esta transacción histórica duplica con creces las reservas de petróleo estadounidenses, aumenta considerablemente nuestro suministro de petróleo y reducirá sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadounidenses a largo plazo», dijo el mandatario.
También, aclaró que el acuerdo beneficiará a Venezuela para que «continúe encaminándose hacia un éxito rotundo y una gran prosperidad».
El acuerdo fue celebrado tanto por la presidenta interina, Delcy Rodríguez, la cual señaló que se desarrollarán 17 campos estratégicos, con un potencial probado de 65 mil millones de barriles de petróleo, una inversión de más de 100 mil millones de dólares y más de 209 mil millones de dólares en tributos del Estado.
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) también publicó un comunicado en donde respaldan la decisión de Rodríguez.
Expertos en el área han dado sus opiniones sobre qué significaría este nuevo acuerdo entre las dos naciones y más aún, cuáles son las implicaciones políticas, económicas y sociales de las que se estarían beneficiando.
Ignacio Montes de Oca, periodista argentino
«El petróleo venezolano no se vende al precio del Brent o el WTI. Se vende como Merey, que cotiza más barato (alrededor de 67 a 71 dólares por barril) porque es pesado y cuesta más refinarlo.
Si multiplicás 65.000 millones de barriles × 67-71 dólares, arroja un resultado de 4,35 y 4,61 billones de dólares. Eso es el valor bruto en el mercado. Todavía no es ganancia.
Queda restar los costos de extracción porque sacar ese petróleo no es gratis. Hay que invertir en pozos, mejorarlo (porque es extrapesado), transportarlo y mantener la infraestructura. Después de esos costos, lo que realmente queda como ganancia neta se estima en 25 a 35 dólares por barril.
Eso da un beneficio total de: escenario pesimista: 65 mil millones × 25 dólares = 1,63 billones. Escenario optimista: 65 mil millones × 35 dólares = 2,28 billones. Ahí sí estamos hablando de la plata que queda después de pagar la operación.
Ahora sí: ¿cuánto representan entonces esos 209 mil millones?
Porque eso es lo que la dictadura dice que recibirá en impuestos y regalías se comparan contra esa ganancia neta, no contra el precio de venta:
Si la ganancia neta es 2,28 billones → los 209 mil millones son el 9% de las utilidades
Si la ganancia neta es 1,63 billones → los 209 mil millones son el 13% de las utilidades
En plata por barril: de cada barril que deja 25-35 dólares de ganancia, al Estado le corresponderían, en promedio, unos 3,20 dólares.
Queda por saber además si esos 100.000 millones serán reembolsados a las empresas como parte del acuerdo y el plazo de ejecución del trato, porque 209 mil millones en cien años son 2.090 millones anuales y en diez son 20.900 por año. La diferencia es la misma que entre tener para un Lambo o para una bicicleta».
Marisela Betancourt, politóloga venezolana
«Toda la dinámica de la transición pasa por los intereses de EEUU que es el único actor con poder de decisión. Si la clase política venezolana no termina de entender cuáles son esos intereses, no van a entender hacia dónde se dirige el proceso de diálogo entre las dos Asambleas, y van a perder 3 años más invocando la fe y la confianza, ahora en el Plan Rubio. Lo cuál es muy vergonzoso».
«El diálogo entre asambleas responde al interés de EEUU, no de Venezuela. En un país democrático, con instituciones fuertes, un anuncio como el de ayer es inviable. A partir de esa premisa podemos mapear hacia dónde se dirige la mesa de diálogo».
«Por otro lado, el anuncio de ayer representa para el trumpismo la resolución del segundo gran relato electoral. El primero que lo llevó al poder fue la migración, y el segundo frente a noviembre es el éxito de la operación militar sobre Venezuela y los beneficios para los estadounidenses. Venezuela terminó sosteniendo el proyecto MAGA».
«Marco Rubio matiza, porque la transición política es para Rubio una bandera para la proyección de su liderazgo individual y el MAGA sin Trump. La transición entonces, será a la medida de Marco Rubio: con actores frágiles, impuesta, demorada y sin la participación de la sociedad venezolana».
Francisco J, Monaldi, director Latin America Energy Program & Wallace S
«Tenemos que conocer los detalles del acuerdo petrolero anunciado ayer para poder evaluarlo con propiedad. Pero el monto de impuestos por recabar anunciados por el gobierno interino es insólitamente bajo. US$209 mil millones por 65 mil millones de barriles, representa $3,2 dólares por barril. Y si ese monto es en términos nominales, traído a valor presente es una cantidad irrisoria. La falta de transparencia con que se está manejando la política petrolera es muy alarmante».
Juan Pablo Guanipa, dirigente político
«El acuerdo petrolero anunciado ayer es una decisión que puede determinar décadas de nuestra historia y requiere una lectura calmada. Tenemos que empezar con lo básico: la destrucción de PDVSA es el acto antivenezolano más grave del chavismo.
Nuestro país no podrá recuperarse si dejamos nuestras enormes reservas en el subsuelo. Hay que explotarlas, agregarle valor y venderlas. Es evidente que no podremos explotar nuestra riqueza sin una cuantiosa inversión privada extranjera.
Este acuerdo tiene el potencial para que nuestra industria se reactive. Sin embargo, el punto central para que este acuerdo sea duradero es que los venezolanos veamos los beneficios directos.
Si vemos nuevos trabajos, más inversión, más ingresos y un nuevo repunte económico, este acuerdo contará con un espaldarazo. Pero si no lo vemos, poco a poco, se producirá un repudio popular.
Y por eso voy a mi último punto. La estabilidad y éxito de la industria petrolera venezolana depende de que se hagan las cosas bien esta vez. Y mientras tengamos a la gente que destruyó el país y PDVSA manejando el dinero que salga de este acuerdo, pues se está construyendo un rascacielos con pilares de barro.
La única manera de verdaderamente reactivar a largo plazo la economía venezolana y hacer que este acuerdo beneficie a ambas partes es con una elección libre que lleve a un gobierno representativo, a reglas claras de juego, a estado de derecho, a instituciones que permitan manejar nuestros recursos transparentemente y en beneficio de la nación».
Asdrúbal Oliveros, economista
«He estado leyendo con atención lo que se conoce hasta ahora del acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos. Por su magnitud, es imposible verlo como un asunto menor. Venezuela necesita muchísimo capital para recuperar su industria petrolera, además de tecnología, empresas con capacidad de ejecución y acceso estable a los mercados. Y en ese proceso, por razones económicas, geográficas e históricas, Estados Unidos está llamado a jugar un papel importante.
Ahora bien, tengo muchas preguntas. Porque una cosa es anunciar inversiones mil millonarias y otra bastante distinta es lograr que ese dinero efectivamente llegue y se convierta en pozos, infraestructura y producción. Estamos hablando de inversiones que necesitan años para madurar y, por tanto, requieren algo que Venezuela ha tenido dificultades para ofrecer: reglas claras y previsibles en el tiempo. Seguridad jurídica, contratos que se respeten, mecanismos de arbitraje y una institucionalidad que no dependa de quién gobierne en Caracas o en Washington.
Hay otro tema que seguramente generará discusión: el régimen fiscal. Venezuela va a tener que ser muy competitiva. Nuestro petróleo está en el subsuelo, pero sacarlo requiere capital y ese capital tiene muchas alternativas en el mundo. Con el nivel de riesgo que todavía representa Venezuela, pretender una carga fiscal demasiado elevada puede terminar haciendo inviables proyectos que sobre el papel lucen muy atractivos.
Por eso prefiero no caer ni en la celebración anticipada ni en el rechazo automático. Me parece una oportunidad importante y creo que una alianza energética entre Venezuela y Estados Unidos puede tener efectos muy positivos para el país. Pero el anuncio es apenas el comienzo. Lo verdaderamente importante será ver bajo qué reglas se hará, quién pondrá el capital, cómo se protegerá esa inversión y, sobre todo, qué instituciones vamos a construir para que esta vez el petróleo ayude a sostener una economía más estable y no simplemente otro ciclo de ingresos extraordinarios».
Ricardo Hausmann, economista
Secretario Marco Rubio: Acabas de perder cualquier confianza que los venezolanos alguna vez tuvieron en ti, y eso te perseguirá. Optaste por usar el poder de EE.UU., no para liberar a los venezolanos, sino para acostarte con nuestros opresores. Optaste por impulsar una apropiación de activos, un acuerdo inconstitucional con un gobierno opresivo ilegítimo, en lugar de usar el liderazgo de EE.UU. para restablecer primero el orden constitucional y la democracia, y luego negociar con un gobierno legítimo que podría haber hecho compromisos creíbles a largo plazo, en el momento oportuno.
Este acuerdo anunciado no se mantendrá. Delcy, contrario a lo que tu jefe acaba de afirmar, no es «altamente respetada» por ningún venezolano que yo conozca, ni por ningún estadounidense fuera de la cleptocracia de Mar-a-Lago. Ella no tiene legitimidad ni poder constitucional para comprometer a Venezuela a ningún acuerdo de ese tipo. Los venezolanos no respetarán este acuerdo ilegítimo y ninguna gran compañía petrolera de EE.UU. lo tomará en serio porque saben que no durará. No es de extrañar que estés usando criminales buscados —como Alejandro Betancourt— para cerrar este vergonzoso acuerdo. También estás impidiendo que nuestra líder —María Corina Machado— regrese a Venezuela, y has conspirado para retrasar las elecciones y el regreso a la democracia. Vergonzoso».
Oscar Murillo, coordinador general de Provea
«Faltando información clave sobre el acuerdo energético anunciado por #EEUU, me permito desglosar algunas ideas desde una perspectiva en la que venimos insistiendo: retomar la Constitución como marco del proceso en desarrollo.
1. El acuerdo celebrado por Trump, en sí mismo, describe un proceso gubernamental nacional ambivalente, escurridizo y carente de transparencia, en el que se han trasladado los espacios de toma de decisiones a poderosos agentes foráneos post 3E.
Desde entonces, cabe señalar, se ha agigantado la dimensión fáctica en el ámbito del funcionamiento de las instituciones del Estado, con proyección en lo económico.
2. La realidad es incuestionable: se ha impuesto un esquema de gobernabilidad en el que materias esenciales para el sostenimiento del aparato estatal dependen de directrices de los Estados Unidos, sin que hasta ahora avance a igual ritmo la necesidad de recobrar la senda constitucional y, por tanto, recobrar la legitimidad democrática de la que carecen las autoridades nacionales interinas.
3. Estos hechos recientes reafirman la necesidad de intensificar las iniciativas de democratización, porque la democracia es el marco en que los derechos humanos pueden estar plenamente garantizado, y ella es a la vez expresión de derechos y acaso directamente un derecho humano. Existen, claro está, otros enfoques que explican estos hechos como parte del reordenamiento geopolítico, en un contexto de mayor rivalidad y tensión entre las potencias tanto las consolidadas como las emergentes. Los grandes jugadores aceleran los pasos para asegurar sus reservas energéticas a largo plazo, a cualquier precio, en un mundo más convulso y menos seguro.
Una reflexión final: los actuales desafíos de la democracia y los derechos humanos en Venezuela son de tales proporciones que no es suficiente actuar con los esquemas ordinarios que han regido nuestras organizaciones».
Francisco Rodríguez, investigador, profesor y escritor
«Presidenta: según sus cifras, este acuerdo generará ingresos fiscales de apenas $3.22 por cada barril de petróleo venezolano. Ello representa un 4.7 % del precio actual, y menos de la mitad de la tasa de regalías contemplada en concesiones otorgadas por Juan Vicente Gómez».